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Nueva Alcarria

Diario “Nueva Alcarria” de Guadalajara, fundado en 1939. El autor ha escrito un artículo semanal en el número de los viernes, desde 1969.

Los judíos, protegidos de los Mendoza

El pasado 27 de noviembre dio comienzo en la Biblioteca Pública Provincial un ciclo de conferencias bajo el tema de “Los judíos en la Guadalajara medieval”. En ese ciclo han intervenido, o van a intervenir, prestigiosas figuras de la Universidad y los estudios históricos en torno al tema, apasionante siempre, de nuestro pasado hebreo. Y analizarán, o ya han analizado, múltiples aspectos de esa presencia judía en Guadalajara. Uno de esos aspectos es el de la protección, continuada, que los Mendoza dieron a los judíos. Judíos al servicio de la Casa de Mendoza Una relación, la de los Mendoza y la población judía de Castilla, que tradicionalmente fue siempre abierta y considerada. Llegando en algunos casos a una estrecha colaboración y a un destacado servicio de los hebreos hacia los Mendoza. Precisamente en los finales del siglo XV se acentuó esa colaboración, en la que se mezcló el interés cultural por el financiero, todo hay que decirlo. Uno de los cargos con que los judíos colaboraron con los Mendoza fue la figura de la mayordomía. Así era en tiempos de don Iñigo López de Mendoza, primer marqués de Santillana, y de su hijo, el que llegara a ser primer duque, Diego Hurtado de Mendoza, cuando su mayordomo en Hita (el delegado de su señorío y bienes –además del cobro de los impuestos-) era un judío. Corría el año 1465. En un documento de ese año, dice el marqués que encarga de los asuntos financieros a don Hudá Alasar, mi mayordomo en la mi villa de Hita, o a otro cualquier mayordomo o arrendador que después de vos sea en el dicho cargo. Además contamos, a través de los documentos, con otro judío a su servicio: don Abrahem Gavison, recaudador general de los territorios ducales, y a quien el segundo duque del Infantado, don Íñigo López de Mendoza, encargó en 1480 los “… 600.000 mrs. que yo le ove de dar para la paga de la gente de armas de mi casa para que las tenga en sy cierto tiempo para me los tornar a mi camara, segund se contiene en las condiciones de cierto arrendamiento que fiso… Don Abraham Gavison aceptó el cristianismo, para no tener que irse de su amada tierra de Castilla. Otro personaje que destaca en el servicio de los Mendoza es don David de la Hija, quien a finales del siglo XV actuó como mayordomo del […]

La picota de Horche, recuperada

Ha costado años, pero al fin se ha hecho realidad: en Horche han colocado su rollo o picota, que es monumento histórico que recuerda parte de su evolución concejil, y que ha vuelto a la vida tras la meticulosa tarea de reproducción del monumento por parte del escultor local Juan Francisco Ruiz. En los últimos días del pasado mes de noviembre, ha quedado colocada la reproducción de lo que fuera el rollo o picota de Horche. Se ha instalado, por parte del Ayuntamiento, en una amplio espacio al inicio del Camino del Cementerio, con buena visibilidad y alcanzando el relieve que todo monumento histórico y patrimonial debe tener en una sociedad culta. El trabajo, de varios años de dedicación, ya en la jubilación de su actividad manual y artística, ha sido realizado por Juan Francisco Ruiz, quien ha ido tallando las 32 piezas de piedra caliza que la constituyen, y que suman 22.000 kilos trabajados con delicadeza y pasión a un tiempo. Las dimensiones, proporciones, distribución y detalles de esta picota, obra en su origen plateresca, han sido con precisión calculadas, y rescatadas de la armonía que estas piezas tienen en otras localidades que han conservado en su integridad, a lo largo de los siglos, este signo de autonomía jurídica. Los datos históricos y la distribución de sus partes y adornos, se los dio a Ruiz el historiador local, cronista oficial de la villa de Horche, y académico correspondiente de la Real de Historia, Juan Luis Francos Brea (1940-2008), quien no llegó a ver impresa su moumental “Historia de Horche” (publicada por Aache en 2009, un año después de su muerte, y en la que estudiaba con detalle la evolucirica del elemento).n la que estudiaba con detalle la evFrancos Brea (acadntegridad, a lo largo de los siglos, este signo de autoón histórica del monumento). Horche alcanza el título de villa En el año 1537, Horche alcanza el título de villa, y lo hce gracias al esfuerzo mancomunado de toda su población, pues tal título lo concede el rey de España a aquellas aldeas que son capaces de aportar, en el conjunto de sus habitantes, la cantidad solicitadas por las arcas reales como compra de tal título. Las ganas que los de Horche tenían de independizarse del Concejo de la Ciudad de Guadalajara, que les controlaba en todo cuanto hacían, y les adminitraban justicia, en grado que ellos consideraban impropio, fue […]

El románico de junto a Sigüenza

En el entorno más inmediato de Sigüenza, surge el románico más primitivo y perfecto. Nuestra tierra es lugar del que surgen formas nuevas (aunque traídas de muy antiguo) y decoraciones inventadas. Ya que estamos ahora dando a conocer los entornos de Sigüenza (las torres, las puertas, las ermitas y las galerías porticadas), esta es ocasión de pararnos ante tres de las iglesias más representativas de ese entorno. Primero Jodra, la del Pinar Jodra está a media legua de Sauca, y en el inmediato entorno de Sigüenza. Se puede llegar, incluso, andando. Perteneció este mínimo caserío al Común de Villa y Tierra de Medinaceli, y en su repoblación, allá por la segunda mitad del siglo XII, se llenó de gentes norteñas que pusieron, con la ayuda del cercano obispo seguntino, esta iglesia de traza sencilla pero a la que no falta detalle para considerarla ejemplar en el catálogo de la arquitectura románica de Guadalajara. Este templo fue construido, ateniéndonos a su estilo y detalles ornamentales, en la segunda mitad del siglo XII, comulgando de las características del románico castellano más simple y puro. El edificio en cuestión está asentado sobre un recuesto, orientado al sur, con amplias vistas sobre el valle que surge al pie del pueblo. Construido con sillarejo y sillar de tipo arenisco, en tonos pardos o incluso fuertemente rojizos, como es normal en toda la zona. Es ese el color de la tierra seguntina. El templo está perfectamente orientado: ábside a levante, espadaña a poniente, y atrio con entrada a mediodía. Su estado de conservación es muy bueno, y el interior, enlucido sucesivamente con yeso tosco, muestra nítida su estructura primitiva. En su costado de poniente se alza la pesada espadaña, rechoncha, de remate triangular, con muy obtuso ángulo, en cuyo vértice surge sencilla cruz de piedra. Dos altos vanos de remate semicircular contienen las campanas. Esta espadaña se prolonga hacia el templo, creando un cuerpo macizo, usado como palomar. En su costado de levante, el templo se estrecha, mostrando el rectangular presbiterio y el semicircular ábside, construidos en los mismos materiales. En el centro del ábside se abre una aspillerada ventana de remate semicircular. El alero se sostiene por modillones bien tallados que alternan el tema estriado con el de bisel. Pero al viajero que llega a Jodra, sin duda lo que más le gusta es el aspecto exterior meridional, en el que se abre la puerta […]

Avanzando entre torres por la sierra del Ducado

En los alrededores de Sigüenza pueden encontrarse numerosos testigos de su pasado estratégico, señorial y caminero. El valle del Henares fue un punto de comunicación entre ambas mesetas, pero también la sierra del Ducado cabalga Castilla y Aragón, y por sus caminos desfilaron antiguamente guerreros y recueros. Las torres que defendían pasos, puentes y caminos quedan todavía en pie. Veamos algunas. El castillo de la Luna en Torresaviñán Desde Sigüenza se llega a la Torresaviñán atravesando el río Dulce por Pelegrina. Pasados los cortados donde se puso mirador y recuerdo a Félix Rodríguez de la Fuente, se levanta el camino y se asoma a la llanada alta de la paramera en la que alza su frente el castillo –o lo que queda de él– al que llamaron de la Luna. También se le ve cuando circulamos por la autovía N-II de Madrid a Zaragoza, al atravesar los altos y pelados páramos de la Alcarria alta, haciéndose sorpresa el avistar un castillo montano que parece anclado, en permanente atalaya, sobre el borde de un cerro ofreciendo su escueta torre a la luz y el sueño. En muy antiguos tiempos, este otero sirvió de habitáculo a los pueblos celtibéricos. Sobre él se construyó, durante la dominación árabe, un torreón vigía, y tras la reconquista y repoblación de la comarca, efectuada en el siglo xii por don Manrique de Lara, se reforzó la torre, levantando verdadero castillo, y poniendo en su derredor un humilde y escaso caserío, con pequeña iglesia dedicada a San Juan o San Illán. El Rey Alfonso xi, en 1154, se lo donó al obispo de Sigüenza, don Pedro de Leucata y a su Cabildo catedralicio, para que lo disfrutaran en señorío, así como su aneja aldea de la Fuente, hoy Fuensaviñán. Pasó posterior­mente a ser propiedad del infante don Juan Manuel, quien reforzó el castillo, y de este caballero feudal, en 1308, a través de venta realizada por su hijo, pasó al obispo de Sigüenza don Simón, que­dando a partir de entonces bajo la jurisdicción de los prelados seguntinos. Bajo este señorío, la población de La Torresaviñán se trasladó a más acogedor y templado lugar, abandonando y dejando solitario el castillo en lo alto del cerro. El castillo, que las gentes de la comarca llaman de la luna, posee una bella estampa sobre el otero en que asienta. Cons­taba de un breve recinto cuadrangular, de altos muros de mampostería, con […]

La Navidad en Santa María de la Fuente la Mayor

Todos ya preparando, de alguna manera, la conmemoración del Nacimiento de Cristo. La Natividad de Jesús, la Navidad que se repite, año tras año y siglo tras siglo. Huellas de ese aniversario quedan por múltiples lugares de nuestra tierra, y ahora me parece buen momento para ponernos frente al retablo de la iglesia de Santa María, y recordar esta Navidad, y analizar las formas en que su autor, hace casi cuatro siglos, la recompusiera. La iglesia (hoy con el título de concatedral) de Santa María de la Fuente la Mayor, en Guadalajara, ocupa el espacio (según se dice tradicionalmente) de la mezquita mayor, de cuando la ciudad llevaba por nombre el Wad-al-Hayara que le pusieron los musulmanes, sus creadores. Tras la conquista, y posterior cristianización del entorno, se construyó un templo que, como siempre ocurría en las ciudades preivamente tenidas por los árabes, se le puso el título de Santa María, se dijo que era “la mayor” de las iglesias del burgo, y se le apellidó “de la Fuente” por haber una en la plazuela que se abría ante su costado de poniente. El templo, construido en estilo mudéjar, se ha ido colmando de piezas de arte, de enterramientos, de liturgias y escudos a lo largo de los siglos. Quizás uno de los elementos más espléndidos del templo sea su retablo principal, el que decora la pared del fondo de su presbiterio. Esta obra portentosa fue realizada en el primer tercio del siglo XVII, siendo diseñado por el artista franciscano fray Francisco Mir, concretamente en 1624. Se estructura en dos cuerpos y tres calles, estando ocupados sus espacios expositivos por magníficas escenas de talla en relieve representando pasajes de la Vida de la Virgen, así distribuidas: la Natividad y la Epifanía en el nivel bajo, y la Anunciación y la Visitación en el alto, presididas todas al centro por una representación muy cuidada de la Asunción de María. Sobre ella la Trinidad. Y en lo alto un Calvario. Es obra manierista bien policromada y tratada en sus tallas y aspectos estructurales con mesura y elegancia. Iconográficamente responde a la distribución plenamente trentina de consideración de María Virgen como eje de la adoración hacia su Hijo Jesús Cristo, y a través suyo de la Trinidad completa. Una reafirmación católica en los turbulentos años de las luchas de religión en Europa. En esta hora de la Navidad, en el asombro ante las […]