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septiembre, 1973:

El plateresco en Sigüenza

 

Hablando con un amigo sobre las superiores excelencias que el arte románico tiene sobre el barroco, y la tesis contraria por él sostenida, llegamos a la conclusión de que en arte no hay un estilo que pueda claramente decirse superior a otro. Cada uno de ellos es hijo de una época, la identifica y aporta su presencia severa o colorista, movida o serena; resume, al mismo tiempo, los idearios del momento, las tensiones sociales y religiosas, las ansias de inmortalidad siempre, que como un íntimo gusano escarban de continuo en el corazón de los hombres, más aún en el de los artistas.

Por eso, no cabe ahora plantearse qué arte es más bello, si el románico que por toda Guadalajara extiende sus ingenuas alas, y que ya el Dr. Layna Serrano magistralmente estudió, o el plateresco del que también posee nuestra provincia extraordinarias muestras, tanto en calidad como en cantidad. Frente a la rudeza y medieval traza del primero, que en muchos lugares se identifica plenamente con nuestra tierra austera, surge el recio perfil geométrico del segundo, sus exuberantes labores ­de ornamentación, su colorido incluso, que reflejan el momento de un cambio de Edad, de pensamiento, de rumbo humano. Que en algunos lugares, como Sigüenza y Guadalajara, viene a ser fidelísimo trasunto de una sociedad, eclesiástica y civil respectivamente, que en este arte renacentista quiere dejar su eternal sello.

En nuestro deseo de dar un repaso general al plateresco alcarreño, con el doble fin de ganarle adeptos buscando su comprensión, y al mismo tiempo catalogando todo lo existente para facilitar su visita y conservación, comenzamos hoy con la enumeración de los retazos de este estilo que se conservan en Sigüenza (1).

La primera mitad del siglo XVI es en la que la Ciudad Mitrada, regida por obispos caballerescos y auténticamente renacentista y ve cubrir sus muros, sus portadas, sus más mínimos resquicios del grutesco y el roleo propios de ese arte. Aquí trabajan las primeras figuras del estilo, con Alonso de Covarrubias a la cabeza, y en su catedral se forma una auténtica escuela de artífices que extenderán sus modos de hacer y sus Influencias a muchos lugares limítrofes. Si acaso hubiera que señalar alguna figura especialmente señera en este expansionado camino del plateresco seguntino, la del obispo don Fadrique de Portugal iría en primera línea, pues a él se debe la erección de las mejores piezas del arte en su catedral. Gobernó la diócesis en el primer cuarto del siglo XVI, y como muestra de su pasión por la arquitectura y el ornato plateresco, han quedado cuatro obras en el brazo norte del crucero que por sí solas hacen de ese rincón uno de los más extraordinarios museos del arte español: el altar de Santa Librada, el mausoleo del propio D. Fadrique, la puerta del Pórfido y la portada de la Sacristía de Santa Librada, de la cual es ésta imagen que junto a estas líneas aparece, y que puede servir de muestrario, magnífico de lo que es el medido rimar de nuestro plateresco: un frontón triangular, coronando jambas y frisos totalmente cuajados de grutescos, angelillos y roleos, contiene el escudo episcopal de don Fadrique sostenido por dos ángeles. Se remata con tres flameros y una pareja de nerviosos dragones

A lo largo de la catedral nos encontramos con otras muchas muestras del estilo: la más antigua es, sin duda, la puerta del Jaspe, en el claustro, labrada en 1507 con la traza que dio Francisco Guillén. En el mismo claustro se levantó, en 1509, la capilla de la Concepción, de transición del gótico al plateresco, y otras posteriores son las puertas de la sala capitular, la capilla de Santiago ó de los Gamboas, la librería del Cabildo y la capilla de San Pedro Mártir(2).

Otras muestras platerescas de la catedral de Sigüenza, en rápida visión enumerativa, que nos obligará a tratar de ellas una por una, son las portadas de la nave del Evangelio que se abren a las capillas de San Pedro (obra de Francisco de Baeza, en 1532), a la de la Anunciación, obra de los tallistas toledanos Bernardino Bonifacio, Pablo y Marcos, en la segunda decena del siglo XVI, en la que se juntan armónicamente los estilos gótico, mudéjar y plateresco. Finalmente, la capilla de San Marcos presenta un extraordinario intradós en su puerta de entrada. En el brazo sur del crucero se halla otro conjunto de extraordinaria importancia en el período artístico que tratamos: es la capilla de San Juan y Santa Catalina, fundada por don Fernando de Arce y su mujer doña Catalina de Sosa. La portada, obra de Baeza, «forma con la reja de Juan Francés un conjunto de inolvidable efecto. En el interior está la gótica estatua del Doncel; los enterramientos de sus padres, los fundadores; el de su hermano don Fernando, obispo de Canarias; los de don Martín Vázquez de Sosa y doña Sancha Vázquez, sus abue­los. Páginas enteras habría que llenar hablando del cúmulo de detalles y goce artístico que en su recinto cabe.

En la girola del templo, se abre la portada de la Sacristía, que es obra de los hermanos Buega, construida entre 1573 y 1574, caminando hacia el clasicismo y sobriedad del estilo herreriano. Sus puertas de madera, talladas por Vandoma, escultor seguntino, son un alarde de minuciosidad y buen arte plateresco. El interior de la sacristía no necesita de alabanzas, pues ya las tiene dichas todas. Alonso de Covarrubias fué su creador, ayudado por Francisco de Baeza, y en su techo resplandecen varios centenares de cabezas que hacen de la estancia, pieza única en el mundo. En su recinto, continúa el plateresco seguntino desbordándose en cajonerías (talladas por el maestre Pierres), contraventanas, etc. Por último, y todavía en la girola, es del siglo XVI también la portada de la Capilla del Santo Cristo de la Misericordia.

En el crucero luce su blanca y armónica belleza el púlpito del Evangelio, obra de Vandoma, en el que se representan diversas escenas de la Pasión de Cristo. Adosada al pilar que media entre el coro y el lado sur del crucero, se halla el pequeño retablo de la Virgen de la Leche, tallado en piedra por Miguel de Aleas en 1515.

Para acabar, teniendo en cuenta nuestra promesa inicial de reseñar todo el arte plateresco de Sigüenza, es preciso recordar la iglesia de Nuestra Señora de los Huertos, con portada renacentista del maestre Juan, guardando en su interior un altar plateresco con pinturas bastante estropeadas y el sepulcro del mismo estilo del arcediano don Francisco de Villanuño, trasladado aquí desde la iglesia de Santiago, donde primitivamente tuvo su sede el convento de clarisas que fundaron sus hermanas doña María y doña Catalina. En la Plaza Mayor es de interés el edificio Concejil, obra de Juan de Garay y Martín de Vandoma, de hacia 1511.

1) Sobre la catedral de Sigüenza, en la que se halla la mayor parte del arte plateresco de la ciudad, hay escritos dos magníficos libros, a cargo de don Manuel Pérez Villamil, «Estudios de Historia y Arte, La Catedral de Sigüenza»  Madrid 1899, y de don Aurelio de Federico, «La Catedral de Sigüenza», Madrid 1954. Sobre diversos aspectos del plateresco seguntino han tratado también don Gregorio Sánchez Doncel, el Dr. Martínez Gómez‑Gordo, el profesor Azcárate Ristori, Orueta y otros.

(2) En su interior estuvo colocado el mausoleo de su fundadora, doña Aldonza de Zayas, que talló Covarrubias, y del que hoy nada queda.