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Santuarios de la Alcarria

Santuarios_de_Cuenca

Baltasar Porreño escribió «Santuarios del Obispado de Cuenca», un gran libro que ha permanecido inédito en manuscrito hasta ahora, y en el que entre otros lugares estudia en profundidad la historia y leyendas de Salmerón en la Alcarria guadalajareña.

Una obra esperada, casi mítica, que en Cuenca especialmente y en la Alcarria toda se consideró siempre como fundamental para conocer, de primera mano, la historia de algunos pueblos y sus santuarios en las fronteras del Tajo, el Guadiela y el Cabriel… ese viejo manuscrito que todos sabíamos había escrito Baltasar Porreño, pero que nadie encontraba, por fin sale a la luz. Y con su mismo título de “Santuarios del Obispado de Cuenca y personas ilustres en santidad que en él ha habido”.

Una paciente tarea de búsqueda y analisis 

Esta obra que hoy nos llega es capaz de introducirnos ampliamente en la vida y obra de uno de los escritores más prolíficos del Siglo de Oro, y también de los menos conocidos. Porque Baltasar Porreño nos dejó mucha obra que, en parte fue impresa, y en parte quedó inédita, en manuscrito, y de esta mucha se ha perdido. Sabemos que pasó su vida escribiendo, poniendo sobre el papel sus infinitos conocimientos, pero no llegó a ver impresa sino una mínima parte de esa ingente obra. Hoy, por suerte, vemos que se pone en manos de los lectores y curiosos del siglo XXI la buscadísima Relación de los Santuarios de Cuenca, que durante siglos anduvo perdida en añejos archivos.

El trabajo que nos ofrece en esta ocasión la especialista en filología, y profesora de la Universidad Autónoma de Madrid, Pilar Hualde Pascual, es muy ambicioso, y el gran tamaño de esta obra, y su enorme carga gráfica, ha impuesto el destino final de la edición: esto es, se ha optado por sacarlo en formato digital, como PDF, grabado en disco incluido en carpeta de plástico, con carátula que le da portada y explica su contenido.

Baltasar Porreño, un gran historiador alcarreño

La Introducción o capítulo I de este libro está dedicado, con gran amplitud, al análisis biográfico y búsqueda bibliográfica de Baltasar Porreño. Nacido en Cuenca, en 1569, en el seno de una familia de intelectuales, estudiosos y artistas, se formó en la Universidad de Alcalá de Henares, y se ordenó de clérigo, actuando ya muy joven como Vicario General de la diócesis de Cuenca, y viviendo luego y optando por ser “cura de pueblo” en Huete, Sacedón y Córcoles, fundamentalmente. La mayor parte de su obra la escribió durante su estancia en Sacedón, que duró varios decenios.

La autora de este libro analiza los escritos de Porreño, dividiéndolos en libros impresos (los que se imprimieron en vida del autor y los que lo hicieron después de su muerte) y libros inéditos que quedaron como manuscritos (la parte más numerosa) localizados algunos de ellos, y considerados perdidos otra buena parte de los mismos. Relativos a la provincia de Guadalajara es curioso señalar que uno de sus manuscritos es el titulado “Vida y hechos hazañosos del Gran Cardenal de España, don Pedro González de Mendoza, Arzobispo de Toledo” y entre los perdidos figura el “Catálogo de los milagros de Nª Srª de los Llanos de Hontoba”. Fueron perdidos quizás lo más granado de su obra, como la “Historia de la Ciudad de Cuenca” y la “Historia de San Julián, obispo de Cuenca”, mientras que a caballo entre una y otra categoría (perdido y hallado el manuscrito) aparece esta obra titulada “Santuarios del Obispado de Cuenca y personas ilustres en santidad que en él ha habido”, de la que hoy se sabe que tuvo dos partes, aunque la primera nadie la vió nunca, y esta segunda que se dio por perdida, luego la localizó el erudito alcarreño don Juan Catalina García López en la Biblioteca Real de Madrid, desapareciendo de allí y apareciendo, tras la Guerra Civil, en el Fondo Antiguo de la Biblioteca Universitaria de Salamanca, que es donde la ha hallado la autora de este libro que comentamos. A la Biblioteca Real llegó en época de Carlos IV, y tras la Guerra la reclamó y consiguió llevar a Salamanca el catedrático de esta Universidad, Antonio Tovar, en 1954.

Los santuarios que aparecen estudiados en este gran libro, y que seguro han de interesar mucho a la gente que en Cuenca, Guadalajara y Valencia se apasionan por el viejo patrimonio de la tierra, son los siguientes:

Nuestra Señora de Tejeda, junto a Garaballa

Nuestra Señora del Puerto, en Salmerón

La Santa Cruz de Carboneras

Nuestra Señora del Socorro, en Valdeolivas

Nuestra Señora de los Remedios, en Cuenca

Nuestra Señora del Sagrario, en Garcinaharro

Nuestra Señora del Soterraño, en Requena

Nuestra Señora de Llanes, en San Pedro Palmiches.

El Santuario de Nuestra Señora del Puerto, en Salmerón (Guadalajara)

Seguro que el más interesante para mis lectores es el Santuario de Nuestra Señora del Puerto, en Salmerón. Por si no lo saben todavía, les explico donde está: a la izquierda de la carretera que desde Alcocer se dirige (pasado Millana) a Salmerón, como un kilómetro y medio antes de llegar al pueblo. Hoy se ve allí un pequeño edificio, con aspecto de ermita, pero con todas sus paredes abiertas, como un humilladero. Es lo que pervive de un complejo monumental que desde la profunda Edad Media sirvió de lugar de descanso, de posada, de “puerto seguro” para caminantes, y como en esos lugares suele ocurrir, se centró la devoción a la Virgen que tomó esa advocación de Nuestra Señora del Puerto, y hasta en el siglo XIV, exactamente en 1340, vió como un caballero alcarreño, don Gil Martínez de Espejo, fundó allí un convento de monjes agustinos, en memoria del fabuloso encontronazo que dicen las leyendas que tuvo el tal caballero frente a una gran sierpe (un dragón a la clásica usanza, co piel de serpiente, cuernos, grandes morros y mucho fuego por ellos) a la que venció con un espejo. En una batalla que parece reproducir fielmente la lucha de Perseo contra Medusa.

Esta leyenda se ha ido repitiendo de boca en boca, de siglo en siglo, y hoy son muchos en la Alcarria quen la conocen y repiten. El lugar donde asienta este pequeño y humilde santuario, sin duda es mítico, tiene fuerza, concita energías antiguas. Por allí pasaban, y se cruzaban, caminos de ganaderos (cerca está la Galiana), calzadas secundarias romanas, que conducían a las gentes desde Ercávica a Segontia, y desde la Baja Edad Media la “Ruta de la Lana”, hoy camino santiaguista plenamente aceptado tras estudios y documentos, y espacio de peregrinación, de relaciones viajeras, de sorpresas continuas. No es un lugar cualquiera, Nuestra Señora del Puerto, es un lugar de mérito.

De lo que fue convento de agustinos, nada queda. Las ruinas de este convento, vivo y famoso durante siglos, empezaron a crecer cuando su abandono tras la exclaustración propiciada por la Desamortización de Mendizábal. Y sin llegar a ser solemnes y hermosas, al menos daban la impresión clara de lo que había sido el conjunto. Yo mismo las conocí e incluso llegué a hacerlas fotografías que conservo: el convento agustino de Salmerón…. Pero a comienzos de este siglo en que estamos, por avatares que (como siempre, en esto de la destrucción del patrimonio) no pueden expresarse claramente porque puede haber problemas relativos al físico de uno mismo, desaparecieron. Ya no queda nada, ni rastro, de aquel cenobio de origen medieval.

No me resisto a copiar aquí para el disfrute de mis lectores el texto original de Baltasar Porreño acerca de la fundación, y los avatares del nacimiento, de este santuario famoso, el de Nuestra Señora del Puerto en Salmerón. El texto, afortunadamente recuperado y ahora publicado, es de una sencillez y expresividad que emociona leerlo:

El conbento de san Agustin de la villa de Salmerón se llama N(uest)ra Señora del Puerto, porque sigún tradiçión de los antiguos en esta parte havía un monte tan espeso y tan çerrado, que por lo temeroso que era de pasar se llamava el Puerto; aquí se criavan animales fieros i serpientes ponçoñosas, i era monte mui aparejado para caça y montería. Suçedió, pues, que un caballero que era despensero maior de don Ju(an), hijo del infante Don Manuel, i se llamava Xil Martínez, andando un día a caça por estas tierras, llego a este puerto i le salio un animal de los feroçes que en él avía, que diçen era una sierpe, la qual aco/metió a él para despedaçarle, y el cavallero biéndose afligido pidió socorro al çielo, inbocando el favor de la Virgen Sanctísima, a quien prometió, si le librava de aquel peligro, haçerle un conbento de rreligiosos en aquel mismo lugar; y fue caso milagroso que estando el cavallero ia casi rrendido de la serpiente se le apareçió la Virgen María Nuestra Señora, que sigún algunos diçen es la imajen que oi dia se llama Nuestra Señora de Afuera, la qual está fuera del conbento, en una hermita, o humilladero junto a él, i en señal del amor que le tenía lo defendió y amparó del peligro en que estava, a la qual merçed agradeçido el dicho cavallero, en cumplimiento de su promesa, edificó este convento el año de mill y treçientos y quarenta i uno, puniéndole por nombre Nuestra Señora del Puerto, al qual conbento dexó mucha haçienda, i labró en él la iglesia, claustros y rrefitorio, i murió labrando la casa, y está enterrado en la capilla mayor, al lado derecho del evangelio, donde se bee su entierro con un bulto suio y en él su figura de piedra franca…

El libro recuperado 

Esta edición de tan importante obra, se realiza a base de un estudio previo sobre la biografía del autor. Considera Pilar Hualde que Baltasar Porreño debería figurar entre los autores de primera línea del siglo XVI, porque escribe bien y proporciona abundante información. Analiza además su lenguaje y forma de escribir. Y a continuación dedica un capítulo a cada uno de los santuarios objeto del manuscrito, con estudio previo de la autora narrando historia, descripción actual, leyendas, anécdotas y gran carga gráfica, y poniendo a continuación el texto íntegro de Porreño dedicado a cada santuario, apareciendo en todos reproducida alguna página o fragmento de ese tema.

Aquí, finalmente, la ficha técnica de tan importante obra: Hualde Pascual, Pilar“Santuarios del Obispado de Cuenca y personas ilustres en santidad que en él ha habido”. Aache Ediciones. Guadalajara, 2015. Colección Libros Digitales. 490 páginas, de ellas 100 con ilustraciones a todo color. Formato PDF grabado sobre CD e incluido en carpeta de plástico con carátulas. ISBN 978-84-92886-83-8.

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