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Nueva Alcarria

Diario «Nueva Alcarria» de Guadalajara, fundado en 1939. El autor ha escrito un artículo semanal en el número de los viernes, desde 1969.

Doña Blanca de Molina

En el recuento de las vidas, de las actitudes y memorias que personas concretas han generado, está muchas veces como en resumen la historia de un territorio. El Señorío de Molina, tan singular en orígenes y desarrollo, tiene en sus jerarcas, y más especialmente en doña Blanca de Molina, una palpitante declamación de historia. En la sucesión de señores de Molina, titulares de la behetría que el fuero manriqueño creó a mediados del siglo XII, la quinta de la serie es doña Blanca Alfonso de Molina, la más querida y brillante en la memoria colectiva de estos nombres antañones y medievales. Era hija doña Blanca de los cuartos señores de Molina: don Alfonso [de Molina] infante de Castilla (hijo a su vez de Alfonso IX y de Dª Berenguela), y doña Mafalda Manrique, hija del tercer señor don Gonzalo Pérez de Lara, matrimonio con el que se dio cima a la Concordia de Zafra. Casó Blanca con don Alfonso Fernández el Niño, hijo del rey Alfonso X y de una tal doña Aldonza o Landada. Al morir el padre de Blanca, en 1262, acceden al señorío el joven matrimonio. Pero de hecho, quien gobernó siempre la tierra molinesa, durante 30 años consecutivos, fue doña Blanca, pues su esposo se dedicó por entero a la milicia, con su padre el Rey, y anduvo aquí y allá siempre metido en batallas y estrategias, especialmente dirigidas contra las fronteras de Al-Andalus. Murió en 1281, después de una campaña contra Granada, y los molineses apenas le echaron de menos, porque casi nunca le vieron. Doña Blanca siguió, con más interés si cabe, al quedar viuda, procurando su atención al señorío que gobernaba. Entre sus obras destacan los historiadores la apertura del comercio molinés hacia Aragón y Castilla; la construcción de la iglesia románica de Santa María de Pero Gómez (hoy del convento de Santa Clara), y la fundación en 1284 del monasterio e iglesia de San Francisco. Creó además la Orden Militar de los Ballesteros de San Julián, y amplió a un centenar el número de los miembros del Cabildo de Caballeros, que desde entonces pasó a denominarse de Caballeros de doña Blanca. Quizás su prueba más difícil fue la guerra que infectó el territorio hacia el año 1283. El alzamiento y rebeldía de don Juan Núñez de Lara, señor de Albarracín, y algo pariente de doña Blanca, contra el reino de Aragón, supuso […]

En Trillo, admirando sus paisajes

Estos días celebra Trillo sus fiestas patronales, en el homenaje anual a la Virgen del Campo, y en la sensación de un año que acaba y se preparan nuevas cosas para el siguiente. A propósito de estas fiestas, y en medio de ellas, hago un recuerdo a los paisajes tan interesantes que nos ofrece este pueblo de la Alcarria. Trillo se ha ganado en estos últimos años varias etiquetas: la de villa nuclear, la de pueblo rico, la de espacio con más capacidad de crecer y prosperar que otros muchos de la Alcarria. Trillo es, sin embargo, uno de esos lugares íntimamente, antiguamente, alcarreños, lleno de encanto no perdido, y sobre todo, con ganas de enseñarlo y hacer partícipes a los demás de ello. Sobre todo ahora, con la renovada actualidad de contar en su término una industria de las que están siendo capitales en el siglo que empieza, una industria del ocio. Porque su Balneario, en medio de una Naturaleza generosa y fantástica, viene a poner a Trillo en otra dimensión de famas diferente a la actual. Ya se está comprobando… Esa Naturaleza de Trillo que no está suficientemente conocida. Sobre los tejados de la villa planean las siluetas de las conocidas «Tetas de Viana», montañas simbólicas, cargadas de historia, bellas por antonomasia. En el mismo pueblo, la cascada del río Cifuentes y su entorno, hoy bien urbanizado, aunque quizás de forma excesiva. El agua, en cualquier caso, sigue cayendo y produciendo esa sonoridad alegre que llama la atención de quien por allí circula. Y en el término, muy cerca de las casas, tras la revuelta del río, los Baños, con sus arboledas umbrosas, su música de pájaros, sus roquedales que vigilan desde Villavieja, un interesantísimo poblado de época celtibérica, aún por estudiar… Para degustar la belleza del pueblo de Trillo, y de su entorno, hay que ir un poco informado. Y eso es lo que persiguen las líneas que vienen a continuación. Saber algo de historia, por ejemplo. Decir que en el lugar de Trillo existe población desde tiempos antiquísi­mos, pues los restos arqueológicos que hay en lo alto del cerro de Villavieja, como los que se encuentran en las inmediaciones de la ermita de San Martín nos están diciendo que hubo población desde los tiempos prehistóri­cos. La población, más moderna, junto al río, tiene su origen tras la reconquista de la zona, que se verificó a finales […]

El fraile jerónimo fray José, una gloria seguntina

La próxima semana, del lunes 29 julio al jueves 1 agosto, van a celebrarse en Sigüenza sus habituales Jornadas de Estudios Seguntinos, en las que, por celebrarse este año un aniversario relativo al personaje, van a tratar monográficamente sobre Fray José de Sigüenza, el fraile jerónimo que tan buen sabor de boca dejó en la historia de la Literatura Española. De todos es sabido que la Orden religiosa de San Jerónimo, nació en Guadalajara, muy cerca de su capital, en los bordes de la meseta alcarreña que dan vistas al valle hondo del Matayeguas, por Lupiana. Esta Orden monástica, netamente española, tuvo allí su inicio y “Casa Madre”, extendiéndose por otras tan conocidas como Yuste, Guadalupe y El Escorial, y posteriormente por toda España, y por el conjunto grande de tierras hispánicas sobre América. La Bula del Papa Gregorio XI en 1373 abría un camino que fue muy circulado y provisto de contenidos, durante siglos, hasta la irrupción de la ley de Desamortización impulsada por Mendizábal a inicios del siglo XIX, que acabó con la Orden. Curiosamente, sería luego otro alcarreño, Manuel Sanz Domínguez, quien ya a finales de ese siglo volviera a recuperar y dinamizar esta Orden Jerónima, que hoy cuenta con apenas una decena de individuos en España. Aparece José Martínez de Espinosa De entre los numerosos personajes que la Orden Jerónima dio a la historia, cabe destacar uno que podemos esgrimirle como propio de nuestra tierra. Se trata de José Martínez de Espinosa, hijo de un eclesiástico seguntino, y en la Ciudad del Doncel nacido, en 1544. Atraído por la vida religiosa, decidió entrar en religión, cosa que hizo el 17 de junio de 1567, en el monasterio de Santa María del Parral en Segovia, adoptando entonces el nombre (como solían hacer los individuos de la Orden, tomando sobre su nombre el apelativo de su lugar de nacimiento) de fray José de Sigüenza. A partir de entonces, jornadas imparables de estudio, de análisis, de escritura y meditación. Escribió libros de historia (la de su Orden, la de su fundador, la de la construcción y ornato del monasterio de El Escorial), de exégesis apologética, de espiritualidad, de poesía, y en todas las líneas mostró su elegancia y rigor escriturario. Algo que solo se consigue leyendo mucho, analizando, y pensando. Que fueron actividades que fray de José de Sigüenza ejerció sin descanso a lo largo de su vida. Esa […]

Caminos del Apóstol por la Alcarria

Otra vez vuelve Santiago a ponerse en el Camino, y tras él los peregrinos. Aunque siempre hemos pensado que “el Camino de Santiago” era algo propio de las provincias del norte, de las tierras lluviosas y frescas del Cantábrico y Galicia, resulta que los peregrinos fueron hasta la Tumba del Santo por muchos caminos, desde sus respectivos lugares de vivienda. Y por eso la tierra de Guadalajara ha visto pasar, a lo largo de los tiempos, a los peregrinos hacia Santiago. La semana que viene celebraremos a Santiago, el apóstol caminante, el guía espiritual de quienes son inquietos y buscan la novedad del paisaje, la curiosidad de los edificios, el intríngulis de las gentes. Por eso tenemos aquí un recuerdo hacia los alcarreños peregrinos que van desde Guadalajara, o desde otras partes periféricas, hasta la Tumba del Apóstol. Uno de ellos, el profesor Jesús Ángel Yela Gómez, ha descrito en un magnífico y reciente libro su camino por la Costa de Portugal, junto al mar, y otro conocido paisano, el doctor Fernando Alvarez de los Heros, nos deleitó el año pasado con el relato y descripción de su viaje hasta Burgos y luego Santiago, desde el Levante español, atravesando entera la provincia de Guadalajara siguiendo el viejo “Camino de la Lana”, un trayecto muy concurrido por el que no solo iban, en tiempos antiguos, los ganados sino también los peregrinos. Algunos escritores más han examinado y recorrido estos caminos: no podemos olvidar a Angel de Juan-García, que pormenoriza en un libro su trayecto jacobeo a través de la Alcarria, sino los conocidos historiadores Margarita del Olmo y Emilio Cuenca, quienes en un doble volumen que en su día editó “Nueva Alcarria” y que titularon “Los Caminos de Santiago de la provincia de Guadalajara y sus precedentes”. Incluso dos conquenses, Jesús Herminio Pareja Pérez y Vicente Malabia Martínez, en 1999 vieron publicado su librito “La Ruta de la Lana. Guía del Peregrino a Santiago de Compostela” como aportación a esta común y multitudinaria aventura. La Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Guadalajara, apoyados por la Diputación Provincial, desde hace años ejercen de anfitriones de los peregrinos, y apoyan con iniciativas, charlas y actos diversos la vivencia de esta vía antañona y elemental. Un camino concreto que llevó (y sigue llevando, afortunadamente) a viajeros entusiastas, ruteros y fieles santiaguistas, hacia la meta de su sueño. El Camino de la Lana, […]

Ya van medio millar de despoblados

La tendencia urbanita nos está llevando a un despoblamiento del entorno rural. Es una tendencia universal a la que Guadalajara no es ajena. Si en la Edad Media, nuestra tierra estaba ocupada por un millar de pequeñas poblaciones, hoy no llegamos a las cuatrocientas pobladas. Las demás son ya despoblados… Quizás la huella más clamorosa del progresivo abandono del mundo rural, sea la existencia de lugares que antaño fueron pueblos, y hoy son solamente despoblados, lugares vacíos de vida humana, en los que aún se escucha el eco de lo que fue durante siglos actividad y afán diario. Parece como si del tema solo cupiera la expresión literaria (recitar los versos de Rodrigo Caro “estos, Fabio, ay dolor, que ves ahora, campos de soledad, mustio collado…”) o el enojado protestar de los políticos de la oposición, que solo ven la ruina cuando no mandan. Pero también cabe el riguroso análisis de lo que fueron, el análisis y catálogo de su existencia y de sus ruinas. Además de la consiguiente elucubración de su significado toponímico, que nos da pistas sobre su origen y su época vital. Eso es lo que han hecho José Antonio Ranz Yubero, María Jesús Remartínez Maestro y José Ramón López de los Mozos, en un estudio que iniciaron hace bastantes años y que ahora han acabado y puesto al día: el análisis de todos los despoblados de los que se tiene noticia sobre la geografía de Guadalajara. Salen unos quinientos, son muchos. Remotas desapariciones En épocas medievales ya se sabe que algunos pueblos desaparecieron de una semana para otra. En unos casos, cuentan las leyendas que se debió el hecho a que en una boda fueron envenedadas las bebidas por una bruja que quería mal a la novia, muriendo todos los habitantes. En otros, se saca a colación el quimérico proceso de la invasión del poblado por una plaga de hormigas, o de termitas, que también en pocos días acabaron engulléndose todos los edificios. Entre medias, están los documentos que nos hablan de la llegada de la epidemia de peste a pequeñas poblaciones castellanas, que en dos semanas acabaron prácticamente con toda la población. Este es el caso de La Golosa, hoy en término de Berninches, en el corazón de la Alcarria. Hacia 1346, y tras pasar la epidemia, solo quedaron vivos tres habitantes, que decidieron, en documento público, borrar del mapa su pueblo y unirse en […]