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SELAS: Retablos y festividades

selasAcaba de aparecer (reeditado) un libro modélico, que ha tenido el aplauso de un pueblo, concretamente el de Selas, al que se dedica en cuerpo, alma y detalles. Historias, retablos, festividades, personajes y leyendas, todo bien dispuesto y entretenido.

Entre las poblaciones de la sexma del Sabinar, del Señorío de Molina, destaca Selas, a poco más 1.100 metros de altitud, y con una vida intensa, especialmente ahora en el verano, más aún en los pasados días, en torno al Corpus y a su consecuente celebración de la Virgen de Minerva, que aquí en Selas es tenida por patrona desde tiempo lejano, concretamente, y que se sepa, desde el siglo XVI.

Tiene Selas por alcalde a una persona que lleva muchos años en la dedicación completa de su tiempo hacia el pueblo en el que ha nacido. Félix Martínez Sanz (Selas, 1948) es además un investigador que no ha dejado papel por leer de los que quedan en el Ayuntamiento y en la iglesia de la localidad. Todo anotado, todo meditado, todo en concordancia: y con esos datos ha construido un precioso libro, una historia de Selas a la que califica de “un pueblo entre fronteras”. Siempre dentro de las del Señorío de Molina, pero en el inestable ínterin del Ducado de Medinaceli, no lejos de Aragón, y con los castellanos a veces amenazando. De esa larga secuencia de siglos surge este rimero de datos que nos entusiasma leer.

Pero además de la historia, en este libro surge el arte, el folclore, los personajes, la geografía… de unos y otros saca el lector siempre información y consecuencias. Yo me he decantado, al tenerlo en las manos, por ir primero de todo al capítulo del Patrimonio, donde se habla de los principal que a este respecto hay en Selas, la iglesia parroquial.

Y dentro de ella, una colección estupenda de retablos, sobre los que Félix Martínez ofrece fotografías, descripciones y muchos documentos, todos los que ha encontrado en los libros de fábrica de la parroquia. Yo, de entre ellos, me decanto por tres, al menos de los que actualmente quedan, porque algunos otros se perdieron (no explica cómo) aunque han quedado fotografías de Camarillo. Esto le ocurre, por ejemplo, al retablo que él califica de “Santa Catalina” (porque así lo pone escrito sobre la fotografía de Tomás Camarillo) pero que se entiende que debería ser nombrado como de “San Sebastián” porque ese es el santo que aparece en la tabla principal.

Al parecer, antiguamente, rodeando al gran retablo barroco mayor, que sigue existiendo, con una talla de la patrona, la Virgen de Minerva en su centro, le escoltaban otros dos retablos, denominados de San Sebastián y Santa Catalina. El primero desapareció, pero el segundo se conserva, aunque hoy le llaman “el de Nuestra Señora del Carmen” porque tuvo sobre la mesa del altar delantero una talla de esta advocación.

Sin embargo, vemos que es un altar dedicado a Santa Catalina, y que además se proclama a sí mismo sin dificultad como el mejor de todos los del templo. Pongo una foto junto a estas líneas y paso a describirlo.

Tiene dos niveles, de tablas pintadas, separados por frisos de hechura plateresca. Se remata con una tabla aislada, sin marco, representando un Calvario. Se conoce que las tablas de este retablo son de distinta procedencia, quizás procedentes de otros retablos desaparecidos, de los que han salvado tablas sueltas. El mejor conjunto es el nivel superior, en el que vemos agrupadas, en paralelo, tres tablas representando a otras tantas mártires del primitivo cristianismo, y que son, de izquierda a derecha, Santa Águeda, Santa Catalina (que centra el retablo y le da nombre) y Santa Inés. En el nivel inferior, aparecen los siguientes personajes: San Gregorio, papa, con sus atributos pontificios; San Roque, vestido de peregrino, mostrando su pierna herida y acompañado de su inseparable perrito; finalmente una tabla de mala calidad, de imperfecta hechura, y que hasta hace difícil su identificación (quizás San Cristóbal, o, más bien, San Sebastián, porque aparece desnudo arropado de una sábana, y con escudo y arco de flechas a los pies.

En la parte inferior del retablo, una cartela, moderna, dice que este retablo fue donado por Domingo Moreno, en 1855. Es obra, sin duda, del siglo XVI, segunda mitad, al menos las tablas superiores. Y bien podría ser de mano del pintor seguntino Luis Usarte, que aparece documentado en el Libro de Fábrica de la parroquia de Selas, así como su hijo Juan Usarte (ambos vivieron en una casa del barrio de San Vicente, de Sigüenza).

El siguiente retablo es el dedicado al Niño Jesús, y es también obra de finales del XVI o comienzos del XVII. Aparecen sus tablas, en número de cinco, más otro Calvario en el remate, uniformemente tratadas, siendo todas del mismo pincel o taller, en un manierismo/barroco muy popular, pero de claro contorno, con mensaje efectista. En la bancada inferior aparece, a la izquierda, San Juan Bautista, y a la derecha, San Pedro, bajo cuyos pies orante asoma el oferente del retablo, posiblemente un clérigo pues va de negro vestido. En la banda superior, tres tablas: la de la izquierda representa a San Francisco; en el centro, la Epifanía, y a la derecha San Antón. Todos ellos, sin duda, santos de la devoción del oferente del retablo. No hay documentos sobre el mismo.

El tercer retablo, el más moderno, claramente del XVII, es más sencillo, pero muy contundente en su forma, con un espacio central y bajo de fondo liso y ocipado por una talla, buena, de Cristo crucificado, al que llaman “del Miserere”, y en lo alto como remate, enmarcado, otro Calvario, que viene a ser una representación iconográfica predominante en Selas.

Es curioso también, aunque artísticamente de menor relieve, el altar mayor del templo, que centra su presbiterio. Con adornos y columnas barrocas, en sus hornacinas se albergan diversas figuras del santoral, presididas todas por la imagen de María Virgen, en su advocación de la Minerva. Según nos dice Félix Martínez en su libro, las rebuscas documentales revelan que se trata de un retablo concluido en 1692 y debido al arte de Diego del Castillo, artista actuante en Sigüenza.

Fiestas únicas y curiosas

En Selas, según nos cuenta Félix Martínez en su gran obra sobre el pueblo, han tenido fama dos festividades, ambas de tiempo frío, que aún se celebran, aunque ahora en un sentido más minoritario que antaño, en que participaba el numeroso vecindario. Se trata, de una parte, de la “Fiesta de las Candelas”, en la que salen los mozos, vestidos de grandes capas negras de estilo castellano, a rondar las calles, muchas veces con el suelo cubierto de nieve. Y la otra, a la que llaman “Fiesta de las Hoguerillas” se hacía la víspera de la Inmaculada, el 7 de diciembre, y en ella se encendía hogueras particulares, delante de cada una de las casas habitadas del pueblo. Esa devoción por la Inmaculada Concepción de María, que es concepto eminentemente teológico y, por tanto, traído por la clerecía, está muy extendida por el resto del Señorío de Molina.

En cualquier caso, tanto esta muestra del arte de Selas (representada por los retablos de la parroquia) como el recuerdo de las fiestas tradicionales que se celebraban en el pueblo, son solamente dos aspectos de la obra considerable que en más de doscientas páginas refleja el trabajo y la pasión de Félix Martínez Sanz, quien ha puesto en el mapa a Selas con este libro, ahora reeditado, muy cargado de imágenes, de documentos y de historias interesantes. Un libro que todos los aficionados a la literatura de tema local deberían tener ya en su biblioteca.

 

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