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El despoblado de Aldovera

Una ruta inédita, que te llevará por tierras de silencio, de sequía también, y de misterios. Varias veces he ido a recorrer este valle, entre Illana y el Tajo, y siempre descubro solemnes y nuevas perspectivas. El aire soplando sobre las matas de esparto, y en el azul volando águilas, azores, oropéndolas. En el recuerdo, el caserío de Aldovera, hoy convertido en finca de regadío.

En término de Illana se conservan los restos, (que hoy forman una finca privada a la que se da nombre de “Las Casas de San Isidro”) de un antiguo poblado o villa que tuvo existencia documentada en tiempos pasados. Era Aldovera. Fruto de repoblación, quedó en posesión de la Orden de Calatrava, alcanzando a tener dos centenares de habitantes en la Baja Edad Media. Pero ya en época de Felipe II, concretamente en 1579, cuando envió a la Corte su correspondiente “Relación” que fue publicada recientemente con sus correspondientes aumentos (Ortiz García, 2002), se dice que no tenía habitantes “de asiento” y que sus tierras eran labradas desde los lugares a los que había pasado la jurisdicción de Aldovera, concretamente Illana y Albalate de Zorita.

Una de las cosas curiosas de este lugar, que fue pueblo nutrido hace siglos, y aun muy poblado en la Edad Media, de la que heredan oscuras leyendas de moros y cristianos, es la existencia de unas cuevas talladas en un rocoso cantil del costado meridional del valle. Merece la pena revisar aquí lo que esa “Relación Topográfica” sobre Aldovera dice, porque da claves curiosas para interpretar esas viejas leyendas repetidas. Dice así: 

Respuesta 31. En cima del lugar hay señal, y rastro del edificio que se dize que fué castillo de tapia, está en un alto, encima de todas las señales de casas que ubo; y mas vajo del lugar la vega abajo medio quarto de legua a la sombria en la orilla de la vega, en unas peñas de yeso tajadas hay una cueba mui fuerte que se dize que fue hecha de Moros, que tiene la entrada mas de un estado del suelo, es redonda de una brazada de ancho y otra de alto abajo, y entra diez pasos adentro, y en el cabo hay anchura para poder estar veinte ombres sentados y por lo mas oscuro hay una entrada a dos salitas, la entrada es estrecha quanto cabe un hombre, apretadamente como boca de tinaja, y las salitas estan mui claras porque tienen dos ventanas hacia la vega, que estaran quatro estados del suelo, y ahora tienen entrada por lo claro de la Cueba que se la han hecho gentes del campo que abregan alli de noche, y se dize la Cueva de Varches.

Respuesta 33. Dizese que en este pueblo ubo un hombre de Santa vida, que se decia Ysidro, que estava a soldada con un vezino deste lugar, y tenia destajado en su soldada con el animo que havia de oyr misa cada dia, y que hizo nuestro Señor Dios por el en su vida milagros; por que se dize que yendo el amo haverlo que hacia que tenia poco arado, y el amo ubo enojo con el, y el santo habia arado poco, por haver estado en oracion, y contemplazion; y prometio al Amo que el enmendaria, á otro dia siguiente aquella falta, y que el otro dia yendo el Amo a verlo vido ántes que llegase arando dos pares de mulas en su haza, y desde que llegó, no vio mas de sus mulas, y arado como de dos pares, y el Amo le preguntó que si le havia ayudado arar alguien, y el santo no havia visto que le ayudase alguien, dijo que no; y el Amo callo lo que havia visto entonces.

Y despues que este santo murio tenian los huesos en un relicario, y un año mui esteril, y falto de agua el verano alla en Abril, ó en Mayo que llevaron los deste lugar en prozesion los huesos deste santo á esta fuente que se dize la fuente del Santo Ysidro y el clerigo los metio en la fuente, y que con hazer el dia claro quando salio la prozesion que a la buelta para el pueblo les llovio mucho, y esto digo yo que seria de hedad de siete, ó ocho años lo vi.

Y luego Ortiz García añade en sus Aumentos: “Ciñéndonos a lo referido textualmente, los declarantes se mostraban en grado sumo minuciosos en la descripción de las casas, montes y tierras, destacando, sobre todo, en la de una cueva «que se dice hecha de Moros». Pero el relato más singular, sin duda, es la apropiación que hacen de la tradición de San Isidro Labrador: Con todo lujo de detalles cuentan el milagro atribuido a este santo, consistente en que un ángel labraba dirigiendo las mulas (en este caso, en lugar de los madrileños bueyes) mientras el santo oraba, ante el pasmo del dueño de las tierras. Igualmente se le atribuye otro milagro, consistente en hacer brotar una fuente por medio de un golpe de aguijada. E incluso milagros «post mortem»: teniendo sus huesos en un relicario, un año particularmente estéril provocó una gran lluvia, siendo testigo uno de los declarantes. Aún así, su iglesia parroquial se decía de la advocación de San Miguel”. 

Los restos del despoblado de Aldovera

Cuando hace años escribí un libro sobre Illana, tras haber compartido con sus gentes una larga temporada, y haberme recorrido en detalle su ancho término, venía a decir que para llegar a Aldovera desde Illana había que ir bajando, por caminos de tierra, hacia el valle del Tajo. “Hoy sólo puede contemplarse un conjunto, más bien ruinoso, de edificaciones de aspecto rural. Solo rompe la monotonía un alto palomar que parece rememorar algún torreón medieval de vigilancia. El paseo hasta Aldovera tiene el aliciente de saberse en territorio de plenitud histórica, en medio de un paisaje adusto y seco, pero fuerte y viril, como si el peso de la historia hubiera quedado prendido en los perfiles de la escena. Aquí tuvieron casa fuerte los comendadores calatravos, y se mantuvieron alertas en la Baja Edad Media frente a posibles amenazas musulmanas por el valle del Tajo” (Illana y su entorno, 1999).

La Cueva de la Mora encantada

En ese valle de Aldovera, y en un alto cantil rocoso de su lado izquierdo, se abre la Cueva de la Mora Encantada, que antaño fue nombrada la “Cueva de Varches”. Nadie todavía la ha dedicado un estudio, siquiera somero, porque es de difícil acceso. Pero sin duda es cueva artificial, excavada para servir de habitación, a resguardo de amenazas, porque se sitúa a unos 8 metros sobre el nivel del suelo. En la parte baja de la roca se ven señales de mechinales y de haber habido habitación añadida. Arriba, se ven tres bocas de un tamaño aproximado de 0,5 por 1 metro, para acceder a su interior, limpio y diáfano (según dice la Relación) con una sala amplia de la que surgen por pasadizos accesos a otras dos salas, cada una de ellas con su mirador.

la cueva de la mora encantada en illana

Como es lógico, la Cueva de la Mora Encantada de Illana ha dado lugar a diversas leyendas, centradas en tiempos y personajes islámicos, a los que en Castilla se adscribe todo lo que de antiguo y maravilloso existe. Dicen que hace muchos siglos, en aquel paraje de altos roquedales calizos, a la orilla izquierda del valle que de Aldovera va a Vállaga, donde se ven oquedades que se comunican entre sí, y que son como habitaciones de un palacio, vivió una princesa mora, que durante el día permanecía en su interior escondida, y por las noches salía al exterior, y se peinaba. Y en Santa Cruz de Mudela se contaba otra conseja que hacía a esta cueva lugar de adoración y misticismos secretos.

Parece evidente que este fue lugar habitado, al menos su entorno, desde antiguas épocas. Y muy posiblemente fuera espacio habitacional de eremitas en la época del Monasterio Servitano, pues este valle de San Isidro en Aldovera se encuentra aguas abajo, a poco más de dos leguas, de la ciudad de Recópolis. Las salas altas excavadas en la roca, de muy difícil acceso, podrían haber cumplido la misma misión que en otras del entorno (como las no muy lejanas Cuevas de San Román, en término de Peralveche) y haber sido lugar de enterramiento o aislamiento total de eremitas, mientras en la parte baja, y a la orilla del camino, otros solitarios oraban y se relacionaban con los pasajeros, que en esa época del dominio visigodo, posiblemente no existiría aún lugar poblado en Aldovera, villa de creación posterior.

Orientaciones para la visitaLa mejor forma de recorrer el valle de Aldovera es saliendo de Illana por el camino que hay frente a la ermita de San Joaquín y Santa Ana, y siguiendo y cruzando por las antiguas eras, en dirección norte, se va bajando suavemente hacia el valle, donde encontramos entre arboledas los restos del poblado y una finca actual, las “Casas de San Isidro”. Desde ahí, seguir el camino a la derecha del arroyo, en dirección NO siempre. En Google Maps se reconoce este camino con el nombre de “Calle del Hospital”. Otra forma de acceder es desde la carretera GU-249, que viene de Almoguera, y nada más pasar junto a la Piscifactoría del Tajo, y tras ascender la cuesta donde asoman las ruinas del castillo de Vállaga, tomar el primer camino a la izquierda, que nos llevará en dirección E. hacia el entorno descrito. A medio camino, en unos pronunciados cantiles yesosos, se reconocen perfectamente las cuevas.

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