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Abultado aniversario en Valverde

Valverde de los ArroyosEn este año se cumplen, exactamente, los 450 de la fundación de la Cofradía del Santísimo, eje de la fiesta, y la tradición, de Valverde de los Arroyos. Este próximo fin de semana se sucederán los actos en la localidad serrana para conmemorar tan abultado aniversario.

Un Cabildo de Coronados

En estos días se cumple un suculento aniversario en Valverde: los 450 años de la fundación de esa Cofradía del Santísimo cuyos miembros danzantes protagonizan, al inicio de cada verano, una solemne y colorista fiesta al pie del Ocejón. Una fiesta que ya declarada de Interés Turístico reune cada vez a más curiosos a contemplar sus ritos y movimientos.

El domnigo 21 va a celebrarse el aniversario de modo local y sencillo, con una fiesta muy para los valverdeños. Acudirá el señor Obispo de la diócesis, don Atilano Rodríguez, a más de una serie de sacerdotes relacionados con la localidad: habrá una misa cantada, en latín, original de Pío X, y un “Cantar de los Hermanos”, más la procesión de Minerva ante la Cruz parroquial, en el Portalejo, imposición de medallas y exposición de documentos, más una danza previa a la comida de hermandad.

La noticia de que la Cofradía del Santísimo de Valverde se fundó en 1568 (hace, pues, exactamente 450 años) aparece referida en un documento manuscrito, de la Visita que hizo, en 1752, don Francisco Jalón, cura párroco de Montejo, por mandato del Obispo de la diócesis de Sigüenza. Allí se declara que en el año 1568 se creó la “Cofradía del Santísimo Sacramento” con sobrenombre de Los Coronados, y que entonces constaba de 12 hermanos, más el abad y su objetivo era el de asistir “revestidos de sobrepellices” y cantar en las procesiones del Corpus y otros oficios divinos, asistiendo además a una “Misa de Cuerpo de Cofradía”.

El objetivo inicial al constituir esta hermandad o cofradía era, al parecer, algo más ambicioso que una simple reunión de varones adultos y amigos. Nos lo epxlica con todo detalle Juan Antonio Marco Martínez, en su obra sobre “Valverde de los Arroyos, parroquia y parroquianos”. Él nos da como fecha más antigua de la Cofradía la de 1606, que es la de la famosa Bula Papal de Paulo V en la que se constituye y aprueba la Cofradía del Santísimo Sacramento, a la par que otras basadas en las características de la iglesia de Santa María de Minerva en Roma, que tienen como misión principal la de acompañar y exaltar al cuerpo de Cristo, el Corpus Christi, en su festividad y en la de su Octavo Día. Esa Bula, que existió en Valverde y muchos la vieron y leyeron, desapareció sin dejar rastro en el primer tercio del siglo XX (quizás un incendio, un robo, la Guerra…) pero se sabe de otros lugares de España en que hay Bulas del mismo tipo y fecha, que ayudan a comprender lo que decía la de Valverde.

Esa constitución de Cofradía inicial se transforma luego en “Cabildo de Coronados”. Nada tenía que ver con un “Cabildo” o reunión de eclesiásticos al estilo del catedralicio de Sigüenza, y al hablar de “coronados” tampoco se hace referencia a la costumbre de los danzantes de bailar cubiertos de altos gorros floreados ante el Santísimo.

Al parecer, y según los datos y apreciaciones de Marco Martínez, estos “Cabildos de Coronados” de los que hay muchos otros ejemplos en Castilla y Aragón, serían como una especia de “acolitado permanente”, para actuar en un lugar y una fiesta determinada. Un grupo de vecinos que tendrían una tonsura por haber alcanzado las órdenes menores de la clerecía, a los que enseguida se unieron seglares constituyendo todos la Cofradía.

El caso es que durante siglos, de un modo u otro, a esta unión de serranos valverdeños que hoy todavía forman parte de la Cofradía del Santísimo, se la denominó con ese pomposo nombre de “Cabildo de Coronados” que aún usa y del que está orgullosos. La fiesta, en todo caso, tiene todos los visos de ser muy antigua, y de haber servido de unión, y de estímulo, a los habitantes de este territorio, tan hermoso pero hasta hace poco tan remoto y alejado de la civilización, como el resto de pueblos de la Sierra Negra de Guadalajara y Segovia.

En todo caso, recordar aquí que, ese seguro, fue en 1568 cuando se fundó en Pinilla de Jadraque (Pinilla de las Monjas le llamaban entonces) el “Cabildo de La Asunción de Nuestra Señora” y que se conformaba de 25 clérigos y 15 seglares, y que acudía a solemnizar con su presencia y cánticos las solemnidades religiosas de los pueblos del entorno (a más de Pinilla, Medranda, Membrillera y La Toba. Del siglo XVI son otros cabildos, ya desaparecidos, pero de los que se tiene noticia, en El Atance, Valdelcubo, Anguita y Sotodosos, todos ellos formados por asociación de clárigos y seglares para solemnizar fiestas.

Un libro que lo explica todo 

El domingo próximo habrá también un hueco para recordar el libro que acaba de aparecer, y que explica en el detalle más minucioso esta fiesta, sus aniversarios y sus valores. Lo han escrito José María Alonso Gordo, y Emilio Robledo Monasterio y lleva por título “Las danzas de la Octava del Corpus de Valverde de los Arroyos”. Edición de los Autores. Guadalajara, 2018.

Un total de 372 páginas forman estas “Danzas de Valverde de los Arroyos” en formato de un libro grande, de 17 x 24 cms., cargado de cientos de fotografías en color. Se complementa con extraordinarios dibujos de Angel Malo Ocaña, que presiden el inicio de cada capítulo, y lleva un Prólogo cargado de sabiduría firmado por Joaquín Díaz, uno de los más reputados entendidos del foclore español.

Empieza el texto con una situación al lector del lugar en que se centra la acción: “Nos encontramos en un pueblo escondido entre las laderas del pico Ocejón, a 1.255 metros de altitud, y rodeado de cumbres…” Ya solo con echar un vistazo al Indice, el lector se percata de la amplitud del tema y de la meticulosidad de su estudio. Nada ha quedado fuera de la lupa de los autores. que bordan la obra por dos caminos: el de ser naturales de Valverde, y haber crecido entre el sonido de los instrumentos serranos, y el de ser rigurosos analistas de la fiesta que tratan, en la que llevan de un modo u otro comprometidos toda su vida.

Así empiezan con “La Octava del Corpus” a hacer un análisis de la fiesta de Valverde y de otras similares, haciendo por ejemplo alusión al nombre popular de “Coronados” que se le daba a los cofrades.

Sigue luego el capítulo de “Las danzas rituales” de origen medieval y las analizan una por una. Allí aparecen las danzas de castañuelas, la danza de la Cruz, El Verde y El Cordón, siguiendo luego la relación de danzas de cintas y finalmente las danzas de palos: “El Capón”, “los Molinos” y “La Perucha” de la que transcriben letra y música. Dicen al lector cuanto saben de las danzas perdidas, y de las danzas parcialmente recuperadas, como “El Garullón” y “Las Campanillas”.

Ponen el foco seguidamente sobre el grupo de los danzantes: el gaitero, el botarga, el registro, los danzantes propiamente dichos, y los niños danzantes. Hay referencias genealógicas, nominales, entrevistas a los que permanencen vivos… y en general se constituye esta parte del libro en una vibrante demostración de cariño y admiración por estos protagonistas.

Luego se adentran los autores en la descripción del “Vestuario y accesorios de la danza”, con profusión de fotografías y dibujos, todo en color. Terminando con una historia y relación de acontecimientos en los tiempos actuales.

Finalmente nos ofrecen un interesante estudio, quizás la parte más valiosa del libro, en el que se viaja a la comprensión de otras danzas, en la Región, en la provincia, en la Serranía, con utilización de flores, de cintas y espejuelos, más el tamboril, la gaita y la dulzaina, la conexión con el folclore segoviano, etc.

La llectura de este libro es la espoleta, sin duda, para volver a Valverde, y una posibilidad de adentrarse en el conocimiento definitivo, completo, asombroso, de estas danzas y de las gentes que las hicieron posibles.

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