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Huertapelayo recóndito

En estos días vuelve a ser actualidad Huertapelayo, ese lugar recóndito del Alto Tajo al que en estas páginas de NUEVA ALCARRIA tantas veces se refiriera nuestro antiguo director, Salvador Embid Villaverde. Porque era su pueblo natal y porque, además, era y es un espacio único por lo lejano y por lo pintoresco de su situación, en medio de altas sierras siempre verdeantes de pinos y brillantes de afiladas piedras. Un libro escrito por Marta Embid consigue rescatar la memoria entera y tierna de este pueblo serrano. Hay que ir aposta a Huertapelayo, porque ninguna carretera que vaya a otra parte pasa por el lugar. Hoy dispone de nuen acceso asfaltado, cosa que no consiguió tener hasta los años finales del siglo XX. Anteriormente, era toda una aventura llegar allí. El propio Salvador Embid nos cuenta, en sus artículos de este semanario, y en sus libros, cómo se hacía el viaje al hogar paterno, desde Guadalajara, que era cosa de un día entero, subiendo primero a través de Trillo, hasta Villanueva de Alcorón, de allí a Zaorejas (que hoy es el municipio que acoge como pedanía a Huertapelayo) y de allí en mulas hasta la aldea. Así fueron, tras la Guerra, algunos gobernadores y presidentes de Diputación (Moscardó y Solano, por decir algunos nombres), y así iban siempre que podían todos los “palayos” que se había marchaod a vivir a otras partes de España, )fundamentalmente Madrid, Guadalajara y Barcelona) o del mundo, pues de todos es sabido que la mayoría de ellos, en los años veinte del pasado siglo, emigraron a los Estados Unidos de América, donde, como en botica, hubo de todo: grandes fortunas y tristes depresiones. Este lugar del Alto Tajo merece la pena visitarse por sus paisajes especialmente. Para llegar, hay que travesar un sitio en el que obligadamente ha de pararse: es “el Portillo”. Las rocas caen de tal manera en vertical sobre el arroyo que acompaña al camino, que antiguamente hubo que tallar unos escalones y pasadizos en la roca, pero ya más modernamente, mediado el siglo XX, lo que se hizo fue horadar la montaña, abriendo un túnel en ella por el que hoy pasa la carretera. Esta obra de ingeniería, no se hizo con presupuestos del ministerio, ni sacando partidas del presupuesto…. Se hizo en hacendera, con el aporte personal, y dinerario, de todos los vecinos. Aunos les tocaba un día, a otros […]

Una ruta por la sesma del Campo de Molina

Al fin del año, volvemos a Molina, a seguir recorriendo sus mil caminos, ahora fríos pero siempre espléndidos. En esta ocasión, propongo dirigirnos al extremo más septentrional del Señorío, que es también el más cercano a Aragón de toda la provincia: la sesma del Campo, limitada a oriente por las sierras del Ducado, y a occidente por la depresión que desde el río Piedra se anuncia hacia el Jiloca. Tierras más secas y llanas, aún en la altura. Por la cuarta sesma, que aún nos quedaba por recorrer, esta del Campo, el lector y viajero comprobará que sus ríos corren afluentes hacia el Ebro, por lo que estamos en la España mediterránea aunque en su más altas ramas: el Mesa y el Piedra arañan el costrón del Campo, y en su altura, entre trigos y ahora nieves duras, yacen los pueblos cargados de historia. Llegando desde Aragón Para quien viene por el norte, desde Aragón, la sesma del Campo y el valle del río Mesa van a ofrecer con abun­dancia los temas artísticos y los motivos suficientes para animar un viaje. En el Mesa se visita Villel, que además del castillo ofrece el pintoresquismo inolvidable de su situación, a caballo entre un rojizo peñascal y el denso arbolado del río. La iglesia  parroquial, que está construida en el siglo XVI, ofrece detalles  de interés en su interior, especialmente en lo que se refiere a  altares variados. Sobre la plaza, el palacio de los marqueses de Villel también captala atención. Las callejas muy empinadas, cubiertas a veces con amplios alerones, y otras cubiertas sus  paredes de tapial o madera, dan a Villel un aspecto pintoresco y muy agradable. Ya en lo alto del páramo, Milmarcos se ofrece como villa de animada vida veraniega, en la que un fuerte movimiento cultural está poniendo a flote su acervo costumbrista y el plan­tel de monumentos que posee. Destaca la iglesia parroquial de San Juan, precioso edificio del siglo XVI aislado en medio del pue­blo, con portada plateresca de líneas sobrias. En su interior, un gran retablo renacentista, de tendencia ya manierista, con tallas  excelentes, hecho en 1636 en los talleres de Calatayud; sus autores fueron Juan Arnal y Francisco del Condado. También es de  reseñar la ermita de Jesús Nazareno, obra preciosa del siglo XVIII, en estilo rococó, con muchos retablos barrocos. Incluso la  ermita de Nª Srª de la Muela, en lo alto […]