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Paseando la Sigüenza medieval

Se celebra este fin de semana una nueva edición del Festival Medieval de Sigüenza. Es una nueva ocasión de visitar la Ciudad que entusiasma, porque guarda puras las esencias de su primitiva construcción, el tiempo del Medievo, las esencias de nuestra vida más lejana. La plaza mayor y el Ayuntamiento Llega el viajero al espacio magno del plazal mayor, ese espacio en el que sabe se concrentra la memoria de una ciudad, al unísono que los gritos de sus comerciantes y feriantes. Y se queda admirado de sus dimensiones, de su estructura, de su estilo. Es probablemente una de las plazas comunales más hermosas de toda Castilla. Un aliento de tradición, de versos, de batallas y de amores recorre la frente de sus edificios. Y en corazón de las casas, del consistorio, y de la catedral, laten historias largas y profundas. De estructura rectangular, en uno de sus lados, el de levante, se abre una galería porticada que va desde el edificio concejil hasta la Puerta del Toril. Sobre la galería aparecen las casas que se construyeron para alojamiento de los miembros del cabildo catedralicio, y que se adornan con escudos. Enfrente suyo, en el costado de poniente, hay una serie de viviendas para nobles: la del Mirador y la de la Contaduría, erigida por el cardenal Mendoza a fines del siglo XV. En el costado norte la plaza se cierra con la mole pétrea de la catedral, en la que se abría una portada de estilo románico a la que llamaban “la puerta del mercado”, por celebrarse la reunión comercial habitual en la gran plaza, los días de sábado. Y que luego fue recubierta por un añadido colosal y barroco, construido por Bernasconi, sobre el que hoy aparece enhiesta la torre del Santísimo, flacucha y esbelta como torre boloñesa. Finalmente, en el costado meridional, se alza hoy el Ayuntamiento, cual corresponde, pero en un edificio que recibió muchas alteraciones a lo largo de los siglos, y que inicialmente se construyó oara ser palacio sede de los Deanes capitulares, mostrando doble nivel de arquerías, solemnes y espléndidas. El origen de esta plaza tiene fecha concreta, a finales del siglo xv, cuando gobernaba la diócesis como obispo don Pedro González de Mendoza, y como vicario y ejecutor real de cuanto en Sigüenza se hacía, don Gonzalo Ximénez de Cisneros, que luego llegaría a ser Cardenal Regente. De 1492 exactamente es la […]

Paseando en torno a Sigüenza

el tiempo bueno ya, el que te permite andar sin preocupaciones de fríos ni lluvias, fijándote solo en el camino. Vamos a darle hoy la vuelta a Sigüenza, desde su pinar famoso, hasta Barbatona, para volver luego por el valle del Henares asomándote al final a la Obra del Obispo. El trazado de esta excursión es largo, pero con buen tino (o mejor aún, planificando la ruta en bici, o aun en coche) se hace en un día. El Pinar En principio nos dirigimos, atravesando el Vadillo, por el camino del Bosque, hacia el pinar de Sigüenza. Deslindado, amojonado y ordenado. Así es como hoy se encuentra el Pinar de Sigüenza, una estación forestal que lleva ese nombre. Y que no es muy antiguo, pues sabido de todos es que su existencia deriva y es fruto de una reforestación de la zona que se hizo a partir de 1940. El Pinar se codea primero con la “Pinarilla”, junto a la Ciudad Mitrada, y luego con el “Pinar de Barbatona”, hacia el nordeste. Para ser más concretos, el Pinar de Sigüenza es la zona de pinos que hay debajo de la Pinarilla, desde el Oasis hasta el Morretón; a un lado discurre la cuerda de la carretera de Alcolea y al otro, el camino de la Lastra y el Arroyo del Vado. Se trata de una gran mancha arbórea de pino resinero que limita al norte con el monte la Pinarilla y la finca La Lastra, al sur con la Cuerda, baldíos de Barbatona y valle de Valdemerinas, al oeste con la Cuerda y al este con el término de Alcuneza, el Morretón y el pinar de Barbatona. Administrativamente pertenece al Ayuntamiento seguntino, en cuyo “Libro de Bienes” consta como una de sus propiedades. Un paseo por los caminos y las praderas del sotobosque, par a admirar la masa densa y olorosa de los árboles y descubrir las formas intrépidas de las rocas.  Eso es lo que debe hacer el lector nada más acabar de leer estas líneas. Bajar andando, desde por la mañana, a través de la carretera que sale de detrás del castillo, o por el arco del Toril, bajar por el camino que sale a su derecha y va rodeando primero la muralla para luego cruzar ante “El Bosque”, la finca amurallada que marca el inicio del paseo hacia la “Piedra del Huso”, uno de los más espectaculares […]

Todo el Románico de Guadalajara

Una nueva propuesta nace para que podamos conocer mejor, en más profundidad, en mayor extensión, con mayor rigor y ejemplaridad, el románico que puebla nuestra tierra. Un estilo artístico nacido en la Edad Media y que surge en cada pueblo, en cada esquina casi, como un vigía del tiempo ido. Muchos viajeros llegan a Guadalajara con la intención de encontrar y admirar las huellas de un pasado lejano y atractivo, de la Edad Media. Sabiendo que esas huellas están firmes en muchos de sus edificios, en cientos de presencias arquitectónicas, en arcos y muros, en capiteles y cornisas, en perfiles exquisitos. Todo ello constituye el arte románico, expresión de una arquitectura y sus complementos hecha para el culto cristiano. Del gran compendio románico guadalajareño se han hecho ya estudios y se ha procedido a su catalogación y análisis, de formas y significados. Los estudios iniciales de Francisco Layna Serrano se han visto completados posteriormente, a lo largo del siglo XX, por Tomás Nieto Taberné y quizás por quien esto escribe. Un nuevo análisis Pero ahora nos llega un nuevo análisis, que trata de actualizar este conocimiento ya suficientemente acreditado, y que intenta completar, aunar y mostrar de un modo panorámico la realidad románica de Guadalajara. Este trabajo lo ha emprendido, y completado con seguridad y éxito, el joven profesor José Arturo Salgado Pantoja, a quien la Fundación “Santa María la Real” de Aguilar de Campóo le ha editado su trabajo “Todo el románico de Guadalajara” en un volumen de más de trescientas páginas, ampliamente ilustrado, y muy bien concebido y desarrollado. Emprende esta obra una tarea difícil por cuanto pudiera parecer que ya todo estaba dicho en torno a este tema. El autor no sólo ha superado el reto, sino que lo ha mejorado. Porque además del estudio inicial que abriga bajo el título de “Introducción”, dividido en dos partes en que trata “Las tierras de Guadalajara en los siglos del románico” y “Panorama general del románico en Guadalajara”, asume la tarea de catalogar todo vestigio románico que encuentra, añadiendo a la nómina anterior muchas piezas que no se habían considerado inclusas en el estilo, y poniendo sobre la mesa muchísimas piezas hasta ahora no catalogadas o analizadas. Así me parece justo destacar que a los ya conocidos elementos románicos (clásicos unos, como la catedral de Sigüenza, el conjunto de templos de Atienza, las iglesias porticadas de Sauca, Pinilla, Carabias, […]

Una mañana en Sigüenza: Alameda, Ursulinas y Campanas

Otro día que subimos a Sigüenza, a disfrutar la mañana solamente, porque da para mucho. Desde la estación del tren nos dirigimos a pie por la Avenida del rey Alfonso, y llegamos ante el Humilladero, para iniciar un paseo por la Alameda. Termina ese paseo ante la fachada barroca de las Ursulinas. La miramos, nos sorprendemos. Y seguimos a pie, subiendo la cuesta de Medina, hasta debajo de las torres, donde aprendemos algo de sus campanas, y donde las oimos sonar. Un buen plan.  Empezamos por la Alameda Llego a la Alameda de Sigüenza, y me paro en seco. Aturdido de la sombra, del rezongueo infantil, del polvo que sube del suelo a la nariz, de las memorias que se agolpan, tantas tardes aquí, tantos frescos charloteos, tanta amistad que huye… La esencia de la Alameda seguntina es, –yo así lo siento– el quiosco de la música. Y no porque haya escuchado muchos conciertos desde su altura, sino porque le da perfil eterno, un aire digno y plural, un solemne valimiento a cualquier otra referencia. Quizás quien mejor escribió de esta alameda y su quiosco fue Alfredo Juderías, a quien debería dedicársele (yo así lo hago) un recuerdo cada vez que cruzo entre los arbolazos del parque. Decía él en su “Elogio y nostalgia de Sigüenza”: Mira: esto es la Alameda. El ala izquierda, por la que ahora discurrimos, rumorosilla del Henares, río pequeño, pero con agua hasta cidiana y romancera, y en cuya orilla gustaba de sembrar avena loca el Arcipreste, es dulzona y apacible… En la Alameda de Sigüenza estaba el banco verde de los Figueroa, que gustaban, ya entonces, de pasar el verano en la frescura seguntina. Y aunque a don Álvaro, que tantas cosas fue en la España de inicios del siglo XX, y entre ellas tres veces primer ministro de la nación, le gustaba pasar allí algunas jornadas, por sus continuas obligaciones decidió algunos años celebrar en la Alameda, a la sombra de los olmos venerables, Consejo de Ministros. Mientras los del tricornio vigilaban desde los parterres de las clarisas, y algún concejal no se lo quería perder subido al quiosco, los veraneantes no perdía ocasión de seguir jugando al mus, o a la brisca, según los grupos, sobre las mesas de mármol amarillento de los cafés que se extendían por el contorno. La Alameda de Sigüenza es parque generoso, grandioso y aparatoso. Un parque […]

El románico de junto a Sigüenza

En el entorno más inmediato de Sigüenza, surge el románico más primitivo y perfecto. Nuestra tierra es lugar del que surgen formas nuevas (aunque traídas de muy antiguo) y decoraciones inventadas. Ya que estamos ahora dando a conocer los entornos de Sigüenza (las torres, las puertas, las ermitas y las galerías porticadas), esta es ocasión de pararnos ante tres de las iglesias más representativas de ese entorno. Primero Jodra, la del Pinar Jodra está a media legua de Sauca, y en el inmediato entorno de Sigüenza. Se puede llegar, incluso, andando. Perteneció este mínimo caserío al Común de Villa y Tierra de Medinaceli, y en su repoblación, allá por la segunda mitad del siglo XII, se llenó de gentes norteñas que pusieron, con la ayuda del cercano obispo seguntino, esta iglesia de traza sencilla pero a la que no falta detalle para considerarla ejemplar en el catálogo de la arquitectura románica de Guadalajara. Este templo fue construido, ateniéndonos a su estilo y detalles ornamentales, en la segunda mitad del siglo XII, comulgando de las características del románico castellano más simple y puro. El edificio en cuestión está asentado sobre un recuesto, orientado al sur, con amplias vistas sobre el valle que surge al pie del pueblo. Construido con sillarejo y sillar de tipo arenisco, en tonos pardos o incluso fuertemente rojizos, como es normal en toda la zona. Es ese el color de la tierra seguntina. El templo está perfectamente orientado: ábside a levante, espadaña a poniente, y atrio con entrada a mediodía. Su estado de conservación es muy bueno, y el interior, enlucido sucesivamente con yeso tosco, muestra nítida su estructura primitiva. En su costado de poniente se alza la pesada espadaña, rechoncha, de remate triangular, con muy obtuso ángulo, en cuyo vértice surge sencilla cruz de piedra. Dos altos vanos de remate semicircular contienen las campanas. Esta espadaña se prolonga hacia el templo, creando un cuerpo macizo, usado como palomar. En su costado de levante, el templo se estrecha, mostrando el rectangular presbiterio y el semicircular ábside, construidos en los mismos materiales. En el centro del ábside se abre una aspillerada ventana de remate semicircular. El alero se sostiene por modillones bien tallados que alternan el tema estriado con el de bisel. Pero al viajero que llega a Jodra, sin duda lo que más le gusta es el aspecto exterior meridional, en el que se abre la puerta […]