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Nueva Alcarria

Diario “Nueva Alcarria” de Guadalajara, fundado en 1939. El autor ha escrito un artículo semanal en el número de los viernes, desde 1969.

Un alcarreño ilustre: el doctor Malo de Poveda

De los muchos nombres que la Alcarria ha dado para el arte, la ciencia y el progreso, de Salmerón han salido varios. Y de entre ellos quiero hoy destacar uno, la figura de un médico, especialista en enfermedades pulmonares, un hombre ocupado y preocupado, un español de raza: el doctor don Bernabé Malo de Poveda y Écija, visible ya en los anales médicos y literarios españoles. Ha sido gracias a la amabilidad de mi buen amigo Tomás Santana Rey, que he tomado contacto con la figura histórica del doctor Bernabé Malo de Poveda y Écija, natural de Salmerón, y que tuvo una activa vida profesional y científica en la segunda mitad del siglo XIX. De porte señorial, tal como podemos verle en el único retrato que ha quedado de él, encontrado casi entre los restos de su vieja casa de Montalbo (Cuenca), deteriorado y descolorido, pero evidencia de que alguien de buena mano trazó su silueta: calvo, con gafas, serio y concentrado. Parece tener unos 51 años, que fue a la edad en que se casó. Nació en Salmerón, en 1844, de una familia que, por el apellido de su padre, Malo, debía proceder de Valdeolivas, donde no es raro este apellido, aunque el Écija de su madre es hoy todavía corriente en la villa alcarreña de su nacimiento. Sabemos, porque está documentado, que andando los años cambió (y fue registrado oficialmente en el Boletín Oficial de la Provincia) su apellido que pasó a ser “Malo de Poveda” pues unió en uno solo los dos de su padre. Quedando como segundo el de su madre. Hubo quien dijo que lo hizo por heredar los bienes de los Poveda (que eran los ricos de Montalbo), pero lo más probable es que fuera por algunos posibles mofas que, ya entre estudiantes, y aún después, le vendrían, al ser doctor y apellidarse Malo, como si eso fuera un impedimento para alcanzar una saneada clientela, al uso del tiempo. Casó mayor, en 1895, con una jovencísima viuda, Juana Cañizares Morcillo, de 24 añitos entonces. Quizás no entraba en el cómputo de sus más que abundantes virtudes el conveniente criterio de la economía, y debió de gastar (ella, que venía sin un real en el bosillo) más de la cuenta, socavando poco a poco los pilares financieros de la familia de don Bernabé. Esto es un suponer, aunque en el testamento que el médico hizo […]

50 Autores en busca de 100 Propuestas

Hace un par de años saqué adelante un libro, titulado “Cien Propuestas esenciales para conocer Guadalajara”, que tuvo una buena repercusión en la sociedad guadalajareña, llegando a presentarlo, a petición de algunas instituciones y asociaciones, en diversos pueblos de la provincia. Fue una idea que surgió charlando entre amigos, la de hacer una referencia de nuestras maravillas (monumentales, gastronómicas, paisajísticas, históricas y arqueológicas) y así poner en las manos de muchos esa propuesta (centuplicada) de conocer bien Guadalajara, de conocerla a fondo. Cargado de nombres, de imágenes, de planos y sugerencias, nacieron estas “100 Propuestas esenciales para conocer Guadalajara” que si algún valor tienen es el de contar con cincuenta firmas que le han hecho posible y dado vida. He tenido la suerte de que más de 50 amigos y amigas hayan querido colaborar en este libro, cada uno con las quinientas palabras que le spedí que pusieran en torno a un monumento, un acontecimiento, un paisaje… Todos han cumplido a la perfección, y a todos les agradezco su colaboración. Porque han dado la razón a quienes piensan que esta provincia hay que hacerla entre todos. Especialmente entre quienes la conocen a fondo, y la quieren viva. Hoy me ocupo simplemente de hacer relación de todos esos cincuenta autores que han hecho posible esta aventura, que es algo más que un libro. Es todo un “centálogo” de amenas posibilidades, de obligados caminos y aventuras aseguradas. Entre ellos hay nombres clásicos, que fraguan con su palabra el clasicismo de estas páginas: está José Antonio Suárez de Puga que nos entrega un poema sobre Beleña; Francisco García Marquina, que nos da certera su visión del Arcipreste de Hita, y Alfredo Villaverde Gil, que nos dice también, en esencia, quien fue el Marqués de Santillana. Y está, en fin, el más veterano, Luis Monje Ciruelo, que nos da noticia del lugar donde vivió su niñez, Palazuelos. Hay firmas consolidadas, con muchos años de escritura detrás, muchos saberes. Y aquí están sus nombres y sus aportaciones: José Serrano Belinchón, tal vez quien más páginas ha escrito sobre nuestra provincia, que aquí nos habla del Hayedo de Tejera Negra. Está Tomás Gismera Velasco, que nos dicta y resume todo sobre La Caballada y hace malabarismos para meter en 500 palabras la biografía de Layna Serrano. Está también la veteranía de Santiago Arauz de Robles, con su evocación de la Vega de Arias, y Juan José Bermejo, especialista […]

Rollos y Picotas

Siguiendo el camino de recordar y alentar la visita de los elementos patrimoniales que forman el contexto de las esencias de nuestra tierra, me paro hoy a considerar la historia, evolución y significado de los rollos y picotas. Y de entre todos los de la provincia de Guadalajara, el más destacado de ellos, que es sin duda el que se conserva en Fuentenovilla. La historia de los rollos y las picotas es la historia de una confusión. ¿Son la misma cosa o son cosas diferentes? Al monumento de similares características, se le denomina rollo en unas localidades, y en otras se le llama picota. Aunque existe sin duda una diferencia conceptual en ambos términos, la forma de llamarlo en uno y otro sitio es simplemente el resultado de un largo proceso de tradición oral, conser­vándose en algunas comarcas el nombre de picota, en otras el de rollo, y en muchas zonas dándosele ambos nombres. Puede decirse que la picota fue elemento de ejecución de justicia. Es la primitiva denominación y el uso más antiguo. Un poste de ejecución penal, donde los condenados por un tribunal debían someterse al escarnio y la vergüenza pública (de ahí viene la frase poner-a uno- en la picota), o donde incluso eran ajusticiados, quemados, ahorcados o colgados de unos garfios de hierro. Se colocaba siempre lejos de poblado, en algún otero o cerro, junto a los caminos. Otra forma de denominar a esta pieza era la de horca, que tenía el sentido evidente de colgar para ahorcar al reo de la justicia. El rollo, por el contrario, era símbolo de soberanía y jurisdicción, y representaba el concepto de soberanía autónoma en lo jurisdiccional por parte de la localidad que lo exhibía, y que tenía por tanto el título de villa. Sabemos que, muy excepcionalmente, en alguna localidad se alzaron monumentos distintos para la función penal y para el simbolismo jurisdiccional. La mayoría de los ejemplos que hoy quedan por Guadalajara cumplían la función de rollo, esto es, significaban de forma evidente la capacidad de auto-jurisdicción que como villa gozaban. Por eso, más que un baldón eran un lujo. Y así lo entendieron los antiguos. Entre sus características, conviene resaltar algunas cuestiones, muy definitorias: El rollo es un monumento levantado con autorización real.Su estructura es de gradas, basa, fuste, capitel y remate.Se localiza en las entradas/salidas o en la plaza del pueblo.Se ajusta perfectamente al marco urbano […]

El castillo de Jadraque

Tiempo de otoño, tiempo de visitar Guadalajara. Riberas amarillentas y alturas azules. Una sucesión de pueblos en silencio, de castillos olvidados, de monasterios en ruina. Pero todo ello se amalgama en una sucesión de sugerencias que nos prestan el dictado de su esencia secular. Hay que volver a la tierra, caminarla, subir a sus altos cerros. Por ejemplo, el que mantiene al castillo de Jadraque, con latido.  El viajero que por la tierra de Guadalajara, o por toda Castilla, busca visitar las viejas fortalezas medievales y admirar sus estampas, llegará de forma obligada ante Jadraque, y recordará la frase que el pensador José Ortega y Gasset le dedicó en uno de sus viajes, que venía a decir que se trata del cerro más perfecto del mundo. Sea o no cierta esa afirmación, el caso es que el castillo jadraqueño, en el borde de la Alcarria y en el inicio de la Campiña del río Henares, ofrece un aspecto soberbio culminando con silueta humana la sencillez de un fragmento de hermoso paisaje. Recordamos su historia Le llaman a este el castillo del Cid, porque en la tradición popular queda la idea de haber sido conquistado a los árabes, en lejano día del siglo xi, por Rodrigo Díaz de Vivar, el casi mitológico héroe castellano. La erudición oficial había descartado esta posibilidad por el hecho de que en El Cantar de Mío Cid aparece don Rodrigo y su mesnada, tras pasar temerosos junto a las torres de Atienza, conquistando Castejón sobre el Henares, y ostentando durante una breve temporada el poder sobre la villa y su fuerte castillo. Se había adjudicado este episodio al pueblecito de Castejón de Henares, de la provincia de Guadala­jara, que, curiosamente, está junto al río Dulce, apartado del Henares, y sin restos de haber tenido castillo. El poeta de la gesta cidiana se refería a una fortaleza de importancia, vigilante del valle del Henares, a la que llaman Castejón los castellanos, en honor de su aspecto, pero que para las crónicas árabes puede tener otro nombre. Era éste Xaradraq. Y fue concretamente el Jadraque actual el que conquistó el Cid en sus correrías por esta zona de la baja Castilla en los años finales del siglo xi. Teoría ésta que todavía se confirma con el hecho de haber sido denominado durante largos siglos, en documentos de diversos fines, Castejón de Abajo a Jadraque, que hoy tiene una […]

Catedral de Sigüenza: un paseo por las alturas

En los 850 años que ahora se cumplen de la consagración del templo mayor de la diócesis, la catedral por antonomasia, cumple recordar algunos detalles del edificio, porque en ellos está la claves, las claves, de su significado último. Con la llegada del siglo XVI, en España se abren las puertas a nuevos modos de construir, y, sobre todo, a nuevos modos de representar. Lo que llamamos “Renacimiento”, y que en esencia es la toma de conciencia del hombre por su papel en el Universo, verá plasmados sus principios en muchos ámbitos: en la literatura, en la filosofía, en la política, y por supuesto en el arte. Y en ese impulso constructivo, renovador de formas, que se centra por templos y palacios, a la catedral de Sigüenza le tocarán los mejores elementos de la provincia. Es lógico, puesto que es el lugar donde más posibilidades hay de hacer cosas nuevas, y donde más presupuestos existen, y más generosos, para levantar y experimentar. Durante el episcopado de don Bernardino López de Carvajal se construyen los mejores ejemplos del Renacimiento en la catedral. Este obispo, que nunca llegó a aparecer por la Ciudad Mitrada, ya que vivió siempre implicado en los asuntos vaticanos, dio sin embargo dinero para construir retablos, estancias y obras públicas. Su sucesor, don Fadrique de Portugal, hizo lo mismo, y en competencia con ellos, el Cabildo de la catedral también se esmeró en propiciar novedades constructivas y decorativas. La sacristía de las Cabezas Es la Sacristía mayor de la catedral, la que el Cabildo encomendó a Alonso de Covarrubias, la que muestra más interés en cuanto a techos se refiere. Se esconde su portada en una oscuridad que no merece, ya avanzado el tránsito por la girola. La estancia ha sido calificada entre las más impresionantes obras de la arquitectura del Renacimiento europeo, y consiste en una gran estancia rectangular, en cuyos lados mayores se abren amplias hornacinas, en las cuales se alberga la cajonería con talla profusa, magnífica, plena de figuras y simbolismo. Merecería hacerse un detallado estudio de la simbología y mensajes que esas tallas de madera sobre cajones y aparadores llevan. Es uno de los elementos que aún permanecen arcanos en el conjunto catedralicio. En las enjutas de los arcos que forman los muros de la estancia, aparecen enormes medallones representando bustos de profetas y sibilas. Todos son preciosos elementos escultóricos que completan el conjunto. […]