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Antonio Barbero, el dibujante de ABC

La semana pasada se inauguró, y va a estar abierta dos meses en las salas del Museo “Francisco Sobrino” en el antiguo Matadero, una exposición que viene a revelar la obra y capacidades de un personaje alcarreño al que en poco se tuvo, -en nada, mejor dicho- durante un siglo. Ahora gracias a las investigaciones de Pedro Pradillo y Felipe Hernández Cava, se han recuperado memorias de su vida y, sobre todo, obras debidas a su ingenio. Es muy saludable que una ciudad recuerde a sus hijos notables. Todos los habitantes de una ciudad son importantes, porque son los glóbulos rojos de sus arterias, que le inyectan oxígeno y alegría a sus calles, pero hay algunos que le han puesto mayor mérito, y han dejado una huella, por esas calles/plazas, o por las memorias escritas y recordadas, de la ciudad. Uno de esos personajes fue Antonio Barbero Núñez, que nació en Guadalajara, en 1889, y murió en Madrid en 1962, tras llevar una vida de incertidumbres primero, de expectativas y proyectos después, de miedos y u peligros finalmente, aunque a todo se sobrepuso y fue capaz de dejar una huella. Que ahora se rescata y nos enseñan. Por dos cosas fundamentalmente destacó Antonio Barbero, ambas incluidas en el mundo del periodismo y la información: por ser uno de los primeros “críticos de cine” que hubo en España, y por ser un estupendo ilustrador.   En el mundo de la cinematografía, se metió a través del empresario Sagarra, quien a través de la “Gran Empresa Sagarra” levantó en Madrid el Real Cinema, el Príncipe Alfonso y el cinema España, santuarios de la proyección pública. Para él se puso Barbero a hacer carteles de películas. Tiempos después, nuestro personaje alcanzó a crear la revista “La pantalla” (Semanario español de Cinematografía) apareciendo como el mejor crítico de cine del momento. A través de esa perspectiva cinematográfica, entra a formar parte de la redacción de “Blanco y Negro”, “ABC” y “Campeón” cabeceras de Prensa Española, donde ya quedaría adscrito, incluso en el “ABC Republicano” que se crea en julio de 1936, cuando el gobierno del Frente Popular expropia el periódico a los Luca de Tena y se lo entrega como órgano de expresión al partido “Unión Republicana”. En él siguió Barbero colaborando a diario, dibujando, haciendo cabeceras, crítica de cine, etc. Y tras abril de 1939, por ello le vendría una depuración, un severo […]

La voz de Juan Guas

Me llega a las manos, con una cordial dedicatoria del autor, este libro que es capital para el conocimiento del patrimonio monumental de Castilla, nuestra tierra. Una obra concienzuda, amplia, muy trabajada. Una obra muy bien ilustrada (porque todo lo que se refiere al arte debe serlo) y muy bien editada, por maestros del tema. En definitiva, un bello libro que promete ser útil. Todo el que conoce Guadalajara, y sabe algo -aunque sea por encima, someramente- del palacio de los duques del Infantado, que es la bandera de su patrimonio monumental, tendrá oído algo acerca de su autor, o autores, que son pregonados en letras góticas sobre la cenefa tallada en piedra que recorre la arquería inferior del Patio de los Leones. Uno de ellos es el arquitecto, Juan Guas. Y el otro el tallista de las esculturas y detalles, Egas Cueman. Ambos europeos, pero asimilados a la cultura castellana desde muy jóvenes en que llegaron a Castilla. Juan Guas es el gran arquitecto del reinado de los Reyes Católicos. El autor de obras tan estupendas como el castillo de los Mendoza en Manzanares el Real; del palacio de los duques de Alba en su territorio patrimonial, Alba de Tormes; de la hospedería real de Guadalupe, del claustro catedralicio de Segovia, del gran monasterio franciscano de San Juan de los Reyes, en Toledo, y, por supuesto, del palacio del Infantado en Guadalajara… En esta obra que me llega, el arquitecto Javier Solano Rodríguez, -quien tantas pruebas ha dado, especialmente de la mano de Nueva Alcarria, de sus saberes en torno a Guadalajara- hace un estudio novedoso, completo y definitivo sobre este artista hispano. De Juan Guas analiza todo: la vida (que es breve, oscura y con poca documentación) y sobre todo la obra, en la que lucen las galas del gótico isabelino y que por sí misma crea un estilo con identidades propias, muy bien definidas, cargadas de esos “invariantes castizos” que a Chueca Goitia le gustaba tanto exhibir como prueba de la singularidad del arte español ante el resto de Europa. Alguien dijo de Juan Guas que, aunque bretón en su origen, construía edificios “ad modum Yspaniae”. Todo lo que hace, diseña, dirige, formula y levanta en España tiene un sello inconfundible. Todo forma parte de su completo muestrario. Y todo eso es lo que estudia y nos enseña Javier Solano en este libro singular, titulado “Juan Guas, […]

Todo el Románico de Guadalajara

Una nueva propuesta nace para que podamos conocer mejor, en más profundidad, en mayor extensión, con mayor rigor y ejemplaridad, el románico que puebla nuestra tierra. Un estilo artístico nacido en la Edad Media y que surge en cada pueblo, en cada esquina casi, como un vigía del tiempo ido. Muchos viajeros llegan a Guadalajara con la intención de encontrar y admirar las huellas de un pasado lejano y atractivo, de la Edad Media. Sabiendo que esas huellas están firmes en muchos de sus edificios, en cientos de presencias arquitectónicas, en arcos y muros, en capiteles y cornisas, en perfiles exquisitos. Todo ello constituye el arte románico, expresión de una arquitectura y sus complementos hecha para el culto cristiano. Del gran compendio románico guadalajareño se han hecho ya estudios y se ha procedido a su catalogación y análisis, de formas y significados. Los estudios iniciales de Francisco Layna Serrano se han visto completados posteriormente, a lo largo del siglo XX, por Tomás Nieto Taberné y quizás por quien esto escribe. Un nuevo análisis Pero ahora nos llega un nuevo análisis, que trata de actualizar este conocimiento ya suficientemente acreditado, y que intenta completar, aunar y mostrar de un modo panorámico la realidad románica de Guadalajara. Este trabajo lo ha emprendido, y completado con seguridad y éxito, el joven profesor José Arturo Salgado Pantoja, a quien la Fundación “Santa María la Real” de Aguilar de Campóo le ha editado su trabajo “Todo el románico de Guadalajara” en un volumen de más de trescientas páginas, ampliamente ilustrado, y muy bien concebido y desarrollado. Emprende esta obra una tarea difícil por cuanto pudiera parecer que ya todo estaba dicho en torno a este tema. El autor no sólo ha superado el reto, sino que lo ha mejorado. Porque además del estudio inicial que abriga bajo el título de “Introducción”, dividido en dos partes en que trata “Las tierras de Guadalajara en los siglos del románico” y “Panorama general del románico en Guadalajara”, asume la tarea de catalogar todo vestigio románico que encuentra, añadiendo a la nómina anterior muchas piezas que no se habían considerado inclusas en el estilo, y poniendo sobre la mesa muchísimas piezas hasta ahora no catalogadas o analizadas. Así me parece justo destacar que a los ya conocidos elementos románicos (clásicos unos, como la catedral de Sigüenza, el conjunto de templos de Atienza, las iglesias porticadas de Sauca, Pinilla, Carabias, […]

López de los Mozos, ya pasado

La semana pasada fallecía, y era despedido por muchos alcarreños que le admiraban, nuestro amigo y compañero, entre otros muchos lugares, de estas páginas de “Nueva Alcarria”. Ahora conviene echar un poco la mirada atrás, y decir algo –tiene que ser breve a la fuerza, para no cansar a mis lectores- por lo que López de los Mozos pasa a la historia de Guadalajara. El capital más seguro que tiene el hombre, a lo largo de su vida, es el tiempo. En él caben todas las aventuras, el despliegue de las esperanzas, el remate de los esfuerzos. Nada que ver con los dineros, con las propiedades, con las influencias… desnudos llegamos y desnudos nos vamos. Lo que caiga entre medias serán golpes de suerte. Pero a la suerte, que los antiguos la pintaban calva, hay que agarrarla al amanecer, porque pasa muy temprano por la puerta de las casas. Hay que llamarla entrenando, y hay que conquistarla trabajando. Digo esto a cuento de que a mi amigo José Ramón López de los Mozos, que acaba de dejarnos en amarga nostalgia de amistades, nadie le regaló nada, y lo que ha conseguido (fundamentalmente la amistad y la admiración de muchos alcarreños) ha sido a base de su propio esfuerzo. De eso que los americanos llaman determinación. O sea: plantearse hacer algo, que no han hecho otros antes, y no parar hasta conseguirlo. Visión de las esencias José Ramón López de los Mozos estudió en Guadalajara los primarios estudios, se hizo lo que hoy se llama graduado en Pedagogía (o sea, maestro), y se dedicó a la gestión administrativa en la Diputación Provincial de Guadalajara, en el área de la Cultura. Pero eso que son, en brevedad estricta, los datos académicos y profesionales de su figura, apenas tienen relieve si los emparejamos a las tareas que realizó sin compromiso previo con nadie, tan solo porque le gustaba hacerlas. Y fueron estas, fundamentalmente, la búsqueda de las esencias de Guadalajara, de sus gentes, de sus tierras, de sus fiestas, de sus efemérides, de sus guerras y de sus huellas en la piedra, en el aire, en los sonidos. Se le ha calificado a López de los Mozos como etnólogo, que viene a ser algo así como estudioso o especialista en los modos de comportamiento humano. Una especie de antropología de base, radicada en su caso sobre un territorio que lleva ya casi dos […]

La capilla del hidalgo Diego Garcia de Guadalajara

En estos días han concluido las tareas de restauración, limpieza y acondicionamiento de uno de nuestros rincones más emblemáticos: la capilla del Contador Real don Diego García de Guadalajara, en la cabecera del tempo parroquial de Santiago. Y tras esas tareas pueden verse las luces, los colores y los símbolos (escudos, dragones, letreros…) que le dan valor artístico y fuerza histórica. Entrar en Santiago es siempre una experiencia. El hecho de pasar del nivel de la calle a su profunda nave, parece trasladarnos a un mundo de criptas y húmedas sombras en las que nos van apareciendo, a diestro y siniestro, recuerdos de antiguas épocas. Santiago, que fue la iglesia enorme de un convento de monjas clarisas, ha sufrido muchos avatares, pero es al fin un lugar de culto en el que palpita siempre la vena segura del encuentro con Dios. No solo personal e íntimo: también conducido por la luz de los vitrales, por el ansia de elevación de los pilares pétreos; por esa razón alegre del ladrillo mudéjar. Y al fin por ese vericueto valiente de la capilla gótica del fondo de la nave de la epístola, o la renacentista covarrubiesca del fondo de la nave del evangelio. A la primera de ellas me dirijo hoy. Porque la han arreglado, la ha restaurado y reucperado en su primitivo valor de luces y colores. La suelen llamar (guías y gentes habituales) la “capilla gótica de Santiago”. Es una forma de identificarla. Realmente se trata de la capilla que a la iglesia clarisa quiso añadir un alto funcionario real para en ella ser enterrado. En 1452 don Diego García de Guadalajara la fundó, y enseguida los buenos maestros de obra que a mediados del siglo XV había en la ciudad la dieron dimensión, altura y vanos. Su planta, que continúa a través de un arco, la de la nave meridional del templo, tiene unos 7 metros de larga, por la mitad de ancha. Consta de dos tramos separados por delgados haces de columnas adosadas al muro adornadas con afiligranados collarines en vez de capiteles, donde lucen los escudos del fundador y sobre los que apoya un arco apuntado adornado en su intradós por calada piedra; el fondo de la capilla, lo qie podríamos llamar su presbiterio, ofrece la inserción de la apuntada bóveda nervada en el muro. Con mucho tino hecho todo. Los nervios descansan sobre unas ménsulas similares a […]