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Diciendo adiós [y hasta luego] a José Luis García de Paz

José Luis García de Paz y Antonio Herrera Casado, en la Feria del Libro de Guadalajara, en 2006.

Hay muchas frases, refranes y dichos que tratan de la amistad y los amigos. Quizás la más certera es la que dice que los amigos son los hermanos que se escogen. Uno tiene amigos (muy pocos), conocidos (unas cuantas docenas) y gente a la que se saluda (incontables, porque igual que aparecen desaparecen). Cuando se tiene un amigo, se tiene un verdadero tesoro, porque como alguien dijo, el amigo es quien te guarda las espaldas mientras tú se las guardas a él. Yo tenía un amigo, un grande y verdadero amigo, hasta el lunes 21 de octubre de 2013, en que de forma súbita, “como del rayo”, murió sin que le diera tiempo, a nadie, a decirle cuanto le queríamos. Así se ha ido de nuestro lado José Luis García de Paz, Jose para unos, Pepe para otros… entrañable compañía para todos, y admirable trabajador de mil cosas. Una joya de la Alcarria que se ha echado a rodar por el monte, y ha terminado, ayer miércoles 23 de octubre a las 6 de la tarde, sumida en un hoyo de la pendiente terrosa que hace de costanilla boscosa por el sur a la izquierda del arroyo del Prat,  frente a Tendilla, muy cerca de las ruinas del viejo convento jerónimo de Santa Ana. Una tierra ahora ya fría, mojada, silenciosa. Allí está mi amigo Pepe, para siempre callado.

Pero estas son consideraciones personales, y debiera dar aquí algunas pinceladas de su bonhomía: surgido de una familia humilde, nacido en una España flaca, su esfuerzo le llevó a ser profesor titular de Química Física en la Universidad Autónoma de Madrid, y a firmar unos 80 trabajos de investigación sobre física cuántica y estructura molecular. Algo que no se lo regaló nadie, que se lo forjó con su empeño de días y noches clavando los codos y leyendo lo que otros sabios, antes, habían dicho y escrito. Eso ya es un ejemplo de esfuerzo personal, de realización, de construirse una vida útil (porque además lo que aprendió se lo enseñaba inmediatamente a los demás) y de entregarse a la sociedad, devolviéndola más de lo que le había dado. Yo sé que ahora, y poco a poco en los días y meses siguientes, centenares de físicos que fueron sus alumnos van a recordarle con el cariño y la nostalgia con que a los profesores del corazón les recuerdan sus alumnos.

Sus abuelas tendillanas, sus padres, sus ancestros seguros, habían nacido en diversos lugares de la Alcarria. Era de sangre alcarreña, de raza. No se lleva esto ahora, pero él lo sentía, aunque no lo expresara. Y se había arreglado una vieja casa en la calle soportalada de Tendilla, para relajarse allí, como él decía, para olvidarse del diario trajín de la Corte, de los coches, los ruidos y las prisas. Allí nos encontramos, y en Hontoba, y en Peñalver, y en Budia, y en Sacedón, y en las ruinas remotas de La Golosa de Berninches… allí se enamoró él de esta tierra que enamora a quien la mira despacio, a quien se fija en ella.

De ese amor por la Alcarria surgió la pasión investigadora de José Luis García de Paz en torno a los personajes, los pueblos, las viejas iglesias y las humildes fuentes de esta tierra. Su capacidad de análisis, de lectura, de búsquedas bibliográficas, de buceos en los archivos, las bibliotecas y los almacenes de libros viejos, terminó por conferirle una visión muy amplia y consistente de la historia y del ser de la Alcarria, y de Guadalajara toda. Sin esperar aplausos, ni nombramientos, ni distinciones, a cuerpo gentil se echó al monte de la búsqueda y la escritura, de dar charlas, y explicaciones y apoyos. En este campo de la investigación y la crónica, la actividad de la gente se mide por sus publicaciones. Y así puedo decir, porque las tengo todas anotadas, en la cabeza, y en el corazón, porque todas las vivimos juntos, desde que nacieron y por su mano alcanzaron la realidad de las páginas, que sus publicaciones fueron numerosas y muy valiosas. Exactamente firmó 7 libros desde que en 2003 apareciera el primero de ellos hasta ahora mismo. No es mala media, que en diez años tan sólo José Luis García de Paz viera publicados siete libros, algunos de ellos contundentes en páginas y otros repetidos y reeditados. No es este el lugar de la valoración y la crítica de sus contenidos y aportaciones, pero sí de su relación y cronología porque así se ve claramente la tendencia investigadora y los intereses del autor que ahora nos ha dejado.

El primer libro publicado por De Paz fue el “Patrimonio Desaparecido de Guadalajara” (1ª edición en 2003, 2ª edición en 2011), con el que marcó su línea muy nítidamente: la recopilación de lo perdido por el arte de Guadalajara (en guerras antiguas, en guerras recientes, en abandonos y en saqueos) y el estímulo a respetar y conservar lo que queda. Este es, ya, un libro icono, un referente necesario de conocer.

En 2006, con otros autores y amigos, dio a luz el “Peñalver, memoria y saber”, una visión total de ese pueblo vecino. En 2007, la gran obra recopilatoria de los “Castillos y Fortificaciones de la provincia de Guadalajara”, su obra máxima, más de 400 páginas de gran tamaño repletas de noticias y grabados. En 2008 la “Memoria gráfica de Tendilla en el siglo XX” de la que actuó como coordinador y alma mater, porque reunió fotos, artículos y querencias de todas partes. En 2009, y en compañía de mi minúsculo aporte, vio publicado su antológico obrón “Castillos y fortificaciones de la Comunidad de Madrid”… Ese mismo año de 2009, para celebrar su medio siglo de vida, se publicó él mismo el ensayo “Tendilla y su feria durante la francesada”, siguiendo, ya en 2013, en marzo, el estudio definitivo, concienzudo y aplaudido de “La Feria de las Mercaderías de Tendilla”, a partir del cual el propio Ayuntamiento decidió, en un arranque que le honra, nombrarle Cronista oficial de la Villa.

La obra de García de Paz ha quedado, sin embargo, dispersa por multitud de publicaciones periódicas, revistas, y semanarios. La más sonora de sus aportaciones a los Mendoza, que era la vena que le rebosaba por la piel, está en el libro “Los Mendoza y el mundo renacentista”, obra común promovida por la Universidad de Castilla La Mancha, y que vio la luz en 2013, a principios. En ese libro aportaba José Luis sus definitivos estudios sobre “Las mujeres Mendoza”, clave para entender esa vertiente del mundo mendocino, y una introducción a la familia alavesa que tanto tuvo que ver con el desarrollo histórico de la Alcarria. Además, sus artículos semanales en El Decano, mientras duró, y ahora en Nueva Alcarria. Más sus colaboraciones en “Henares al Día”, “Arriaca” y cualquier publicación local que le pidiera una colaboración.

Porque la esencia final de José Luis García de Paz, la razón auténtica por la que tanto le queríamos quienes nos crecíamos con su amistad, era esa generosidad a la hora de cumplir con todos: dando un dato, buscándote una bibliografía, sacando de no sabe donde unas fotos, escribiendo de la noche a la mañana una completa revisión de la historia de una fiesta, de un personaje, de un lugar cualquiera, de Guadalajara toda, y aun de España. Por todo esto es que estamos hoy tan tristes, en este momento de la despedida definitiva, inesperada, hundida en la pregunta que surge en cualquier razón que no la encuentra: ¿por qué así, tan de repente, tan sin aviso, tan pronto, tan malamente? ¿Por qué te has ido, Pepe, sin habernos dado tiempo a decirte cuanto, y cuan profundamente, te queríamos? Son estas las cosas que a uno le hacen viejo, quizás sabio, quizás sin quererlo simplemente humano.

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One Comment

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