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Bajo las bóvedas de la Colegiata de Pastrana

En una intención divulgadora, cuando los ejes principales del conocimiento de un edificio ya están bien medidos, me aplico hoy a contar a mis lectores los diversos límites que un edificio solemne y antiguo de la Alcarria tiene y ofrece: en la Colegiata de Pastrana están como aglomerados personajes y piezas, solemnidades y costumbres. Debe saberse, por todos, cuánto de grande contiene este edificio, y las razones por las que conviene ir a visitarlo. El monumento de orden religioso más relevante de Pastrana es su iglesia parroquial, dedicada a la Asunción de la Virgen María, y que se conoce tradicionalmente por la Colegiata, pues durante varios siglos tuvo esa categoría canónica, al ser sede de un Cabildo de clérigos, un collegiumde sacerdotes que fue instituido por el duque don Ruy Gómez de Silva para que de ese modo se tuvieran más solemnes funciones religiosas y, al modo de una catedral de segunda categoría, su villa ducal alcanzara también en lo religioso un alto grado de notabilidad. El grandioso edificio ha sido construido en diversas etapas, recibiendo reformas. En su origen, en el siglo XIV, fue construido como iglesia parroquial de la villa calatrava, a media cuesta en la que asentaba el pueblo frente al edificio sede del Concejo (lo que hoy es remozado Ayuntamiento). Recibió añadidos y detalles, como la portada norte, hoy la principal de entrada, que fue construida en estilo gótico de finales del siglo XV, y finalmente la gran ampliación de las naves y el crucero en la primera mitad del siglo XVII, promovidas por el arzobispo González de Mendoza. Todavía vio nuevas reformas y transformaciones, llegando hasta nosotros como un abigarrado conjunto de estilos, en una estructura total que se hace, al menos a primera vista, difícil de comprender y apreciar. El coro actual, al comedio de la nave central, es la esencia de la primitiva iglesia de transición, conservando hermosos capiteles medievales. Pero el aspecto que hoy vemos procede de la gran reforma y ampliación que en 1625 se inició por mandado del arzobispo de Granada, obispo de Sigüenza y otras grandezas, don Pedro González de Mendoza, hijo de los primeros duques de Pastrana don Ruy Gómez de Silva y doña Ana de Mendoza y de la Cerda, que quiso hacer un gran regalo a su villa natal, encargando el proyecto a fray Alberto de la Madre de Dios, excelente arquitecto carmelitano, a la sazón […]

Juan Bautista Maino, gloria de la Alcarria

No hace muchas semanas que a instancias del Colegio de Médicos de Guadalajara preparé una conferencia que, con motivo del bicentenario del Museo Nacional del Prado, trataba de recordar las relaciones que con esa pinacoteca tiene la tierra de Guadalajara: por autores, o por obras. Parece ser que gustó y yo, -es lo que importa- disfruté preparándola, dándola y aprendiendo algunas cosas nuevas. De entre ellas, el recuerdo de un gran artista alcarreño que hoy evoco, Juan Bautista Maino. Nació Maíno en Pastrana, en 1581. Eran sus padres Juan Bautista Maíno, milanés, de Pavía, y Ana de Figueredo, portuguesa, de Lisboa. Su padre llegó a la villa alcarreña atraído por las ventajas y encargos que por entonces hacía el duque don Ruy Gómez de Silva, quien necesitaba no solo artistas, sino también mercaderes que supieran distribuir los productos de sus recién instaladas fábricas de sedas, de tapices y de pasamanerías, formando con ellos una especie de “corte comercial” que dio mayor lustre aún a la cortesanía aristocrático que se estaba formando en el entorno de su gran palacio ducal. Juan Bautista, aún muy joven, fue enviado por su padre a Italia, y allí, rodeado de familiares y amigos, pudo formarse en lo que le gustaba: la pintura. Se educó en las escuelas de Anibal Carracci y Guido Reni, adquiriendo pronto toda la técnica de los clásicos, y consiguiendo una personalidad muy concreta dentro del llamado caravaggismo luminosoque a principios del siglo XVII tuvo cierto auge. De Caravaggio tiene, indudablemente, muchas influencias, y también de El Greco. La huella del caravaggismo es incuestionable en su pintura, si bien Maíno se decantó por un naturalismo de sombras atemperadas, luces claras y transparentes e intenso cromatismo en la senda de Orazio Gentileschi y Carlo Saraceni. Fue luego, vuelto a España, hombre de la Corte: profesor del príncipe Felipe, cuando alcanzó el trono con el nombre de Felipe IV, recibiendo toda la confianza real. En ese ambiente se movió, aunque en 1613 tomó el hábito de la Orden de los Dominicos en el convento de San Pedro Mártir de Toledo. Una súbita conversión, llevada quizás por la admiración que la vida de esos hombres virtuosos le propuso, pues el año anterior había pintado, de encargo, el gran retablo de la iglesia de ese convento, añadiendo luego otra buena porción de pinturas al fresco en el mismo. De la obra conocida y conservada del pastranero […]

Pastrana revive en su festival ducal

Un festival que no puede pasar desapercibido, entre los que este verano se celebran por nuestra provincia, es el que este fin de semana va a tener lugar en Pastrana, la capital de la Alcarria por estos días. Color, evocación, majestuosidad, y un denso racimo de ofertas culturales y lúdicas. En la secuencia dinámica, viva y alentadora de este Festival, van a tener protagonismo este año, -según nos cuentan las previsiones de quienes lo organizan-, dos mujeres de la familia Mendoza, que tuvieron a Pastrana en sus venas metidas. Porque ambas, además hermanas, fueron hijas del primer duque pastranero y de su mujer doña Ana, la princesa de Éboli. Ambas, además, bautizadas con el mismo nombre, por llevar el de su madre, por la devoción a la santa madre de María. Hay que distinguir, en todo caso, a una de otra. Aunque la vida, como suele ocurrir, y a pesar de esa hermandad y comunión en un linaje principalísimo, las llevó por caminos muy diferentes. A la primera, la mayor de todos los vástagos principescos, se la denomina habitualmente Ana Gómez de Silva y Mendoza, con el primer apellido completo del padre, añadido del de la madre. A la segunda, que además fue la última en nacer del vientre de la princesa, se la llama simplemente Ana de Silva y Mendoza. Ambas van a ser, según proponen los organizadores de este Festival ducal que ahora comienza, protagonistas de los desfiles y las representaciones. La primera, festejada en la calle. La segunda, a través de una representación teatral, dentro del triste marco de un título elocuente: “Una clausura constante” Ana Gómez de Silva y Mendoza La primera de estas damas es llamada doña Ana Gómez de Silva y Mendoza. Es la segunda hija de los príncipes de Éboli (el primogénito fue un chico, Diego, que murió cuando contaba solo cinco añitos). Nacida en julio de 1561, con tan solo cuatro años de edad es ya destinada por sus padres a un ventajoso casamiento: se capitula con el que luego sería VII duque de Medina Sidonia, don Alonso Pérez de Guzmán. Tranquilos todos, sin embargo, porque aunque la prometida era una niña, la boda real se consumaría años después, en 1574, con la novia ya crecidita, de 13 años. Hoy hubiera sido imposible, legalmente, ese casorio. Pero eran otros tiempos, y la costumbre imperaba. Bodas celebradas en Pastrana, y bendecidas por el […]

Viajes para mayores por la Alcarria

Está demostrado que la actividad viajera y excursionista de la Tercera Edad está siendo estimulada y es aceptada por ese sector de la población con aplauso y ganas. Cada vez son más los grupos que se lanzan, a lomos de un autobús, o incluso en el tren, a conocer la provincia, las mil ofertas culturales de Madrid, o incluso los espacios interesantes de España toda, y aún de Europa. A ellos van dedicadas ahora estas propuestas. A propósito de un libro sobre “La importancia de la Tercera Edad” que acaba de ser editado en nuestra ciudad, y que tiene algunas ideas muy interesantes, me propongo ofrecer a los grupos “de mayores” que andan pensando en ver cosas interesantes de nuestra tierra, un par de viajes de esos que se pueden hacer llenando a rebosar un día. Puede ser el primero un viaje a Pastrana. Está cerca, y da para entrener el día entero, comida incluida en la villa ducal. Y el segundo lo dejaría también en la Alcarria Baja, en directo a Sacedón, pero alargándolo a las ruinas (a veces visibles) de La Isabela, acabando en la Ruta de las Caras de Buendía. Pastrana en un día De las muchas cosas interesantes que ofrece esta villa alcarreña, destacan las que consideramos imprescindibles de visitar. Es la primera el Palacio Ducal, que preside en su costado norte, iluminada su fachada por el sol del mediodía, la Plaza de la Hora, escoltada a sus lados por casas soportaladas. El palacio fue mandado construir por la primera señora de la villa (antes Pastrana había pertenecido a la Orden de Calatrava). Dicha señora fue doña Ana de la Cerda, condesa de Mélito, quien en 1545 le encargó al arquitecto toledano Alonso de Covarrubias un proyecto de “casa fuerte” que pegado a la muralla antigua ejerciera de bastión militar al tiempo que de gran palacio renacentista. El proyecto covarrubiesco no llegó a terminarse, pero lo duques siguieron viviendo en el palacio, del que admiramos la gran fachada, presidida por una puerta renacentista en la que se lee “De Mendoza y de la Cerda” que son los linajes de la constructora, y a los costados sendos torreones. Ingresamos al palacio, muy restaurado, y vemos en su centro el patio, que nunca se concluyó en la idea de Covarrubias, y hoy ha sido adecentado en un sobrio estilo contemporáneo. En su interior se visitan las salas de […]

Pasos por la Alcarria

Todos los días son buenos para andar la Alcarria. Yo ando por ella todas las semanas: me paro en Trillo, avisto en Alocén las aguas (hoy ya lejanas, mínimas) del embalse de Entrepeñas, como en Durón, en “El Cruce”, y subo la cuesta de Budia, entre chopos y olmos, mirando a lo lejos la altura y grosor del santuario del Peral de la Dulzura. Todo son nombres rotundos, acuosos y antiguos en la Alcarria. Todo son caminos de tierra, carrascales vencidos, nubes como mantos deshilachados, abejas todavía… Llegamos a Moratilla Estos días he paseado por algunos lugares muy concretos. Moratilla de los Meleros, por ejemplo. Moratilla es Alcarria pura, es un motivo de exposición antológica. Sumida en un vallejo estrecho y verderón, sus laderas cuajadas de olivos, sus alcarrias espléndidas de cereales, su hondura preñada de hortales mínimos. El caserío desvencijado y sonriente de maderas y desconchones al aire, callejas empinadas, bullicio todavía en los rincones. Su sobrenombre lo confirma. Es la tierra «de los Meleros», de los que se ocuparon en la industria rural y tierna de la miel. Los de Moratilla a producir, los peñalveros a vender. La picota de Moratilla Y en esta puerta y corazón de la Alcarria, un pueblo generoso con ancha tradición. A la entrada del pueblo, en el camino que viene desde Fuentelencina, situada a una legua corta de distancia, allá donde sale el sol, está la picota. El símbolo que demostraba un rango superior, el privilegio de ser «villa de por sí» y tener el poder de la justicia sobre sus propios vecinos. En 1580, cuando se enviaron a Felipe II las relaciones topográficas, Moratilla ya era villa y no se recordaba desde cuándo. Lo fue, desde luego, en la primera mitad del siglo XVI, aunque desde muchos siglos antes había sido un punto más en el territorio calatravo de Zorita. En esos días, de final del siglo XVI, la villa de Moratilla tenía unos hombres que hacían su justicia y regimiento, nombrando alcaldes, regidores y alguaciles para el buen gobierno de sus vecinos. Habitantes llegó a tener unos dos millares, y aún más, pues es fama que tuvo grandes talleres de tejidos, además de la tradicional industria melera. En testimonio de tan recia personalidad jurídica, con un no disimulado orgullo y justificable alegría, los de Moratilla levantaron en los años del Renacimiento hispano el rollo que demostraba su rango de villa. Colocada sobre un altozano […]