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san francisco

Méritos y deméritos de una ciudad dubitativa

En los días de reflexión que preceden a la esperada fecha de las elecciones locales, la posibilidad de elegir representantes se nos antoja como un ideal en el que los ciudadanos debemos poner lo más difícil del envite: elegir bien. El pueblo nunca se equivoca, lo tengo por cierto, y de nuestra ciudad hay un buen plantel, este año, donde escoger. Mientras sigamos condenados al sistema de listas cerradas, lo más difícil es elegir el grupo que nos representará en los siguientes cuatro años. En materia cultural, y de patrimonio, son muy pocas las propuestas que se han hecho para estos comicios. La mayoría, son entelequias imposibles de cumplir. Y algunas, más lógicas y positivas, necesitarán en todo caso de la voluntad permanente de quienes las asuman como compromisos. Estamos en este inicio del siglo XXI como ante una encrucijada de caminos. Y quienes nos dirigen, o aspiran a hacerlo, no parecen saber muy bien qué camino tomar, porque antiguos caminos se cerraron y otros no se encuentran bien trazados todavía. En anteriores campañas se prometieron acciones culturales que no se llegaron a cumplir, y otras sin embargo se llevaron a cabo sin previamente haberlas anunciado. En cualquier caso, este es un buen momento para recapitular sobre los brillos y las sombras de nuestro patrimonio, de nuestro acervo cultural local, de las esencias que deberían mantenerse para que no se caiga en la idoloatría de lo moderno y se olvide el enraizado sostén de nuestra historia. Cosas que se hicieron bien No es por casualidad que las elecciones locales se celebren siempre en primavera. Los manuales que usan los que saben a lo que van, dicen que esa es la mejor época porque luce la ciudad en sus parques, en sus cielos, en sus perspectivas amables. Si me lanzo a pasear por las Cruces me encuentro con que el paseo está, más o menos, como hace 10 años, pero tampoco necesitaba de mejoras. Se ha ido a lo seguro, a dejarlo bien, transitable, humano. Sin embargo, la acción sobre una vía antigua y con raigambre, la llamada Calle de Barrionuevo (alta y baja) que luego fue llamada de Ingeniero Mariño y Ramón y Cajal, a principios del pasado siglo, ha sido tratada con buena disposición, con aceras más amplias, con lucimiento de ángulos y esquinas, consiguiendo una amabilidad indudable, aunque haya tenido sus puntos oscuros, como el cerramiento total del […]