El retablo de Aranzueque, con algunas noticias de escultores alcarreños del siglo XVI

martes, 1 enero 1980 2 Por Herrera Casado

La villa de Aranzueque se sitúa en la margen derecha del río Tajuña, en la comarca de la Alcarria (provincia de Guadalajara), a unos 25 kilómetros de la capital (1). Perteneció al Común de Villa y Tierra de Guada­lajara, desde la Baja Edad Media, y posteriormente pasó al señorío de la familia Mendoza, en su rama de los Marqueses de Mondéjar. Tiene una bella iglesia parroquial construida en la primera mitad del siglo XVI, con portada plateresca e interior de tres naves con techumbre de artesonado mudéjar en su nave principal, y bóveda de resaltadas nervaturas sobre la capilla mayor. De sus obras de arte muebles, que poseyó en gran abundancia y calidad, nada queda. Perecieron empujadas de expolios, guerras y revo­luciones.

Su retablo mayor desapareció en 1936. Nada ha sido publicado, hasta ahora, sobre él, y al haber encontrado una fotografía, descripción y noticias documentales referentes al mismo, hemos decidido dar a conocer esta obra de arte ya desaparecida. La única fotografía existente (2) es de mediana calidad, pero permite apreciar perfectamente la gran envergadura de la obra, de majestuosa apariencia. La descripción que del mismo nos ha quedado es muy parcial (3) pero con el valor de la apreciación directa. Las noticias documentales (4) son referencias recogidas de libros y documentos ya des­aparecidos.

Ocupaba este retablo toda la pared del fondo del presbiterio de la iglesia parroquial de Aranzueque, lugar para el que fue expresamente construido. Obra de talla y pintura, mostraba un zócalo o predela de paneles entalla­dos, con tabernáculo central exento; cuatro cuerpos superpuestos daban altura a la obra, que remataba con gran cuerpo superior. En vertical se componía de tres calles, la central ocupada por tallas, y las laterales por lienzos pintados, separándose entre sí, y presentando en los extremos, horna­cinas conteniendo figuras de talla. Un magnífico conjunto de pilastras, balaus­tres, frisos e intercolumnios daban unión a los anteriores elementos, compo­niendo un homogéneo retablo plateresco, dentro de la más genuina tradición del retablo castellano de mediado el siglo XVI.

En el zócalo parecen apreciarse talladas escenas de la infancia de Cristo ¿la Natividad, la Epifanía?). En la calle central, gran hornacina conteniendo el grupo de la Asunción de María; sobre él, la Trinidad en talla, y aún encima un buen grupo de Calvario. Las pinturas muestran imágenes y esce­nas de la vida de Cristo y María: con dificultad se aprecia en la fotografía una Natividad y una Resurrección, y una Ascensión. En las hornacinas, 18 tallas de cuerpo entero representando, al parecer, evangelistas, padres, de la Iglesia y Santos fundadores. A los lados del Calvario, dos grandes mas­carones con escudos nobiliarios de imposible identificación.

Este retablo fue contratado (ante el escribano de Guadalajara encargado de los negocios de los Mendoza, Diego de Cisneros) en 1564. Dieron las trazas y el programa iconográfico el doctor Ballesteros, Pedro García del Pozo y Miguel Martínez, eclesiásticos de Aranzueque. Quedó como principal responsable de la labor de talla y carpintería, el escultor Pedro Barrojo, vecino de Guadalajara, que se trasladó a residir una larga temporada en Aranzueque. También quedaron encargados de otras tareas de talla y acabado los escultores Diego Velasco de Ávila, vecino de Toledo, y Maese Pascual, vecino de Pastrana. De las pinturas fue autor Pedro López de la Parra, vecino de Guadalajara. Del estofado y dorado, Juan Román, vecino de Pastrana. Desde el mismo año del contrato, comenzó Barrojo a trabajar en el retablo de Aranzueque, cobrando cantidades a su cuenta entre 1564 y 1579, año en que debió fallecer sin concluir la obra. En 1583 llegó al pueblo alca­rreño el escultor alcalaíno Francisco de la Torre, para tasar lo realizado por Barrojo y quizás acabarlo. En 1591 todavía estaba el retablo sin montar, colocado, en piezas, en una cámara del pueblo que producía un alquiler. Se asentó, finalmente, en 1614, siendo cura el bachiller Diego Díaz.

El retablo de la iglesia parroquial de Aranzueque era de los denominados «retablo‑fachada» (5), situado claramente en la corriente tipológica caste­llano‑toledana de mediados del siglo XVI, con mayor realce de lo escultó­rico sobre la pintura. Un gran equilibrio arquitectónico presidía su estruc­tura, de cánones renacentistas puros. Situado todo él sobre un mismo plano, el muro liso del hastial de la capilla mayor, le quitaría perspectiva a corta distancia, pero indudablemente le confería mayor majestuosidad desde lejos. Las apreciaciones de quien lo observó de cerca (6) nos dicen que la calidad  de tallas y pinturas no era, en modo alguno, de primera línea, sino modestas en cuanto a tipos, actitudes y soluciones técnicas. Es, indudablemente, un buen retablo plateresco de segunda fila.

En cuanto a su principal artífice, el escultor o entallador Pedro Barrojo, se trata de una figura absolutamente desconocida hasta este momento. Hemos podido encontrar algunas referencias documentales en torno suyo que, aunque escasas, arrojan alguna luz sobre su actividad artística, centrada en la ciudad de Guadalajara, y esperamos que en el futuro puedan ir encontrándose nuevos datos sobre este escultor arriacense de un indudable valor. La primera noticia a él referida es precisamente el contrato para la realización del retablo de Aranzueque en 1564, en el que aparece como escultor, y vecino de Gua­dalajara. Fue su mujer Ana de Camarma, la cual hace en 1568 testamento ante el escribano de Guadalajara Blas Carrillo (7). En ese momento, esta mujer dice estar enferma, en cama, y decide que si muere, la entierren en la iglesia de San Ginés, de Guadalajara, en la sepultura de su abuela y padre. Se dice ser parroquiana de San Ginés, y «mujer del entallador Fº Barroxo». En 1574 aparece en un documento, como fiador de otro vecino de Guada­lajara (8), y se le titula «Pedro Barroxo, entallador». También en 1574 apa­rece Barrojo, en calidad de escultor, otorgando una escritura de obligación por la que se compromete a hacer un Cristo crucificado, con su Calvario, de seis pies de altura, para el Convento de monjas de la Concepción, en Guadalajara, por valor de 15.000 maravedises (9). En el mismo año de 1574, aparece nuevamente el entallador Pedro Barroxo, junto con el también entallador Alonso de Tamayo, ambos vecinos de Guadalajara, otorgando una escritura de obligación (10) por la que se comprometen a realizar un gran paso de escultura con destino a la Cofradía de la Soledad, de Guadala­jara: se trataba de un conjunto de figuras en el que aparecían Cristo des­clavado y desprendido de la Cruz por José de Arimatea y Nicodemo, apoyados sobre la cruz en sendas escaleras, y abajo a los pies de ella, la Virgen María y otras dos mujeres, hincadas de rodillas, y San Juan en pie, a su lado, Este paso del Descendimiento de la Cruz, como se le llama en el documento, debió de ser magnífica pieza de la imaginería castellana, que saldría en las procesiones de Semana Santa en la ciudad de Guadalajara, sorprendiendo con su aparatosidad de formas y actitudes, y su gran número de figuras. Final­mente, s2 sabe la fecha de la muerte de Barroxo, 1579, cuando aún no había concluido su gran obra, el retablo parroquial de Aranzueque.

Otra figura muy interesante de la escultura arriacense en el siglo XVI, es Alonso de Tamayo, de quien no conocemos hasta el momento ninguna obra conservada, pero del que poseemos referencias documentales que nos le sitúan como el más activo de los escultores avecindados en Guadalajara en la segunda mitad del siglo XVI. Nuestras investigaciones nos han propor­cionado hasta ahora los siguientes datos en su torno: el 14 de marzo de 1565, ante el escribano de Guadalajara Juan Fernández (11), contrata la realización de un gran retablo para el altar mayor de la iglesia del monasterio de San Antolín, de la Orden de la Merced, en esta ciudad. El retablo tendría 15‑16 pies de altura y 12‑13 de anchura, y debía realizarlo conforme a la traza dada por fray Cristóbal de Soto, comendador de dicho monasterio, con algu­nas reformas que en el contrato se introducen. Todo ello en precio de 60 ducados. Debía ser un retablo en el que a la labor de arquitectura clásica, se añadirían algunas tallas de apóstoles, una figura de la Virgen en el centro, otra de Dios Padre en el coronamiento, y varias pinturas.

Otras obras menores de Alonso de Tamayo, encontramos documentadas en años posteriores. Todavía en 1565, este entallador extiende una carta de poder (12) a favor del pintor alcarreño Pedro López de la Parra, para que éste pueda cobrar ciertas obras que ya entregó y aún no se le han abonado del todo: así, una Quinta Angustia y un Cristo Crucificado que hizo para la Cofradía del Rosario del lugar de Malaguilla; otra Quinta Angus­tia y otro Cristo Crucificado para otra cofradía de Fuentelahiguera de Alba­tages; y aun otro Cristo crucificado para la Cofradía del Rosario del lugar de La Puebla de Uceda. En 1568 cobra cierta cantidad de D. Francisco Meléndez de Zúñiga y Valdés, vecino de Guadalajara, a través del bachiller Bernardino Macho, cura del lugar de Torrejón de Alcolea (hoy Torrejón del Rey, también en la provincia de Guadalajara) de lo que se le adeudaba de un retablo que hizo para la iglesia parroquial de dicho lugar (13). Todavía en 15711 vemos a Alonso de Tamayo, entallador vzº de Guadalajara, haciendo contrato para realizar una talla de una Quinta Angustia, en la que se repre­sentaba a María con Cristo en los brazos, para el lugar de Angón, en tierra de Jadraque. Lo hacía en precio de 44 ducados, y similar al que, poco antes, él mismo había hecho para el lugar de Padilla de Hita (14). La última noticia referida al escultor arriacense Tamayo es la ya mencionada obra del Descen­dimiento que hace en colaboración con Barrojo, para la Cofradía de la Sole­dad, de Guadalajara, en 1574 (15).

Otros escultores menores, avecindados o activos en Guadalajara, durante la segunda mitad del siglo XVI, y de los que hasta el momento no se tenía ninguna noticia, son los siguientes, de los que sólo quedan los datos docu­mentales referidos:

Lucas de Rueda, el viejo, entallador, vecino de Guadalajara, hace testa­mento el 30 de Septiembre de 1573 (16) y hace en él referencia a ciertos dineros que le deben los de la villa de Torrejón, por una talla de Santa Ana que había hecho para su iglesia, y los del Casar de Talamanca por un Cristo Crucificado. El 5 de octubre de dicho año ya había fallecido.

Diego de Rueda, hijo del anterior y de su mujer Isabel de Cienfuegos, era también entallador, vecino de Guadalajara. En 5 de julio de 1574 otorga carta de obligación (17) por la que se compromete a realizar un gran paso para la cofradía de la Virgen de la Soledad, de Guadalajara, consistente en un Cristo con la cruz a cuestas, con un sayón delante tirando de una soga, y Simón el Cirineo detrás, ayudándole, todo ello «en buena graçia y perfizión» y por precio de 10.000 maravedises.

Francisco de Torres es un escultor que en esta época estaba avecindado en Alcalá de Henares, pero que le vemos intervenir en ciertas obras por algunos pueblos de la Alcarria. En 1583 le hemos visto en Aranzueque, tasando lo que había hecho Barrojo para el altar mayor de aquella parro­quia (18). En 1576 aparece otorgando una carta de obligación (19) por la que se compromete a realizar de talla y pintura «una Quinta Angustia con un Cristo en las rodillas» para la Cofradía del Rosario del lugar de Quer, en la campiña del Henares, en precio de 10.000 maravedises. Este mismo escultor contrató la construcción del gran retablo mayor de la iglesia parroquial de Ntra. Sra. de la Peña, en Brihuega, con fecha de 10 febrero 1581. Nada queda de dicho retablo, cuajado de magníficas esculturas en un incomparable marco arquitectónico renacentista. Sabemos que llevaba hornacina para la talla románica de la patrona de Brihuega, así como centrales grupos de la Asunción, el Calvario y muchas tallas de apóstoles y evangelistas de cuerpo entero. Fue ayudado de otros escultores menores alcalaínos, y su obra fue tasada, en 1585, por los escultores Francisco de Vinuesa, vecino de Sigüenza, y Francisco Díez de Torres, vecino de Guadalajara, por un precio total de 1400 ducados. Los hermanos Briones, de Auñón, se encargaron de dorar y estofar el retablo (20).

Ya documentado con anterioridad (21) es el escultor o entallador arria­cense Cristóbal de Ayllón, de quien sabemos que en 1515 contrató la cons­trucción y talla del retablo mayor de la parroquia de Torija, y por esas mismas fechas se encargó también de toda la labor de talla del retablo mayor de la parroquia de Fuentes de la Alcarria, cuya pintura estuvo a cargo del también arriacense Hernando Rincón de Figueroa (22).

Como complemento a esta sucinta relación de artífices de la madera que trabajan en la Guadalajara del siglo XVI, podemos añadir una breve nómina de ensambladores, de los cuales hemos encontrado documentación. Así, encon­tramos a Baltasar Carrera, que en su faceta artesana le vemos colaborar con Barrojo en el retablo de Aranzueque (23); sabemos que en 1570 vivía en la colación de San Nicolás (24) y en 1567 le vemos realizar una transación comercial con otro vecino de la ciudad (25). Otro ensamblador vecino de Guadalajara es Pedro de Esquinas, a quien en 1574 encontramos realizando unas cajonerías para la sacristía del monasterio de Sopetrán, detallando cómo él mismo había dado la traza y había puesto varias tarjetas y relieves de talla, con óvalos y molduras variadas (26). Debía tener este Pedro de Esquinas un grande y acreditado taller de carpintería, pues son numerosos los jóvenes que a él acuden para entrar de aprendices y hacerse peritos en el oficio. Así, vemos cómo en febrero de 1569 entra de aprendiz, para 4 años, Pedro Izquierdo (27) a quien posteriormente veremos de colaborador de Carrera y Barrojo en el retablo de Aranzueque (28). También en agosto de 1569 es Antonio Martínez (29) vecino de Torrelaguna, quien se compromete a servir de aprendiz durante 2 años en el taller y casa de Esquinas. Posterior­mente, en 1581, entra a este taller Diego Serrano, que se concierta con Esquinas por espacio de 6 años (30). Todavía éste, en 1583, aparece tomando como aprendiz por espacio de 5 años a Gabriel López de Torremocha, hermano del pintor de Guadalajara Juan López de Torremocha (31). Pedro de Esquinas aparece aún en otro documento económico general, en 1580 (32).

Con título de ensambladores, aparecen en 1587 los vecinos de Guada­lajara Antonio Muñoz y Alonso de Bustares, que contratan con la cofradía del Rosario de la villa de Valfermoso de las Monjas, en el valle del Badiel, la realización de una talla de Ntra. Sra. del Rosario, con andas, pintura y dorado, en precio de 30 ducados (33). De este Alonso de Bustares, ensam­blador especializado en artesonados, que realizó algunos en el palacio del Infantado y otros palacios de Guadalajara, preparamos un trabajo con abun­dante documentación.

Otros ensambladores, vecinos de Guadalajara, son Juan Martínez (34), Juan de Deza (35), Enrique de Olanda (36), casado con la hija de Lucas de Rueda, Juan de Praves (37), y Pedro Moreno (38), que trabajan en la ciudad y su comarca en la segunda mitad del siglo XVI, pero de los que ninguna obra nos es conocida. Queda, como de todos los anteriores, consig­nados sus nombres y breves datos, como aportación a la historia de la escultura en Castilla.

NOTAS

(1) PÉREZ Y CUENCA, M.: Historia de Pastrana y sucinta noticia de los pueblos de su partido, 2ª edición; Madrid, 1871; pág. 339; GARCÍA LÓPEZ, JUAN‑CATALINA: Memorial Histórico Español, lomo XLIII, Madrid, 1905, págs. 5‑15; GARCÍA SAINZ DE BARANDA, J., y CORDAVIAS, L.: Guía arqueológica y de turismo de la provincia de Guadalajara, Guadalajara, 1929; pág. 171; HERRERA CASADO, A.: Inventario del patrimonio arquitectónico de interés histórico‑artístico de la provincia de Guadalajara: Aranzueque, inédito.
(2) Archivo Fotográfico de D. Tomás Canzarillo, Excma. Diputación Provincial de Guadalajara.
(3) GARCÍA LÓPEZ, JUAN‑CATALINA: Catálogo monumental de la provincia de Guadalajara, manuscrito en el Instituto Diego Velázquez del CSIC, tomo Iº folios 77‑79, y nota 4, en folios 83‑85.
(4) LAYNA SERRANO, F.: Algunas notas relativas al retablo de Aranzueque, manus­crito como notas sueltas tomadas de un protocolo de Diego de Cisneros en el Archivo Histórico Nacional. Sección Osuna. Archivo de la Institución Provincial de Cultura “Marquésde Santillana», Excma. Diputación Provincial, Guadalajara.
(5) MARTÍN GONZÁLEZ, J.J.: Tipología e iconografía del retablo español del Renacimiento, Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología de la Univer­sidad de Valladolid, XXX (1964).
(6) GARCÍA LÓPEZ, JUAN‑CATALINA: Catálogo…. fol. 78.
(7) Archivo Histórico Provincial de Guadalajara (AHPG), Protocolo 92, Escribano Blas Carrillo.
(8) AHPG Prot. 114, nº 2 ‑ Escr. Gervasio Pérez.
(9) AHPG Prot. 137 ‑ Escr. Pedro Medinilla.
(10) AHPG Prot. 126‑127 ‑ Escr. Juan de Medina.
(11) AHPG Prot. 96 ‑ Escr. Juan Fernández.
(12) AHPG Prot. 90 Escr. Blas Carrillo.
(13) AHPG Prot. 92 Escr. Blas Carrillo.
(14) AHPG Prot. 145 Escr. Gaspar Hurtado.
(15) V. nota 10.
(16) AHPG Prot. 101 Escr. Juan Fernández.
(17) AHPG Prot. 157 Escr. Juan Medina de Roa.
(18) V. nota 4.
(19) AHPG ‑ Prot. 138, fols. 192‑192v. ‑ Escr. Pedro Medinilla.
(20) GARCÍA LÓPEZ, JUAN‑CATALINA: Catálogo…. tomo 1º, fols. 198‑201.
(21) QUILEZ MARTÍ, J.: Documentos de interés para la Historia del Arte, Revista «Investigación», (1969), pp. 78‑80.
(22) GARCÍA LÓPEZ, JUAN‑CATALINA: Catálogo…, tomo l. fols. 278‑280.
(23) V. nota 4.
(24) AHPG ‑ Prot. 106 ‑ Escr. Alonso López.
(25) AHPG Prot. 132, fol. 174v ‑ Escr. Pedro Medinilla.
(26) AHPG Prot. 137 ‑ Eser. Pedro Medinilla.
(27) AFIPIS Prot. 99 ‑ Escr. Juan Fernández.
(28) V. nota 4.
(29) AHPG Prot. 99 ‑ Escr. Juan Fernández.
(30) AHPG Prot. 142 Escr. Pedro de Medinilla.
(31) AHPG Prot. 152 Escr. Gaspar Hurtado.
(32) AHPG Prot. 140 Eser. Pedro Medinilla.
(33) AHPG Prot. 176 Escr. Diego López de León.
(34) AHPG Prot. 166 Eser. Gaspar de Campos Año 1586.
(35) AHPG Prot. 132 Escr. Pedro de Medinilla Año 1567.
(36) AHPG Prot. 140 Eser. Pedro de Medinilla Año 1579.
(37) AHPG Prot. 142 Escr. Pedro de Medinilla Año 1581.
(38) AHPG Prot. 167 Escr. Gaspar de Campos Año 1600.