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San Francisco de Guadalajara

San Francisco abre sus puertas

Tras la inauguración oficial por las autoridades regionales, provinciales y locales, y la misa del Corpus Christi, acaba de abrir su puertas al público la iglesia del que fuera convento de San Francisco de Guadalajara, de una vez por todas arreglada, limpia y puesta a disposición de los ciudadanos. Una visita guiada y una explicación pormenorizada por los técnicos que han llevado a cabo esta restauración ha tenido lugar hace dos días, a la que no he podido asistir por encontrarme en un Congreso fuera de España. Pero el mismo día que se abrió a las visitas públicas tuve la oportunidad de acceder al templo, y pude admirarlo a mi sabor, porque durante la hora que permanecí observándolo no entró absolutamente nadie más. Es larga la historia de este edificio y su entorno. El convento de San Francisco pone sus orígenes en el siglo XIII, cuando la reina de Castilla doña Berenguela levantó en este altozano una casa convento para los Caballeros Templarios, pasando en 1330, tras la disolución de la Orden, y por donación de las infantas Isabel y Beatriz, hijas de Sancho IV y señores de la ciudad, a la Orden de San Francisco, cuyos frailes asentaron en este lugar, recibiendo múltiples ayudas por parte de la ciudad: el Concejo, incluso, les concedió una limosna anual que sacaban de la renta de la harina. Los Mendoza, señores “de facto” de la ciudad de Guadalajara, apoyaron esta institución desde su llegada, en el siglo XIV: ya en 1383, cuando don Pedro González de Mendoza hizo su testamento, fundó cuatro capellanías y dio cantidades importantes para las obras del claustro de San Francisco, ordenando ser enterrado en su iglesia. Cuando en 1395 un incendio destruyó totalmente el cenobio, don Diego Hurtado de Mendoza, Almirante de Castilla, se comprometió a levantarlo de nuevo. Fue este aristócrata quien tomó el patronazgo de la capilla mayor, disponiendo ser enterrado, al igual que los herederos de su mayorazgo, en el presbiterio. Su hijo, el gran cardenal don Pedro González de Mendoza, construyó la iglesia y puso un retablo gótico, obra del artista pintor de Guadalajara Hernando Rincón de Figueroa. Los restos de este retablo se conservan hoy, en tablas sueltas, en el Ayuntamiento de la ciudad. La familia mendocina continuó ayudando al convento franciscano: doña Ana, sexta duquesa del Infantado, puso nuevo retablo, y don Juan de Dios de Mendoza y Silva, décimo duque, […]