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La picota de Horche, recuperada

Ha costado años, pero al fin se ha hecho realidad: en Horche han colocado su rollo o picota, que es monumento histórico que recuerda parte de su evolución concejil, y que ha vuelto a la vida tras la meticulosa tarea de reproducción del monumento por parte del escultor local Juan Francisco Ruiz. En los últimos días del pasado mes de noviembre, ha quedado colocada la reproducción de lo que fuera el rollo o picota de Horche. Se ha instalado, por parte del Ayuntamiento, en una amplio espacio al inicio del Camino del Cementerio, con buena visibilidad y alcanzando el relieve que todo monumento histórico y patrimonial debe tener en una sociedad culta. El trabajo, de varios años de dedicación, ya en la jubilación de su actividad manual y artística, ha sido realizado por Juan Francisco Ruiz, quien ha ido tallando las 32 piezas de piedra caliza que la constituyen, y que suman 22.000 kilos trabajados con delicadeza y pasión a un tiempo. Las dimensiones, proporciones, distribución y detalles de esta picota, obra en su origen plateresca, han sido con precisión calculadas, y rescatadas de la armonía que estas piezas tienen en otras localidades que han conservado en su integridad, a lo largo de los siglos, este signo de autonomía jurídica. Los datos históricos y la distribución de sus partes y adornos, se los dio a Ruiz el historiador local, cronista oficial de la villa de Horche, y académico correspondiente de la Real de Historia, Juan Luis Francos Brea (1940-2008), quien no llegó a ver impresa su moumental “Historia de Horche” (publicada por Aache en 2009, un año después de su muerte, y en la que estudiaba con detalle la evolucirica del elemento).n la que estudiaba con detalle la evFrancos Brea (acadntegridad, a lo largo de los siglos, este signo de autoón histórica del monumento). Horche alcanza el título de villa En el año 1537, Horche alcanza el título de villa, y lo hce gracias al esfuerzo mancomunado de toda su población, pues tal título lo concede el rey de España a aquellas aldeas que son capaces de aportar, en el conjunto de sus habitantes, la cantidad solicitadas por las arcas reales como compra de tal título. Las ganas que los de Horche tenían de independizarse del Concejo de la Ciudad de Guadalajara, que les controlaba en todo cuanto hacían, y les adminitraban justicia, en grado que ellos consideraban impropio, fue […]

Bodegas de la Alcarria

La Alcarria entera, de tierras blandas y cariñosas, está horada por cuevas y bodegas. También se ha escrito mucho sobre ellas. Algunos como Tomás Nieto le han hecho estudios concienzudos, a las de Gárgoles de Abajo, y Trillo, y otros como Benjamín Rebollo ha llegado a escribir un libro sobre las de Peñalver. Más aún, Juan Luis Francos conoció como nadie, enumeró y diseccionó las de Horche. Y es ahora Amador Ayuso Cuevas quien, haciendo honor a su apellido, se atreve con las de Brihuega. Acabo de leer el trabajo de Ayuso en la publicación que hicieron los de “Gentes de Brihuega” en 2014 con motivo de sus XIV Jornadas de Estudios Briocenses. Y gracias a sus informaciones, fotografías y dibujos, me entero de algunas cosas nuevas relativas a las bodegas de la Alcarria. Habla de los mejores conjuntos: de Gárgoles de Abajo (que ya estudió en su día Tomás Nieto Taberné) y de las de Trillo, que por este mismo autor y por Agapito Pérez Bodega fueron analizadas años ha. Habla de las de Horche, a las que enumeró y analizó al detalle Juan Luis Francos en su “Historia de Horche”, y habla de las de Ruguilla, cuyo barrio bodeguero es quizás el mejor conservado, el más auténtico, de la Alcarria, aunque no le van a la zaga los enclaves de Solanillos del Extremo, de Hita y los de Castilmimbre. Las cuevas árabes de Brihuega Se detiene muy especialmente Ayuso Cuevas en las cavidades que desde la plaza mayor de Brihuega son accesibles y aún visitables para el público. Y empieza con una puntualización por demás obvia: que las cuevas de vino no puedne ser de origen árabe, puesto que el Islam prohíbe a sus fieles el uso de la destilación y fermentación de la uva. O sea, que el producto que salía de esas cuevas, solo lo podían beber los cristianos. Sin duda de origen medieval, están talladas en la roca de toba, por lo que se conservan limpias y como recién hechas. En la actualidad se pueden visitar, en un recorrido de unos 600 metros, aunque las dimensiones totales son mucho mayores. En hornacinas a los lados de lospasillos aparecen las tinajas, marcadas con símbolos que acreditaban la propiedad de las mismas. Hay unas que llevan dos llaves cruzadas, símbolo indudable del cabildo eclesiástico de la villa. Es sumamente interesante recorrer sus pasillos y admirar su apuntados […]

Las bodegas de Horche

Uno de los atractivos que hoy ofrece la cercana población de Horche, son sus bodegas. Un impresionante conjunto de excavaciones en lo profundo de la tierra, en las vertientes del cerro en que el pueblo asienta, y años/siglos de permanente cuidado, de vida inyectada, de actividades, cantos y cosechas, han consumado una realidad espléndida, que hoy es meta de muchos viajeros, alegría de tantos ruteros. En los folletos de turismo que Horche ha preparado, y en algunos libros que han salido a luz, las bodegas horchanas se constituyen en eje de admiración y meta de peregrinaje. De las muchas cuevas que hay en el término de Horche, figuran ocho en el catálogo local de edificios protegidos. Son las siguientes: – Bodega de Sixto. En la calle de la Concepción. – Bodega de Muñoz Moya. En la calle de El Vallejo. – Bodega de Alfredo. En la calle de El Palomar. – Bodega de Felipe “El Hortelano”. En la calle de Herencio. – Bodega de Salas. En la calle de El Vallejo. – Bodega de Joaquín Escribano. En la calle de El Palomar. – Bodega de las Francisquillas. En la calle de El Palomar. – Bodega de la Piedra de la Comuna. En la calle de la Iglesia. Todas estas y muchas más pueden ser visitadas, y aunque tienen propietario, y un uso privado, lógicamente, no es difícil acceder y verlas, olerlas y sentirlas, con ese ambiente húmedo, vinoso y antiguo que de sus muros emana. Las Bodegas hoy Desde muy antiguo, en Horche se dedicó la población al cultivo de la vid y a la producción del vino. Entre otras cosas, por supuesto. Y con los altibajos propios de los acontecimientos (guerras, epidemias, etc.) que esporádicamente han sucedido. Hoy sigue siendo un eje de vida y actividad. Y aunque el vino de Horche no se produce en grandes cantidades, ni es de primera fila, el objetivo se cumple, porque lo que se pretende es disfrutar cosechando, viéndolo crecer, y degustándolo en camaredería y amistad. Las bodegas y el vino de Horche son más bien una justificación para vivir felices, más que un objetivo económico. Por todos se repite que estas bodegas y este cultivo son de origen árabe, lo cual es más bien difícil, puesto que el Islam prohíbe y siempre prohibió el uso del vino y las bebidas alcohólicas. Más bien su origen podría datarse en en el siglo […]

De plaza en plaza por Guadalajara

Es difícil dudar de cual sea la más espectacular Plaza Mayor de nuestra provincia. Es difícil rechazar la candidatura de Sigüenza para este puesto, el que corona la más serena y rotunda de las plazas, la más colmada de años, de edificios y memorias. Una plaza con catedral y ayuntamiento, con palacios y casonas, con soportales y escudos…  Pero a la de Sigüenza se unen muchas otras. Tantas, que dan de sí para hacer una ruta, y bien amplia, por los caminos de Guadalajara para admirar plazas mayores, relojes concejiles, copudas olmas y señoriales palacios ducales. Las clásicas  A la de Sigüenza, suprema delicia tapizada de piedra arenisca, de sonidos campaniles y rumores de mercados, se une la gran plaza de España en Molina de Aragón, en la que se levanta al costado norte su antiguo Ayuntamiento, pegado a la primitiva iglesia de los condes de Lara, la Santa María del Conde que hoy ha quedado como centro cultural. En ella se alzan los estrechos solares hidalgos y la fuente del Centenario. Más el palacio de los marqueses de Embid. Y el sonido de fiestas siempre, la memoria de sus encamisadas, de sus castillos y luchas de moros y cristianos, de sus fanfarrias nocturnas y justas poéticas. En Atienza lucen dos plazas mayores, separadas por un callejón en cuesta en el que se alza el Arco de Arrebatacapas, memoria de su circuito de murallas. En la de Abajo, que está dedicada a España, luce el Ayuntamiento barroco y la también barroca fuente de los delfines. En la de Arriba, llamada también del Trigo, el íntimo sabor de los soportales y las galerías talladas con escudos de clérigos y cofrades. A Pastrana la desborda la memoria dela Princesade Éboli, puesta en una esquina dentro de la gran reja de su Ventana “dela Hora”, que da nombre a la plaza y a la leyenda de la tuerta revoltosa. En esa plaza mayor dela Alcarriasuena la piedra dorada del palacio de los duques, hoy remozado, y los sencillos edificios populares que la bordean para entregar su telón de fondo, abierto y luminoso, en forma de pantalla soleada y ornada de la distancia azul del valle del Arlés. En Cogolludo todo es piedra renaciente, memoria de alabastro y visita de almirante: en su costado norte se alza la fachada plateresca del palacio de los duques de Medinaceli, y por delante de sus tres paramentos […]