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Optimismo vs. Pesimismo

Voltaire se inspiró en Cervantes para escribir su “Candide ou l’Optimisme” Estos días de pandemia (primavera del 2020) han servido, entre otras cosas, para empaparme de clásicos que andaban por ahí perdidos, medio olivados, un tanto de incógnito. ¿Por qué fue tan famoso, en su tiempo, el escritor y dramaturgo francés François-Marie Arouet, más conocido como Voltaire? Por ser rompedor con cuanto le rodeaba, por su sarcasmo, su ironía, su  vehemencia y su rebeldía. Desde que él vivió y escribió, ser “volteriano” es estar contra el sistema. No creer en nada, y menos aún en la Religión. Reirse de lo establecido, propugnar como únicamente válidas sus propias ideas. Pero, a lo que veo, cuando Voltaire escribió su famosa obra “Cándido, o el Optimismo” que acabo de leer, lo que en realidad hace, –a más de propugnar como inmensamente válidas las ideas del filósofo alemán Leibniz– es montar una serie de aventuras protagonizadas por un tipo que sale a flote de todos los problemas, debido en gran parte a su optimismo. Es un tipo (alemán le hace Voltaire) que no para de andar y enfrentarse al mundo. Por una serie muy escasa de ideales, pero sobre todo por un amor. Candido recorre el mundo entero, viaja en diversos medios de comunicación, se acompaña de algunos criados (Cocombo es un cuarterón lo más parecido al manchego Sancho Panza) y la locura de Candido le viene de tanto leer y escuchar a su filósofo de cabecera, Plandós…. De vez en cuando hay ocasión para hacer purgas de los libros de su tiempo, de las obras teatrales de su tiempo, y de las ideas coetáneas. De todo ello, y a pesar de reconocer que hay miles, solo salva dos o tres en cada ocasión. Finalmente, Candido tiene un ideal femenino al que persigue constantemente. Su Dulcinea se llama Cunegunda, y a pesar de raptos, y huidas, de miserables encuentros y de la pérdida de todo su valor estético, él la sigue amando… un loco viajero que solo persigue hacer el bien, que ha conseguido una gran fortuna (lo que le permite todo tipo de benevolencias con sus semejantes) y que da la vuelta al mundo buscan a su amada ideal, a la que, tras encontrarla, resulta ser más fea que picio. La figura de don Quijote la veo en cada página. Os atreveis a leer el Candido de Voltaire, y opinar?

Miedes en el confín

En estos días en que empezamos a hacer planes para salir por la provincia, a ver paisajes, pueblos y edificios singulares, Miedes capta nuestra atención. Está lejos, “en el confín”, junto a Soria, pero cargada de historia, de patrimonio,… y de cuevas que son de admirar. Las cuevas de Miedes Muchas son las cosas de interés que atesora Miedes, pero a mí quizás lo que más me interesa es el conjunto de cuevas eremíticas que se distribuyen por todo el término. Por eso empiezo hablando de ellas. Javier Ortega acaba de ver publicado un libro de su autoría, titulado “Miedes, un señorío olvidado”, en el que ahonda sobre la historia y el patrimonio de Miedes, mencionando diversos enclaves del término en los que aparecen elementos muy grandes, muy bien tallados y conservados, de cuevas eremíticas. Así, creo que debe resaltarse la que aparece tallada bajo la roca que sostiene la ermita de Santa María del Puente. Está en un altozano, sobre el pequeño valle del río Pajares, en cuyas orillas se abren otras cuevas, como las de El Espinarejo, tres más en Los Villarejos, y otra en Corral García. Similares entre sí, talladas sobre la roca arenisca de los bordes del valle, tienen amplios interiores con bancos, alacenas y capillas. En las rocas, se aprecian inicios de más tallas, que no llegaron a completarse, y un detalle muy revelador, el de los mechinales que aparecen perforados sobre las entradas y más allá, denotando el uso que tuvieron de parapetos, o cabañas construidas a la entrada de la cueva, que vendría a ser como capilla, o residencia de ermitaño. Lo que se evidencia, leyendo este libro de Ortega, y aprendiendo de él, es la enorme base patrimonial, en punto a cuevas y eremitorios de origen visigodo, que existe todavía hoy en este término municipal de Miedes. Ortega Alcaide los refiere con detalle en su reciente libro “Miedes, un señorío olvidado”.  Nos cuenta además, por descripción, y por análisis documental, que en el actual término de Miedes hubo además otros tres pueblos, hoy ya abandonados completamente, que fueron “Santa María de la Puente”, “Torrubia” y “Las Casillas”. Además, por el término se encuentran numerosos enclaves primitivos, quizás castros celtibéricos, poblados visigodos, aldeas medievales…. El “Castro de Perniles” que fue en su origen habitáculo celtibérico, debió tener una vida muy prolongada en los siglos iniciales de nuestra Era, porque aún en época visigoda tenía […]

Las pinturas renacentistas del palacio del Infantado

Tras años de gloria, siglos de abandono, un bombardeo, y décadas de olvido, en los años 60 del siglo XX renació al interés general el palacio del Infantado de Guadalajara. Un lugar “con muchas lecturas”, un edificio que habla idiomas, que cuenta historias y que maravilla con sus mensajes. Al acabar su reconstrucción, y comenzar a usarse como lugar de público acceso, dí yo en buscar el significado de aquellos complejos mundos pintados, que todavía en 1976 estaban sujetos por puntales para evitar su derrumbe, y con enormes manchas de yeso blanco que tapaban lo que habían sido agujeros dejados por las bombas. Tuve la suerte de encontrar, entre los miles de legajos de la Sección Osuna del Archivo Histórico Nacional, los documentos que explicaban quien, cuando y como se hicieron esas salas de la planta baja del palacio, que quería el quinto duque utilizar como lugar público para su gobierno (hacienda, juzgados, registros…) y su representación de poder y fama. Unos pocos datos bastaron para abrir la secuencia de los hallazgos. Que publiqué, a principios de 1981, en la Revista Wad-Al-Hayara con la que Diputación abría un portón a la investigación sobre nuestra provincia. Y años después, en 2013, gracias a la editorial AACHE, un libro con el título “Arte y Humanismo en Guadalajara” que reflejaba la situación histórica de la segunda mitad del siglo XVI, y el mensaje que con las pinturas encargadas a Cincinato y su equipo quiso el quinto duque del Infantado transmitir al mundo que le miraba. Después han sido otros los que han publicado o han ido reflejando en escritos y libros todos estos hallazgos y conclusiones. Pero aquí está, finalmente analizada, la historia y significado de las pinturas manieristas de las salas bajas del palacio del Infantado, un bloque denso y perfectamente homogéneo que define la simbiosis de Arte y Humanismo en la que vivió Guadalajara durante el último cuarto del siglo XVI. Una historia intrigante Cuando se accede al palacio del Infantado, de Guadalajara, tras haber admirado su gran fachada de estilo gótico isabelino, y después de admirar y disfrutar con las formas y espacios de su patio de los leones, el viajero debe entrar en las salas decoradas con pinturas en sus techos, realizadas a finales del siglo XVI, por la mano del pintor florentino Rómulo Cincinato, y por encargo del entonces quinto duque don Iñigo López de Mendoza, que se […]

Gentes que parecen de hoy mismo

gentes de otras épocas

Gentes que vivieron en esta tierra, hace muchos años, y que dejaron su huella, viva y palpitante, entre sus vecinos, entre la gente que sabía de ellos, que les admiraba, que les habían visto crecer…. Al estilo de las antiguas “notas de sociedad” se me ha ocurrido rememorar a estos vecinos destacados. En otras páginas de este mismo semanario, y en muchos rincones de los periódicos de nuestros días, vie­nen de vez en cuando señalados los «Nombres de la semana», en los que aparecen -ellos y ellas- marcados por su quehacer o su aspecto noticiable. En esta recopi­lación de gentes que de un modo u otro protagonizan la actualidad, hay siempre lagunas, pues el momento concreto del avanzar imparable de la historia lo hacen a un tiempo mi­les de personas. Cuando surge un nombre destacado es porque hay de­trás otros que le ayudan o favore­cen en su quehacer o triunfar. Quisiera ahora traer algunos nom­bres de «otras semanas», de otras edades pasadas, que bien pudieran haber llenado esas pequeñas parce­las de un periódico que supone el rincón de los «destacados». Gentes que, por uno u otro motivo, dieron renombre a la tierra donde habían nacido y que, con medios más o menos escasos, habían llegado a es­calar lugares de relieve en la socie­dad de sus días. Como si fueran re­tazos mínimos de periódicos de otras épocas (épocas en las que to­davía no existían periódicos, al menos en Guadalajara), van aquí algu­nos destellos de esas «Nombres de la semana» que lo fueron en otras, en muy pretéritas ocasiones. Luis de LUCENA Este conocido doctor, que tanto ha entregado de sí y de su sabiduría a la ciudad de Guadalajara, en la que ha nacido, y que por circunstancias de todos conocidas tuvo que salir hace años de entre nosotros para quedar residiendo en Italia, ha vuelto a estar en la ciudad del Henares con motivo de la inauguración de la capilla de Nuestra Señora de los Ángeles, que, con su patrocinio, se termina de construir junto a la iglesia parroquial de San Miguel. Doctor en Medicina, matemático escritor, filósofo y arqueólogo, Luis de Lucena es, hoy por hoy, el máxi­mo representante de las nuevas ideas renacentistas en Guadalajara. Su avanzado pensamiento le ha ganado la animadversión de ciertas perso­nas, y ello hizo en años anteriores que tuviera que salir de entre nos­otros. Pero su valía y honradez han quedado bien patentes […]

La Masonería en Guadalajara

la masoneria en Guadalajara

Si no hubiera ocurrido la pesadilla en la que aún estamos todos metidos, hoy estaría abierta en la Concordia la Feria del Libro de Primavera de Guadalajara 2020, la gran fiesta del libro, en la que –entre otras muchas actividades– estaba programada la presentación de un libro interesantísimo sobre la historia de Guadalajara. El que Julio Martínez García ha dedicado a la Masonería en nuestra provincia. Uno de los temas que desde hace más de dos siglos se arrastra por los libros de historia, por las tertulias, conversaciones en voz baja, y elucubraciones de muchos, es la Masonería, que sería difícil de explicar aunque todos sabemos de qué se trata. Nacida al calor de las ideas de igualdad y libertad social que en Francia estallan con la Revolución, por todo el mundo a partir de la Galia se instauran sociedades (siempre llamadas secretas) de gentes que, con muy buena voluntad, pretendían implantar ideas y actitudes de bondad, solidaridad, trabajo, honestidad y todo ello en un espíritu de colaboración entre los miembros del grupo, que, en todo caso, debía ser reducido, con miembros selectos, y por lo tanto con cierto secretismo frente al común de la sociedad. Todo ello lo explica, con mucho más detalle, Julio Martínez García en su interesante libro sobre la masonería, que además dedica la máxima atención a lo que viene a ocurrir en la provincia de Guadalajara en el transcurso de esos dos siglos largos. En el siglo XIX Por resumir un poco, conviene decir que en Guadalajara, como en toda España, la masonería conoce un resurgimiento a partir de la Revolución “Gloriosa” de septiembre de 1868. Nacida y crecida por toda Europa (Inglaterra y Francia esencialmente) desde la Ilustración, es desde diversas grandes logias nacionales que se da consistencia a otras locales. Y así en el libro nos recuerda Martínez que el Gran Oriente de España dio espaldarazo a la Logia Caracense nº 224, de Guadalajara capital, y a la Amor Fraternal nº 56 de Alcocer. Que el Gran Oriente Nacional de España avaló la creación de la Unión Universal nº 266 en Cifuentes, la “Idea 66” en Atienza, y “El Deber 33” más “La Joaquina 53” en la capital. Y todavía el Gran Oriente Español soportó la creación en Torija de la “Caracense 197” y del “Triángulo de Luz de la Sierra nº 2” en Checa. Es una época en la que aparecen, junto […]