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Escritos varios

Escritos aparecidos en varias publicaciones.

Reflexiones

Estamos en plena cuarentena, impuesta por el Estado, para evitar que aumenten los contagios del coronavirus, un ente a medias entre lo vivo maligno y lo natural peligroso: la Humanidad convivió siempre con elementos vivos (desde osos de las cavernas hasta mosquitos anofeles) que le podían fastidiar su curso vital en un instante, de un manotazo rasgante, de un leve picotazo en el cuello. Hemos aprendido a convivir con esos peligros, a combatirlos, a triunfar de ellos, pero… de un día para otro, y sin que los científicos sepan muy bien de qué manera, el planeta se ve invadido por una proteína microscópica que al entrar en contacto con el ser humano, le daña, y hasta le mata.  Uno de los primeros problemas que se han destacado de este cursus horroris, ha sido su expansión, fácil y rapidísima: surge en una aldea de la remota China (donde tantas cosas han ocurrido a lo largo de la Humanidad pero que no han tenido influencia en ella) y a los tres meses está el planeta entero infectado, doliente y en peligro de muerte. Eso ha ocurrido gracias a la movilidad de la gente, sobre todo en aviones, que les permiten estar hoy aquí y mañana en los antípodas. Llevando el  virus encima, tosiéndolo, dejándolo pegado en manivelas y chaquetones. A España ha llegado gracias a compatriotas nuestros que estaban en China, y se han venido enseguida, pasando antes por Italia, y dejándolo todo perdido. Si se hubieran estado quietecitos, en sus casas….!!!! Llegó a Madrid (que por algo le llaman el rompeolas de las Españas) y desde allí, desde la capital, nos lo han traido a las pequeñas ciudades, a los pueblos, a las remotas aldeas…. Gracias. Ya pertenecemos todos al globalizado planeta Tierra. Esta puede ser la reflexión primera. La otra, de más honda envergadura, es cómo vamos a desprendernos de este virus, no ya a nivel médico, para que el que todavía la Ciencia del siglo XXI no conoce la forma de curarlo, sino a nivel mental, a poder pensar que puedo apañarme por mi mismo. No: porque esto ha calado, y ya todos tenemos la selección mental hecha, y la conclusión adquirida, de que somos más bien propensos, somos frágiles, como unos simples seres vivos sobre un plantea despiadado, y caeremos “como chinches”. De nada vale tener un “Ferrari”, ni un “master” en merchandising, ni una “buena posición tanto social […]

El Ministerio de Agricultura en Madrid en relación con el Panteón de la duquesa de Sevillano de Guadalajara

Un libro que sirve de regalo a los visitantes ilustres del Palacio de Fomento, en Madrid, me ha servido para encontrar algunos datos complementarios relativos a la construcción y ornamentación del que fuera ministerio de Agricultura, construido a fines del siglo XIX por Ricardo Velázquez Bosco. El libro se titula “El Palacio de Fomento”, es su autor Juan Carlos Arbex y es segunda edición del original, hecho en Madrid, en 1988. No trato de valorar el libro, de resumirlo o de destacar los elementos más singulares o interesantes del mismo, sino de espigar los datos que tienen relación con el otro gran complejo arquitectónico que por le misma época realizó en Guadalajara el arquitecto Velázquez, a instancias de doña María Diega Desmaissières, condesa de la Vega del Pozo: la Fundación San Diego de Alcalá y panteón fúnebre familiar. Era lógico que el arquitecto, como entonces ocurría en toda Europa y mundo occidental, se auxiliara de otros artistas especializados en la construcción de sus grandes obras. En el caso del Palacio de Fomento, y lógicamente en el de la fundación guadalajareña, contó con la colaboración de pintores, escultores, rejeros, ceramistas, jardineros y artesanos diversos. Los ornamentos cerámicos de las fachadas se lo encargó el arquitecto al ceramista Daniel Zuloaga. Hizo unos bajorelieve cerámicos preciosos, espectaculares. Los hierros que sostienen techumbres en el interior se hicieron en los Altos Hornos de Vizcaya. Las esculturas del remate de la fachada son de Agustín Querol. Se empleó mármol de Carrera, mármol de Robledo de Chavela, y piedra blanca de Novelda. Las balaustradas de hierro de las escaleras interiores son de las industrias GONZÁLEZ, de Madrid. Todo el conjunto está cerrado con una extraordinaria verja de hierro, elaborada en los talleres López, de Madrid. Las pinturas de los techos son realizadas por Manuel Domínguez Sánchez, y por Alejandro Ferrant y Fischermans, siempre dedicado a la pintura de historia. Había colaborado en los techos de San Francisco el Grande, en el Palacio de Linares, etc, y en Guadalajara pinta el Calvario del Panteón. La escultura es encargada al catalán José Alcoverro y Amorós. Muy joven empieza también a colaborar allí el escultor Angel García, a quien se adjudican las esculturas de la Industria y Minerva, y los cuerpos desnudos y ornamentaciones que llenan las enjutas de las bóvedas. Otro escultor colaborador fue Ricardo Bellver y otro importante fue Querol, en el remate, en bronce. De la […]

Brihuega: un ejemplo de recuperación del patrimonio

Desde el año 2019, se vienen sucediendo en Brihuega la presentación y apertura al público de algunos espacios patrimoniales que se habían mantenido cerrados, cuando no en estado de semirruina y abandono. Todo ello se enmarca en la acción planificada por el actual ayuntamiento para recuperar esta villa alcarreña en una vertiente de turismo activo y moderno, en el que se compagina el deseo del viaje y la gastronomía, con la admiración de las huellas del pasado. Así hemos visto cómo, en el plazo de pocos meses, se han abierto las salas principales del Castillo de la Peña Bermeja, su capilla gótica, recientemente la “Sala de Caballerizas” del castillo, ubicada en el subsuelo del gran torreón, y el Museo de Historia de la Villa. Ello sin contar las acciones continuas, jalonadas de sus respectivas presentaciones e inauguraciones, de la Fábrica de Paños, que ya propiedad del Municipio, se está recuperando paulatinamente, con vistas a integrarse en una futura red de Paradores Regionales. Todos estos monumentos, y la historia que los fue generando, reciben un tratamiento meticuloso y adecuado en el libro “Brihuega, la roca del Tajuña” escrito por Antonio Herrera Casado. Este libro, fruto de muy minuciosas investigaciones, escrito con la limpieza y objetividad del Cronista Provincial, ofrece secuencialmente informaciones sobre la geografía, la historia, el patrimonio, el costumbrismo, los personajes, y la actualidad social y cultural de la villa. Ilustrado generosamente, a color y blanco/negro, con imágenes actuales, y estampas o dibujos antiguos. Se constituye, por tanto, en la referencia obligada para saber de este lugar: que tiene una gran potencialidad en el aspecto turístico (estos días lo está demostrando con su presencia individualizada en FITUR ’20) y para recibir el aplauso de quienes creemos que la pervivencia del patrimonio bien usado, y de las costumbres bien administradas, son capaces de mantener vivas las raíces de una población, lo que sin duda redunda en la mejora de la calidad de vida de sus habitantes. Para saber algo más de Brihuega, conviene por tanto leer este libro, (y no solo leerlo, sino utilizarlo como guía de mano) además de saber de otras cuestiones de actualidad y permanente vigencia. Por ejemplo, de su “Sala de Caballerizas”, de su Conjunto Histórico, de sus Jornadas de Estudios Briocenses, de su Arco de Cozagón, y de sus fiestas, incluido el Festival de la Lavanda.

10 Castillos imprescindibles de Castilla La Mancha

Un recorrido por Castilla la Mancha nos ofrece panorámicas de su patrimonio ingente: común a la tierra castellana, son esos edificios, los grandes castillos y alcazabas, los que mantiene su memoria. Una tierra grande, ancha, antigua. Una tierra que hoy vemos luminosa, con viñedos, ciudades monumentales, industrias, juventud que se entrena. Pero Castilla la Mancha es también una tierra de hondas tradiciones, y, sobre todo, un lugar en el mundo donde surgen altos y severos los vestigios de una historia cierta, irrenunciable, cargada de símbolos, certezas y misterios. En ella se alzan (es Castilla… recuerda) los castillos, a docenas. En cualquier recodo del camino surge a lo lejos, en el horizonte, la alzada presencia. Y en llegando se levanta sonoro, poderoso, el oscuro perfil de sus almenas. Los castillos de Castilla la Mancha tienen mucho que decirte, todavía. Atienza. En la parte mas al norte de la tierra castellano-manchega, se alza la villa amurallada y roquera de Atienza, poblada hace miles de años por los celtíberos, bastión luego de los musulmanes, y desde hace siglos ocupada de labriegos que admiraron siempre a sus señores, los reyes castellanos, los condes guerreros, dueños de las distancias. Atienza tiene un castillo roquero sorprendente, al que es muy fácil subir, a pie, desde la plaza mayor. En lo alto de la roca, la torre del homenaje, y al final de sus escaleras, las terraza. Sube allí, observa en torno, escucha y aguanta el viento, poderoso. Almonacid de Toledo. Sobre la llanura parda toledana se alza en lo más alto de un poderoso cerro esta fortaleza que fue durante siglos propiedad de los arzobispos toledanos. Su estructura es muy curiosa, y muy demostrativa de cómo fueron las construcciones militares medievales: cerca exterior, castillo interior y torre fuerte o del homenaje en su centro. Belmonte. En la tierra de Cuenca, sobre las anchas llanuras de la Mancha, esta riente pirueta de la arquitectura y la historia. Propiedad de los Pacheco durante siglos, el buen hacer de un arquitecto borgoñón, Juan Guas, levantó esta complicada mezcolanza de torres y patios, de salones y ventanas. Todo tiene el marchamo de lo gótico en Belmonte, y allá se celebran, ahora, luchas y torneos con armas antiguas, entre bravos muchachos que entrenan con sus espadas, lanzas y dagas. A Belmonte es fácil llegar, subir en coche hasta la puerta misma del castillo, y vagar por su patio, sus salones que […]

Algunos hitos claves en el Viaje a la Alcarria de Camilo José Cela

Ocho lugares menos conocidos donde Cela pasó el rato, se fijó en todo, y lo contó con gracia.   1. Taracena Al salir de la ciudad de Guadalajara, Taracena es el primer pueblo que visita C.J.C. en su Viaje a la Alcarria. Hoy Taracena es ya un barrio de la capital, está muy cerca, sus urbanizaciones orientales lo van a engullir dentro de poco. Pero en 1946 era un pueblo con vida propia. La descripción que de Taracena hace C.J.C. es todo un monumento al idioma, a la literatura, al equilibrio: «Taracena es un pueblo de adobes, un pueblo de color gris claro, ceniciento; un pueblo que parece cubierto de polvo, de un polvo finísimo, delicado, como el de los libros que llevan varios años durmiendo en la estantería, sin que nadie los toque, sin que nadie los moleste. El viajero recuerda a Taracena deshabitado. No se ve un alma. Bajo el calor de las cuatro de la tarde, sólo un niño juega, desganadamente, con unos huesos de albaricoque. Un carro de mulas -la larga lanza sobre el suelo- se tuesta en medio de una plazuela. Unas gallinas pican en unos montones de estiércol. Sobre la fachada de una casa, unas camisas muy lavadas, unas camisas tiesas, rígidas, que parecen de cartón, brillan como la nieve». 2. El Palacio de don Luis Cela llega a la Casa de don Luis, que confunde con el Palacio de Ibarra. Este Palacio se encuentra en realidad más adelante y monte adentro. Pero la culpa no es suya, sino del mapa Michelín que está equivocado, y aquí debe decirse en su descargo. También en la famosa Batalla de Guadalajara en marzo de 1937 que sucedió en estos lugares, los desdeñosos fascistas del Corpo Truppe Volontarie al mando del general Roatta utilizaron un mapa Michelin de carreteras para su operaciones, creyendo que era cartografía suficiente para su marcha triunfal. El Mapa Michelin, que no tiene referencias de desnivel, les hizo creer que Torija y Brihuega eran poblaciones que estaban sobre el llano y a la misma altura. Sólo al llegar a Brihuega comprobaron que se habían metido en un hoyo en donde luego serían hostigados y derrotados por los republicanos. A Cela no podemos culparle de manejar un mapa equivocado, que dice «Ibarra» donde debe decir «don Luis», pero lo que sí puede atribuírsele es llamar Pino japonés a un frondoso Cedro del Líbano. 3. […]