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Nueva Alcarria

Diario «Nueva Alcarria» de Guadalajara, fundado en 1939. El autor ha escrito un artículo semanal en el número de los viernes, desde 1969.

Lecturas de patrimonio: La iglesia parroquial de Santo Domingo de Silos en Millana

Una de las iglesias románicas más meridionales de Castilla la encontramos en la Hoya del Infantado, en el valle del río Guadiela, frontera de las tierras de Guadalajara y Cuenca. Junto con Alcocer y Valdeolivas, son los mejores testigos de la Edad Media en estas tierras de la Baja Alcarria. Vamos a visitarla hoy, por fuera y por dentro, y adentrarnos en el mensaje que su piedra tallada encierra. La villa de Millana se encuentra situada en plena Alcarria, en el valle del río Guadiela, dentro de lo que históricamente se conoce como la Hoya del Infantado. Reconoce un pasado común con Alcocer, Salmerón y otros lugares del mismo entorno geográfico. Tras diversos avatares señoriales, en el siglo XV quedó en poder de los Mendoza alcarreños, que la poseyeron durante muchos siglos. Pero anteriormente fue posesión señorial, por donación del Rey Alfonso X el Sabio, de doña Mayor Guillén de Guzmán, la misma que tuvo en señorío a Cifuentes. Ocurría esto en 1253, y ateniéndonos al patrocinio directo de dicha señora, en la construc­ción del templo mayor de la villa cifontina, ya estudiado por nosotros en ocasión anterior, no es difícil suponer que ella fue también la inspiradora de la iglesia parroquial de Millana y de su gran portada abocinada, pues el estilo es muy similar al de Cifuentes, aunque en este caso resulta más pobre en la decoración. De cualquier modo, resulta fácil datar la portada meridional de la parroquia emilianense de Santo Domingo de Silos en los inicios de la segunda mitad del siglo XIII, lo cual añade otro dato a nuestra teoría de una cronología muy avanzada para el románico alcarreño. La iglesia de Millana presenta importantes restos de su primitiva construcción románica. En el siglo XVI fue completamente rehecha, pero se conservaron sus dos portadas y buena parte de sus muros, procediéndose solamente a la reedificación y ampliación de la cabecera del templo. Su interior es de una sola nave y no ofrece elementos de interés, salvo el gran cuadro de Felipe Diricksen, recientemente restaurado, que supone una joya de la pintura del Siglo de Oro en esta apartada iglesia. En el exterior, aparte de las numerosas y diferentes marcas de cantería en los sillares de sus muros, especialmente en el del norte, lo más señalado de este templo es la presencia de dos portadas que le confieren un interés especial en el examen del arte […]

En el Centenario de Benito Pérez Galdós

Mañana exactamente se cumple el Centenario de la muerte de uno de los grandes escritores y literatos españoles, creadores de escuela, de estilo y de caminos: Benito Pérez Galdós, nacido en Las Palmas de Gran Canaria el 10 de mayo de 1843 y muerto en Madrid el 4 de enero de 1920.  Vamos a repasar, aunque sea muy someramente, de qué manera Galdós entronca con Guadalajara, a través de sus escritos y personajes. La obra de Galdós, cuyo eje central son los “Episodios Nacionales” con los que quiso representar la esencia de la gente y las costumbres, de las ideas y de las intolerancias, en personajes sumidos en la realidad de la historia, es enorme y constituye la esencia del “realismo” o “naturalismo” literarios del siglo XIX y principios del XX. En ese medio centenar de novelas que constituyen los Episodios, aparece en numerosas ocasiones la tierra de Guadalajara, sus pueblos, sus monumentos, sus costumbres, y gentes (reales o inventadas) que retratan fielmente la forma de ser de entonces. Si en “Narváez” es muy intensa la presencia de Atienza, porque en esa villa serrana transcurre la mitad de la novela, debemos pensar con lógica que don Benito debió informarse muy bien acerca de la población y de sus costumbres. Es más, tuvo que estar en ella algún tiempo, porque si no no se explica lo bien que la maneja. Viene a resultar asombrosa la información que Galdós posee acerca de Atienza, de su ambiente y de la fiesta de «La Caballada», que describe con todo lujo de detalles. Parece ser que don Benito pasó casi todo un verano en la villa -afirmación docu­mentalmente imposible-, lo que explica esa completa informa­ción de la que hace gala. Más en concreto sabemos que Pérez Galdós estuvo en Atienza a finales de 1901, y luego en la primavera de 1902, poco antes de que apareciesen en librerías sus “Episodios”: “Las tormentas del 48” y “Narváez” en las que habla de Atienza, sobre todo esta última. Estuvo en casa de Calixto Lázaro Chicharro, el padre de dos muchachas que sirvieron, en Madrid, en casa de don Benito: Eusebia y Juana Lázaro de la Fuente. Además de eso, don Benito pidió al Ayuntamiento y al cura información exhaustiva acerca de la villa y su monumentalidad, la Caballada, etc. De “Narváez” es la información que aquí extraigo como prueba de ese entusiasmo que Galdós muestra en torno […]

El retablo de Santamera, en Trillo

Una de las consecuencias de la despoblación, ha sido el de la pérdida o deterioro de una buena parte del patrimonio artístico de los pueblos de nuestra tierra. Muchas piezas se vendieron y desaparecieron; otras se fueron a museos, y algunas, muy pocas, han conseguido ser reubicadas, manteniendo su función. Esto es lo que ha pasado con el retablo de Santamera Hace ya unos cuantos años, tuve la suerte de recorrer el valle del río Salado, junto a Santamera, acompañando al profesor Valiente Malla, de la Universidad de Alcalá, quien me mostró los diversos castros celtibéricos del entorno, algunos muy bien conservados. Por ahora abandonados, llegará el día en que se investiguen y se pongan en valor. En el pueblo de Santamera pasamos el día, y aún comimos. Esto debió ser hacia 1980, cuando todavía quedaba gente viviendo el pueblo. Después todos se fueron, y Santamera quedó ­–uno más entre los pueblos de nuestra serranía– abandonado y silencioso. Al visitar la iglesia, dedicada a Santa María Magdalena, me llamó la atención el gran retablo que presidía su cabecera. Estaba sucio, ajado, en perenne oscuridad sumido, pero aún pude tomar algunas malas fotografías que me confirmaron (al revelarlas) que se trataba de una obra de gran calidad. No volví a ocuparme de aquella pieza, hasta que me enteré que, tras algunas gestiones internas del Obispado seguntino, en que se trató de salvar ese retablo que iba a ser pasto de los robos dado el abandono total del pueblo, se decidió trasladarlo a Trillo, donde se pondría, bien restaurado, e iluminado, en la cabecera de su iglesia parroquial. De esa forma se ha podido salvar, y con una bien medida restauración realizada, entre 1991 y 1994, por E. Alvarado. Hace poco leí la obra, magistral por muchos conceptos, de Francisco Javier Ramos Gómez, titulada “Juan Soreda y la pintura del Renacimiento en Sigüenza”, que alcanzó a ser premiada con el “Layna Serrano de Investigación Histórica” en 2004. Y pude ver que este autor trataba con detalle, y un conocimiento muy profesional del tema, este retablo de Santamera, ahora en Trillo. El retablo de Santamera Tras una historia triste, con un final venturoso, este retablo es paradigma del arte antiguo de Guadalajara. Realizado en torno a 1550-1560, su armazón alberga una considerable colección de pinturas de tema religioso muy variado, aunque centrado en dos temas principales: la Vida de Cristo y las tradiciones […]

La iglesia de San Gil, en Molina

Molina de Aragón, ciudad de rancia tradición, “heroica en grado sumo”, y sumida en la supervivencia, tiene elementos que la anclan en un pasado interesante y destacable en el conjunto de España. Lo consigue por su historia y por su patrimonio. Y de sus viejos edificios algunos destacan especialmente, como este templo dedicado a San Gil, que hoy hace de parroquia única del burgo. Santa María la Mayor de San Gil fue construida, allá por los siglos XII o XIII, como uno de los primeros templos del recién creado Señorío. Por ser una ciudad pujante y en continuo crecimiento, la de San Gil sería de inicio una sencilla construcción románica, una iglesia de barriada. Asentada en terreno blando y movedizo, su torre, airosa y altísima, fue cediendo en verticalidad y llegó a quedar tan notablemente torcida que, durante años, décadas, gozó de fama y nombradía por España; tanta que, cuando Fernando el Católico, aún joven, pasó de Aragón a Cas­tilla, en Molina no se perdió la visita a la torre inclinada de San Gil, que debía competir con la de Pisa en inestables equilibrios. El cronista Núñez dice de ella que parecía «tenerse en el ayre y ponía temor verse qualquiera debajo della». El Católico Fernando, ante el estu­por y curiosidad de los molineses, cumplió el rito obligado de cuantos visi­tantes se acercaban a San Gil, y, poniendo las puntas de los pies y la tripa pegada a la misma torre, no se podía tener si no le ayudaban, «y assí llevó que contar de esta torre, como cosa que parecía maravillosa». El caso fue que, andando los años, el resto de la iglesia vino al suelo y solo la torre torcida se mantuvo. Hacia 1524 se comenzó a levantar de nuevo la iglesia, ya en un estilo de decadente y fácil gótico, con un mucho de ramplón manierista. Gruesos muros y la capilla mayor estaban ya levantados a mitad del siglo XVI. Y la historia de la torre siguió: a princi­pios del siglo XVII vino un maestro de obras, llamado Juan Fernández, aureolado de fama por haber levantado, y con buen arte y valentía, la ca­pilla de los Garcés de Marcilla en el convento de San Francisco. Dijo que él se comprometía a levantar una hermosa torre que hiciera olvidar la fama de la anterior. La empezó, pero a poco murió. Y añade el cronista que a su muerte […]

Lecturas de Patrimonio: los viejos monasterios y sus anécdotas

La importancia que cobran los monasterios, especialmente en los tiempos medievales y modernos, se debe a la promoción de los supuestos milagros que se obran entre sus muros y a las peregrinaciones multitudinarias que desde remotas latitudes se encaminan hacia ellos. Veremos aquí algunos de esos milagros y las más famosas de sus peregrinaciones. Milagros en los monasterios El milagro aparece en una sociedad en que no hay razón científica para explicar los males y los bienes que acuden sobre el interés personal de cada individuo. La razón de la enfermedad era el castigo divino, como sentencia respecto a malas acciones. Y la curación solo se obtenía por el milagro, también por decisión divina. Cuestiones son estas propias de la sociedad teocéntrica. Algunas cuestiones, la mayoría coincidentes con antiguas creencias y ritos sanatorios de origen pagano, hicieron que ciertos monasterios medievales de Guadalajara se convirtieran en auténticos centros taumatúrgicos, a los que en tiempos pretéritos acudían miles de enfermos, necesitados y peregrinos en busca de soluciones a sus problemas. De algunos de estos lugares, y de los milagros que se operaban en ellos, se conservan relaciones pormenorizadas y curiosísimas. De otros, solo la tradición, o dispersas notas que nos permiten sospechar que también fueron centros milagrosos. Veamos algunos. Monsalud. Fue sin duda el lugar taumatúrgico más importante de la Alcarria, durante largos siglos. Decía el padre Cartes que aquí señaladamente hace Nuestra Señora muchos milagros en los hombres y mugeres que están poseydos de los demonios, los quales en entrando en el término deste Santo Monesterio, suelen hazer grandes extremos como quien no puede sufrir verse en tierra de la Madre de Dios. Varios mecanismos ó rituales conllevaban la sanación milagrosa en Monsalud: el voto previo de peregrinación, y la estancia allí durante nueve días; la advocación Señora de Monsalud, valedme; y el más usado que era la salutación previa del padre sacristán, la unción del enfermo con el aceite de las lámparas del templo, y la ingestión del pan bendito. Era fama que la Virgen de Monsalud se mostraba poderosísima contra la rabia, melancolías de corazón y mal de ojo, haciendo sus efectos sobre los seres humanos y los más variados animales. Sopetrán. En la Fuente Santa, una ermita junto al monasterio, que hoy se conserva íntegra con un gran ventanal gótico, tenía lugar la sanación de los quebrados (hernias abdominales) especialmente infantiles. La inmersión brusca del enfermo en […]