Los Escritos de Herrera Casado Rotating Header Image

buenamente del sistal

Lecturas de Patrimonio: Monasterios (IV) El monasterio de Buenafuente del Sistal

Hoy en Europa es un tópico medir la antigüedad y prosapia de los lugares en función de la existencia en ellos de monasterios viejos, de aquellas instituciones fundadas por los benedictinos, los cistercienses, incluso los templarios, en la remota Edad Media. Y muy pocos lugares pueden alzarse, en verdad, con orígenes tan antiguos y relevantes. En la provincia de Guadalajara hubo bastantes cenobios benitos y bernardos, pero de la mayoría solo queda el recuerdo o los datos documentales. De otros quedan aún las venerables ruinas, aisladas en medio de los campos. Y hay uno sólo que pueda con orgullo decir que mantiene, vivo, su monasterio cisterciense desde su fundación en la Edad Media. Este es el de Buenafuente del Sistal, en Villar de Cobeta. Es este el único monasterio cisterciense que queda vivo en la provincia de Guadalajara. De origen remotísimo, está como perdido en casi inaccesibles alturas boscosas del Alto Tajo. Fue en su origen de canónigos regulares de San Agustín. Muy poco después de ser reconquistada la región a los árabes, concretamente en la cuarta decena del siglo XII, ya se pusieron las miras del monarca castellano Alfonso VII en la raya del Tajo, para afirmarla por suya no sólo con castillos, sino también con monasterios. Mitad canónigos, mitad guerreros, recibieron terrenos en diversos lugares de la orilla derecha del río Tajo, y allí pusieron pequeños puestos (vigilancia y oración), de los que sólo este de Buenafuente llegaría a cuajar en auténtico monasterio. Los otros, Alcallech, Grudes y el Campillo, nunca pasaron de pequeñas casas con huerta. La primera fundación es de 1176, con su primer documento conservado. Y años después, en 1234, el arzobispo de Toledo don Rodrigo Ximénez de Rada se lo compró; y de ahí se sucedieron rápidos los cambios que lo pusieron en manos del Císter. En 1242, el mismo arzobispo lo cedió a doña Berenguela, hija de Alfonso VIII y madre de Fernando III, con la condición de que pusiera allí un monasterio de monjas de la advocación de la Santísima Virgen. Doña Berenguela se lo cedió a su hijo don Alonso, a la sazón señor de Molina por haber casado (tras la concordia de Zafra) con doña Mafalda, hija del Conde don Gonzalo Pérez de Lara, y es este infante don Alonso, el de Molina, quien al año siguiente, en 1243, se lo vende por 4.000 maravedís alfonsíes a su suegra doña […]