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tapices de pastrana

Volviendo a admirar los Tapices de Pastrana

Esta semana ha tenido su colofón el bloque de actos culturales que han tratado de conmemorar el 350 aniversario de la llegada a Pastrana de sus tapices, que hoy constituyen una de las joyas destacadas del patrimonio cultural de Guadalajara, y que han sido analizadas de diversas maneras por especialistas en la materia. Noticia de unas conferencias En el pasado mes de mayo y los primeros de este junio, se han celebrado en Pastrana, Madrid y Guadalajara una serie de conferencias que han tratado de rememorar la llegada de los tapices a Pastrana, su realización, su significado, su valoración, los avatares que han sufrido a lo largo de los siglos, etc. Así, el sábado 20 de mayo intervino en el palacio ducal de Pastrana don Luis Herranz Riofrío, con una ponencia sobre “La parroquia-colegiata, custodios durante 350 años de su colección de tapices”, seguida de una comunicación breve de don Ciriaco Morón Arroyo sobre “Nuestros tapices: mis años de convivencia”. Y en Madrid fue luego el 24 de mayo, en su Real Fábrica de Tapices, doña Concha Herrero Carretero quien intervino sobre “Los tapices de Pastrana en el contexto civil y eclesiástico de la Europa del siglo XV”. En esta semana que ahora acabamos, han sido Miguel Angel de Bunes Ibarra y Esther Alegre Carvajal quienes en el Centro Cultural “San José” de la Excmª Diputación Provincial han hablado de los tapices, al igual que el pasado miércoles lo hicimos Juan Gabriel Ranera Nadador y yo mismo, explicando el significado de los tapices de la conquista de Arcila y Tánger, y el recorrido de los paños por diversos lugares durante la Guerra Civil española. Ayer mismo, jueves, fueron la especialista y reconocida investigadora de estos elementos, doña Margarita García Calvo, y Pepa Garrido Medina quienes concluyeron con sendos análisis el encomio y estudio de estas piezas. La llegada Sin entrar en los detalles de la historia de estos paños o “tapices de Pastrana”, sí que puedo decir que estuvieron, tras su fabricación en Flandes, al menos en dos sitios, unánimemente conocidos y aplaudidos. El primer lugar fue el palacio de los duques del Infantado, en Guadalajara, y el segundo, y definitivo, la iglesia Colegiata de Pastrana donde hoy podemos admirarlos. La llegada a Guadalajara sigue sin estar aclarada, aunque existen un par de teorías acerca de ella. La segunda, está incluso documentada: el paso de Guadalajara a Pastrana ocurrió con […]

350 años son los que llevan los Tapices en Pastrana

Fue el año 1667 cuando arribaron a Pastrana, y para siempre quedaron, los seis grandes tapices flamencos que hoy son orgullo de la población, y admiración generalizada de cuantos la visitan. Justo es que en Pastrana se conmemore esta fecha, y se trate de dar aún más visibilidad y fama a esta maravilla del arte que su iglesia colegiata atesora y muestra. Noticia de unos viajes Sin entrar en los detalles de la historia de estos paños o “tapices de Pastrana”, sí que puedo decir que estuvieron, tras su fabricación en Flandes, al menos en dos sitios, unánimemente conocidos y aplaudidos. El primer lugar fue el palacio de los duques del Infantado, en Guadalajara, y el segundo, y definitivo, esta iglesia Colegiata de Pastrana donde hoy los admiramos. La llegada a Guadalajara sigue sin estar aclarada, aunque existen un par de teorías acerca de ella. La segunda, está incluso documentada: el paso de Guadalajara a Pastrana ocurrió con motivo de la boda efectuada entre la octava duquesa del Infantado, doña Catalina Gómez de Sandoval y Mendoza, y el cuarto duque de Pastrana don Rodrigo de Silva y Mendoza, verificado en 1630. Años adelante, y por las peticiones recibidas del cabildo de clérigos de la iglesia colegial, de la que eran patrones, además de por el poco aprecio que ya desde hacía años venían manifestando estos señores por sus tapicerías más señaladas, el duque de Pastrana decidió entregar a dicha iglesia los seis tapices en que se contenía la batalla de Tánger, como entonces le decían, para que se colgaran de los muros del templo, y para que allí se dejaran a “su” disposición, sin que quedara muy clara de quien era esa disposición: si de los duques de Pastrana, o de la iglesia colegial de dicha villa. El caso es que desde 1667 permanecieron estos paños custodiados en el templo mayor pastranero, variando de localización a lo largo de los años, saliendo a las calles del pueblo con motivo de la fiesta del Corpus Christi o de otras celebraciones públicas, e incluso llevándolos a otros templos españoles con motivo de grandes fiestas religiosas. Antes habían salido, en época de la República, para ser restaurados en Madrid, quedando en el Museo del Prado, yendo luego a Ginebra y volviendo a Valencia (trasiegos de la Guerra Civil…) y en un tris estuvo la cosa de que se quedaran para siempre en los […]