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julio 8th, 1988:

Aunque pudiera parecer que la villa de Azuqueca de Henares, sumida en la prisa diaria de su actividad industrial, no tuviera historia o no fuera ésta interesante, lo cierto es que sí la tiene, y por estar en una zona de larga y antiquísima trayectoria histórica, cual es el valle del río Henares, por las orillas de esa corriente, y por lo tanto por Azuqueca han pasado todas las civilizaciones que han dejado una huella más o menos marcada en la historia de España. Celtíberos, romanos, visigodos, árabes y cristianos, dejaron a lo largo de múltiples centurias su huella y su recuerdo.

En el «camino de la Barca» que desde Azuqueca baja al río Henares y cruza la carretera general entre los kilómetros 43 y 44, se han descubierto cimientos de construcciones de época romana, a los que añaden anejas una gran cantidad de tumbas de época visigoda, cuyos materiales y ajuares se encuentran por el momento en el Museo Arqueológico Nacional. Es ello un claro indi­cio de haber existido un importante núcleo de población a lo largo de varios siglos en la orilla derecha del río Henares en este término de Azuqueca, en conexión con los restos que en ese mismo entorno, y ya en términos de Alovera, también se han encon­trado. Al parecer hubo algunas «villas» romanas en toda la zona de la planicie del Henares, y, por supuesto, la Vía Augusta atravesaba el término, desde Complutum (Alcalá de Henares) hasta Arriaca (Guadalajara).

En la finca de «la Acequilla» se han hallado restos de población romana, y lápidas funerarias de los primeros siglos de nuestra Era, señalando que por allí pasaba, junto al río, la referida Vía Augusta, que llevaba a los viajeros que desde Mérida se traslada­ban a Zaragoza. Fué este territorio, por tanto, un lugar muy poblado en la época romana.

Procede la palabra Azuqueca del árabe «açouque», que significa mercado, o feria. Lugar de encuentros de la población árabe hispana, fué por tanto un lugar de encuentros de la población árabe hispana, y un punto de residencia de los andalusíes, quienes probablemente no pusieron en ella sino una pequeña aldea de objetivos agrícolas y comerciales. Desde  el punto de vista estrictamente histórico y documental, se conoce su existencia desde la Edad Media, en que aparece como aldea del Común o Alfoz de Guadalajara, en cuya calidad permaneció hasta comienzos del siglo XVII, fecha en la que fué declarada villa por sí, siendo vendida por el rey Felipe IV, en 1628, a doña María de Ibarra y Velasco, marquesa de Salinas, en cuya descendencia prosiguió hasta la abolición de los señoríos en el siglo XIX. En 1752 era señor de Azuqueca don Juan Javier Joaquín de Velasco Albornoz, Sosa, etc., marqués de Salinas del Río Pisuerga. El título prosiguió, siendo marquesa del mismo, en 1870, doña Rosa de Bustos y Riquelme, pasando luego, junto con gran cantidad de tierras del término, a los duques de Pastrana, y, más tarde, al conde de Romanones.

En Azuqueca han quedado, en el aspecto monumental, muy leves, las huellas de ese pasado denso y multisecular. La villa es hoy un conjunto moderno y de bien ordenado urbanismo. Destaca en ese conjunto la iglesia parro­quial, dedicada a San Miguel. Es obra del siglo XVI, mos­trando una fábrica de ladrillo y sillarejo con sillares esquine­ros de agradable aspecto y típica combinación en esta comarca de la baja Campiña del Henares. Una torre airosa y un atrio portica­do orientado y abierto al sur con cinco arcos, de buen arte renacentista, y capiteles jónicos en el remate de sus columnas, es todo lo que puede desta­carse en este edificio, sin olvidar el artesonado de su atrio, de buen arte plateresco.

A la salida del pueblo en dirección a Alovera se en­cuentra la ermita de la Soledad, un edificio muy típico del siglo XVII, con amplio pórtico, nave única, ancho crucero y cúpula con linterna, restaurada con acierto. En su interior se conserva la imagen de la Virgen de la Soledad, tallada en 1769 por el escul­tor Juan Pascual Medina.

En su término, y a la orilla derecha de la carretera general en dirección a Madrid, se encuentra el interesante edifi­cio del parador de Cortina. En este lugar, cruce de caminose importante estación de postas y viajes en lo antiguo, existió un breve poblado con la ermita de San Juan, de la que nada queda, y una enorme fuente de piedra tallada con gran pilón, que aún puede admirarse frente a la venta. Este enclave fué posesión de las monjas de San Bernardo de Guadalajara, y luego por los señores de Azuqueca, que 

largamente se lo disputaron a los de Alovera. El edificio actual es un gran caserón del siglo XVIII, de recia arquitectura con abundancia de vanos, enorme portalón para ca­rros, y amplio patio porticado, con distribución típica de una venta o mesón de camino real.

Estas breves líneas vienen a demostrar que Azuqueca, a pesar de su desarrollo industrial y social, también tiene su referencia histórica y su patrimonio histórico‑artístico que conviene conocer y apreciar.