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Nueva Alcarria

Diario «Nueva Alcarria» de Guadalajara, fundado en 1939. El autor ha escrito un artículo semanal en el número de los viernes, desde 1969.

Guadalajara en el Museo del Prado

Hace un par de meses se cumplieron los dos siglos de la fundación del Museo del Prado, que es hoy el lugar más emblemático del arte español, y centro de referencia del arte pictórico universal. Nuestra tierra de Guadalajara ha dejado su huella en los muros de ese Museo: a través de autores, de obras, de anécdotas y de imágenes. Hoy vemos algún detalle sobre ello. Una de las asociaciones culturales más pujantes, activas, y atentas que hay en Guadalajara es sin duda la Asociación de Amigos de la Biblioteca, que con sus más de 300 socios no para de organizar ciclos de conferencias, viajes literarios, recitales y encuentros, cánticos y talleres. El gran ciclo iniciado el año pasado que continúa en este, es el dedicado al Segundo Centenario del Museo del Prado. En él se han expresado a través de conferencias un buen número de profesores universitarios, entre los que cabe mencionar a José Antonio Ruiz Rojo, Javier Blanco Planelles, Francisco Peña Martín, Pedro J. Pradillo y Esteban, y Eloísa García Verdejo, todos ellos con temas relativos a la historia del Museo, a pintoras, a escultores, a la mitología, etc… Y ahora, concretamente el próximo martes 17 de marzo, me tocará a mí clausurar este ciclo con una charla sobre “Guadalajara en el Museo del Prado”, en la que intentaré relacionar la gran pinacoteca de origen real, con los autores, los temas y los cuadros relativos a Guadalajara. Poniendo en valor, una vez más, el de la carga cultural (histórica y patrimonial) que nuestra provincia tiene, ha tenido siempre, en el contexto de los avatares culturales hispanos. Cuadros y pintores de Guadalajara en el Prado Muy variados son los temas que unen a Guadalajara con el Prado. Pintores aquí nacidos, y con destacada obra en la pinacoteca son -entre otros- Juan Bautista Maino (de Pastrana), Alejo Vera (de Viñuelas) Casto Plasencia (de Cañizar) y Pablo Pardo (de Budia). Cuatro grandes artistas españoles de los que hay huella viva y mucha carga de genialidad en las salas del Prado. Pero también hay una muestra clave del genio pictórico de El Greco, con los restos de su Apostolado de Almadrones, que tan larga e interesante historia suscitó. De otros autores, como Hernando del Rincón, hay expuesta obra que entronca con la leyenda aúrea de San Cosme y San Damián, en un cuadro que he de analizar en detalle.Y la genialidad de […]

Las casas grandes molinesas

Sigüenza, diez razones para ser Patrimonio de la Humanidad

Cuando el escritor y filósofo (uno de los destacados de la Generación del 98) José Ortega y Gasset se acerca a la ciudad de Sigüenza, en 1911, nos dice que tras subir la calle principal se enfrenta a la visión de la catedral, y afirma de ella que “toda oliveña y rosa a la hora del amanecer, parece sobre la tierra quebrada, tormentosa, un bajel secular que llega bogando hacia mí en el viril castizo de su tabernáculo”. Mucha literatura se ha derramado en torno a Sigüenza, porque -sin duda- su estructura, su ser, y sus detalles, incitan a cualquiera con sensibilidad a buscarle definiciones, y justificar ante sí mismo (el escritor, el viajero) la razón de admiración tan alta. Azorín dice (es 1905) que “[…estos] pueblos de vetustos callejones, de callejuelas retorcidas, de olmedas y saucedas, donde pasean solitarios los clérigos; de tiendecillas oscuras; de portaladas nobles con blasones de piedras; de niñas silenciosas que asoman tras los cristales cuando resuenan pasos…” y Alberti, en 1923, cree soñar tras ver al Doncel en su reposo de alabastro, y se le escapan, como entre lágrimas, estos versos que inician el soneto que le dedica: “Volviendo en una oscura madrugada / por la vereda inerte, del otero / vi la sombra de un joven caballero / junto al azarbe helado reclinada”. ¿Seguimos? No hace falta: don Benito Pérez Galdós, Pío Baroja, Miguel de Unamuno, Antonio Machado, Federico García Lorca… pero también Cervantes, y Quevedo, y Lope de Vega, y Tirso de Molina…. Todos han pasado por Sigüenza, y se han llevado en sus almas la impresión de verla, por primera vez, sobrecogidos. * * * En estos días que por parte del Ayuntamiento de la Ciudad de Sigüenza se plantea solicitar, ante las altas instancias internacionales, la declaración de “Ciudad Patrimonio de la Humanidad” para su conjunto urbano, se ha formado allí un Comité de Expertos, con un relevante presidente a la cabeza (don Antonio Fernández-Galiano Campos, presidente de ”Unidad Editorial”). Aunque en sus primeras declaraciones, tanto el presidente del comité, como la alcaldesa de Sigüenza, han manifestado que cualquier voz será bienvenida, y cualquier aporte, por el costado de la sociedad civil, será tenido en cuenta. A tenor de ese ofrecimiento, me atrevo a proponer aquí diez (los primeros) argumentos que deberían esgrimirse para poner en valor esta solicitud. Y que van más allá del simple hecho de ser “una […]

Brihuega, roca del Tajuña

Sancha, un impresor emblemático y alcarreño

Se cumplen en este año los trescientos desde que nació, allá por Torija, Antonio de Sancha, uno de los más relevantes impresores de la historia editorial de España. Paradigma del esfuerzo y la inteligencia, del tesón y la perseverancia: sus ediciones del Quijote siguen siendo aplaudidas, admiradas, codiciadas…  Hijo de Fabián Sancha (de Torija), y de María Viejo (de Rebollosa), el 11 de julio de 1720 nació en la villa alcarreña Antonio Sancha y Viejo, quien pasaría a la historia cultural de España como uno de los más prestigiosos editores, impresores, y encuadernadores de nuestro común pasado. Entre arados, sementeras y trillas pasaría su infancia, y también entre letras de viejos libros de enseñanza. Pero en 1739 hizo lo que muchos otros a lo largo de los siglos: dejó su pueblo natal, en aquella remota Alcarria fría, y fuese a la Corte, al Madrid de los milagros y las prosperidades. En Madrid dispuso su actividad en torno a los temas librescos. Empezando como encuadernador. En 1745 casó con Gertrudis Sanz Ureña, que era hermana de un importante impresor: le hacía libros a la Casa Real, a la Real Academia de la Historia y al Consejo de Castilla. Y con el cuñado empezó a trabajar. La cosa, pues, no fue difícil. Tuvo cuatro hijos, por este orden: Gabriel (que heredaría la empresa y aún mejoraría la actividad del padre), Manuel, Antonio-Evaristo y María Francisca. Todos ellos quedaron ligados a la actividad en torno al libro: editores, impresores, encuadernadores y comercializadores, iniciando lo que se podría llamar una empresa familiar en torno al libro, potente, de ámbito nacional… cosas así han seguido reproduciéndose en nuestro país, y –siempre que el Estado no se ha metido en medio–, han ido muy bien. De 1755 es, al menos, la seguridad de su actividad como librero, pues en esa fecha tenía abierta librería en la Corte. De 1761 es la seguridad de que tiene título de criado de la Casa Real, porque actúa en el oficio de encuadernador de su Real biblioteca. Y de 1764 es el momento en que sabemos que entra a formar parte de la Compañía de Impresores y Libreros del Reino, un “club” muy exclusivo al que solo accedían los grandes, los consagrados del oficio. Pero su faceta de impresor la acrecienta y hace definitiva en 1770, pues en esa fecha adquiere la imprenta que había sido de Gabriel Ramírez y […]