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José María Alonso Gamo, memoria de un intelectual

Se cumple en estos días –exactamente mañana 7 de septiembre- un siglo del nacimiento de uno de los grandes intelectuales que ha dado nuestra provincia. Un Centenario que debería haberse celebrado con más sonoridad y repercusión social, incluso en estos momentos en los que la actividad intelectual está arrumbada y preterida, y de la que quienes la practican y militan en ella deben casi esconderse para no ser objeto de ridiculización. Por eso, quizás, ha pasado casi desapercibido el Centenario de este alcarreño ilustre, (una conferencia de Suárez de Puga lo ha reivindicado en Torija el 31 de agosto) del que debe decirse, así, de entrada, que fue un gran intelectual, poeta y ensayista, además de un hombre educado, elegante y patriota. Calificativos, en su totalidad, que hoy no se llevan.

Sobre José María Alonso Gamo, a quien profesé veneración y él me premió con el don de su amistad, podría escribir largo y tendido. Algo he puesto, negro sobre blanco, en el espacio web que dedico a los nombres destacados de Guadalajara, y no quiero dejar pasar la ocasión de darlo a conocer también en el papel impreso de Nueva Alcarria. En el que él algunas veces colaboró.

José María Alonso Gamo ha sido uno de los grandes poetas españoles del siglo XX, además de un intelectual y escritor, de los que antes se llevaban: educado, culto, leído, apasionado. Nació Alonso Gamo en Torija, el 7 de septiembre de 1913. Estudió el bachillerato en Madrid, y Derecho en El Escorial, obteniendo su doctorado enla Universidad Central, en 1933. Después de la Guerra Civil, en la que no le quedó más remedio que participar, desarrolló la vocación diplomática, la «carrera» por excelencia, y el deambular por esos mundos, representando y defendiendo a España con pluma, no ya con armas, y con el buen hacer de su corazón grande. Alonso Gamo recorrió en ese quehacer  buen número de capitales americanas y europeas, jubilándose poco después de su último destino, el consulado de Amberes, en 1980.

Ingresó en la carrera diplomática en 1949. Al año siguiente, realizó un curso de Derecho Internacional en la Universidad Internacional de La Haya (Holanda). Destinado en el Ministerio de Asuntos Exteriores hasta junio de 1953, fue luego Cónsul adjunto de España en París, desde junio de 1953 a mayo de 1955. Continuó en los cargos de Secretario y Agregado Cultural de la Embajada de España en Lima (Perú) desde junio de 1955 hasta diciembre de 1959, y de Secretario y consejero cultural de la Embajada de España en Roma desde febrero de 1960 hasta diciembre de 1966.
Destinado al Ministerio de Asuntos Exteriores en Madrid, fue director de Actividades Artísticas, en la Dirección General de Relaciones Culturales, hasta febrero de 1971. Posteriormente, Consejero cultural adjunto y ministro consejero cultural adjunto de la Embajada de España en Londres desde marzo de 1971 hasta enero de 1977. Y finalmente, Cónsul general de España en Amberes desde febrero de 1977 hasta agosto de 1980.

Pero el tránsito por los caminos de la diplomacia no le impidieron nunca el desarrollo de su más íntima querencia. Pensar y escribir, dar en letra su agobio y su ternura. Poeta de vena lírica, moderna y tradicional a un tiempo, libros como «Tus rosas frente al espejo», «Paisajes del alma en guerra» y «Paisajes del alma en paz» han sabido llevar a la página chiquita y ya amarillenta de sus ediciones sencillas el pálpito magistral de su pluma, sin exageración entre las primeras de la poética hispana de este siglo. Por ella le fue concedido en 1952 el Premio Nacional de Literatura, y en 1967 el «Premio Fastenrath» de la Real Academia de la Lengua por su obra Un español en el mundo: Santayana, editado un año antes.
Entre sus obras de investigación y crítica literaria, están como las mejores el estudio que dedicó al Marqués de Santillana. Y a ese otro arriacense, también poeta, y novelista, del siglo XVI, que fue Luis Gálvez de Montalvo. Este es el título completo de la obra que le publicó en 1987 la Institución Provincial de Cultura «Marqués de Santillana»: Luis Gálvez de Montalvo (Vida y obra de ese gran ignorado). En ella aborda el autor el estudio pormenorizado de la vida y la obra de uno de nuestros más preclaros escritores del Renacimiento, del alcarreño Luis Gálvez de Montalvo, que formó a mediados del siglo XVI en las filas de la corte humanista del cuarto duque del Infantado, siendo uno de los pilares claves de aquella «Atenas Alcarreña» que dio a Guadalajara renacentista el marchamo de un parnaso denso.
José María Alonso Gamo se transforma en esa ocasión en un estudioso de la historia literaria, y en un exégeta de un poeta alcarreño digno de aparecer en todas las historias. Lo más granado del estudio de Alonso Gamo se refiere a la obra de Gálvez, a su producción poética por una parte, y al significado y valoración de su novela más famosa, El Pastor de Filida, en la que, al hilo de aventuras amorosas intrascendentes, él supo retratar en clave el mundo disperso, intelectual y mundano de los Mendoza guadalajareños. Alonso Gamo, que bien pudiera por este su libro haber pertenecido a aquel «parnaso» arriacense de mediado el XVI, espiga de dicha novela todas las poesías, y no solo las publica ordenadas, constituyendo la segunda parte de su obra, sino que previamente las desmenuza y analiza desde un punto de vista de crítica textual, con el que viene a ofrecernos lo mejor y más significativo de esta su obra.
De sus versos, espigados en ese libro, en aquel poemario, en esta antología, se han hecho no hace mucho unas hermosas Cinco Canciones que ha firmado en la música el compositor Miguel Angel Gómez Martínez, director de la Orquesta Sinfónica de Hamburgo, y que con textos de Alonso Gamo se pasearon en magnos conciertos por las principales capitales europeas. Concretamente sirvieron como sustento de esas composiciones los poemas «Rosas», (de la obra Tus Rosas frente al espejo), «Cuantas veces», (del libro Rincón que en 1984 le editó la Diputación de Guadalajara), «Rincón de la rebotica», «Una ermita» y «La Luz» (de la obra Zurbarán, 1974, con versos del torijano al pintor extremeño).

En el proyecto, iniciado hace unos años con el apoyo exclusivo de su propia familia, de las «Obras Completas de Alonso Gamo«, el primer tomo fue dedicado a la traducción completa de las Poesías de Catulo. Esta obra, presentada en Madrid el 18 de Noviembre de 2004, fue unánimemente alabada como la mejor aportación al conocimiento del poeta latino, y la más bella de sus traducciones, realizada no solo por un experto estudioso de la obra del clásico, sino por un poeta de grandes dimensiones. Y el segundo, a su monumental análisis y traducción de la poesía de Santayana,  en 2007.

La obra de Alonso Gamo

De su principal obra, y con la brevedad que la ocasión impone, quiero reseñar algunos títulos. De una parte, lo publicado en poesía: “Paisajes del alma en guerra” salió en 1945 gracias a la editorial Emecé en Buenos Aires. Con “Tus rosas frente al espejo” ganó en 1952 el Premio Nacional de Literatura y lo editó enseguida Castalia, en Valencia. Luego vinieron “Ausencia” editado por Ínsula en Madrid (1967) y “Zurbarán” (1974) con el que obtuvo el accésit al Premio «Leopoldo Panero»)
De 1976 es su obra máxima,  “Paisajes del alma en paz”, editada por Arbolé en 1976, y con la que obtuvo el Premio «Ejército» de poesía. Su último título poético fue “Rincón”, editado por la Excma. Diputación Provincial de Guadalajara, con el que alcanzó el Premio «José Antonio Ochaíta», de la Institución Cultural «Marqués de Santillana».) Guadalajara, 1984.
Quedaron en el baúl de las obras inéditas algunas otras colecciones poéticas, magníficas todas (lo sé porque las he leído) y que ha sido lástimaque no se hayan plasmado sobre el papel y el cuerpo de un libro en este año de su centenario. Así “España, mi natura”, “Italia, mi ventura”, “… Y Flandes” Superinteresantes sus “Sometos a Magritte” además de “Ego Sum” y “Retratos”.

Los estudios de ensayo y crítica literaria manifiestan la madurez del estudio, lo concienzudo del análisis, y la altura de su pensamiento. Así recordar sus obras publicadas, como “Un español en el mundo: Santayana”, editado por Cultura Hispánica en Madrid en 1966 y reeditada en el conjunto de sus “Obras Completas” por Aache en Guadalajara en 2007, con la que obtuvo el Premio «Fastenrath» de la Real Academia Española.
También el ya mencionado estudio sobre “Luis Gálvez de Montalvo. Vida y obra de ese gran ignorado” y el estudio y traducción de los Poemas de Catulo. No olvidamos su obra “El Marqués de Santillana, poeta alcarreño. Poemas de Guadalajara”, que fue hecha realidad sobre papel en la Colección Arriaca de la Casa de Guadalajara en Madrid, en 1999.
Es de destacar su obra “Tres poetas argentinos: Marechal, Molinari, Bernárdez”, que le publicó la Editorial Cultura Hispánica en 1951. Algunos otros ensayos quedaron inéditos como los dedicados al hermetismo italiano (Ungaretti, Montale, Quasimodo, Luzi, Sinisgalli y Sereni) y al “conde de Rebolledo” como él mismo poeta, militar y diplomático.

En estas líneas, apresuradas y simples, que dedico en homenaje a la memoria y centenario de Alonso Gamo, no cabe la relación completa de premios y de hechuras literarias que tejió el autor alcarreño: libros de poesía, de ensayo, de biografías. Conferencias sobre temas literarios y alcarreñistas. Artículos en las más prestigiosas revistas del país. Su elegancia en todo, su pulcritud en la escritura, su perenne asechanza a la obra de los clásicos, que le ha llevado aser posiblemente elmás importante conocedor y estudioso de Catulo y Santayana.

De Alonso Gamo solo cabe añadir, y no porque esté en el último lugar de sus virtudes, la caballerosidad y la generosa entrega de amistad que a todos brindó. Su biblioteca, de alejandrinos alientos, es puerto donde todos hemos alguna vez recalado; su casa y su tertulia en el paseo de la Castellana donde vivió, a menudo se vestían de alca­rreños horizontes para acoger a los amigos que le aplaudían. Y el pálpito de humanidad y sabiduría que surgía de este alcarreño insigne, acreedor a una placa en bronce, a una estatua incluso, nos envuelve cada vez que le recordamos, que de sus escritos aprendemos o nos adentramos en la suave melancolía de sus versos.

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