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El puente árabe de Guadalajara

Puente arabe de Guadalajara

En estos días se anuncia la licitación, por parte del gobierno de la Región, de las obras que habrán de reparar (nunca será definitivamente, pero al menos permitirán usarle y admirarle en su integridad) el puente árabe sobre el Henares a su paso por Guadalajara.

“El puente’l río”, que a Guadalajara le cabe en nómina como a otros tantos viejos burgos castellanos, fue siempre la referencia cierta de la ciucad. Paso sobre un vado cuando romanos y visigodos, y luego levantado por los auténticos fundadores de esta Wad-al-Hayara medieval, los árabes de Abderrahmán III, sirvió de paso de las aguas, de aduana, de fielato, de objetivo pictórico, y hasta, en julio del 36, de campo de batalla.

Sufrió desastres estructurales, sobre todo cuando las avenidas por intensas lluvias eran más frecuentes. En el siglo XVIII una de esas avenidas se lo llevó entero, y durante decenios había de pasarse, de la Campiña a la Alcarria, desde el barrio de los Batanes al de la Alcallería, en barca o almadía. Gracias a la política ilustrada y constructiva del gobierno de Carlos III, que lo reconstruyó a finales de la décimooctava centuria, sirvió al desarrollo del entorno, mejorando la vida en una y otra comarca, y especialmente en la ciudad.

Ahora llevaba tiempos, largos, con desperfectos progresivos, hasta el punto de que la prudencia aconsejó cerrarlo al paso de peatones, pues sus barandales, por de hierro, con la humedad y los calores se van deshaciendo. Esperemos que sea cierta esta requeteanunciada noticia de su restauración y puesta en uso. Yo personalmente ya no me creo nada hasta que no lo vea hecho. Cuestión de experiencia.

Recuerdo del puente

De origen romano, pero construido plenamente por los árabes, en época cristiana medieval este puente era ya de proporciones monumentales, y tenía en el centro una torre alta y fuerte, según leemos en la Relación de 1579, llegando así a los días de Núñez de Castro, que fue el último de sus antiguos historiadores, a mediados del siglo XVII. Los redactores de la Relacióndecían así: Está sobre el dho rio vna Puente de mui hermoso y fuerte edificio, con vna torre alta y fuerte en medio de ella que en su demostracion arguye gran antigüedad, y segun viejas escripturas presúmese haver sido edificada de los romanos, es el edificio de ella de cal y ladrillo y canto.

Pero la torre desapareció, posiblemente en los avatares de la Guerra de Sucesión, a principios del siglo XVIII, hundiéndose definitivamente el puente en 1757, dando servicio en precarias condiciones a través de un puente provisional de barcas y maderámen. Por el agobio que para las relaciones comerciales y sociales suponía la falta de puente en Guadalajara, el corregidor de la ciudad recabó la colaboración e impuestos de todos los pueblos en 30 leguas en contorno, que se obligaron a hacer aportaciones para su reconstrucción; así y todo, fue necesario acudir a las arcas del Estado para que pusieran lo que faltaba y así reedificar el puente con la solidez con que entonces se acometían estas obras. Fue su arquitecto el montañés Juan Eugenio de la Viesca. Todavía a mediados del siglo XIX, en 1856, fue necesario hacer otra reparación, quedando desde entonces tal como hoy lo vemos.

Crónica y Guía de la provincia de Guadalajara

 

La principal construcción de este monumento es árabe, de la segunda mitad del siglo X, y fue ordenado levantar por Abderramán III, para servir de acceso a lo que ya era una de las más importantes ciudades de la Marca Media. Se trata de una obra en la línea más pura de la arquitectura califal cordobesa de la época, pues en principio tenía una fuerte rampa doble o lomo, que suponía ser más elevada la parte central que las laterales. En lo que resta de obra árabe, alternan las hiladas de sogas con variable número de tizones. Consta de varios arcos apuntados, y en el centro del río, contra corriente, avanza un fortísimo espolón o estribo que remata en varias hiladas de sillería en degradación, y sobre él aparece un “arco ladrón” en herradura, al que llaman el ojillopara dar salida a las avenidas impetuosas.

Como antes he dicho, y en el dibujo adjunto puede verse, tuvo originariamente una alta torre en el centro, y al parecer otra en el extremo opuesto a la ciudad. Mide 117 metros de largo, y se forma por siete arcos y seis pilastrones, muy fuertes y macizos los dos centrales, llevando uno de ellos un aliviadero muy característico de los puentes árabes. Se rescataron los dos últimos hace pocos años en unas jornadas de recuperación arqueológica.

Al puente del Henares en Guadalajara se le han dedicado versos, se le han cantado coplas y se le han asignado leyendas. Desde sus barandas he visto correr el agua, límpida, haciendo ondas sobre los cuadrangulados armatostes de piedra caliza de varios colores que forman su solado, y que vienen de cuando, en el siglo XVIII, había que vadear el río con grandes carros, y en época de agosteña sequía podía hacerse camino firme sobre el embaldosado. Algunos creyeron que de esas piedras, tan bien colocadas, procedía el nombre de la ciudad, que pensaban traducía el Wad-al-Hayara árabe por el “río de piedras” castellano. Y no es así, porque el nombre de nuestra patria chica lo hereda del árabe en el sentido de “valle de las fortalezas”, de los edificios defensivos hechos con piedra.

En cualquier caso, a este puente del Henares en Guadalajara, que quizás vaya a ser pronto restaurado, acondicionado y hermoseado, no le vendría mal tampoco un adecentamiento de sus riberas, aguas arriba y aguas abajo de los arcos. Yo creo que es, y seguirá siéndolo por muchos siglos, uno de los emblemas de la ciudad. Y conviene sacarlo, de vez en cuando, de su silencioso anonimato. Paseándolo, por ejemplo, en estas páginas de “Nueva Alcarria” y en estos días tan bullangueros de Fiesta y alegrías.

Bibliografía

Por si alguno de mis lectores quiere saber más datos sobre este edificio monumental e histórico de la ciudad de Guadalajara, aquí van las tres referencias fundamentales en las que podrá ampliar información: Leopoldo Torres Balbás: “El puente de Guadalajara” en Al-Andalus, III (1935). Páginas 169-170.Basilio Pavón Maldonado: “Guadalajara medieval. Arte y Arqueología árabe y mudéjar”. C.S.I.C. Madrid, 1984. Páginas 23-29. Y Juan José Bermejo Millano: “Guía de los puentes de Guadalajara”, Aache Ediciones. Guadalajara, 2008. Páginas 45-51.

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