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La Feria del Libro, al fin abierta

La próxima semana llegará la Feria del Libro de Primavera, en Guadalajara. Del 5 al 8 de mayo, un fin de semana amplio y completo, va a ser testigo de la nueva invasión de la Plaza Mayor por los libros, y los libreros. Y, por supuesto, por los lectores, y los amantes de los libros, que todavía son multitud en nuestra ciudad. Será una oportunidad de encontrarnos con los autores y los temas que nos interesan. La expectativa en torno a la Feria del Libro ha crecido en estos últimos días, ante el anuncio por parte del Concejal de Cultura, Armengol Engonga, de que se va a realizar un montaje espectacular, con toldos en forma de libros, macetas y lomos de volúmenes que convivirán bajo la sombra de toldos y plantas. Todos andamos con ganas de ver cómo ha quedado, al fin, esta presentación física de lo que, en definitiva, importa, y es la llegada masiva de lectores y curiosos, en torno a la oferta primaveral de libros, repartidos, como siempre, entre las novedades y los clásicos de siempre. De las obras que estrenan andadura en esta Feria que se avecina, quizás sea la más llamativa la biografía que ha escrito Francisco García Marquina sobre Camilo José Cela. Una forma de rescatar a nuestros días la figura, y sobre todo la obra, de quien alcanzara el título de Premio Nobel de Literatura siendo vecino de Guadalajara. Fue un modo de colocarnos en el escaparate de lo literario, como antes habían hecho el Arcipreste de Hita, o el Marqués de Santillana. Ese libro, de gruesa presencia y apasionante contenido, se va a titular “Cela. Retrato de un Nobel” y se presentará en el transcurso de la Feria, concretamente el viernes día 6, a las 8 de la tarde, en la carpa central. Con asistencia del autor, y de numerosos amigos y personalidades de relieve. Sinceramente, creo que ese va a ser el “libro estrella” del acontecimiento, porque de su lectura vamos todos a extraer la esencia definitiva de quien escribiera, en 1946, ese “Viaje a la Alcarria” ahora tan traído y tan llevado.   Otro autor de los nuestros, un “chico de Guadalajara” al que llamamos Chani los amigos, y conocen por Antonio Pérez Henares en toda España, trae en sus manos una nueva novela. Aunque hace todavía pocos días le acompañé en el trance de su presentación pública, en el […]

La Alcarria del Viaje al que Camilo José Cela puso sus botas de siete leguas

Tiene Guadalajara mil y un espacios a los que podría darse título de “paisaje literario”. Frente al cerro encrespado de Hita, el viajero evoca a Juan Ruiz y su “Libro de Buen Amor” cuajado de trucos, devociones y retratos solemnes. Frente a Sigüenza, las palabras de Baroja, de Ortega y Gasset, de Alberti… Y en las orillas del Henares, los textos de Angel María de Lera, de Pepe Esteban, de Francisco García Marquina: suave la corriente se lleva las palabras, los versos que le dedicaron, las historias que se fraguaron en sus arboledas. Pero si hoy me piden –como me han pedido- unas cuantas palabras que resalten un paisaje literario en Guadalajara, a los inicios de este año 2016 me paso al camino de Cela, y escojo sus pasos por la Alcarria. Porque de su “viaje a la Alcarria” nace no uno, ni diez, sino mil paisajes literarios que además han quedado para siempre en el museo y el ejemplario de lo que ha de ser un paisaje nacido y acunado por la pluma de un escritor. La Alcarria es otra desde que Camilo José Cela la paseó y la vió, la descubrió y dio cobijo en su libro.  El Viaje a la Alcarria de Cela Su paseo es del verano de 1946. Hace ahora 70 años que la recorrió andando, por sus caminos polvorientos, sin apenas coches, con algunos viejos autobuses, con muchos carros, con infinitos caminantes. Todo el mundo sabe cual fue su periplo. Y si no lo sabe, siempre tiene la oportunidad de hacerse con ese “Viaje a la Alcarria” que es la quintaesencia de nuestra tierra. Parte de Madrid en tren y llega a Guadalajara, sube la cuesta del Hospital tras cruzar el puente, se asombra de que el palacio del Infantado esté tan en ruinas, visita a montes el Talabartero, y cruza el barranco del Sotillo por donde estaba el Mesón Tetuán, enfilando la cuesta del depósito de las aguas, para llegar enseguida a Taracena y de ahí pasar a Torija, Brihuega, Masegoso, Cifuentes… acabando en Pastrana con una excursión previa (en el coche de don Francisco Cortijo) hasta Zorita de los Canes. Recordamos algunos de sus estancias por los paisajes que él inmortaliza: Brihuega Para Cela, lo más hermoso de Brihuega es el desolado jardín que hay a las espaldas de la antigua Fábrica. Ya por entonces en Guadalajara todo es ex, todo es […]