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septiembre 7th, 2012:

Bajo los soportales de Guadalajara

Estos próximos días, en los que Guadalajara será un ir y venir de gentes detrás de las músicas, y por delante de los gigantes y cabezudos, no será mal momento para recordar uno de los aspectos que configuraron a la ciudad, desde hace siglos, hasta hoy mismo, y que debería seguir marcando un tanto su figura, componer su silueta de clásica ciudad castellana. Me estoy refiriendo a los soportales, de los que ya tan escasos ejemplos quedan en pie.

El soportal es una parte, mínima pero muy expresiva y útil, del urbanismo medieval cristiano. Las viejas ciudades islámicas, al menos en la Península ibérica, no tenían estos elementos, que suponen dejar una parte de calle pública bajo los edificios, que se sostienen en esa parte sobre columnas y capiteles de más o menos calidad técnica y expresividad artística. Los árabes hacían sus ciudades con calles muy estrechas, precisamente para evitar que el sol ardiente de sus climas cayera sobre ellas, y las dejara un poco más frescas. Los cristianos, en cambio, prefieren espacios más abiertos, grandes plazas y calles en lo posible anchas, aunque la necesidad a veces de construir mucho en poco espacio, les hizo también economizar en los espacios libres de las calles.

Soportales en la provincia

La provincia de Guadalajara ofrece hoy algunos ejemplos de espacios urbanos soportalados muy hermosos, conocidos de todos, pero que no está de más recordar aquí, como paradigma de este tipo de construcción: ¿quién no se ha paseado alguna vez por la calle mayor de Tendilla, con su casi kilómetro largo de soportales en los dos costados de la calle? ¿O quien no ha visto los preciosos soportales de la Plaza del Trigo en Atienza, de la Plaza Mayor en Sigüenza? Por recordar ejemplos encantadores, aunque más pequeños, digo aquí las localidades de Uceda, de Arbancón, de Peralejos de las Truchas, o de Pareja, donde mínimos fragmentos han quedado de soportales, sin olvidarme de los Ayuntamientos de Horche, de Fuentelencina, de Budia y de Tomellosa, como edificios aislados en los que también esa estructura juega a embellecer un frente comunal.

En los soportales comunitarios de los Ayuntamientos se reunió siempre el personal jubilado, o el desocupado, a establecer mentidero y corte de trajes ajenos. Se resguardaban de la lluvia en días de nublo, y se recalentaban al sol del invierno. Se abría un espacio chico y amable al pueblo, bajo los soportales. Aún recordar en Brihuega la calle que baja al Coso, y en Cifuentes los que circundan la plaza, sin olvidar los de Cogolludo, frente al renovado palacio y aún los de Tamajón, donde se hacía el mercado.

Guadalajara ciudad

La ciudad de Guadalajara, la capital del Henares, que hoy comienza su fiesta anual, tuvo también su buena parte de soportales. No llegaron nunca a ser tan largos y espléndidos como los que ofrece su hermana grande del valle, la Alcalá de Cervantes, pero sí sabemos que al menos la parte baja de la Calle Mayor, la que ahora se denomina de Miguel Fluiters, estuvo adornada de ellos hasta principios del siglo XX. Era, lógicamente, una calle muy estrecha, con pequeñas plazas que daban entrada a casonas y a la iglesia de San Andrés, desembocando en la de Santiago, hoy lonja del palacio del Infantado. Todo cayó para ensanchar esa calle que quería ser la mayor de un burgo en crecimiento.

No cayeron, sin embargo, los soportales de la Plaza Mayor, que han llegado a nuestros días, a pesar de malas fortunas y abandonos, casi íntegros. La Plaza Mayor de Guadalajara, hoy eje de la Fiesta en honor de su patrona la Virgen de la Antigua, y me imagino que tan llena de gente que ni se va a poder fijar nadie en su estructura, tuvo en sus inicios una ermita en su interior, dedicada a Santo Domingo, que ya en el siglo XV a finales se derribó, para darle más amplitud al principal espacio ciudadano. Dicen que fue el Cardenal Mendoza quien promovió esa reforma arquitectónica, así como la de dotar de soportales a los cuatro costados de la Plaza. Esta, que hoy está cruzada de un extremo a otro, por uno de sus costados, por la cuestuda Calle Mayor, tiene además otras dos salidas. La cuesta del Reloj y el callejón de Arco, que se llama así por haberlo tenido de cubrición hasta hace 100 años. Antiguamente, a la plaza entraban otros callejones estrechos, que fueron cerrados con la edificación de casas. (más…)