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La Princesa de Éboli y Dulcinea del Toboso: dos tuertas ilustres

Mañana presentaré en el I Congreso Internacional sobre Dulcinea del Toboso que se va a celebrar entre hoy y el domingo en la localidad toledana de El Toboso, una comunicación que lleva por título el mismo que este artículo, y que viene a ser una elucubración, (en un tema tan cuajado de ellas) sobre la verídica o falsa tuertez de doña Ana de Mendoza y de la Cerda, y la posible participación en la cofradía de las tuertas por parte de Dulcinea del Toboso. En esta ocasión, me he querido centrar en un tema un tanto quimérico: ¿Pudo ser Dulcinea del Toboso, esto es, doña Aldonza Lorenzo, un ser real, que viviera en aquella villa de La Mancha a finales del siglo XVI? Cabe tal posibilidad, después de los descubrimientos de Escudero Buendía y Sánchez Duque, aquí comentados, acerca del hecho de que Cervantes sacara en papeles, y muy exagerados, a algunos tipos de todos conocidos en el área de “La Mancha de Santiago” en su época. Y aún me hago otra pregunta: ¿Pudo Cervantes querer representar en Dulcinea como ser ideal, a otro “ser ideal” que él tenía por tal, y que era tuerta? La Princesa de Éboli es muy famosa en los días en que Cervantes escribe su Quijote… Una cuestión de principios: Cervantes parodia la sociedad, pero el Quijote la refleja. Toma figuras de la realidad y de la sociedad contemporánea. Y aún más: según las teorías de Francisco Javier Escudero Buendía y María Isabel Sánchez Duque, es posible que se inspirara en personajes vivientes, en El Toboso, en Miguel Esteban, en Mota del Cuervo, en sus días, para parodiarlos y dar vida desde ellos a don Quijote. Y a Sancho, y a Dulcinea, y al bachiller Sansón Carrasco y al caballero del Verde Gabán… Un planteamiento: Cervantes parodia personas reales, situaciones contemporáneas, toma por modelos a grandes figuras de la historia, del momento. Y cuando propone un ser ideal, como Dulcinea, está pensando en otra persona real, de carne y hueso, que para él es quizás inalcanzable, pero a la que transforma desde su realidad “tuerta” a un ideal de belleza. Quizás, incluso, está diciendo que a “la señora” (así la llamaban en el Madrid del siglo XVI) todos la tienen idealmente por un ser bellísimo, excelso, inteligente, bueno…. Pero en realidad es una cualquiera. La realidad la decapita. De esa manera, doña Ana de Mendoza […]