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Los alumbrados en Guadalajara

Erasmo de RotterdamEn estos días se cumplen los cinco siglos exactos de la proclamación por Lutero de sus tesis reformistas. Fue en el castillo de Wittenburg, un mes de octubre, de 1517, y aquello dio lugar a un movimiento religioso, político y social que cuajó en una amplia renovación espiritual y nuevas formas de vida, aun vigentes.

La historia de la Reforma Luterana a lo largo y ancho de España es larga y prolija. Muchos españoles se unieron a las tesis de Lutero, porque ansiaban una Reforma de la Iglesia Catn de la Iglesia, sobre todo en lo referente al comportamiento de los ministros tendila Iglesioa Católica. Si el motivo inicial de la protesta luterana eran las indulgencias, luego se extendió a otras muchas cuestiones.

En España, desde bastantes años antes, se habían encendido luces y se habían elevado voces que pedían un giro en la actuación de la Iglesia, sobre todo en lo referente al comportamiento de sus ministros, de los sacerdotes, jerarcas, monjes, etc…. De esa inquietud nace la reforma que ofrece Francisco de Cisneros (de quien a la semana que viene se cumplen también los cinco siglos de su muerte) y la posibilidad, siempre dificultosa, de llevarla a cabo.

Sobre la Reforma Luterana en Guadalajara se ha escrito muy poco, aunque existen datos abundantes, que han ido saliendo dispersos, pero que al unirlos forman la solución a un puzzle apasionante. En el núcleo de todo ello estarían los alumbrados, los dejados, los iluminados

Se ha escrito mucho sobre ello, libros enteros: Marcel Bataillon en su “Erasmo y España” lo trata muy ampliamente y lo descubre. También quien fuera Cronista Provincial de Guadalajara y catedrático de Historia en la Universidad de Madrid, don Manuel Serrano y Sanz, investigó mucho, y publicó mucho, artículos sueltos pero muy densos y con mucha documentación. Por supuesto don Marcelino Menéndez y Pelayo, en su “Historia de los Heterodoxos Españoles” hace relación de todos. Y el gran libro, posterior, de Antonio Márquez, “Los alumbrados: orígenes y filosofía”. Sin olvidar la “Historia de los Alumbrados” de Alvaro Huerga.

En la tierra alcarreña se va a acoger densamente este movimiento, y a hacerlo en torno a dos núcleos fundamentales: el convento franciscano de Pastrana, y el propio palacio del duque del Infantado.

 

Aspecto general de los alumbrados

 

Surgen los alumbrados de diversos movimientos espiritualistas, nacidos en la segunda mitad del siglo XV, y en los que influyen decididamente los franciscanos, paladines de una reforma eclesiástica que también Cisneros propuso y lideró en su momento.

La Inquisición, creada por los Reyes Católicos en 1482, sospechó desde el primer momento en la existencia de elementos heréticos en la doctrina de los alumbrados e inició una investigación que llevó a la detención de sus principales cabecillas. Muchos nombres en esos grupos, pero Guadalajara ve discurrir los sermones y actividades de dos especialmente relevantes: la beata Isabel de la Cruz y Pedro Ruiz de Alcaraz que resultaron encarcelados en abril de 1524 y sentenciados en un auto de fe de julio de 1529. Otros nombres de aquel movimiento fueron Francisca Hernández, Juan del Castillo y María de Cazalla.

 

Sobre el núcleo de alumbrados en el palacio del Infantado

Diversas cortes castellanas de grandes señores acogieron reuniones y grupos de alumbrados. Ocurrió en Escalona, con el marqués de Villena, y ocurrió en Medina de Rioseco, con el almirante don Fadrique Enríquez, pero también ocurrió en Guadalajara.

A partir de 1520, el palacio del Infantado fue un lugar de reunión de cuantos y cuantas tenían interés en la vida recogida, en las charlas comunitarias sobre la Fe y la Oración interior. Dice Marcel Bataillon que el tercer duque era un hombre accesible a las ideas de Lutero sobre la salvación. Ya mayor, y con achaques de gota, pasaba largas temporadas en el Palacio de Guadalajara, rodeado de hijos y parientes, de amigos y amigas, de religiosos y civiles, de escritores y artistas…

Entre el personal de la capilla del Duque, Isabel de la Cruz, maestra de los alumbrados de Guadalajara, cuenta con varios discípulos. Uno de ellos es Rodrigo de Bivar, que es el maestro de canto. Y Alonso del Castillo, que es capellán del Duque, en 1525.

El tercer Duque del infantado, poco antes de morir, había admitido en su casa a Petronila de Lucena, hermana de Juan del Castillo, impregnada por este de ideas alumbradas.

El tercer duque del Infantado se libró de una segura investigación por parte de la Inquisición, que ya le apuntaba, por morir justamente en esos días, en el otoño de 1531.

En torno a 1532, María Cazalla, acude frecuentemente al palacio a conversar con la duquesa y entra en otros palacios de la aristocracia de Guadalajara.

Las noticias más claras sobre la implicación del duque del Infantado en el movimiento alumbrado, aparecen en el proceso de Petronila de Lucena, en un extracto de una disposición de Diego Hernández, de 1532, en que se dice textualmente:

“después la llevaron al Duque del Infantado defunto que envió por ella para su Maldonada, y dende a ocho días que ella fue, fallesció. E fue su hermano Lucena e un licenciado su pariente y otros por ella cuando supieron la muerte del Duque y entonces me dixo Lucena en Santiago que era el Duque gentil e que creía que estaba en lo de la salvación general con lo de Luteroe que no desconformaba en sentirlo, y no sé si me dixo que su hermana era mujer de gran marco e que si el Duque viviera que hablara con ella, que privara mucho con él porque le diera de sentir gran cosa”.

 

Alumbrados destacados de Guadalajara

De los nombres que aparecen en los diversos procesos cuya documentación se ha conservado, destacan dos fundamentales: una es Isabel de la Cruz, religiosa de la tercera orden franciscana. Vive en Guadalajara, su ciudad natal, en la parroquia de santo Tomé, y enseña a bordar a las hijas de los principales (esto lo dice Serrano y Sanz en su escrito sobre Pedro Ruiz de Alcaraz). En 1519, Isabel de la Cruz es denunciada en compañía de Pedro Ruiz de Alcaraz, Quien dice a grandes voces que es discípulo suyo en materia espiritual. Ella es quién enseña el ”dejamiento” a fray Diego de Barrera, maestro de los alumbrados de Pastrana. A través de Alcaraz y de los Cazalla, Isabel es la principal inspiradora de los dejados de Castilla la Nueva. Su proceso se ha perdido, pero sabemos que esta mujer fue realmente la más importante de este movimiento. Isabel de la Cruz era considerada como conversa. Finalmente, en 1529 se ordenó el encarcelamiento de Isabel de la Cruz, a quien le quitaron el hábito de tercera. Bataillon ve indicios de que en general toda la orden de San Francisco está de parte de los iluminados y alumbrados, pues así se expresaron cuando fueron requeridos a declarar en defensa de Isabel de la Cruz.

La otra es María Cazalla, quien ejerce, en compañía de su hermano fray Juan de Cazalla, obispo y previamente capellán de Cisneros, un verdadero apostolado por la espiritualidad personal e íntima. La encontramos a su lado en Pastrana en 1522, en los momentos en que el Evangelio del dejamiento se difunde por estos lugares. De vuelta a Guadalajara, difunde la buena palabra en los palacios de la aristocracia y deja llegar su huella hasta entre los clérigos de Alcalá.

Esta Cazalla estaba casada con un importante burgués de Guadalajara, Lope de Rueda, y era madre de varios hijos. Fue muy influyente en la vida religiosa de Guadalajara y sus alrededores, haciéndose oir en las casas nobles de la ciudad y muy especialmente en el palacio del Infantado. Siempre en persecución obsesiva de la perfección, al principio se dejó influir por la beata Mari Nuñez, que con ella vivía.

Se llevó a decir que Pedro Ruiz de Alcaraz y María Cazalla concedían a Isabel de la Cruz “mayor autoridad que a San Pablo y que a todos los santos”.

El otro núcleo de alumbrados en la tierra de Guadalajara es el formado por algunos frailes franciscanos de Pastrana, previamente instruidos por otros procedentes de Cifuentes. Fueron estos franciscanos Francisco de Ocaña y el guardián del convento fray Juan de Olmillos, cuyos éxtasis, sermones y atrevimientos proféticos armaron gran revuelo. También en Pastrana aparecen implicados Villafaña y Olivares.

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