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Wad-Al-Hayara

Revista de Estudios de Guadalajara. Editada por la Excmª Diputación Provincial de Guadalajara. Fundada en 1974 por J.A. Suárez de Puga y Antonio Herrera Casado.

Pastrana revive en su festival ducal

Un festival que no puede pasar desapercibido, entre los que este verano se celebran por nuestra provincia, es el que este fin de semana va a tener lugar en Pastrana, la capital de la Alcarria por estos días. Color, evocación, majestuosidad, y un denso racimo de ofertas culturales y lúdicas. En la secuencia dinámica, viva y alentadora de este Festival, van a tener protagonismo este año, -según nos cuentan las previsiones de quienes lo organizan-, dos mujeres de la familia Mendoza, que tuvieron a Pastrana en sus venas metidas. Porque ambas, además hermanas, fueron hijas del primer duque pastranero y de su mujer doña Ana, la princesa de Éboli. Ambas, además, bautizadas con el mismo nombre, por llevar el de su madre, por la devoción a la santa madre de María. Hay que distinguir, en todo caso, a una de otra. Aunque la vida, como suele ocurrir, y a pesar de esa hermandad y comunión en un linaje principalísimo, las llevó por caminos muy diferentes. A la primera, la mayor de todos los vástagos principescos, se la denomina habitualmente Ana Gómez de Silva y Mendoza, con el primer apellido completo del padre, añadido del de la madre. A la segunda, que además fue la última en nacer del vientre de la princesa, se la llama simplemente Ana de Silva y Mendoza. Ambas van a ser, según proponen los organizadores de este Festival ducal que ahora comienza, protagonistas de los desfiles y las representaciones. La primera, festejada en la calle. La segunda, a través de una representación teatral, dentro del triste marco de un título elocuente: “Una clausura constante” Ana Gómez de Silva y Mendoza La primera de estas damas es llamada doña Ana Gómez de Silva y Mendoza. Es la segunda hija de los príncipes de Éboli (el primogénito fue un chico, Diego, que murió cuando contaba solo cinco añitos). Nacida en julio de 1561, con tan solo cuatro años de edad es ya destinada por sus padres a un ventajoso casamiento: se capitula con el que luego sería VII duque de Medina Sidonia, don Alonso Pérez de Guzmán. Tranquilos todos, sin embargo, porque aunque la prometida era una niña, la boda real se consumaría años después, en 1574, con la novia ya crecidita, de 13 años. Hoy hubiera sido imposible, legalmente, ese casorio. Pero eran otros tiempos, y la costumbre imperaba. Bodas celebradas en Pastrana, y bendecidas por el […]

López de los Mozos, ya pasado

La semana pasada fallecía, y era despedido por muchos alcarreños que le admiraban, nuestro amigo y compañero, entre otros muchos lugares, de estas páginas de “Nueva Alcarria”. Ahora conviene echar un poco la mirada atrás, y decir algo –tiene que ser breve a la fuerza, para no cansar a mis lectores- por lo que López de los Mozos pasa a la historia de Guadalajara. El capital más seguro que tiene el hombre, a lo largo de su vida, es el tiempo. En él caben todas las aventuras, el despliegue de las esperanzas, el remate de los esfuerzos. Nada que ver con los dineros, con las propiedades, con las influencias… desnudos llegamos y desnudos nos vamos. Lo que caiga entre medias serán golpes de suerte. Pero a la suerte, que los antiguos la pintaban calva, hay que agarrarla al amanecer, porque pasa muy temprano por la puerta de las casas. Hay que llamarla entrenando, y hay que conquistarla trabajando. Digo esto a cuento de que a mi amigo José Ramón López de los Mozos, que acaba de dejarnos en amarga nostalgia de amistades, nadie le regaló nada, y lo que ha conseguido (fundamentalmente la amistad y la admiración de muchos alcarreños) ha sido a base de su propio esfuerzo. De eso que los americanos llaman determinación. O sea: plantearse hacer algo, que no han hecho otros antes, y no parar hasta conseguirlo. Visión de las esencias José Ramón López de los Mozos estudió en Guadalajara los primarios estudios, se hizo lo que hoy se llama graduado en Pedagogía (o sea, maestro), y se dedicó a la gestión administrativa en la Diputación Provincial de Guadalajara, en el área de la Cultura. Pero eso que son, en brevedad estricta, los datos académicos y profesionales de su figura, apenas tienen relieve si los emparejamos a las tareas que realizó sin compromiso previo con nadie, tan solo porque le gustaba hacerlas. Y fueron estas, fundamentalmente, la búsqueda de las esencias de Guadalajara, de sus gentes, de sus tierras, de sus fiestas, de sus efemérides, de sus guerras y de sus huellas en la piedra, en el aire, en los sonidos. Se le ha calificado a López de los Mozos como etnólogo, que viene a ser algo así como estudioso o especialista en los modos de comportamiento humano. Una especie de antropología de base, radicada en su caso sobre un territorio que lleva ya casi dos […]

La capilla de Luis de Lucena, hace un siglo

Hoy nos asombramos, y aplaudimos, del resultado que ofrece la capilla de Nuestra Señora de los Angeles, que fundó a principios del siglo XVI el humanista Luis de Lucena, en la cuesta de San Miguel. Pero los avatares que ha sufrido esa capilla han sido muchos. Hoy traigo al recuerdo de mis lectores su peripecia secular. Concretamente en 1914, y tras varios años de pelear en instancias madrileñas por conseguir de algún modo protección para el edificio, que se venía al suelo sin remisión, un seguntino de pro, académico de la Real de Historia por entonces, don Manuel Pérez-Villamil, de quien ahora se cumplen los 100 años justo de su fallecimiento, consiguió que la Academia de Bellas Artes de San Fernando promoviera su declaracion de Monumento Nacional, que actualmente tiene, y gracias a ello no se derribara, como estaba previsto. En ese proyecto salvador influyó mucho el por entonces primer ministro del Gobierno de España, don Alvaro de Figueroa y Torres, conde de Romanones, que apoyó la idea. Se consiguió comprar la capilla a sus dueños, que la tenían abandonada, y así se dedicó a almacén de las obras de arte desperdigadas por la ciudad. Se acumularon algunas estatuas, y posteriormente se llevaron los restos de la capilla de los Orozco (de la derruida iglesia de San Gil) y de los enterramientos de los condes de Tendilla (destruidos en julio de 1936 en la iglesia de San Ginés). Rescato ahora de un viejo boletín el escrito que envió don Manuel Pérez-Villamil a “su” Academia de la Historia, para apoyar esta declaración de nombramiento de Monumento Nacional, consiguiendo salvar esta joya del arte del Renacimiento en Guadalajara. Capilla de Luis Lucena, vulgo de los Urbinas, en la ciudad de Guadalajara. Nada tan grato para mí como informar a la Academia acerca del mérito histórico de la capilla mal llamada de los Urbinas que existe, aunque desmantelada y ruinosa, en la capital de la Alcarria, y que por iniciativa, que mucho la honra, de nuestra hermana la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, trátase de elevar a la categoría, muy merecida, de monumento nacional. Cuando yo era niño y hacía mis primeros estudios en Guadalajara, la histórica capilla se hallaba ya enterrada en los escombros de la iglesia de San Miguel, a que desde su fundación estuvo unida, y comenzaba a iniciarse ya la implacable ruina que aqueja y acaba […]

Los Cronistas Provinciales de Guadalajara (1885-1971)

Publicado en la Revista “Wad-Al-Hayara”, nº 14 (1987), Cronistas Provinciales de Guadalajara, Juan Catalina García López, Antonio Pareja, Manuel Serrano Sanz, Francisco Layna Serrano, Antonio Herrera Casado

La iglesia parroquial de Santo Domingo de Silos, en Millana

Publicado en la Revista “Wad-Al-Hayara”, nº 17 (1990), pp. 357-366