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10 Castillos imprescindibles de Castilla La Mancha

Un recorrido por Castilla la Mancha nos ofrece panorámicas de su patrimonio ingente: común a la tierra castellana, son esos edificios, los grandes castillos y alcazabas, los que mantiene su memoria. Una tierra grande, ancha, antigua. Una tierra que hoy vemos luminosa, con viñedos, ciudades monumentales, industrias, juventud que se entrena. Pero Castilla la Mancha es también una tierra de hondas tradiciones, y, sobre todo, un lugar en el mundo donde surgen altos y severos los vestigios de una historia cierta, irrenunciable, cargada de símbolos, certezas y misterios. En ella se alzan (es Castilla… recuerda) los castillos, a docenas. En cualquier recodo del camino surge a lo lejos, en el horizonte, la alzada presencia. Y en llegando se levanta sonoro, poderoso, el oscuro perfil de sus almenas. Los castillos de Castilla la Mancha tienen mucho que decirte, todavía. Atienza. En la parte mas al norte de la tierra castellano-manchega, se alza la villa amurallada y roquera de Atienza, poblada hace miles de años por los celtíberos, bastión luego de los musulmanes, y desde hace siglos ocupada de labriegos que admiraron siempre a sus señores, los reyes castellanos, los condes guerreros, dueños de las distancias. Atienza tiene un castillo roquero sorprendente, al que es muy fácil subir, a pie, desde la plaza mayor. En lo alto de la roca, la torre del homenaje, y al final de sus escaleras, las terraza. Sube allí, observa en torno, escucha y aguanta el viento, poderoso. Almonacid de Toledo. Sobre la llanura parda toledana se alza en lo más alto de un poderoso cerro esta fortaleza que fue durante siglos propiedad de los arzobispos toledanos. Su estructura es muy curiosa, y muy demostrativa de cómo fueron las construcciones militares medievales: cerca exterior, castillo interior y torre fuerte o del homenaje en su centro. Belmonte. En la tierra de Cuenca, sobre las anchas llanuras de la Mancha, esta riente pirueta de la arquitectura y la historia. Propiedad de los Pacheco durante siglos, el buen hacer de un arquitecto borgoñón, Juan Guas, levantó esta complicada mezcolanza de torres y patios, de salones y ventanas. Todo tiene el marchamo de lo gótico en Belmonte, y allá se celebran, ahora, luchas y torneos con armas antiguas, entre bravos muchachos que entrenan con sus espadas, lanzas y dagas. A Belmonte es fácil llegar, subir en coche hasta la puerta misma del castillo, y vagar por su patio, sus salones que […]

El puente romano de Murel

Un monumento remoto en el tiempo y en el espacio, el puente de Murel, construido por los romanos, y del que muy pocos conocen su existencia. Esta es otra de las joyas patrimoniales de la Alcarria, que ha llegado a estar en ruina absoluta, y que al menos no ha de caer en el olvido. Le dedico hoy estas líneas resumidas y esenciales para mantener su recuerdo. En el término de Carrascosa de Tajo, que es límite y frontera entre la Alcarria y la Serranía, y sobre las aguas del padre río, se ven todavía monumentales restos de lo que fuera un gran puente levantado por los romanos (con la ayuda de los celtíberos autóctonos, se sobreentiende). Servía para salvar el río en una zona poco habitada, pero con el tránsito de una importante calzada o vía romana, la que iba de Valeria (Cuenca) a Segontia (Guadalajara). En la red de calzadas que el Imperio Romano trazó como elemento clave de su expansión mundial, eran muchas las que cruzaban la Península Ibérica, partiendo de los puertos y costas levantinas, hacia las ciudades claves y los lugares importantes económicamente de Iberia. Esta calzada de Valeria a Sigüenza suponía el acceso a Segontia y el corazón de la Celtiberia desde las tierras levantinas. Estuvo activo y en pie, en uso por la gente, hasta el siglo XVII, en que se hundiópor alguna avenida fuerte, y ya no se rehizo. El puente de Murel, en término de Carrascosa, tenía una anchura de 79 metros, de estribo a estribo. Aún existen los restos nítidos de estos estribos, que anclaban el puente a las orillas, más otros cinco pilares sobre las aguas, de los cuales quedan dos en pie, otro caido sobre el lecho, y dos más desaparecidos. En el entorno del puente tuvo que existir alguna población o villa romana. Porque a mediados del siglo XX un vecino del pueblo, Hilario Moranchel, encontró en la margen derecha del río, y casi dos kilómetros abajo del mismo, una gran lápida hispano romana con una inscripción funeraria del siglo I d. de C. en la que se aludía a un liberto de nombre Licinius Andronicus. Pero es del año 1186 de cuando data el primer documento encontrado relativo al puente. En él se lee que el rey Alfonso VIII de Castilla lo entrega a la comunidad de monjes cistercienses de Ovila, que el rey había fundadopoco […]

Sigüenza medieval, en tres miradas

Este fin de semana se celebran en Sigüenza sus “Jornadas Medievales”, que suponen una apertura a visitantes y habitantes de las puertas de la historia sobre las calles y edificios seguntinos. La Asociación Medieval Seguntina, con el esfuerzo de todos sus miembros, monta un gran espectáculo de calle, con cenas medievales, representaciones históricas, mercado y demostraciones, durante dos días. Una fiesta visual y sonora que merece ser conocida. Tres grandes festivales medievales celebra la provincia en este mes de julio. El primero siempre es el de Hita, el más antiguo y arraigado, que tuvo lugar el pasado sábado 1 de julio. El segundo, este de Sigüenza, rememorando la prisión en su castillo de la reina doña Blanca de Castilla. Y el tercero, que tendrá lugar el próximo sábado 15, será en Pastrana, en torno a la figura de la princesa enamorada y presa, doña Ana de Mendoza y La Cerda, la de Éboli. Esa visión medieval de la realidad, buscada en sus perfiles como a través de un caleidoscopio, permite a muchos vivir la esencia de un tiempo remoto reflejado en los perfiles actuales, y me permite a mí evocar tres retazos de la ciudad de Sigüenza, tal como fue en aquellos siglos medievales. A través de tres destellos que podrían ser unas piedras talladas (las gárgolas), una visita real (la de los Reyes Católicos a la Catedral) y el drama de la prisión de doña Blanca, eje de esta efeméride y celebración. A ellos vamos. Las gárgolas de la catedral El paseante mira a lo alto, como debe hacerse siempre que se aproxima a un monumento antiguo. En el caso de la catedral verá muchas cosas (torres, campanas, veletas, rosetones…) pero si para con minucia la vista en los bordes altos de los muros, y en las cornisas, se sorprenderá al encontrar unas figuras retorcidas, monstruosas, desgastadas y gritonas. Son las gárgolas. Qué fueran estas piezas de la arquitectura medieval, gótica sobre todo, pero también usadas en épocas anteriores y posteriores, es algo que conviene desvelar desde ahora mismo. Dicen que su nombre castellano deriva del francés gargouille (garganta), y su cometido es canalizar a través de su cuerpo el agua que desde el tejado viene para que salte por su boca a la calle. Por eso eran largas, airosas, con espantosos cuellos deformes. Pero la talla de esas piedras se esmeró en la época del gótico con animales […]

Cisneros en Sigüenza

Desde el pasado día 23 de mayo, en que se inauguró, hasta el fin de octubre en que será clausurada, Sigüenza acoge generosa la exposición “Cisneros, de Gonzalo a Francisco”, que se sitúa a caballo entre la catedral, el Museo Diocesano de Arte Antiguo, y algunos rincones emblemáticos de la Ciudad del Doncel. En ella se ven numerosas piezas y ambientes relacionados con el Cardenal Cisneros, el personaje del que ahora se cumplen los cinco siglos exactos de su fallecimiento. Donde informarse Tres son los elementos impresos en los que se sustenta esta exposición, y que muy brevemente comentaré. Es el primero un sucinto catálogo/resumen del significado de la exposición: esa transición de nombres que para Ximénez de Cisneros, de familia hidalga de Torrelaguna, le supuso pasar de ser llamado Gonzalo, en el bautismo, a Francisco, cuando entró en religión. Él sería un erudito, un estudioso y un humanista, pero también fue un religioso, un fraile franciscano, un reformador de la sociedad de su tiempo. Y, al final de sus días, y casi a la fuerza, él fue un político, regente –nada menos- de una Castilla que se quedó sin monarca al fallecimiento de doña Isabel, la primera de este nombre en Castilla. El otro elemento impreso sobre el que apoya esta exposición, es un folleto desplegable en el que se muestran los once ambientes urbanos en que se rememora al cardenal, y los cinco espacios catedralicios en los que se evoca su paso por el templo. Sencillo y didáctico, escrito por Pilar Martínez Taboada, nos sirve de guía para visitar Sigüenza y su catedral en cualquier momento, ilustrado además profusamente. El tercero de esos elementos, es una joyita bibliográfica que, además, recomiendo a cuantos se dedican a coleccionar libros sobre la provincia, que no se lo pierdan. Se vende en la Exposición, al precio de 1 Euro, pero su valor es enorme, porque es sencillo, y hermoso. Lo ha escrito Jesús Orea Sánchez, y lleva por título “Cisneros. Vida y obra resumidas de un gran cardenal”, con texto por él escrito y con unas páginas finales desarrolladas por Nora Marco Alario para que sirvan de didáctico acompañamiento a la visita de la exposición por parte de los niños. Este libro expone en 40 páginas la vida de quien fuera el fundador de la Universidad de Alcalá y creador con su equipo de la Biblia Complutense, hombre atento al devenir […]

Palazuelos, una fiesta para los sentidos

Con mi amigo catalán Isidre Monés estoy preparando un libro sobre Sigüenza y alrededores. La cosa va lenta, pero está echando raíces profundas. Será –cuando llegue a ser algo– una cosa importante. De momento yo escribo y él dibuja. Y ahora hemos pasado por Palazuelos. En realidad, hemos pasado muchas veces, y en cada una de las tres últimas ha surgido un breve escrito glosando un rincón, una puerta, el castillo…. Esa maravillosa y perdida villa de Palazuelos siempre inspira. Mira, lector, qué puedes sacar en claro de todo esto. El castillo En Palazuelos va a encontrar el viajero las huellas de la Edad Media por todos los rincones. No puede escaparse a su presencia. Porque no solamente un castillo completo existe aquí, sino todo el amurallamiento original que a la villa proporcionó su dueño, el marqués de Santillana, en el siglo xv. Asienta el pueblo en leve ondulación, cerca de Sigüenza, sobre una ancha vega. Su historia se fundamenta en la de los múltiples señores que durante siglos la poseyeron. Tras la reconquista perteneció a la Tierra y Común de Atienza. Poco después, el Rey Alfonso x el Sabio se la donó a doña Mayor Guillén, junto a las villas de Cifuentes y Alcocer. Esta señora se la dejó en herencia a doña Beatriz que llegó a ser reina de Portugal, y ésta a su vez se la transmitió a su hija doña Blanca, abadesa del monasterio de Las Huelgas, en Burgos. Esta lo vendió al infante don Pedro, hijo de Sancho iv, y de éste pasó, también por venta, en 1314, al obispo de Sigüenza don Simón Girón de Cisneros. De ser parte del señorío episcopal de Sigüenza pasó en el siglo xiv en su segunda mitad, a la casa de Mendoza. En 1380, figura incluido entre los bienes del mayorazgo que don Pedro González de Mendoza funda a favor de su hijo Diego Hurtado, futuro almirante de Castilla, de quien pasó, en 1404, a su hija doña Aldonza de Mendoza. Su hermanastro, don Iñigo López, primer marqués de Santillana, la poseyó y comenzó a levantar su castillo y murallas, dejándola a su hijo don Pedro Hurtado de Mendoza, adelantado de Cazorla, quien prosiguió y concluyó las obras. Después permaneció varios siglos en esta familia mendocina, en la rama de los duques de Pastrana, hasta la abolición de los señoríos. En la subasta que en 1971 hizo el […]