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cardenal mendoza

El predicatorio mendocino de Sigüenza

Vamos a seguir paseando por las naves del templo mayor de Sigüenza. Por ese espacio sonoro y frío por donde pasearon el Cardenal Mendoza, el Doncel, Alonso de Covarrubias, los admirados cantautores de la Edad Media y los codiciosos militares de la C.T.V. del ejército de Mussolini. Por ese deambulatorio de la religión y la literatura en el que cada día admiramos algo nuevo: hoy lo dedico al Púlpito de la Epístola, al que de frente mirando el altar mayor queda a nuestra derecha. Limpio de alabastro y expresivo de figuras. Vamos a mirar y comprender. En el lado de la Epístola, en la confluencia del transepto con la capilla mayor, se encuentra esta magnífica obra del último gótico: el púlpito tallado en alabastro que fue regalado a la catedral por su obispo y cardenal don Pedro González de Mendoza. Fue el encargado de realizarlo el conocido tallista Rodrigo el Alemán, a quien se propuso hacerlo en madera. Pero en última instancia no fue él quien lo realizó, sino un desconocido artista, de elevada técnica, e inscrito claramente en la ya reconocida escuela de escultura gótica que en los finales del siglo XV produjo Sigüenza. Aunque debió encargarlo en 1487, cuando visitó la catedral junto a los Reyes Católicos, quedó terminado en 1495 y el prócer comitente no llegó nunca a verlo. Se trata de una bellísima obra de arte que ha despertado siempre admiración y diversas interpretaciones respecto a su significado. Rizados en cardinas y hojarasca sus capiteles sustentadores, los cinco tableros que constituyen sus límites rebosan gracia gótica en todos sus detalles. Los de los lados presentan sendos escudos cardenalicios de Mendoza, y en los centrales aparecen tres figuras. El central muestra una dulce Virgen María que sustenta, en sus brazos, y algo apoyado en su cadera izquierda, un Niño, Jesús que juguetea con el manto de su madre. La Virgen apoya sus pies sobre un objeto que es ‑sin duda-, una barca o nao medieval. A su derecha, una mujer con corona muestra un libro abierto, y en su mano derecha aprieta el resto de un palo, sin duda más largo, hoy quebrado y desaparecido. A la izquierda de la Virgen, un joven con gran capote sobre la armadura de guerrero, se toca con sencillo bonete de la época. A sus pies, por él pisoteado, un dragón se retuerce. Pérez Villamil dio a estas figuras una interpretación romántica […]

Pedro González de Mendoza, Cardenal de España

Este es el texto que sobre la vida y obra del Cardenal de España don Pedro González de Mendoza, figura en el Diccionario Biográfico Español publicado en 2013 por la Real Academia de la Historia, de la que el autor es individuo correspondiente. GONZALEZ de MENDOZA, Pedro. Gran Cardenal de España. Guadalajara, 3.V.1428 – 11.I.1495. Eclesiástico. Político. Consejero de los Reyes Católicos. Quinto hijo varón del matrimonio formado por don Iñigo López de Mendoza, primer marqués de Santillana, y doña Catalina Suárez de Figueroa. Pasó su niñez en Guadalajara hasta 1442, en que pasó a Toledo para educarse allí junto a su tío, el entonces Arzobispo Primado, don Gutierre Álvarez de Toledo. Ya por entonces había recibido, de dicho tío y por petición de su padre, un par de importantes beneficios: el curato de Santa María en la villa de Hita, y el arcedianato de Guadalajara, que le facultaba para dirigir y cobrar rentas de unas cuarenta parroquias en torno a la ciudad. En Toledo aprendió la Retórica, la Historia y el Latín. Dato este significativo, considerando el ambiente literario y cultural que rodeaba a su padre, en el que apenas se conocía y usaba el idioma del Lacio. Por ello, a ruego del marqués su padre, el joven Pedro González traduciría para él, entre otras, la Ilíada de Homero, a partir de una traducción de Decembrio. Cuando en 1445 murió su tío y protector, el arzobispo de Toledo, regresó a Guadalajara, a la casa paterna, hasta principios de 1446, año en el que se trasladó a la Universidad de Salamanca, donde estudió, al parecer con gran aprovechamiento, Cánones y Leyes. Doctorado en ambos Derechos (el civil y el eclesiástico) y dando por finalizada esta carrera clásica, el doctorado in utrusque iure, don Pedro volvió a Guadalajara. En 1452, siempre alentado por la gloria y la influencia de su poderoso linaje, pero también amparado por su probado talento y conocimientos, entró en la corte de Juan II, donde toda ella “quería y amaba con grande estremo a don Pedro González de Mendoza, y este, al soberano, e començó a seruir en la capilla real”. Enseguida conquistó el afecto del rey y de sus cortesanos, pues sin duda don Pedro reunía ya sus dotes de inteligencia clara, exquisita cortesía, extensa cultura y ese don de gentes que tantas puertas le abrirían, además de su características de agradable conversador, magnate elegante y […]