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Un año más, la Feria del Libro de Guadalajara

Este fin de semana llegará a su apogeo la marea del libro y las historias ciertas, o imaginadas. El Paseo de la Concordia, en el centro de la ciudad, albergará de nuevo ese maratón de presentaciones, encuentros con autores, novedades mostradas y proyectos en marcha. Será una Feria del Libro inserta en la Primavera de la ciudad, un lujo y un acierto, un encuentro de paz y caminos.

Pido excusas, antes que nada, por tratar cosas que se alejan un tanto de mis temas preferidos (la historia, el arte, las costumbres…) pero es que esta semana se celebra en Guadalajara, y en su Parque de la Concordia, de nuevo la Feria del Libro de Primavera. Y esta una ocasión de oro para hablar de libros y autores, para darle visibilidad a esta parte de la Cultura que se codea ya con los festivales de cine, con los conciertos de pop y con las performances de todo tipo, incluidas las que teñidas de cultura arropan simplemente un entretenimiento lúdico.

Y en ese camino de sacar trompeteando a la luz pública libros y autores, es el mejor momento de recordar temas que en semana anteriores me han ocupado unas líneas, y ahora juntas devienen coloreadas y vibrantes. Entre los autores, palpitantes están las obras recientes del profesor Juan Manuel Abascal Palazón, las del castellanista de corazón Juan Pablo Mañueco, las del eternamente joven Pepe Esteban Gonzalo, las del profesor Plaza de Agustín y el arqueólogo Fernández Ortea. Muchos más se codean con ellos, y a través de sus figuras y sus trabajos puedo decir que Guadalajara, hoy, bulle de entraña cultural a través de los libros, y de sus autores.

Muy sonada fue la presentación, en el Palacio del Infantado, del “Repertorio Arqueológico de la provincia de Guadalajara”, un estudio “a la alemana” que ha realizado a lo largo de las últimas décadas, el profesor de Historia Antigua de la Universidad de Alicante (aunque alcarreño militante por devenir de Tomellosa) Juan Manuel Abascal Palazón. A ese librote, de más de 600 páginas, no se le puede achacar nada, sino aplaudir por la cantidad de información que ofrece: todos los yacimientos arqueológicos de la provincia, sus piezas antiguas más destacadas, las referencias de quienes y cómo las han estudiado, con montañas de datos bibliográficos, índices detallados, temáticos y topográficos, etc. Una obra de tal envergadura que ha salido de las manos de su autor, y de sus editores alcarreños (Aache Ediciones) como un homenaje a la provincia que puede codearse con las más densamente dotadas de potencial arqueológico.

En sus páginas aparecen los mosaicos de Gárgoles, la espada de oro “de Guadalajara”, los tesorillos de Caraca (Driebes) y Recópolis, las estelas funerarias de Luzaga, los broches visigodos de Alovera, los grabados rupestres de Riba de Saelices en los Casares, y las murallas de castros fortificados arévacos y lusones en Riosalido, Guijosa, Anguita, Luzón, Checa y tantos otros lugares que hablan de nuestro pasado firme y vigoroso.

Tiene también muy buena pinta la obra castellanista de Juan Pablo Mañueco Martínez, un escritor muy grande (por su tamaño físico, y por el volumen de títulos que lleva ya puestos en las librerías y bibliotecas) que estará en la Feria presencialmente. Lo último que nos ha entregado es un estudio cronológico, claro y con comentarios personales de la grave Historia de las Comunidades de Castilla. Muy ilustrado el libro, y, sobre todo, bien documentado y organizado, de forma que esta efemérides, que tan irregularmente se ha celebrado entre nosotros, queda paladinamente recogida y ofrecida a los lectores. Hace pocos días, en un panel escultórico, el Ayuntamiento volvía a recordar este trance de nuestra historia en la puerta del Centro Cívico, como antes se había recordado en escenario puntual, en conferencias y congresos. Pero la idea, y el saber, que hace 500 años los habitantes de nuestra ciudad, como todos los de Castilla, pidieron a voces y con armas en la mano que se devolviera al país la dignidad robada por un rey extranjero y unos aprovechados “consejeros”, es lo que ha movido muchos recuerdos, y a Mañueco le ha dado pie para volver por sus fueros a tratar de Castilla, y de los castellanos.

No quiero insistir en ello, porque no me corresponde a mí hacerlo, pero sí doy la noticia breve de que en esta Feria aparecerá presentado un libro en el que he puesto muchas ilusiones, y muchos andares antiguos: es el titulado “Cuevas eremíticas de Guadalajara” que mañana sábado, al mediodía justo, y en la carpa central de la Feria del Libro, vendré a presentar con diapositivas e imágenes, correspondientes a ese patrimonio numeroso y curioso, pero hasta ahora ignorado, que son las cuevas artificiales talladas por el hombre y repartidas por toda la geografía provincial, que nos hablan de anacoretas, de santones, de eremitas y monjes retirados en las soledades de los páramos y allí enterrados, con reliquias, y entre jarales que hoy deben apartarse para llegar al profundo rumor de sus cuevas. 

Este pretendo que sea otro testimonio de ese Patrimonio olvidado y que debe ser rescatado, empezando por su conocimiento fiel, su explicación razonada y, por supuesto, su protección correcta, con señales, cuidados, limpiezas… la tarea de proteger lo heredado es complicada, porque hoy se promociona y apoya casi en exclusividad lo que surge en el día a día, olvidando lo que está ahí desde hace siglos. Pero todo tiene su voz, y reclama su cuidado.

De un autor seguntino al que ya pocos conocen –quizás por su larga vida, su densa biografía y sus méritos, innegables– viene también a la Feria dos libros curiosos, y esenciales para mantener palpitante la memoria de lo que vieron antiguos escritores en nuestra provincia. Él es José [Pepe] Esteban, autor de cientos de libros, pero en concreto de sus estudios sobre “Guadalajara y Galdós” y “Guadalajara y Baroja”. Estuvo entre nosotros este invierno pasado, en la Asociación de Amigos de la Biblioteca, y en la de Cabanillas, contando los chascarrillos literarios de su biográfica peripecia, y dándonos noticia de los que anduvieron por pueblos y vegas los escritores Benito Pérez Galdós y Pío Baroja. Aunque no pueda estar Esteban en esta Feria, su grata presencia, su jocosidad innata aparecerá reflejada en las portadas de sus libros. La fiesta de las letras le tendrá siempre por patrono.

De los misterios y las curiosidades, todas registradas en anales, documentos y archivos, viene a traer buena dosis el profesor Javier Fernández Ortea, que durante los pasados meses ha presentado, en la Asociación de Amigos de la Biblioteca, y en el Ayuntamiento de Pareja, su libro “Alcarria Bruja”, que ya ha conocido el éxito de ventas, de críticas y de lectores. Es otra muestra de ese quehacer serio y contundente que se ve apadrinado por empresas privadas que dejan su interés económico a los pies de la cultura que pugna por darse a conocer. Aache Ediciones y Océano Atlántico Editores, ambas de Guadalajara y con presencia en esta Feria, han laborado por dar vida a este libro, que es referencia obligada ya en el conocimiento de la historia de la Hechicería y la Brujería en la provincia. Muy amplio, muy documentado, muy claramente expositivo. Otro lujo que poder aplaudir en estos días.

Y aún cabe nombrar temas y personas que, superactuales por llegar en este momento a nuestras manos sus obras, han puesto su grano de arena en el conocimiento de nuestro pasado. En este caso, a través de historias, costumbres, y anécdotas de los pueblos concretos. Es el caso de José Antonio Alonso Ramos, quien nos ha sorprendido con su enorme historia de Robledo de Corpes, su pueblo natal, esencia de la Sierra y de la vida tradicional. Y el de Nuria Martín Herrero, que está a punto de sacar a luz su “Miralrío (1936-1939) con una buenísima relación anecdótica de la vida en un pueblo alcarreño durante los años de la Guerra Civil española. 

Por último, tengo que recordar a los valores de siempre, a esa gente que escribe e investiga, que imagina y pondera: a mis amigos y amigas que han confiado en mí para sacar adelante sus escritos, sus investigaciones y armonías. Por ejemplo, recordar a Francisco García Marquina, este año desparecido de entre los vivos, pero quizás más presente que nunca en los homenajes y antologías que se le han dedicado en estos meses pasados; a Marta Marco, toda juventud y batalla, modelando el idioma con sudor y garra; a Carmen Niño, que presiona la actualidad con su verso y su matiz, siempre atenta en el escenario y con una pluma en la mano; a Angel Taravillo, que no cesa, y de libro en libro mejora con sus historias y evocaciones de la Alcarria en siglos pasados. A Isidro Martínez, el cazador por antonomasia, a Yela Martínez, viajero de los caminos santiaguistas, y a Álvarez de los Heros, incansable caminante por la Ruta de la Lana, que nos ha mostrado clara y brillante. Pero también a Lirón del Prado, con sus rutas en bicicleta por la Alcarria, a Teodoro  Alonso Concha, con sus historias y relatos molineses, y a Serrano Belinchón, recorriendo caminos… son muchos y muchas quienes me han acompañado en este periplo de libros, de escrituras y de andanzas viajeras. Y a ellos rindo homenaje, mínimo, pero sentido, en esta hora de evocar libros y vivir entre ellos, y en la Concordia.

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