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Nueva Alcarria

Diario “Nueva Alcarria” de Guadalajara, fundado en 1939. El autor ha escrito un artículo semanal en el número de los viernes, desde 1969.

El puente romano de Murel

Un monumento remoto en el tiempo y en el espacio, el puente de Murel, construido por los romanos, y del que muy pocos conocen su existencia. Esta es otra de las joyas patrimoniales de la Alcarria, que ha llegado a estar en ruina absoluta, y que al menos no ha de caer en el olvido. Le dedico hoy estas líneas resumidas y esenciales para mantener su recuerdo. En el término de Carrascosa de Tajo, que es límite y frontera entre la Alcarria y la Serranía, y sobre las aguas del padre río, se ven todavía monumentales restos de lo que fuera un gran puente levantado por los romanos (con la ayuda de los celtíberos autóctonos, se sobreentiende). Servía para salvar el río en una zona poco habitada, pero con el tránsito de una importante calzada o vía romana, la que iba de Valeria (Cuenca) a Segontia (Guadalajara). En la red de calzadas que el Imperio Romano trazó como elemento clave de su expansión mundial, eran muchas las que cruzaban la Península Ibérica, partiendo de los puertos y costas levantinas, hacia las ciudades claves y los lugares importantes económicamente de Iberia. Esta calzada de Valeria a Sigüenza suponía el acceso a Segontia y el corazón de la Celtiberia desde las tierras levantinas. Estuvo activo y en pie, en uso por la gente, hasta el siglo XVII, en que se hundiópor alguna avenida fuerte, y ya no se rehizo. El puente de Murel, en término de Carrascosa, tenía una anchura de 79 metros, de estribo a estribo. Aún existen los restos nítidos de estos estribos, que anclaban el puente a las orillas, más otros cinco pilares sobre las aguas, de los cuales quedan dos en pie, otro caido sobre el lecho, y dos más desaparecidos. En el entorno del puente tuvo que existir alguna población o villa romana. Porque a mediados del siglo XX un vecino del pueblo, Hilario Moranchel, encontró en la margen derecha del río, y casi dos kilómetros abajo del mismo, una gran lápida hispano romana con una inscripción funeraria del siglo I d. de C. en la que se aludía a un liberto de nombre Licinius Andronicus. Pero es del año 1186 de cuando data el primer documento encontrado relativo al puente. En él se lee que el rey Alfonso VIII de Castilla lo entrega a la comunidad de monjes cistercienses de Ovila, que el rey había fundadopoco […]

Sigüenza medieval, en tres miradas

Este fin de semana se celebran en Sigüenza sus “Jornadas Medievales”, que suponen una apertura a visitantes y habitantes de las puertas de la historia sobre las calles y edificios seguntinos. La Asociación Medieval Seguntina, con el esfuerzo de todos sus miembros, monta un gran espectáculo de calle, con cenas medievales, representaciones históricas, mercado y demostraciones, durante dos días. Una fiesta visual y sonora que merece ser conocida. Tres grandes festivales medievales celebra la provincia en este mes de julio. El primero siempre es el de Hita, el más antiguo y arraigado, que tuvo lugar el pasado sábado 1 de julio. El segundo, este de Sigüenza, rememorando la prisión en su castillo de la reina doña Blanca de Castilla. Y el tercero, que tendrá lugar el próximo sábado 15, será en Pastrana, en torno a la figura de la princesa enamorada y presa, doña Ana de Mendoza y La Cerda, la de Éboli. Esa visión medieval de la realidad, buscada en sus perfiles como a través de un caleidoscopio, permite a muchos vivir la esencia de un tiempo remoto reflejado en los perfiles actuales, y me permite a mí evocar tres retazos de la ciudad de Sigüenza, tal como fue en aquellos siglos medievales. A través de tres destellos que podrían ser unas piedras talladas (las gárgolas), una visita real (la de los Reyes Católicos a la Catedral) y el drama de la prisión de doña Blanca, eje de esta efeméride y celebración. A ellos vamos. Las gárgolas de la catedral El paseante mira a lo alto, como debe hacerse siempre que se aproxima a un monumento antiguo. En el caso de la catedral verá muchas cosas (torres, campanas, veletas, rosetones…) pero si para con minucia la vista en los bordes altos de los muros, y en las cornisas, se sorprenderá al encontrar unas figuras retorcidas, monstruosas, desgastadas y gritonas. Son las gárgolas. Qué fueran estas piezas de la arquitectura medieval, gótica sobre todo, pero también usadas en épocas anteriores y posteriores, es algo que conviene desvelar desde ahora mismo. Dicen que su nombre castellano deriva del francés gargouille (garganta), y su cometido es canalizar a través de su cuerpo el agua que desde el tejado viene para que salte por su boca a la calle. Por eso eran largas, airosas, con espantosos cuellos deformes. Pero la talla de esas piedras se esmeró en la época del gótico con animales […]

Cisneros en Sigüenza

Desde el pasado día 23 de mayo, en que se inauguró, hasta el fin de octubre en que será clausurada, Sigüenza acoge generosa la exposición “Cisneros, de Gonzalo a Francisco”, que se sitúa a caballo entre la catedral, el Museo Diocesano de Arte Antiguo, y algunos rincones emblemáticos de la Ciudad del Doncel. En ella se ven numerosas piezas y ambientes relacionados con el Cardenal Cisneros, el personaje del que ahora se cumplen los cinco siglos exactos de su fallecimiento. Donde informarse Tres son los elementos impresos en los que se sustenta esta exposición, y que muy brevemente comentaré. Es el primero un sucinto catálogo/resumen del significado de la exposición: esa transición de nombres que para Ximénez de Cisneros, de familia hidalga de Torrelaguna, le supuso pasar de ser llamado Gonzalo, en el bautismo, a Francisco, cuando entró en religión. Él sería un erudito, un estudioso y un humanista, pero también fue un religioso, un fraile franciscano, un reformador de la sociedad de su tiempo. Y, al final de sus días, y casi a la fuerza, él fue un político, regente –nada menos- de una Castilla que se quedó sin monarca al fallecimiento de doña Isabel, la primera de este nombre en Castilla. El otro elemento impreso sobre el que apoya esta exposición, es un folleto desplegable en el que se muestran los once ambientes urbanos en que se rememora al cardenal, y los cinco espacios catedralicios en los que se evoca su paso por el templo. Sencillo y didáctico, escrito por Pilar Martínez Taboada, nos sirve de guía para visitar Sigüenza y su catedral en cualquier momento, ilustrado además profusamente. El tercero de esos elementos, es una joyita bibliográfica que, además, recomiendo a cuantos se dedican a coleccionar libros sobre la provincia, que no se lo pierdan. Se vende en la Exposición, al precio de 1 Euro, pero su valor es enorme, porque es sencillo, y hermoso. Lo ha escrito Jesús Orea Sánchez, y lleva por título “Cisneros. Vida y obra resumidas de un gran cardenal”, con texto por él escrito y con unas páginas finales desarrolladas por Nora Marco Alario para que sirvan de didáctico acompañamiento a la visita de la exposición por parte de los niños. Este libro expone en 40 páginas la vida de quien fuera el fundador de la Universidad de Alcalá y creador con su equipo de la Biblia Complutense, hombre atento al devenir […]

Palazuelos, una fiesta para los sentidos

Con mi amigo catalán Isidre Monés estoy preparando un libro sobre Sigüenza y alrededores. La cosa va lenta, pero está echando raíces profundas. Será –cuando llegue a ser algo– una cosa importante. De momento yo escribo y él dibuja. Y ahora hemos pasado por Palazuelos. En realidad, hemos pasado muchas veces, y en cada una de las tres últimas ha surgido un breve escrito glosando un rincón, una puerta, el castillo…. Esa maravillosa y perdida villa de Palazuelos siempre inspira. Mira, lector, qué puedes sacar en claro de todo esto. El castillo En Palazuelos va a encontrar el viajero las huellas de la Edad Media por todos los rincones. No puede escaparse a su presencia. Porque no solamente un castillo completo existe aquí, sino todo el amurallamiento original que a la villa proporcionó su dueño, el marqués de Santillana, en el siglo xv. Asienta el pueblo en leve ondulación, cerca de Sigüenza, sobre una ancha vega. Su historia se fundamenta en la de los múltiples señores que durante siglos la poseyeron. Tras la reconquista perteneció a la Tierra y Común de Atienza. Poco después, el Rey Alfonso x el Sabio se la donó a doña Mayor Guillén, junto a las villas de Cifuentes y Alcocer. Esta señora se la dejó en herencia a doña Beatriz que llegó a ser reina de Portugal, y ésta a su vez se la transmitió a su hija doña Blanca, abadesa del monasterio de Las Huelgas, en Burgos. Esta lo vendió al infante don Pedro, hijo de Sancho iv, y de éste pasó, también por venta, en 1314, al obispo de Sigüenza don Simón Girón de Cisneros. De ser parte del señorío episcopal de Sigüenza pasó en el siglo xiv en su segunda mitad, a la casa de Mendoza. En 1380, figura incluido entre los bienes del mayorazgo que don Pedro González de Mendoza funda a favor de su hijo Diego Hurtado, futuro almirante de Castilla, de quien pasó, en 1404, a su hija doña Aldonza de Mendoza. Su hermanastro, don Iñigo López, primer marqués de Santillana, la poseyó y comenzó a levantar su castillo y murallas, dejándola a su hijo don Pedro Hurtado de Mendoza, adelantado de Cazorla, quien prosiguió y concluyó las obras. Después permaneció varios siglos en esta familia mendocina, en la rama de los duques de Pastrana, hasta la abolición de los señoríos. En la subasta que en 1971 hizo el […]

Rescatando del olvido a La Isabela

El pasado día 22 de mayo, en acto organizado por la Asociación de Amigos de la Biblioteca Pública Provincial de Guadalajara, y como colofón del ciclo de conferencias “El río que nos une”, intervinieron en una charla con imágenes algunos de los autores de un reciente estudio, muy amplio y detallado, sobre los Baños de la Isabela, una de las atracciones turísticas de la Alcarria tristemente desaparecidas. El libro, muy detallado en información histórica y en gráficos con planos y fotografías, es obra dirigida por dos profesores de la Escuela de Arquitectura Técnica de la Universidad de Alcalá, con sede en Guadalajara: Antonio Trallero, Doctor Arquitecto por la Universidad Politécnica de Madrid, especialista en Urbanismo y Francisco Maza, Doctor en Cartografía, SIG y Teledetección por la Universidad de Alcalá e Ingeniero en Geodesia y Cartografía por la misma universidad. Han sido protagonistas, sin embargo, otras cuatro personas que como trabajo fin de carrera se animaron a investigar, en documentos, archivos y sobre el terreno, todo cuanto quedaba de este conjunto balneario-palaciego de La Isabela. Estas personas han sido Cidoncha Marañón, Núñez Pérez, Ruiz Castillo y Sancho Olóriz, que también elpasado 22 de mayo participaron en la presentación y comentario de la obra. Su trabajo se realizó a lo largo del año 2005 haciendo un estudio urbanístico, arquitectónico, topográfico y constructivo, con la vista puesta en el terreno, por una parte, y en los archivos por otra. El Real Sitio de La Isabela, así denominado desde comienzos del siglo XIX, había sido lugar de peregrinación y asistencia de mucha genteque sabía que en la orilla derecha del río Guadiela, término de Sacedón, nacían aguas medicinales muy efectivas. Sería el infante don Antonio, hermano del rey Carlos IV, quien acudió allí, enfermo como estaba, reumático perdido, a probar suerte. Y tan bien le fue la probanza, que ya decidió acudir con frecuencia, animando a su sobrino el rey Fernando, a que igual hiciera. Se decidió desde la Corte pedirle a un afamado científico del momento, don Alfonso Limón Montero, que hiciera un informe más exhaustivo de esta agua, ampliando lo que en 1697 había escrito como “El espejo cristalino de las aguas de España”. Si en la potenciación de las aguas de Trillo que se hizo bajo el reinado de Carlos III, estudiando composiciones y beneficios de las aguas del Tajo, participaron también científicos de nota, la obra “Análisis de las aguas […]