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Arbancón, patria de las botargas

Este domingo llega a Arbancón la celebración grande de su botarga, aunque a la Candelaria ya le hizo homenaje en su día. En la Sala Museo de Las Candelas, junto a las máscaras talladas por Hermenegildo Alonso, aparecen como invitados especiales, los dibujos de Isidre Monés Pons en torno a las botargas guadalajareñas.

Este año –el pasado 28 de enero– se ha alcanzado la declaración de “Bien de Interés Cultural” para el conjunto de las botargas que aparecen en los meses invernales por la Campiña y Serranía de Guadalajara. El tema no es baladí, aunque a las botargas no les suponga de mucha ayuda esa declaración, porque son importantes por sí mismas, y porque llevan en la veteranía de sus actuaciones el galardón más auténtico. No es un premio, pero sí un acicate para seguir dando la murga, y haciendo sonar los cencerrones y las campanillas de sus multicolores ropajes.

En el libro que recientemente dediqué a las botargas de Guadalajara y a los enmascarados de España, tenía una página entera dedicada a la botarga de Arbancón, y las palabras que a ella referí puedes leerlas ahora a continuación. El trabajo, que es resumen de lo mucho que allí se sabe y se quiere en torno a esta figura, iba acompañado de un dibujo, también mío, que hice a partir de una visita al pueblo un 2 de febrero de 1973. Este es el resumen de lo que debe saberse sobre la botarga de Arbancón:

Siempre que sale a la calle, y lo hace solamente el día de la Candelaria o su sábado/domingo más cercano, hace un frío solemne en Arbancón. Al resguardo del áspero viento norte, en las solanas, la gente se arrima para verla pasar. Como todas es alegre, no para. Nunca habla, y va dando saltos, multicolor, rememorando la salida de la Virgen tras la cuarentena de su parto (según la rebuscada interpretación del cristianismo) y procurando dar con su naranja a las chicas, para que de mayores se reproduzcan, como la tierra en los trigos, y los olivos en sus aceitunas (según la más antigua y segura razón de su ritual ancestral celtíbero).

El aspecto de la botarga de Arbancón, en la antesala de la Sierra Norte de Guadalajara, es de un hombre revestido de un traje multicolor, con retales de color blanco, rojo y azul, contradrapeados, más florones rojos. Muy característica es su máscara, de madera pintada, en la que se añaden dos cuernos en lo alto, lengua de piel, y bigotes y cejas tupidos. Durante muchos años las fabricó “el Mere”, un artesano de máscaras residente en el pueblo. La figura se completa con un par de cencerros al cinto, la capucha que le cubre la cabeza, una cachiporra de madera tallada, y una naranja en la otra mano.

Desde muy temprano recorre las calles del pueblo, pidiendo limosna en las casas, tocando las castañuelas y golpeando con la porra a quien le quiera quitar la naranja. Antiguamente, se acompañaba de un grupo de danzantes que a la usanza serrana bailaban ante la Virgen de las Candelas, a la que ofrecían un par de pichones blancos.

En Arbancón tienen tal veneración por su botarga, que el traje lo guarda el alcalde y solo lo entrega, cada año, a quien vaya a hacer de personaje, generalmente por promesa: nadie sabe quien es, porque va callado, y su cara oculta. Tienen, además, un pequeño Museo que recoge los trajes antiguos, las cachiporras viejas, las letras cantadas y las fotografías añejas

Teniendo en cuenta que el Ayuntamiento quiere este año dedicarle una especial atención a su fiesta botarguil, y más en el momento justo de su declaración como BIC, y en el de lanzamiento de la Campaña que Diputación Provincial hace de divulgación y apoyo a las botargas, en colaboración con el grupo “La Tradición Oral”, este domingo a mediodía daré una charla en su Centro Museo de las Botargas en la plaza de Arbancón. 

Allí trataré de poner en valor, una vez más, estas figuras del folclore ancestral, cada vez más reconocidas y aplaudidas. Y lo haré siguiendo el índice y las imágenes del libro “Botargas de Guadalajara y Enmascarados de España” que recientemente me editó la editorial Aache y que va inigualablemente ilustrado por el conocido artista catalán Isidre Monés i Pons.

En esa charla, que ya adelanto no va a descubrir nada nuevo, sí que intentaré poner un poco de orden (cronológico) entre las botargas y mascarones que aparecen en nuestra provincia, diferenciando las que son fruto del entusiasmo solsticial (que son la mayoría), las que se centran en ese momento clave del invierno que es el segundo día de febrero, la Virgen de la Candelaria, y las que van más al genérico cajón de las celebraciones carnavalescas.

Así, pueden incluirse en lo solsticial puro las del Tórtola de Henares (24 de diciembre), Humanes y Alarilla (el uno de enero), las que se hacen, o hacían, en torno a la Epifanía, y que dedican al Santo Niño Perdido (Razbona, Valdenuño Fernández, Majaelrayo, hoy pasada a septiembre…), y Montarrón y Mohernando en San Sebastián, o en San Antón la de Guadalajara y San Pablo en Fuencemillán, para en torno a la Paz y San Ildefonso ver aparecer las de Robledillo de Mohernando, Mazuecos y Taracena. Después, en San Blas, saca la botarga Peñalver, y la cofradía sonora y colorista del santo en Albalate de Zorita, y en el momento clave del cambio de rumbo, en La Candelaria, la ya referida y aplaudida de Arbancón, más las de Retiendas y Beleña de Sorbe.

Muchas otras, o bastantes representaciones de máscaras, figuras coloreadas, grupos transformistas y terribles presencias demoniacas, salen ya con motivo del Carnaval, que es ese fin de semana (este año será el 26 de febrero) que precede al Miércoles de Ceniza, en el que se da rienda suelta a las alegrías sin freno y copiosas comidas, preparándose a lo que ha de venir, la larga y austera Cuaresma. En ese Carnaval, que resuena también de cencerrones y danzas, salen en Valdesaz el estudiante y la amuguilla, en Salmerón las mascaritas, en Almiruete los vaquillones y sus mascaritas, en Luzón los diablos, en Villares los vaquillones y de Valverde de los Arroyos el quizás, porque su fiesta, que ahora es en la Octava del Corpus, es muy posible que ancestralmente tuviera salida, también, en estas épocas solsticiales y proveedoras de la esperanza de la primavera.

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