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El fraile jerónimo fray José, una gloria seguntina

Vida y Obra de Fray José de SigüenzaLa próxima semana, del lunes 29 julio al jueves 1 agosto, van a celebrarse en Sigüenza sus habituales Jornadas de Estudios Seguntinos, en las que, por celebrarse este año un aniversario relativo al personaje, van a tratar monográficamente sobre Fray José de Sigüenza, el fraile jerónimo que tan buen sabor de boca dejó en la historia de la Literatura Española.

De todos es sabido que la Orden religiosa de San Jerónimo, nació en Guadalajara, muy cerca de su capital, en los bordes de la meseta alcarreña que dan vistas al valle hondo del Matayeguas, por Lupiana. Esta Orden monástica, netamente española, tuvo allí su inicio y “Casa Madre”, extendiéndose por otras tan conocidas como Yuste, Guadalupe y El Escorial, y posteriormente por toda España, y por el conjunto grande de tierras hispánicas sobre América. La Bula del Papa Gregorio XI en 1373 abría un camino que fue muy circulado y provisto de contenidos, durante siglos, hasta la irrupción de la ley de Desamortización impulsada por Mendizábal a inicios del siglo XIX, que acabó con la Orden. Curiosamente, sería luego otro alcarreño, Manuel Sanz Domínguez, quien ya a finales de ese siglo volviera a recuperar y dinamizar esta Orden Jerónima, que hoy cuenta con apenas una decena de individuos en España.

Aparece José Martínez de Espinosa

De entre los numerosos personajes que la Orden Jerónima dio a la historia, cabe destacar uno que podemos esgrimirle como propio de nuestra tierra. Se trata de José Martínez de Espinosa, hijo de un eclesiástico seguntino, y en la Ciudad del Doncel nacido, en 1544. Atraído por la vida religiosa, decidió entrar en religión, cosa que hizo el 17 de junio de 1567, en el monasterio de Santa María del Parral en Segovia, adoptando entonces el nombre (como solían hacer los individuos de la Orden, tomando sobre su nombre el apelativo de su lugar de nacimiento) de fray José de Sigüenza. A partir de entonces, jornadas imparables de estudio, de análisis, de escritura y meditación. Escribió libros de historia (la de su Orden, la de su fundador, la de la construcción y ornato del monasterio de El Escorial), de exégesis apologética, de espiritualidad, de poesía, y en todas las líneas mostró su elegancia y rigor escriturario. Algo que solo se consigue leyendo mucho, analizando, y pensando. Que fueron actividades que fray de José de Sigüenza ejerció sin descanso a lo largo de su vida.

Esa imagen que de él se ha propagado, vestido con su hábito pardiblanco, sentado ante una mesa forrada, con una pluma en la mano, y la obra sujetando el cuaderno en el que escribe, la firmó primero Bartolomé Carducho y luego se universalizó con el grabado que, minucioso, hizo Manuel Salvador Carmona, inserto en la colección de “Retratos de los españoles ilustres” que se dio a imprenta en 1791 y que acompaña a estas líneas. En la mirada está compendiada su biografía. Larga y densa, en su infancia estudió en los centros docentes seguntinos y luego en su Universidad, donde cursó Teología. De allí marchó a Segovia, donde entró en 1566 como novicio, alcanzando el grado de monje profeso un año después. La biografía cabal que de él escribió nuestro Cronista Provincial, don Juan Catalina García López, ha de ser resumida por fuerza del escaso espacio de que dispongo. No obstante, el libro que ahora aparece, debido a los esfuerzos investigadores y el cariño inmenso a su figura, de Antonio Nicolás Ochaita, servirá para ofrecer con detalle esa vida tan interesante.

Fray José de Sigüenza fue no solo teólogo y poeta, sino matemático y músico. Dominaba varias lenguas y alcanzó a ser protegido (por admirado) del rey Felipe II, quien le llevó al monasterio de San Lorenzo de El Escorial, como bibliotecario primero, y luego en funciones de mentor de su decoración, ejerciendo de motor ideológico de la Orden y del centro monástico: de ahí que las pintura de sus bóvedas (coro, biblioteca, hasta detalles de fachada y patios) fueran salidos de la mente de fray José. Desde 1575 hasta su muerte, en 1606, fue eje del Escorial, de cuya comunidad jerónima fue prior en 1603 hasta su muerte. Como es lógico, al haber gozado del apoyo y simpatías del Rey, numerosos enemigos (que en el clero son, por silenciosos, de mayor peligro) le llevaron a ser llamado ante el Tribunal de la Inquisición, que le tuvo una larga temporada en análisis, declaraciones y explicaciones de las que finalmente salió absuelto. Pero aquellos que le acusaron (fray Diego de Yebes, fray Cristóbal de Zafra, entre otros) convivieron luego con él, lo que le agrió el carácter, según su biógrafos.

La figura del fraile jerónimo más conocido en España, crece ante sus biógrafos, y ahora que se cumplen los 475 años de su nacimiento, la Ciudad del Doncel le tributa de nuevo un homenaje, rescata su memoria ante las nuevas generaciones y apoya los estudios sobre su figura. Uno de ellos, el libro que se va a presentar estos días en Sigüenza, y que sin duda es el más completo de los hasta ahora escritos sobre este personaje. Una brevísima explicación sobre esta obra excepcional, firmada por Antonio Nicolás Ochaita, es lo que me sirve para terminar este recuerdo.

Vida y Obra de Fray José de Sigüenza

Esta es la ocasión de anunciar y comentar un libro que en estos días aparece, (que será presentado en estas Jornadas el jueves día 1 de agosto), y que viene a ser el mejor homenaje que se le puede dar, porque en los libros queda compendiada y anotada por los siglos la memoria y la información de la gente.
Antonio Nicolás Ochaita, alcarreño de nacimiento pero seguntino de vocación, presenta la semana que viene en el transcurso de las referidas Jornadas de Estudios Seguntinos su libro “Vida y Obra de Fray José de Sigüenza”. Es un volumen muy bien editado, en tamaño 17 x 24 cms., con 418 páginas, y numerosas ilustraciones, en el que expone el fruto de su trabajo de años: la biografía del fraile jerónimo, la relación analizada y comentada de sus obras (las publicadas y las que quedaron inéditas), su influencia en el desarrollo de la orden jerónima, su importancia clave en la construcción y decoración del monasterio de El Escorial, y (para mi gusto, el mejor de los capítulos) la protección que a los pintores del siglo XVI promovió, desarrollando su obra, y valorando la de otros anteriores…. por ejemplo, el aprecio que desde entonces se le tiene a la obra pictórica de Jerhónimus van Anken, el Bosco, se debe al interés que en el análisis de sus detalles hizo fray José, y cómo le instó a Felipe II a que buscara cuantas obras del flamenco pudiera encontrar, para nutrir su gran colección. Tarea gracias a la cual hoy podemos disfrutar, en el Museo del Prado, del mejor conjunto que en el mundo existe de la obra de este pintor universal.

El libro de Nicolás Ochaita es fundamental en muchos sentidos, pero sobre todo por el ímpetu de totalidad que le embarga: no solo refiere las noticias vitales del fraile, sino lo que él escribe a propósito de cada paso que da en la vida, de lo que otros escriben sobre él, de sus dichos y sentencias, de su visión del mundo (el espiritual y el material). En definitiva, una obra de la que los alcarreños podemos sentirnos orgullosos, porque rescata de manera definitiva a esta singular figura de nuestra historia, al seguntino Fray José, luz de la Orden Jerónima, y una de las plumas más fructíferas y elegantes de la literatura española.

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