Los Escritos de Herrera Casado Rotating Header Image

mendoza

El mecenazgo de los Mendoza

Patrimonio de todos es la memoria histórica del linaje mendocino. Porque hicieron como es a esta tierra de la Alcarria. Desde el poder, pero también desde la voluntad de dejar memoria de sí mismos, y de su tiempo. A través del mecenazgo, dejaron razón de su ser. Aunque los Mendoza llevaban ya en tierra de la Alcarria (procedentes de su llanada alavesa) desde mediado el siglo XIV, es a fines del siglo XV cuando empiezan a desarrollar de forma evidente, y aún perceptible, su afán de mecenazgo. Coincide con la llegada al trono de Castilla del rey Juan, el segundo, y se desarrolla después con gran impulso en los reinados de Enrique, el cuarto, de Isabel y Fernando y de su nieto Carlos, el emperador. Sobre este tema del “Los Mendoza y el ideal del mecenazgo renacentista” desarrolló un importante estudio la doctora María Teresa Fernández Madrid. Repaso ahora algunos de los temas que pudieran constituir un largo tratado sobre ello, especialmente los caminos por los que desarrollaron ese mecenazgo: el arte, las fundaciones, las fiestas, el apoyo a los escritores y a los libros, la meditada intención de dejar estela. Es a los Médici italianos a los que en muchas cosas siguen. Los conocen, de referencias, de estampas. Y los admiran. Saben que el poder territorial está fundamentado en el asombro de los mandados. Y que la trama de fastos no hace sino anclar más profundamente el ancla de su nave. Aunque el mecenazgo (palabra que procede, en clara metáfora nominal, del rey Mecenas de la antigua Grecia) surgió en la antigua Roma, el Renacimiento elevó el concepto hasta sus cotas más elevadas, prestándole una serie de connotaciones específicas que serán transmitidas a generaciones posteriores. Fue Maquiavelo quien atribuyó como una cualidad prioritaria la liberalidad que todo gobernante debe poseer, y este don debía unirse al deseo de ostentación, de prestigio personal, de persecución de la fama póstuma, como características de un mecenas ideal.   Los Médici desarrollan su política de prestigio artístico irradiando la fama de Florencia por toda Italia y apoyando claramente a los humanistas como exaltación suprema de las glorias toscanas, siendo principal en ello el papel de Lorenzo el Magnifico, como experto interesado en la estética y en el coleccionismo. Los Mendoza, desde Guadalajara, pero con numerosos anclajes en el resto de España, se presentan como una nueva clase nobiliaria con un pasado [relativamente] glorioso […]

Un Mendoza, casi el primer rey de América

Con motivo de la aparición reciente de un libro (el “Planeta Mendoza” de José Luis García de Paz) que relata, con meticulosa y científica pulcritud, la ruta vital y la secuencia detallada de la existencia de unos quinientos personajes mendocinos, no me resisto a dar aquí una pincelada breve de uno de ellos, que se erige en pieza curiosa y paradigmática de la estirpe mendocina. Un personaje que, aun no nacido en la Alcarria, como lo fuera su padre, o sus hermanos, sí que llevó los colores de su linaje, y la memoria de su tierra paterna, por el ancho mapa de la América recién abierta a mano de hispanos. Me estoy refiriendo a don Francisco de Mendoza, a quien los historiadores ponen mote de “El Indio” para distinguirlo de otros familiares que llevaban similar nombre y apellido. Este fue nada menos que “Protomonarca de México y Perú, Comendador de Socuéllamos y Capitán General de las Galeras de España”. Una ristra de títulos que le colocan, sin otra opción, en las primeras filas de la historia de España. Ruta Vital Francisco de Mendoza fue el segundo hijo varón de don Antonio de Mendoza, primer Virrey de la Nueva España (México) y después del Perú. Nacido alrededor de 1523-1524 en la Casa Encomienda que su padre tenía en Socuéllamos (Ciudad Real), este le reclamó para que fuera Visitador General del virreinato en el año 1542, después de haber obtenido en España los cargos de Capitán de Galeras junto a su tío y padrino Don Bernardino de Mendoza y Alcaide de las fortalezas de Bentomiz y Vélez Málaga, cuando todavía era un niño, y haber participado en las batallas navales de Arbolán y Argel. Durante los diez años que permanece en los “reinos” de México y Perú se labra una carrera ascendente junto a su padre, preparando desde el mismo momento de su llegada la sucesión en el cargo y el virreinato perpetuo y hereditario en una dinastía de los Mendoza en América, como antes habían hecho sus antepasados en el Reino de Granada y el resto de cargos que les habían sido entregados. Don Francisco de Mendoza llega a gobernar “de facto” y en solitario en el palacio virreinal de la capital mexicana durante unos meses (1549-1550), mientras su padre convalecía de una enfermedad en Oaxaca (Morelia); es el momento en que está a punto de pasar a la historia de […]

Los judíos, protegidos de los Mendoza

El pasado 27 de noviembre dio comienzo en la Biblioteca Pública Provincial un ciclo de conferencias bajo el tema de “Los judíos en la Guadalajara medieval”. En ese ciclo han intervenido, o van a intervenir, prestigiosas figuras de la Universidad y los estudios históricos en torno al tema, apasionante siempre, de nuestro pasado hebreo. Y analizarán, o ya han analizado, múltiples aspectos de esa presencia judía en Guadalajara. Uno de esos aspectos es el de la protección, continuada, que los Mendoza dieron a los judíos. Judíos al servicio de la Casa de Mendoza Una relación, la de los Mendoza y la población judía de Castilla, que tradicionalmente fue siempre abierta y considerada. Llegando en algunos casos a una estrecha colaboración y a un destacado servicio de los hebreos hacia los Mendoza. Precisamente en los finales del siglo XV se acentuó esa colaboración, en la que se mezcló el interés cultural por el financiero, todo hay que decirlo. Uno de los cargos con que los judíos colaboraron con los Mendoza fue la figura de la mayordomía. Así era en tiempos de don Iñigo López de Mendoza, primer marqués de Santillana, y de su hijo, el que llegara a ser primer duque, Diego Hurtado de Mendoza, cuando su mayordomo en Hita (el delegado de su señorío y bienes –además del cobro de los impuestos-) era un judío. Corría el año 1465. En un documento de ese año, dice el marqués que encarga de los asuntos financieros a don Hudá Alasar, mi mayordomo en la mi villa de Hita, o a otro cualquier mayordomo o arrendador que después de vos sea en el dicho cargo. Además contamos, a través de los documentos, con otro judío a su servicio: don Abrahem Gavison, recaudador general de los territorios ducales, y a quien el segundo duque del Infantado, don Íñigo López de Mendoza, encargó en 1480 los «… 600.000 mrs. que yo le ove de dar para la paga de la gente de armas de mi casa para que las tenga en sy cierto tiempo para me los tornar a mi camara, segund se contiene en las condiciones de cierto arrendamiento que fiso… Don Abraham Gavison aceptó el cristianismo, para no tener que irse de su amada tierra de Castilla. Otro personaje que destaca en el servicio de los Mendoza es don David de la Hija, quien a finales del siglo XV actuó como mayordomo del […]

El beaterio de la Piedad en Guadalajara

En estas jornadas que estamos recordando el inicio, hace ahora 500 años, de la Reforma Luterana en Europa, y tras haber recordado a los “alumbrados” alcarreños la semana pasada, quiero traer hoy al recuerdo uno de los focos en los que la piedad iluminista y un soplo de aire renovador se posó entre los muros de la ciudad: concretamente la aventura beatífica de doña Brianda de Mendoza, y el experimento que en su palacio-convento de La Piedad se inició en el primer cuarto del siglo XVI. Uno de los núcleos menos estudiados con relación a la piedad alumbrada en Guadalajara ha sido el beaterio de la Piedad, que luego fue transformado en Convento de religiosas franciscanas por su fundadora doña Brianda de Mendoza. La historia de esta institución es bien conocida, y su edificio aún permanece entero en pie, constituyendo además una de las joyas de la arquitectura protorenacentista en Guadalajara. Parece como si esa característica de ser pionero en el arte, le hubiera conferido también al monumento el carácter de pionero en el pensamiento y la religiosidad de aquella época. Es a don Francisco Layna Serrano, Cronista Provincial de Guadalajara, a quien debemos las principales noticias de este que fue primero beaterio y luego convento de La Piedad en Guadalajara. En su libro “Los conventos antiguos de la ciudad de Guadalajara” lo trata con gran detenimiento. E inicia su estudio con las biografías de sus creadores: de una parte don Antonio de Mendoza, caballero y militar de la familia del duque del Infantado, y de otra su sobrina, doña Brianda de Mendoza. Muy influidos ambos, desde el final del siglo XV, por las ideas humanistas que proceden de Italia, tanto a nivel literario, como filosófico y teológico. Pasaremos de los detalles de sus vidas. Y, por supuesto, no entraré en la descripción o análisis del conjunto arquitectónico del palacio-convento-colegio de La Piedad, del que me ocuparé la semana próxima. Antonio de Mendoza era el séptimo hijo del matrimonio de don Diego Hurtado de Mendoza, primer duque del Infantado, y de doña Brianda de Luna, su primera mujer. Formó parte de “la casa” del segundo duque del Infantado, don Iñigo López, su hermano mayor, y constructor con Juan Guas del palacio ducal que hoy conocemos. Sobrina carnal de don Antonio, como hija del segundo duque del Infantado, fue doña Brianda de Mendoza y Luna, quien siguiendo el ejemplo de su […]

Recuerdos mendocinos en Quejana (Alava)

Hace escasas fechas me desplazaba, con mis amigas y amigos de la Asociación “Arquivolta”, hasta las frías y altas tierras de Alava, allá por donde se alzan la Sierra Salvada con sus impresionantes picos fronterizos entre Castilla y Euskadi, y el alto de Altube, cuajado todo de hayedos neblinosos y empapados helechares. Llegamos a Quejana, una pequeñísima aldea en la que aún se ven restos de muralllas, y la presencia imponente de un conjunto palaciego monasterial dedicado a la Virgen del Cabello, y con la solemne altura de algunas torres medievales, restos de un castillo o residencia de grandes señores. Los picos cercanos, como el Monte Aro o el mojón Alto, apenas se ven porque se tamizan en el gris de la mañana lluviosa. El autobús cruza sobre el estrecho puente del río Izalde, y accedemos al conjunto. Nuestra guía nos lleva por el laberinto de estancias, y mientras avanzamos por ellas comprobamos que se relacionan en una simbiosis total que hace difícil distinguir unas de otras. Están formadas por muros de mampostería, patios interiores y diminutos ventanales, y rodeadas de varios caseríos antiguos. El considerado palacio dispone de entrada independiente mientras que a los demás núcleos de interés se llega a través de los bajos de la casa del cura, que cuenta con un patio distribuidor. Es este de Quejana el lugar donde nace el linaje de Ayala, uno de los más señalados de la historia de Castilla. Entramos primero al palacio de los Ayala, que data del siglo XIV, y en el que hasta hace pocos añpos se albergó una comunidad de monjas dominicas, que ahora lo han dejado. Es de planta cuadrada, con torreones en las esquinas, y un pequeño patio interior y central, en el que nos sorprende, de estilo gótico simplísimo, la puerta de entrada a la «Torre del Canciller» Además de visitar un pequeño museo, nuestro objetivo se cumple al penetrar en el amplio espacio o capilla de San Juan, el lugar sacro donde, tamizado por la luz débil que entra por las altas ventanas, encontramos el enterramiento de don Pero López de Ayala, y de su mujer, doña Leonor de Guzmán. Ambas yacen en horiznotal postura, junta una al lado de otra, ante el altar que ofrece un ancho retablo, réplica del original que se encuentra en un Museo de Chicago (USA) . El enterramiento del Canciller López de Ayala es una obra […]