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abril 19th, 1980:

Música y músicos de Guadalajara

 

No es voluminosa la historia de la música en la parcela territorial de Guadalajara. La actividad principal, en este sentido, se centró durante siglos en la catedral de Sigüenza, donde el órgano mayor del templo, los intérpretes y cantantes que acompañaban a la liturgia, ejercitaron no sólo la melodía ya elaborada, sino la composición y adaptación de piezas, casi siempre de tema sacro. Y en cuanto a músicos importantes de la tierra, desde los briocenses hermanos Durón, pasando por Félix Flores hasta nuestro contemporáneo Villa Rojo, bien podemos decir que todos los estilos y las modalidades de la armonía se han ejecutado entre nosotros. Daremos ahora un repaso por personajes, lugares y asuntos musicales de la provincia.

La familia Mendoza, como en tantas otras parcelas del arte y la cultura, fue pionera en Guadalajara del cultivo de la música. Sabeos que en la segunda mitad del siglo XVI, los duques del Infantado mantenían una brillante «capilla» en la que, entre otros, estaban Diego de Montoya, trompetista (1), el músico Castillo (2) y Pedro Suárez, a quien se califica de «músico del duque del Infantado» 3). En tiempos del tercer duque, que en sus largos años de vida hizo de todo, aparece la curiosa figura del cantor Diego de Carmona. Don Diego Hurtado de Mendoza, que había tenido en una gitana un hijo, al que quiso mucho, y que llamaban don Martín el Gitano, «crióle con regalo» y le proporcionó una educación esmerada, para conducirle por la carrera eclesiástica. Y dice antigua crónica que «como el duque don Diego era aficionado a la música de iglesia, deseoso que su hijo don Martín supiesse cantar canto de órgano, hubo notoria que en el Andalucia en Carmona había un cantor muy diestro, y embió por él» (4). Este Diego de Carmona medró en la corte mendocina y en la imperial de Carlos V, llegando a altas cotas en el valimiento de los poderosos, diciendo en su época que todo lo debía a un pacto con el diablo. De todos modos, cantaba muy bien, y alegraría en ocasiones las pétreas arcadas del palacio mendocino de Guadalajara. Murió en 1512. Años después, el cantor de palacio era Rodrigo de Bivar. Corría 1528, y es en ese momento cuando el núcleo de alumbrados es más numeroso en el palacio del Infantado de Guadalajara. Allí están Isabel de la Cruz y Ruiz de Alcaraz, que poco tiempo después serán procesados, lo mismo que el cantor del duque.

Por la ciudad se repartían también numerosos músicos y profesores. Del viejo documento nos llega razón del sacristán de la iglesia Santiago, que se dedicaba a dar clases de órgano y monocordio. Se llamaba Melchor de Soria, y por lo curioso y útil que pueda ser, doy aquí el contrato que hizo con Andrés de Monsalud, vecino de Pareja, para enseñarle la interpretación de esos instrumentos, durante un año: «Sepan quantos esta carta vieren como yo Melchor de Soria Sacristán que soy de la yglesia de Sr. Santiago desta ciudad otorgo e conozco por esta presente carta e me obligo a mostrar a vos Andrés de Monsalud vezino de Pareja questais presente a tañer la tecla en órgano y monocordio todo que se rrequiere saber en él que yo os pudiere mostrar y su avilidad le vastare en un año que corre y se quenta desde el día de san miguel próximo pasado deste presente año hasta el día de san miguel del año que verná de mill e quinientos e setenta e tres años e se entiende que le ha de enseñar para poder oficiar una missa y otros sones diferentes para vísperas y q en todo este tiempo le tengo de dar de comer e bever e cama en que duerma por un mes hasta que la traiga de su tierra e por razón de lo susodicho me a de dar veinte e quatro ducados por todo ello y me obligo que en todo el dicho tiempo o en comedio del no le echaré de la dicha mi casa y le mostraré todo lo que dicho es segund y de la manera que aquí es so pena que luego pueda tomar otro maestro que le muestre el dicho oficio e por lo que más le costare me pueda dar a esecutar y sea creído por su juramento sin otra aberiguación ni declaración alguna…» (5).

En la Guadalajara del siglo XVI sabemos que residían-formando parte de esa renombrada «Atenas Alcarreña» que tanta fama cobró a la sombra de sus Mendozas, algunos músicos madrileños, cortesanos. Así vemos en 1575 a Alonso de Alvarado (6), y en 1581 a Gaspar de Camargo (7), que en sendos documentos aparecen reseñados como «músicos de su Magestad». Y aún queda fama de los magníficos coros que en algunos monasterios de monjas había formados en ese siglo. Así, en el de «Nuestra Señora de la Concepción» era fama «su buena música, pues algunas religiosas son maestras en el canto» (8) y en el de «Nuestra Señora de la Piedad» fundado por doña Brianda de Mendoza, se exhibía un conjunto de voces extraordinarias, destacando entre ellas las de María Clavijo y su hermana Ana María Grandes, «compositoras y ynstrumentistas», hijas ambas del también músico Bernardo Clavijo del Castillo (9).

También fue Sigüenza, desde el siglo XV fundamentalmente, un foco capital del arte de la música. En su catedral se conjuntaban los organistas, los maestros de capilla y los coros de niños cantores, que hasta hoy han mantenido una sólida tradición de música coral y sacra en la ciudad. Sobre los maestros organistas, simplemente reseñar los nombres de algunos muy destacados, como el de Juan Cabezón, que prestó su arte a las bóvedas catedralicias durante 1546, o el de Francisco de Salinas, que en la ciudad del Alto Henares puso su magistral toque, su «son divino»-como le calificara fray Luís de León en conocida oda-por las frías estancias del templo, entre 1559 y 1563 (10). También el alcarreño Diego del Castillo ocupó, durante 15 años, el puesto de primer organista en Sigüenza, en los últimos del siglo XVI. Completa esta lista de grandes intérpretes del órgano de Sigüenza, el madrileño Juan de Aratia, que de 1584 a 1599 puso sonido a las ceremonias seguntinas. Los maestros de capilla Chacón y Pierres son también reseñables, aunque en la primera parte de la centuria renacentista, (11).

Por todos los pueblos de la Alcarria, Serranías y páramos molineses, los siglos mejores de nuestra tierra-los que vieron su riqueza aprovechada y el máximo de gentes de ella asentadas, XVI al XVIII surgieron músicos en las iglesias y los palacios, músicos que la interpretaban y a otros enseñaban a practicarla. Cantantes y organistas, bajonistas y masas corales tuvieron asiento en los núcleos principales. Por poner un ejemplo solamente, vemos la gran iglesia de Mondéjar surtida de un conjunto amplio de músicos que darían prestancia a las liturgias allí celebradas. Como maestros en sus respectivas parcelas, a mediados del siglo XVII aparecen Alonso Cortés, campanero; Alonso del Polo, trompeta; Juan de Alcázar, bajonista; Juan de Sigüenza, organista; un hijo de Alcázar, arpista, que formarían, indudablemente, una curiosa orquesta rural (12). Pero de esos mismos pueblos han ido surgiendo figuras musicales, individuales, que por uno y otro motivo han descollado en el difícil arte de la armonía.

Del siglo XVIII, tenemos noticias que Blas Benito López, nacido en Brihuega, y muerto en la misma villa, en 1815, que alcanzó un puesto en la Capilla Real, y se halla enterrado en la iglesia de Santa María de la Peña, en la que fue bautizado. Miguel Lope nació en Castejón de Henares, y murió en Madrid en 1798. Desde el año 1756 fue primer bajonista de la capilla real, y su fama artística queda acreditada con tan largo reconocimiento. En el mismo puesto, años después, estuvo Manuel Sánchez García (Campillo de Ranas, 1771‑Madrid, 1825) desde septiembre de 1814 en que ganó el puesto.

A la centuria de las Luces pertenece el fraile jerónimo fray Gabriel de Moratilla (Moratilla de los Meleros, 1700‑El Escorial, 1788) quien estudió sus primeros rudimentos musicales en el monasterio de Lupiana, sirviendo luego de cantorcillo en El Escorial. Allí profesó, en 1717, llegando a contralto de la capilla, y dedicándose a la enseñanza de la música durante cuarenta años. Luego fue maestro de la capilla monasterial, llegando finalmente a prior de varios monasterios jerónimos, entre ellos el de Santa Ana de Tendilla. Figura como una de las glorias de la tradición musical jerónima (13). Vicente Pérez Martínez (Cifuentes, primera mitad del siglo XVIII ‑Madrid, 1800) fue un maestro de canto, que se dedicó en la corte a dar clases y formando parte de la Real Capilla, en su calidad de tenor, más de 30 años. De sus dotes didácticas, surgió en 1799 el tomo primero de su obra Prontuario del canto llano gregoriano, corregido todo del mal acento y otros defectos notables en los libros antiguos, apareciendo después de su muerte los otros dos tomos que la completaban. Dejó inédita una obrita, Apuntes curiosos que describía su vida en la corte. Francisco Javier Pareja (Brihuega Madrid) sirvió en el siglo XVIII y comienzos del XIX. Destacó como compositor y violoncelista. Realizó su carrera, y obtuvo la fama, en Madrid, actuando primero en las orquestas de algunos teatros, y pasando luego a ser profesor particular de gentes de alcurnia, acabando de maestro de la Real Capilla, en 1805. Llegó incluso a escribir algunas tonadillas y zarzuelas cortas, que tuvieron gran aceptación. Es curioso reseñar que, en una tradición ya antigua, que hemos visto en el párrafo anterior, la villa de Brihuega ha venido dando gran cantidad de músicos, todos ellos de relieve, entre los que destacan los hermanos Durón, del siglo XVII, y el profesor Villa Rojo, contemporáneo nuestro. De aquellos va ya cumplida noticia en anterior Glosario Provincial (14) y de éste, dada su juventud y valía, sería incompleta cualquier biografía que aquí diéramos en este momento.

NOTAS

(1) Año 1565 ‑ Archivo Histórico Provincial de Guadalajara (AHP), protocolo 105 Escribano Alonso López.

(2) Año 1580 ‑ AHP ‑ Protocolo 140 ‑ Escrib. Pedro Medinilla.

(3) Año 1569 AHP Protocolo 99 Escrib. Juan Fernández.

(4) Pacha, H.: Historia de Guadalaxara, Guadalajara 1977, pág. 276.

(5) Año 1572 ‑ AHP ‑ Protocolo 164 ‑ Escrib. Gaspar de Campos.

(6) Año 1575 ‑ AHP ‑ Protocolo 95 Escrib. Blas Carrillo.

(7) Año 1581 AHP ‑ Protocolo 150 Escrib. Gaspar Hurtado

(8) Torre Francisco de: Historia de la muy noble ciudad de Guadalajara, manuscrito en la Biblioteca Provincial de Guadalajara, folio 129.

(9) Papeles de Barbieri, Biblioteca Nacional, Mss. 14043/27, copia del testamento de Calvijo (30-1-1626).

(10) Jambou, Louis: Organiers et organistes a la Cathedrale de Sigüenza au XXVI siécle Melanges de la Casa de Velázques, Tome XIII (1977), pp. 172-217.

(11) Pérez- Villamil, Manuel: Estudios de historia y arte: la catedral de Sigüenza. Madrid 1899, página 473.

(12) Archivo parroquial de Mondéjar; libro primero de fábrica, siglo XVII.

(13) Pascual, Saturio: Guadalajara y su provincia, manuscrito, 2 vols. Archivo familiar, en Muduex.

(14) Nueva Alcarria, 18 de mayo de 1974.