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pintura

Juan Bautista Maino, gloria de la Alcarria

No hace muchas semanas que a instancias del Colegio de Médicos de Guadalajara preparé una conferencia que, con motivo del bicentenario del Museo Nacional del Prado, trataba de recordar las relaciones que con esa pinacoteca tiene la tierra de Guadalajara: por autores, o por obras. Parece ser que gustó y yo, -es lo que importa- disfruté preparándola, dándola y aprendiendo algunas cosas nuevas. De entre ellas, el recuerdo de un gran artista alcarreño que hoy evoco, Juan Bautista Maino. Nació Maíno en Pastrana, en 1581. Eran sus padres Juan Bautista Maíno, milanés, de Pavía, y Ana de Figueredo, portuguesa, de Lisboa. Su padre llegó a la villa alcarreña atraído por las ventajas y encargos que por entonces hacía el duque don Ruy Gómez de Silva, quien necesitaba no solo artistas, sino también mercaderes que supieran distribuir los productos de sus recién instaladas fábricas de sedas, de tapices y de pasamanerías, formando con ellos una especie de “corte comercial” que dio mayor lustre aún a la cortesanía aristocrático que se estaba formando en el entorno de su gran palacio ducal. Juan Bautista, aún muy joven, fue enviado por su padre a Italia, y allí, rodeado de familiares y amigos, pudo formarse en lo que le gustaba: la pintura. Se educó en las escuelas de Anibal Carracci y Guido Reni, adquiriendo pronto toda la técnica de los clásicos, y consiguiendo una personalidad muy concreta dentro del llamado caravaggismo luminosoque a principios del siglo XVII tuvo cierto auge. De Caravaggio tiene, indudablemente, muchas influencias, y también de El Greco. La huella del caravaggismo es incuestionable en su pintura, si bien Maíno se decantó por un naturalismo de sombras atemperadas, luces claras y transparentes e intenso cromatismo en la senda de Orazio Gentileschi y Carlo Saraceni. Fue luego, vuelto a España, hombre de la Corte: profesor del príncipe Felipe, cuando alcanzó el trono con el nombre de Felipe IV, recibiendo toda la confianza real. En ese ambiente se movió, aunque en 1613 tomó el hábito de la Orden de los Dominicos en el convento de San Pedro Mártir de Toledo. Una súbita conversión, llevada quizás por la admiración que la vida de esos hombres virtuosos le propuso, pues el año anterior había pintado, de encargo, el gran retablo de la iglesia de ese convento, añadiendo luego otra buena porción de pinturas al fresco en el mismo. De la obra conocida y conservada del pastranero […]

Todo el arte de nuestra región

Hace pocas fechas, en tarde de aguaceros y amistades, se presentó en el Salón Azul del palacio de los duques del Infantado, de nuestra ciudad, una obra enciclopédica que por singular y entretenida la comento aquí ampliamente. Porque lo merece. Aunque hoy hablar de arte puede parecer superfluo, con la de problemas socio-económicos a los que nos enfrentamos, sí que es cierto que es un tema que por anejo a la esencia y a la existencia humana, cabe poner cierto énfasis en ello. Ahí están las muestras de arte contemporáneo, generando polémicas, o las cantidades de dinero que sigue moviendo el arte. Sin embargo, detrás de eso, están los fundamentos propios de la creatividad, y las razones primigenias que al hombre han movido a buscar la belleza en la materia que le rodea, a construir, a pintar, a recitar y a concordar sonidos. Este que comento ahora es un libro (dividido en dos tomos, fundamentalmente por operatividad técnica, para evitar un volumen demasiado aparatoso) que viene a recopilar la esencia del arte físico (pintura, escultura, arquitectura) de un comunidad autónoma española, de Castilla-La Mancha. Dirigido por Miguel Cortés Arrese, catedrático de Historia del Arte en la Universidad de Castilla-La Mancha, y por lo tanto el más idóneo candidato a estar al frente de este equipo, participan en el mismo una serie de estudiosos, todos ellos integrados en la institución académica regional. El análisis del índice de estos dos tomos, nos permite situarnos ante su intencionalidad. Es lo que hacemos a continuación. Y el análisis de uno por uno de sus apartados, que aun dentro de una relativa homogeneidad, fructifican de manera diversa en cada caso, nos posibilita comprender el alcance y utilidad de la obra, que es en todo caso totalmente positiva. El primer capítulo está dedicado al tema “De la Prehistoria a Roma” y en él se analiza de forma general los inicios del arte en esta área peninsular, tanto las manifestaciones de la expresión artístico-utilitaria de la época paleolítica, como de la figurativa del mundo ibérico. El celtibérico queda más silenciado, y lo romano se trata adecuadamente, para luego presentar a modo de monografías, la información relativa a cuatro parques arqueológicos, como son los de Alarcos, Segóbriga, Recópolis y Carranque, insistiendo en todos ellos (menos en el de Recópolis, en el que se presenta de forma genérica la problemática actual de estos Parques) en sus características histórico-artísticas. El […]

El pintor Miguel Ximénez, de Pareja, gloria del gótico aragonés

Muy poco conocido hasta ahora, traigo hoy la referencia, forzosamente breve, de un gran artista alcarreño que tuvo sus momentos de gloria en el reino de Aragón, en la segunda mitad del siglo XV, alcanzando entonces merecida fama, honores y hasta el título de pintor real de la Corte de Fernando el Católico. Nacido en Pareja, mediado el siglo XV, cuando aquella era villa señalada del Obispado de Cuenca, y muy cuidada por sus obispos y señores, tal como recientemente ha dado a conocer el investigador Angel Montero Sánchez. Aunque no quedan en la villa alcarreña de origen datos de su nacimiento, ni documento alguno, en Aragón sí que ha dejado una importante huella, sabiendo por ella su origen alcarreño. Fue “descubierto” este pintor por don Manuel Serrano y Sanz, Cronista Oficial de la provincia de Guadalajara, a comienzos del siglo XX, en su serie de trabajos sobre pintores aragoneses del siglo XV, publicados en la “Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos”. Y fue él quien centró su actividad (que no su vida) entre 1462 y 1505, haciéndole discípulo o seguidor en el estilo, de Bartolomé Bermejo, y colaborador permanente con Martín Bernat. Esa colaboración se fraguó en el retablo de San Pedro de la Seo de Zaragoza, a la que siguió el del altar mayor del monasterio de San Agustín de la capital zaragozana. Y aún nos declara Serrano, a través de documentos por él hallados, la participación de Ximénez en la pintura de los retablos de Salvatierra de Escá, de Malanquilla (junto a Salvador Gutiérrez), de Alfocea, de la iglesia del monasterio de la Merced de Zaragoza, y de la mismísima basílica de Nuestra Señora del Pilar, en Zaragoza, este en colaboración con su hijo Juan. Serrano nos añade que este pintor se encargó de hacer el retablo de Paniza, y otro del que firmó contrato en 1475 para la villa de Escatrón. El estudio clásico de Chandler Rathfon Post, en el tomo VIII de su “History of Spanish Painting” (1941) sitúa la obra completa de Miguel Ximénez en el marco del tardogótico de raíz más flamenquizante que imperó en buena parte del territorio aragonés en la segunda mitad del siglo XV, en parangón con lo realizado por sus dos máximas figuras, Martín Bernat y Bartolomé Bermejo. lo que caracteriza a las obras de Ximénez es su mayor linealismo en la definición de los contornos y la simplificación […]

Memoria de Regino Pradillo

Hoy se inaugura, en la sede del área artística del Ayuntamiento, el Museo Sobrino más concretamente, una muestra antológica de Regino Pradillo Lozano, uno de los grandes artistas alcarreños del siglo XX. Lo hace con motivo de cumplirse (este próximo otoño) el veinticinco aniversario de la muerte del pintor. De la galería, poblada y densa, que de alcarreños insignes por su trabajo podríamos formar, asoma con fuerza la figura y la obra de Regino Pradillo, que debe ser considerado como uno de los mejores pintores con que ha contado Guadalajara en el pasado siglo. Además de sus características personales, todo cordialidad, humanidad y dedicación al trabajo, su estilo netamente definido, dentro de una corriente figurativa, le auparon a los primeros puestos de cotización y aprecio de la pintura española de nuestra época. Nació Regino Pradillo Lozano en Guadalajara, en 1925, y desde pequeño demostró su afición al dibujo y a la pintura. A base de muchos sacrificios por parte de su familia y de él mismo, que dedicó algunas temporadas de sus vacaciones a trabajar como pintor industrial en obras y reformas, consiguió estudiar en la Escuela Superior de Bellas Artes de Madrid, donde se graduó con toda brillantez, consiguiendo a continuación y por oposición el grado de Catedrático de Dibujo de Enseñanzas Medias. En esa calidad estuvo algunos años enseñando a las jóvenes generaciones de alcarreños, entre las que con todo orgullo puedo contarme, a dibujar y a tomar afición por las formas y los colores. Después fue a Paris, también como Catedrático de Dibujo y ya como Director del Liceo Español, permaneciendo allí hasta su jubilación, forzada por problemas de salud, en 1989. Desarrolló una actividad continuada y metódica en su calidad de artista creativo, de pintor, dibujante y grabador. Pradillo dominó todas las técnicas del arte figurativo, y muy especialmente el óleo, en el que destacó por su maestría en el retrato, habiendo llegado a pintar varios centenares de imágenes de muy destacadas personalidades de la vida española y francesa. Concretamente a su pincel se deben algunos de los retratos de las galerías oficiales de Arzobispos de Toledo, de Gobernadores civiles de Guadalajara y de Presidentes de la Diputación de nuestra tierra. Destacó también en la pintura de escenas y figuras religiosas, adornando con sus grandes paneles la capilla de la Residencia Infantil de Solanillos (Mazarete, Guadalajara), y dejando maravillosas composiciones en los salones del Ayuntamiento de […]

Fermín Santos en el recuerdo

Desde el 19 de mayo, y hasta finales de junio, está abierta la Exposición de pintura “Fermín Santos en colecciones particulares madrileñas” en la Sala de Arte del Centro San José, la que lleva por nombre “Antonio Pérez”, en la calle Atienza, 4. Un homenaje al maestro seguntino, a quien la perspectiva de los años –ya de los siglos– le confiere una nueva dimensión, unos perfiles más nítidos. La tarde del martes 19 de mayo se inauguraba la exposición antológica de Fermín Santos en Diputación Provincial. Un espacio de arte dedicado en este caso a lo nuestro, y a lo clásico. La oportunidad se ha creado en torno a una voluntad largamente cultivada: José Ramón Pérez Acevedo, expresidente de la Casa de Guadalajara en Madrid, ha conseguido reunir a tres grandes coleccionistas de la obra de Santos, y a través del Servicio de Cultura de nuestra Excmª Diputación se ha podido finalmente coordinar este evento. Las obras han sido facilitadas por parte de un coleccionista clave, don José Picón Martín, más las aportaciones de don José Luis Benavides, y del sobrino del pintor, don Leandro Fernández Santos, quien en la presentación desgranó sus recuerdos íntimos y familiares en torno al gran pintor de Gualda. Repaso al artista  Desde la profunda admiración por su obra y por su persona, me atrevo con motivo de esta exposición antológica a recordar de nuevo al maestro, ese humilde y perseverante protagonista de la vida artística de Sigüenza, a quien el Ayuntamiento de la Ciudad Mitrada, a la sazón presidido por el doctor Juan Antonio Martínez Gómez-Gordo, le dio el título de “Cronista Artístico de la Ciudad de Sigüenza”. Nacido en Gualda (Guadalajara), en 1909, y fallecido en Sigüenza, en 1997, se había
formado en Madrid junto a los mejores pintores de comienzo de siglo,
y gracias a las becas que entonces concedía la Diputación Provincial de Guadalajara,
desarrolló un estilo propio dentro de la temática
del paisaje castellano, urbano, y costumbrista.
Su estilo, personal y tenebrista, se engarza en la mejor tradición
de la pintura negra española.
Tipos, costumbres, toda la fuerza de la raza castellana
y de los rincones puros de Madrid, de Guadalajara,
de Sigüenza y la Alcarria, quedan retratados
en este supremo hacedor del arte del siglo XX. Sus comienzos por el mundo del arte, desde muy joven, se basaron en las clases de dibujo y pintura recibidas en la Escuela de Artes y Oficios Artísticos de Cuatro Caminos, de la […]