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febrero 5th, 1977:

Folklore y paisaje

 

La edición de libros en Guadalajara, afortunadamente es un hecho habitual, frecuente, en los últimos años. No viene a significar exactamente que la provincia esté viva. Más bien son sus autores que la hacen revivir. Los estudios, las narraciones, las descripciones y los recuerdos sirven de llamada al ser de Guadalajara, que parece estar dormido y aletargado. Por ello es doble el valor de los libros que tratan sobre nuestra tierra: porque dan a conocer aspectos suyos escondidos, y al mismo tiempo los revitalizan y ponen en el camino de un nuevo significado.

Han sido dos los libros alcarreñistas que en estos días han llegado al despacho de este cronista. Dos valiosas aportaciones al conocimiento y revalorización de la tierra alcarreña. Vamos a repasarlos y buscarles su valor.

Es el primero un libro sincero y honesto, una prueba de trabajo serio y apasionado. Un testimonio de vida agonizante. Se trata de la «Miscelánea del folklore provincial de Guadalajara» que, en forma de diversos artículos, estudios y notas ha preparado el estudioso José Ramón López de los Mozos, quien después de artículos sueltos en periódicos y revistas, aparece con este primer libro, premio de una tarea que sabemos ha de ser abundante y fructífera. Tiene 118 páginas, varias ilustraciones, y una impresión digna y cuidada. Repasa el autor una decena de temas del folklore de Guadalajara. Algunas ya tratadas en anteriores publicaciones, otras inéditas y reveladoras de aspectos que bullen en la entraña sencilla y ancestral del pueblo. Así, los juegos infantiles de dedos, manos y brazos como una tesela brillante del gran mosaico de la vida; o el «Reglamento de una Compañía Estudiantil de Guadalajara», los relatos de duendes y trasgos en Mondéjar y Berninches, o la elucubración de altura, bibliográficamente cimentada, sobre temas mitológicos en el folklore: la mujer de dos cabezas y las sirenas. Finaliza con una abundante relación bibliográfica del tema folklórico relativo a Guadalajara. La obra va dedicada a don Sinforiano García Sanz, quien inició los estudios de costumbrismo alcarreño, y ha sido maestro para tantos como han querido adentrarse en estos caminos del quehacer sencillo y hondamente popular. Se prologa con unas palabras de González Lamata, y ha corrido con los gastos, mérito notable en estos tiempos, la Jefatura Provincial del Movimiento en Guadalajara.

Con el subtítulo explicativo de «Caminos y paisajes de la provincia de Guadalajara», Jesús García Perdices salta a la actualidad, de los libros alcarreños con otra prueba más de su constante empuje y entrega a la divulgación de la naturaleza: «Cita en el Ocejón» acaba de aparecer, y ya es un elemento insustituible y necesario para quien se decida a conocer en profundidad esta tierra nuestra. En largo y ancho manojo van surgiendo, con la prosa sencilla y accesible de Perdices, los rincones, las veredas, los paisajes, pueblos y remotos parajes provinciales que, en un trabajo de años, de marcha lenta y trabajosa, de repaso tranquilo y meditado, que el autor y sus compañeros de jornada han recorrido. En sus páginas se hace realidad el dicho repetido de que Guadalajara no sólo es «carretera general», sino que abunda en la cita, en la descripción y el ánimo para saborear, tras ardua búsqueda de andares, esos «Hundidos de Armallones», esas «Chorreras de Despeñalagua» y ese «Barranco de Montesinos» que ahí están, esperando la visita de todos. En una de esas páginas, dice el autor, hablando de sus correrías de caza y pesca, que muchas veces ha vuelto a casa con las manos vacías, pero nunca desilusionado: «La contemplación del paisaje, la vida al aire libre, y la compañía de los buenos amigos son tres tesoros de valor incalculable». En ellos se funda el valor de este libro. Porque en sus páginas brillan los paisajes anchísimos de Guadalajara; por ellas se cuela cortante el aire nítido de la tierra áspera, y, en fin, entre líneas se adivina cuantas conversaciones, cuantas comunitarias comidas, cuantas bromas cariñosas nos hemos gastado juntos. «Cita en el Ocejón» es cumbre nevada y siesta silenciosa entre los límites de nuestra tierra.

Es lástima que este libro magnífico haya hecho aguas en cuanto a su presentación y compostura. Las magníficas fotos de Santiago Bernal han perdido algo de su calidad soberbia al imprimirlas, y su mensaje se deslabaza al ir distribuidas sin relación alguna con el texto. La imprenta que se encargó de este trabajo debe todavía aprender muchas cosas. Pero el lector de «Cita en el Ocejón», quedará satisfecho, y, lo que es más importante, deseoso de echarse al campo a pisar tomillares, llevando las páginas’ de este sabroso libro de Jesús García Perdices el aliento de su perenne ilusión: la promoción decidida y ordenada de la provincia de Guadalajara.

Buen comienzo ha tenido este año en cuanto a, novedades, bibliográficas en nuestra provincia. Esperamos que esta tónica se mantenga, y se hagan realidad esos otros proyectos que por parte de la Institución Provincial de Cultura «Marqués de Santillana» se abrigan.