Los Escritos de Herrera Casado Rotating Header Image

Todos los Escritos

Escritos engloba los artículos de todas las publicaciones

Guadalajara, vista por un recién llegado

Aunque lo firmo yo, que soy el que se pone cada semana (desde hace unos cincuenta años) tras la identificación que no oculto, el artículo que sigue podría estar firmado por cualquier turista que llegue hoy a nuestra ciudad. La imagen que recibe el recién llegado es muy distinta del que lleva años viéndola, día a día, considerando problemas y beneficios a cada paso. Ambas actitudes tienen valor, y hay que respetarlas. Guadalajara está en cuesta toda ella, es una ciudad de altos rumbos, y sobre todo si se llega en tren, que es como hay que llegar a las ciudades, desde el siglo XIX, o se llega andando, que es como se llegó siempre, el acceso a la ciudad es todo en cuesta, siempre subiendo. Primero se cruza sobre el río Henares, que es un río escaso y medio escondido entre cañas, arbustos, matorrales y arboledas que parecen encubrirle a la mirada del viajero que llega. El paso se hace sobre un puente antiguo, poderoso, con aires romanos o moros. Me dicen que se construyó, tal como hoy lo vemos, en la época del califato cordobés de los Omeya, cuando reinaba allá (y acá, que era tierra también suya) Abderrahmán III. Sigo subiendo por una larga acera entre rampas de piedra, y al final accedo a un plazal irregular, extrañamente dispuesto con fuentes secas, arboledas en línea, y algunos bancos, que tiene por dominante silueta la del palacio de los duques del Infantado (los antiguos, no los de ahora, que esos viven fuera de la ciudad.) Ese palacio, con su fachada solemne de piedra dorada y clavos prendidos entre balcones y miradores, fue una de las joyas del arte isabelino: lo construyó en 1490 don Iñigo López de Mendoza, el segundo duque del Infantado, y dirigió las obras un arquitecto bretón al que llamaban Juan Guas. La verdad es que les quedó precioso: sobre la puerta luce un escudo redondo, solemne, prolijo de emblemas, sostenido por dos salvajes peludos, como hércules dominantes y amenazadores. Un señor ya mayor al que he parado en la plaza que costea el palacio, me cuenta que aquí vivieron los Mendoza, no juntos, sino uno detrás de otro, y que durante siglos fueron poderosos, solemnes y llenaron la ciudad de palacios, de fiestas, de música y procesiones. El fraile o cardenal togado que exhibe un báculo cruciforme frente a la fachada, se llamó don […]

Guillermo, el maestro de obras

  Dedicado a  todos los amigos y amigas de Villaescusa de Palositos, que este año, una vez más, emprenderán la “Marcha de las Flores” para pedir que se abra el camino que va a su pueblo. Séame permitido que, de vez en cuando, eche una cana al aire, y me entre por los pagos de la literatura pura, de esa que entretiene, que alecciona, y a nadie hiere. Andando las Alcarrias, una de las que más me duele es la que va entre el foso del Guadiela y el arroyo de la Puerta, cruzando de Salmerón a Viana. Porque en el alto está, abandonada, en ruina progresiva, tras murallas de metal sobre el viejo camino de Santiago, esa iglesia que fue dedicada a Santa María y que presidía en su altura la puebla de Villaescusa de Palositos. Muchas veces la he visitado, constatando su progresivo derrumbe, adecuadamente denunciado en público (pues tiene responsables muy claros) y de tanto pensar sobre ello me salió esta entelequia, que espero entretenga, más que aleccione. Caminando no hace mucho por una estrecha trocha de la Alcarria, me vino a las manos un cilindro de plomo muy lastimado de los soles y las heladas. Lo abrí enseguida, y sin dificultad salió de su interior, entero, un pergamino arrugado pero con buena letra de principios del siglo XIV. Me costó leerlo, pero al final conseguí desentrañar la historia que en él aparecía. Y que venía a ser más o menos esta. Fatigado de los años y de los caminos, del trabajo y las penalidades, un tal Guillermo quiere dejar constancia de su existencia, y pone sobre el pergamino con su propia letra esta que es vida entera y resumida. Dice que ha llegado hasta aquí, al Val de San García, retirado y cansado, tras muchos caminos y tareas, pero que nació en la Gascuña, en un pueblecito que llamaban Bergouey Viellenave, a orillas del río Bidouze, y que en aquella tierra de lluvias creció, junto a sus padres y sus dos hermanos, Irvin y Louis. No recuerda el nombre de su madre, pero sí el de su padre, que murió cuando él tenía unos catorce años. Se llamaba Guillermo, como él. Se fue con los hombres que habían elevado la iglesia de Saint Jacques, en su pueblo, y que como  picapedreros que eran se dirigían a Saintes, donde pasó un año picando piedra para la catedral […]

Objetivo: «Planeta Mendoza»

Este próximo lunes, 6 de mayo, en la sala de Actividades Múltiples del Centro Cultural “San José” de la Excmª Diputación Provincial, y a las 8 de la tarde, vamos a tener ocasión de asistir a la presentación de un nuevo libro, que supone la llegada de un planeta, de un universo aún, de un verdadero diccionario, quizás de una enciclopedia entera, de una biblioteca inmensa, de datos, nombres y anécdotas. Porque llega el “Planeta Mendoza”. Decir Mendoza, en Guadalajara, es abrir la primera página de un gran libro de historia. De una fuente por la que mana un agua abundante, limpia y nutriente. De un espectáculo de espadas, gualdrapas, ceremonias, sonoros palacios y virreyes, de heroínas y beatos, de cardenales y fiestas. Los Mendoza son una saga numerosa, prolija y extendida casi universalmente, que nació en los altos llanos alaveses, y cuajó en la seca tierra de la Alcarria. Expandiendo personas, e intereses, por toda la península ibérica, y aún dejando su huella al otro lado del Océano. Decir Mendoza, en Guadalajara, es explicar el origen de su mejor palacio, de varios otros monumentos, de iglesias, monasterios y horizontes de fiestas y hazañas. Es recordar a los grandes, los fundadores de un linaje que brilla: el marqués de Santillana, el primer duque del Infantado, el gran Cardenal Pedro González, el adelantado de Cazorla y el primer conde de Tendilla; de los príncipes de Mélito, marqueses de Mondéjar, vizcondes de Torija, señores de Galve, Duques de Pastrana, marqueses de Cañete y de Priego, señores de Almazán, “medinacelis y condestables”, y un largo etcétera. En todos y en cada uno de ellos se concretan páginas de la historia de Guadalajara. Por decir algunas, la construcción del palacio que hoy preside la plaza de España en Guadalajara, el palacio ducal, obra del bretón Juan Guas; el empeño de llevar adelante y con rapidez la catedral de Sigüenza, en la que don Pedro González se compromete, con bóvedas, escudos, coros y predicatorios; la erección del palacio renacentista de Jadraque, en lo alto del cerro donde hoy solo sobreviven los muros en forma de castillo; el monasterio de Sopetrán, monumento al abandono y a la dejadez; el palacio de Cogolludo, joya de una gran corona del humanismo renacentista; el monasterio de Lupiana, aupado de los Mendoza capitalinos, y de los Pecha, más el castillo de Beleña, el Ayuntamiento de Tamajón, las ruinas salvadas del […]

Un parque para Monje Ciruelo

Hoy miércoles 1 de mayo (2019) he tenido la suerte de asistir al homenaje que la Ciudad de Guadalajara ha tributado a Luis Monje Ciruelo. En un precioso día de sol, de flores y pájaros, ha consistido en la dedicación, mediante unas palabras y una placa grande, de un Parque de la zona de “La Chopera” a “Luis Monje Ciruelo”. Todo un detalle del consistorio capitalino, de su alcalde, el doctor Antonio Román Jasanada, quien personalmente ha explicado las razones de esta decisión. Está muy bien, creo, que los Ayuntamientos hagan homenaje, aunque sea de esta forma tan sencilla y humana (tan barata, además) a las personas que han tenido una actividad determinante en esa ciudad, y la hayan conformado en lo que es a través de su trayectoria vital. Es el caso de Luis Monje Ciruelo, quien ostenta un récord, asombroso y único en el mundo: lleva 80 años escribiendo artículos, informaciones, y opiniones, en el mismo periódico, desde que dicho periódico (“Nueva Alcarria”) se fundó. Ambas cosas (la fundación del periódico, y el inicio de sus escritos en sus páginas) se remontan a 1939. Es muy fácil hacer un homenaje escrito a Luis Monje: porque se dedicó con honradez y profesionalidad de periodista a narrar lo que acontecía en su entorno, y de ese modo ha sido testigo, activo, de los cambios que Guadalajara, la ciudad y la provincia, han experimentado en los últimos 80 años. Además de la prensa local (llegó a fundar una revista “Badiel” que solo duró 3 números) escribió en la nacional, dejando muy a menudo mensajes de Guadalajara en ABC, La Vanguardia y resto de cabeceras nacionales. Ese papel de “periodista local”, de cronista del día a día de una ciudad y una provincia, tiene más mérito que hacerlo en general de un país, de una comunidad o institución más amplia. Porque se está limitado, se juega entre intereses pequeños y cercanos, te cruzas a diario con personas a las que un día das un diez y otras le pones un cero…  porque la vida es así, cambiante y brusca. Monje estaba (y sigue estando, que es lo más grande) en las aceras de esta ciudad, contando lo que ve, opinando sobre lo que sabe y le cuentan. Al acto han asistido la familia de Monje al completo, muchos de los amigos que aún le quedan vivos, y otros muchos que siendo más […]

La Alcarria y el Libro

  Hoy es un buen día para hablar de un libro, que acaba de ser presentado, y que está siendo uno de los más solicitados en este “Día del Libro” en la primavera de Guadalajara, que está llenando las aceras de nuestra ciudad de publicaciones. Un libro que lleva en su título la definición de sí mismo, escrito por Francisco García Marquina, y titulado “La Alcarria: el libro”. Este fin de semana, sin duda, va a estar dedicado a los libros, a los que desde aquí saludo como amigos entrañables. Nadie mejor que el propio García Marquina, -que ha conquistado ya cátedra de escritor y docente en nuestra tierra, tras duras oposiciones ante el pasotismo imperante- para saber cuales son los méritos de aquel libro, el “Viaje a la Alcarria”, que en 1946 escribiera Camilo José Cela, y un año después lo publicara, llegando a alcanzar una tirada que hoy ya supera (en muy diversas lenguas del mundo) los once millones de ejemplares. Dice don Paco que sin una campaña de promoción comercial (del libro y del autor) como ahora se llevan, cuando se intenta vender un libro, el “Viaje a la Alcarria” ha conseguido ponerse en la cima, y estar (para seguir estando) entre los escasos cinco títulos en lengua española más leídos en el mundo. Y nos enumera las cuatro razones en las que se ha sustentado ese éxito: 1ª porque trata de un viaje “que es el espejo del devenir humano, y esa es la trama de la mayoría de los libros fundacionales de la humanidad”. 2ª porque su “tono arcaico, naturalista, inocente y elegíaco” evoca el ancestral impulso que todos tenemos hacia el tiempo de la infancia y del paraíso perdido de nuestras inocencias. 3ª porque la obra entera transmite una sensación de colores vivos, de aromas ciertos, de voces concretas, en un festival de sensorialidad que nos engancha. Y 4ª y como remate, “porque está escrito con una belleza concisa y de aparente sencillez que realmente es fruto de mucha sabiduría”. La obra de García Marquina se basa en un artículo suyo que publicó, hace más de veinte años, en la revista “El Extramundi y los Papeles de Iria Flavia”, con el título de “La sabiduría de un libro sencillísimo” y que aquí amplía y considera con mucha mayor precisión, y también-añado- con el acopio de nuevos saberes adquiridos en estos últimos decenios.   En […]