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Naturaleza y Vida en el arte románico de Guadalajara

Se ha celebrado, entre los días 4 a 6 de julio, en la ciudad de Sigüenza, el primer Congreso de Arqueología Medieval de Guadalajara, que ha constituido todo un éxito de organización y asistencia, aportándose en las numerosas comunicaciones e intervenciones, datos muy valiosos para ir reconstruyendo el pasado remoto de nuestros pueblos, de nuestras tierras. A veces las leyendas que hoy damos por tales, emergen de la historia con total naturalidad. Y con el paso de los siglos toman categoría legendaria los hechos que, mucho tiempo antes, fueron cotidianos. En el “Libro de la Montería” de Alfonso Undécimo de Castilla, se nos dice que la caza del oso era habitualmente practicada por los nobles, lo mismo que la cetrería, y el acoso y muerte de los jabalíes, en infinidad de lugares de esta tierra. Por señalar algunos: En la historia del monasterio alcarreño de Sopetrán, en pleno valle del río Badiel, se cuela la leyenda de que al Rey Alfonso Sexto, en 1072, “La Virgen la había librado de morir a garras de un Oso cuando andaba a cacería por esos contornos”, y en agradecimiento el rey mandó reconstruir el viejo monasterio medio hundido. También nos informa ese “Libro de la montería” que “Santotis es buen monte de oso en verano”, y que los había muy numerosos en el monte de Pie de Fuste: bueno de oso, junto a Zarzuela [de Galve] y Valverde [de los Arroyos]. Y en tierras molinesas el monte de Valquemado “es buen monte de oso”, lo mismo que “la garganta de Orea, que es buen monte de oso todo el verano”. Y en las pinturas de los techos de las salas bajas del Palacio del Infantado, pintadas a finales del siglo XVI por Rómulo Cincinato en Guadalajara, se nos muestran escenas de la caza de venados, jabalíes y avutardas por los duques a caballo, mientras entre los elementos de la fauna que habitualmente poblaba la primera Alcarria de Horche, Yebes y Lupiana, aparece entre otras especies la del lince ibérico. En Salmerón aún corre la voz de que en “el Puerto” que lindaba con la población, una enorme serpiente que amenazaba a los caminantes fue finalmente abatida por Gil Martínez. Mientras que en Canales de Molina, un aldeano me contaba hace mucho tiempo que allí la leyenda decía que un dragón enorme que echaba fuego por sus orificios guardaba a una doncella hasta que […]

Iconografía románica en Molina

De la iconografía románica de Beleña, Cifuentes, Labros o Pinilla, vamos hoy, finalmente, a dos lugares del Señorío de Molina que muestran espléndidas sus formas parlantes: Hinojosa, Tartanedo, la misma Molina de Aragón… La ermita de Santa Catalina en Hinojosa En el término municipal de Hinojosa, territorio del Señorío de Molina, junto a la carretera que baja desde Labros a Milmarcos, y en medio de un denso y antiquísimo sabinar, puede admirarse la ermita de Santa Catalina, que fue iglesia parroquial, en la Edad Media, de un pueblo que llevó por nombre el de Torralbilla, del cual ya sólo quedan informes ruinas en su derredor. A la belleza intrínseca del edificio, el viajero percibirá en este caso la singularidad del espacio en que asienta, la magia de un territorio desértico, silencioso, aislado como pocos, en el que las formas arquitectónicas románicas emergen puras de un pasado devastado. El edificio está construido con mampostería y buen sillar en las esquinas, en las ventanas y en el atrio. Lo primero que destaca de este templo es el atrio porticado, adelantado sobre el muro meridional, formado por seis arcos adovelados de medio punto que apoyan sobre sus respectivos pares de columnas que a su vez rematan en capiteles de sencilla decoración vegetal. Este atrio tiene entradas por sus extremos oriental y occidental, no pudiendo accederse por el sur debido a la pendiente del terreno y la altura de su paramento. En el costado oriental hay tres vanos: uno de ellos sirve de acceso, rasgado hasta el suelo. El otro cubre el antepecho de la galería, y el tercero, sobre los anteriores, hace de ventana. El ingreso al templo se hace por su portada inserta en el muro meridional del mismo: consta de un amplio vano formado por cuatro arcos semicirculares de arista viva, con una cenefa de puntas de diamante en derredor de la más externa. Estos arcos de degradación apoyan en capiteles de hojas de acanto, muy estilizados, que a su vez apoyan sobre tres pares de columnas adosadas. En la cabecera destaca el ábside, de planta semicircular, cuya cornisa sostienen variados canecillos de curiosa decoración, algunos con pintorescas figuras antropomorfas, animales, herramientas y trazos geométricos. Dicha cornisa presenta toda su superficie tallada con temas vegetales y decoración de ajedrezado. El interior ofrece una nave única, recorrida en su basamenta por un poyo de piedra, que también se extiende al presbiterio y […]

La iconografía románica en Guadalajara

Desde la Semana Santa de este año se está constatando el aumento de viajeros por los caminos de nuestra tierra. Aunque sigue ganando la partida el turismo de sol, el ansia de playa y la fruición de tomar cañas en los chiringuitos, también es cierto que cada día van aumentando los que, mochila al hombro, en cuatro-por-cuatro, o con la familia a cuestas, se van por estos pueblos nuestros de tierra adentro, a tratar de descubrir ese vientre que late, que murmura y nos espera: el vientre de la tierra madre, que aunque ya no se le puede llamar “patria” por estética, los sentimientos que crea son muy similares, muy de vecindad. Nos gusta ir a patear la tierra de nuestros mayores, descubrir qué queda de aquello que los abuelos nos contaron. Y Guadalajara ha dado, entre otras cosas, muchos abuelos. Muchos hombres y mujeres que aquí nacieron, trabajaron, amaron y se despidieron del mundo entre estampas y campanas. En sus pueblos de la Sierra, del Henares, de la paramera molinesa, de las Alcarrias, quedan todavía edificios y plazas, arboledas y arroyos, huellas palpables de otra vida. Vamos a descubrirla. La tradición romana en Beleña Abro mi libro con el estudio de uno de los monumentos que más han chocado a los viajeros del románico alcarreño: en este caso la iglesia de San Miguel, en Beleña de Sorbe, un pueblecito perdido en los declives serranos cerca de Cogolludo. Un templo construido en el siglo XIII, del que tras posteriores reformas solo queda de original la galería porticada que le precede y su portada, de arcos semicirculares, cubierta de piedras talladas que representan los meses del año en forma de personajes interpretando las más características tareas, fiel reflejo de una vida antigua. Además de los labradores que aran la tierra, de los señores que se dan banquetes, de las jovencitas de hacen sonar los crótalos primaverales y de los guerreros que andan a cazar con azores, hay una serie de capiteles que muestran escenas bíblica y que en su conjunto proponen al espectador, especialmente al de aquellos tiempos, un mensaje nítido de cómo planear la vida para salvarla. El sonido del infierno en Cifuentes  Aparece luego el estudio de la portada de Santiago en la iglesia parroquial de Cifuentes. De una época muy concreta (hacia 1265) en ella aparecen personajes reales que los libros de historia nos retratan superficialmente, y aquí […]

Una ruta por la sesma del Campo de Molina

Al fin del año, volvemos a Molina, a seguir recorriendo sus mil caminos, ahora fríos pero siempre espléndidos. En esta ocasión, propongo dirigirnos al extremo más septentrional del Señorío, que es también el más cercano a Aragón de toda la provincia: la sesma del Campo, limitada a oriente por las sierras del Ducado, y a occidente por la depresión que desde el río Piedra se anuncia hacia el Jiloca. Tierras más secas y llanas, aún en la altura. Por la cuarta sesma, que aún nos quedaba por recorrer, esta del Campo, el lector y viajero comprobará que sus ríos corren afluentes hacia el Ebro, por lo que estamos en la España mediterránea aunque en su más altas ramas: el Mesa y el Piedra arañan el costrón del Campo, y en su altura, entre trigos y ahora nieves duras, yacen los pueblos cargados de historia. Llegando desde Aragón Para quien viene por el norte, desde Aragón, la sesma del Campo y el valle del río Mesa van a ofrecer con abun­dancia los temas artísticos y los motivos suficientes para animar un viaje. En el Mesa se visita Villel, que además del castillo ofrece el pintoresquismo inolvidable de su situación, a caballo entre un rojizo peñascal y el denso arbolado del río. La iglesia  parroquial, que está construida en el siglo XVI, ofrece detalles  de interés en su interior, especialmente en lo que se refiere a  altares variados. Sobre la plaza, el palacio de los marqueses de Villel también captala atención. Las callejas muy empinadas, cubiertas a veces con amplios alerones, y otras cubiertas sus  paredes de tapial o madera, dan a Villel un aspecto pintoresco y muy agradable. Ya en lo alto del páramo, Milmarcos se ofrece como villa de animada vida veraniega, en la que un fuerte movimiento cultural está poniendo a flote su acervo costumbrista y el plan­tel de monumentos que posee. Destaca la iglesia parroquial de San Juan, precioso edificio del siglo XVI aislado en medio del pue­blo, con portada plateresca de líneas sobrias. En su interior, un gran retablo renacentista, de tendencia ya manierista, con tallas  excelentes, hecho en 1636 en los talleres de Calatayud; sus autores fueron Juan Arnal y Francisco del Condado. También es de  reseñar la ermita de Jesús Nazareno, obra preciosa del siglo XVIII, en estilo rococó, con muchos retablos barrocos. Incluso la  ermita de Nª Srª de la Muela, en lo alto […]

Ruta de las fuentes de Guadalajara

¿Hay mejor regalo que beber agua fresca del chorretón de una fuente, cuando en verano se camina por los campos o las calles de cualquier lugar de Castilla? Las fuentes son hoy algo ajeno a nuestro vivir cotidiano, porque antes se para en un área de Servicio a comprar una minibotella de agua envasada, que atreverse a beber de un caño que mana de un pétreo muro. Durante muchos siglos, sin embargo, la única forma de saciar la sed, con calificativo de “humana”, era aproximándose a una fuente. Que las había en todas partes de nuestra geografía provincial, pues no en vano contamos con un clima que no deja de ser atlántico, y por tanto generoso en lluvias durante el otoño y la primavera, las suficientes como para cargar las fuentes para todo el año. Cien Fuentes de Guadalajara Vienen estas iniciales disquisiciones porque ha caído de nuevo en mis manos, diez años después de haberlo leído por primera vez, un libro cuyo contenido se refiere en exclusiva a las fuentes de la ciudad, y a las de la provincia. Decasta le viene a uno de los actuales barrios de Guadalajara su apelativo de Aguas Vivas. Ya el-Idrisi, un geógrafo árabe medieval, escribía que ese era el aspecto de esta ciudad hermosa y acogedora. Efectivamente, por toda la ciudad surgieron siempre fuentes, que sirvieron para algo más que para proveer de agua a su vecinos y vecinas. Sirvieron para reunirse junto a ellas mozos y mozas, sirvieron de mentidero, de lugar de tertulia, de sorpresas, de emociones. Las fuentes han sido siempre algo más que un mini-edificio con salidas de agua. Han sido un espacio social. En nuestra ciudad hay algunas, ya muy pocas, que aún nos recuerdan años niños, en que corríamos a beber en ellas. Así la de la Niña, al final del paseo de San Roque, con su estanque del que surge la taza que rebosa y echa el líquido elemento por las mofletudas caras de anónimos duendes. O la que hay en medio del paseo de San Roque. La más llamativa, quizás, la fuente ornamental del centro del Paseo de la Concordia, sin olvidar la dedicada a Neptuno en el Jardinillo, frente a San Nicolás. Pero las mejores fuentes, sin duda, se encuentran repartidas por toda la provincia. Ellibro que comento, y que me parece un encantador catálogo de imágenes y memorias, ha sido escrito por […]