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septiembre, 2012:

Ruta de las fuentes de Guadalajara

La fuente de los Mendoza, en Tendilla

¿Hay mejor regalo que beber agua fresca del chorretón de una fuente, cuando en verano se camina por los campos o las calles de cualquier lugar de Castilla? Las fuentes son hoy algo ajeno a nuestro vivir cotidiano, porque antes se para en un área de Servicio a comprar una minibotella de agua envasada, que atreverse a beber de un caño que mana de un pétreo muro. Durante muchos siglos, sin embargo, la única forma de saciar la sed, con calificativo de “humana”, era aproximándose a una fuente. Que las había en todas partes de nuestra geografía provincial, pues no en vano contamos con un clima que no deja de ser atlántico, y por tanto generoso en lluvias durante el otoño y la primavera, las suficientes como para cargar las fuentes para todo el año.

Cien Fuentes de Guadalajara

Vienen estas iniciales disquisiciones porque ha caído de nuevo en mis manos, diez años después de haberlo leído por primera vez, un libro cuyo contenido se refiere en exclusiva a las fuentes de la ciudad, y a las de la provincia. Decasta le viene a uno de los actuales barrios de Guadalajara su apelativo de Aguas Vivas. Ya el-Idrisi, un geógrafo árabe medieval, escribía que ese era el aspecto de esta ciudad hermosa y acogedora. Efectivamente, por toda la ciudad surgieron siempre fuentes, que sirvieron para algo más que para proveer de agua a su vecinos y vecinas. Sirvieron para reunirse junto a ellas mozos y mozas, sirvieron de mentidero, de lugar de tertulia, de sorpresas, de emociones. Las fuentes han sido siempre algo más que un mini-edificio con salidas de agua. Han sido un espacio social.

En nuestra ciudad hay algunas, ya muy pocas, que aún nos recuerdan años niños, en que corríamos a beber en ellas. Así la de la Niña, al final del paseo de San Roque, con su estanque del que surge la taza que rebosa y echa el líquido elemento por las mofletudas caras de anónimos duendes. O la que hay en medio del paseo de San Roque. La más llamativa, quizás, la fuente ornamental del centro del Paseo de la Concordia, sin olvidar la dedicada a Neptuno en el Jardinillo, frente a San Nicolás.

Pero las mejores fuentes, sin duda, se encuentran repartidas por toda la provincia. Ellibro que comento, y que me parece un encantador catálogo de imágenes y memorias, ha sido escrito por Juan José Bermejo, un alcarreño que anda siempre fotografiando cuanto ve en sus perennes viajes por la provincia. Se titula Fuentes de Guadalajara, y viene dividido en once rutas, cada una encabezada por población importante, o aglutinadas en un concepto geográfico común. Desdela Sierra Norte al Alto Tajo, y desde el Señorío de Molina a la Campiña, son más de un centenar las fuentes que llamanla atención. Que merecen incluso, un viaje.

En la Sierra destacaría el gran fuentón de Villacadima, al norte del pueblo, que parece un pequeño monumento barroco, dando sus aguas a las gentes (que ya no van) y al ganado. Pero no olvidamos en esta zona a Sigüenza, la ciudad de los obispos, que vio cuajado su caserío de monumentales fuentes. Entre ellas, hoy recordamos la que nos saluda frente a la catedral, con el escudo ciudadano, y que muestro en imagen junto a estas líneas, o la de la Huerta del Obispo, que también su frontis lleva tallado en piedra el escudo del Obispo Díaz de la Guerra.

En la Campiña, son más humildes. La fuente de El Cubillo de Uceda, en una hondonada junto al pueblo, es grande y generosa en bordes para que un buen rebaño se remoje con facilidad. Por los pueblos de junto al Henares, surgen también las fuentes sonoras: en Yunquera, en Fontanar, en Marchamalo, en Cabanillas…

La Alcarria es quizás el lugar donde más fuentes y más hermosas pueden verse. Si tuviera que destacar en esta comarca una, diría quela de Solanillosdel Extremo me emociona y asombra, de tan grande, polimorfa, con utilidades para todo: pilones, caños, muros, asientos, etc. Sin olvidar, claro está, la del vallejo de Fuentelencina, del mismo estilo, grande y lucida, parada de arrieros y labradores, corazón del valle.

En la tierra de Molina hay también ejemplares de gusto. Si la preferida es Tartanedo, la llamada fuente del obispo, que regaló uno que lo fue de Zaragoza y que había nacido en el pueblo, llenando su frente de romanas letras con frase latina y ampulosa, no puedo olvidarme de Buenafuente, del monasterio y poblado anejo, donde el agua que mana de la montaña surge primero en una fuente dentro de la iglesia, y luego emerge y se aprovecha en la plazuela que hay delante del templo. Un conjunto realmente variado, atrayente, sorprendente siempre.

Una guía para saber de fuentes

Este libro de Fuentes de Guadalajara que acaba de aparecer es sin duda un buen amigo: porque vuelve a ofrecernos la posibilidad de viajar por la provincia toda descubriendo aspectos entrañables de sus pueblos que hasta ahora nos habían pasado desapercibidos. Es una muestra, también, de cómo mucha gente colabora, prácticamente de modo anónimo (o, al menos, sin ayudas oficiales a cargo de los presupuestos destinados a mejorarel turismo) a dar a conocer nuestra tierra, y a animar a otros a que la vean con nuevos ojos.

Finalmente, si yo me tuviera que quedar con una sola fuente de todas las que hay en la provincia y este libro nos muestra, aun con todos los condicionamientos que surgen de la elección única, me inclinaría por la de los Cuatro Caños de Pastrana. Una fuente que tiene cuerpo, imagen, función y tradición de siglos en torno a su silueta inconfundible. Aunque, repito, hay muchas otras que son singulares y únicas…. no puedo olvidar ese manantial del Cifuentes que son siete, o cien, las que echa al mundo de un solo golpe. La grande y cobijadora de caravanas de arrieros, en el vallejo de Fuentenovilla, o las varias que surgen por el casco de Setiles, alguna de ellas con tradicionales virtudes medicinales. Un mundo que nos descubre Bermejo en este libro que, ya, prometo no dejar nunca muy lejos de mis manos, cuando vaya a salir porla provincia. Porquepuede que, vaya donde vaya, me quede alguna sorpresa inédita muy a mano para visitar.

La fuente de Abajo en Solanillos

Otra de las grandes y solemnes fuentes de la Alcarria, más un espacio que un elemento urbano, es la Fuente de Abajo, de Solanillos del Extremo. De ella opina también Bermejo que es una de las mejores dela Alcarria. Yyo creo que cuantos viajen por nuestra tierra con un mínimo afán escrutador y valorativo, estarán con nosotros: se encuentra este enclave en la linde del pueblo, en el camino real que trazó el gobierno de Carlos III para llevar a los viajeros desde Brihuega a Trillo. Por allí delante pasaría, por lo tanto, más de una vez el “mejor alcalde de Madrid”, cuando se dirigía a tomar los baños en las proximidades de Trillo (si es que fue alguna vez, que yo lo dudo. Pero sí que lo hizo su ministro, don Gaspar Melchor de Jovellanos).

Cuando la vemos, comprobamos que es fuente de muro, que con su masa pétrea contiene el declive del que surgen los dos manantiales que la dan vida: el central, más abundante y de aguas duras, y el lateral, más escueto pero de agua más dulce.

Bajando unas cuantas calles, en recodos, desde la plaza mayor, en dirección al barranco o camino de Cifuentes, se encuentra enseguida la “calle del Pozo” que lleva hasta ella. Vemos que se puede llegar en coche, aunque es conveniente y hasta relajante bajar andando desde la plaza: escolta el camino ancho y como ahora tiene fugas lo pone todo perdido de agua y verdines. La fuente es un enorme muro de piedra caliza muy bien tallada, con sillares perfectos, que el tiempo ha puesto grises. Un muro central nos muestra una especie de capilla por donde sale el agua, sumándose en lo alto de un ventanal, que le da airosidad. El agua se vierte a un pequeño pilón, del que corre a los dos lados, por medio de ancha conducción de piedra.. Pero también deja escapar parte de su caudal al centro, quedándose en un enorme y cuadrado pilón donde beberían antaño las caballerías y las mujeres bajarían a lavar. Luego recibe, en su parte izquierda, el caudal más breve de otro manantial dulce, y finalmente las aguas por conductos subterráneos salen del entorno, atraviesan el camino, y se van hacia los huertos, a regarlos generosamente.

Guadalajara se pregona

Los danzantes de Galve participaron en ediciones anteriores del Día de Guadalajara en Madrid.

Mañana y pasado, 22 y 23 de septiembre, y en el corazón de Madrid, va a tener lugar una cita que empieza a hacerse clásica pero que siempre se nutre de valores seguros: del turismo y la cultura, del patrimonio y la gastronomía, del folclore y la amistad. El III Día de Guadalajara en Madrid puede ser –con esa intención se ha diseñado- un reclamo consistente para captar visitantes madrileños hacia nuestra tierra. Un mercado de seis millones de posibles viajeros, a un paso de nuestros pueblos, castillos, barrancos y fogones.

¡De parte / del señor alcalde / se hace saber…! Que la provincia / de Guadalajara / que es grande y hermosa / que está cuajá / de paisajes verdes / y de altos pinos / que tiene una montoná / de iglesias románicas / y que a toas horas hay fiestas / mu entretenidas / estará expuesta / pa que tos la vean / en la villa de Madrid / mañana sábado 22 / y pasado mañana domingo 23…

Con este hipotético pregón, al clásico uso de plaza mayor de pueblo de la Alcarria, anunciamos la jornada, doble, que bajo el título de III Día de Guadalajara en Madrid se va a montar entre las plazas de Santa Ana, Benavente, y Santa Cruz, y por las calles que las unen, en la capital de España, este fin de semana en el que ya hemos entrado.

Los paisajes

A la provincia hay que recordarla por sus paisajes, por sus altas serranías, por sus Parques Naturales, que ya son varios, y por la posibilidad que ofrece de andar y disfrutar en medio de una Naturaleza virgen. El Alto Tajo,la Sierra Nortey el Cañón del río Dulce, se mezclan desde su apelativo oficial con las lagunas de Puebla de Beleña, el hondón del río Gallo o los recovecos areniscos de la sierra de Caldereros. Por todas partes caminos y miradores entre los que tejer rutas que asciendan al pico Santo Alto Rey, o bajen a la profundidad del Hundido de Armallones.

Guadalajara no se conoce en un día, ni siquiera en una legislatura. Nuestra provincia tiene tantas esquinas con brillo propio, con voz pausada y nostalgia segura, que ni una vida, quizás, es suficiente para vivir cada pálpito de sus campos y arroyos. En todo caso, ese tapiz de colores y texturas está pidiendo que se empiece a recorrer, a conocer, sin método pero sin pausa. (más…)

En busca de las Salinas de Guadalajara

Las salinas de Terzaga. Imagen del abandono. El patrimonio industrial de la provincia de Guadalajara, en vías de extinción.

En el extenso territorio de la provincia de Guadalajara destacan entre todas las Salinas de Imón. Es este un lugar incluido en el Común de Villa y Tierra de Atienza, siempre en el directo señoríodelrey de Castilla. El aprovechamiento intensivo de sus afamadas salinas (de Emona se dice en los antiguos documentos) hizo que fuera especialmente cuidado y protegido por los reyes. Durante la Edad Media, y mas aún durante la época de la Monarquía absoluta, las salinas de Imón quedaron bajo el control real. Sin embargo, los monarcas solían conceder aprovechamiento en ellas, o donativos de cantidades obtenidas de su explotación, a nobles cortesanos, a monasterios o instituciones benéficas. Alfonso VIII, el rey castellano que se distinguió por su cariño y protección a la Villa de Atienza y a todo su Común de Tierras, insistió mucho en su testamento para que la propiedad de las salinas de Imón quedara siempre por el Rey. No obstante, él otorgó importantes cantidades de ella a los monasterios de Sacramenia, las Huelgas de Burgos y al hospital deBurgos, dejando la décima parte de los impuestos en ellas cobrados al obispado de Sigüenza. Todavía en el siglo XVIII las salinas de Imón eran fuente de gran riqueza para el país. Carlos III ordenó su modernización construyendo amplios almacenes, nueva red de artesas, canales y caminos y organizó su explotación para sacarles gran aprovechamiento. (más…)

Bajo los soportales de Guadalajara

Estos próximos días, en los que Guadalajara será un ir y venir de gentes detrás de las músicas, y por delante de los gigantes y cabezudos, no será mal momento para recordar uno de los aspectos que configuraron a la ciudad, desde hace siglos, hasta hoy mismo, y que debería seguir marcando un tanto su figura, componer su silueta de clásica ciudad castellana. Me estoy refiriendo a los soportales, de los que ya tan escasos ejemplos quedan en pie.

El soportal es una parte, mínima pero muy expresiva y útil, del urbanismo medieval cristiano. Las viejas ciudades islámicas, al menos en la Península ibérica, no tenían estos elementos, que suponen dejar una parte de calle pública bajo los edificios, que se sostienen en esa parte sobre columnas y capiteles de más o menos calidad técnica y expresividad artística. Los árabes hacían sus ciudades con calles muy estrechas, precisamente para evitar que el sol ardiente de sus climas cayera sobre ellas, y las dejara un poco más frescas. Los cristianos, en cambio, prefieren espacios más abiertos, grandes plazas y calles en lo posible anchas, aunque la necesidad a veces de construir mucho en poco espacio, les hizo también economizar en los espacios libres de las calles.

Soportales en la provincia

La provincia de Guadalajara ofrece hoy algunos ejemplos de espacios urbanos soportalados muy hermosos, conocidos de todos, pero que no está de más recordar aquí, como paradigma de este tipo de construcción: ¿quién no se ha paseado alguna vez por la calle mayor de Tendilla, con su casi kilómetro largo de soportales en los dos costados de la calle? ¿O quien no ha visto los preciosos soportales de la Plaza del Trigo en Atienza, de la Plaza Mayor en Sigüenza? Por recordar ejemplos encantadores, aunque más pequeños, digo aquí las localidades de Uceda, de Arbancón, de Peralejos de las Truchas, o de Pareja, donde mínimos fragmentos han quedado de soportales, sin olvidarme de los Ayuntamientos de Horche, de Fuentelencina, de Budia y de Tomellosa, como edificios aislados en los que también esa estructura juega a embellecer un frente comunal.

En los soportales comunitarios de los Ayuntamientos se reunió siempre el personal jubilado, o el desocupado, a establecer mentidero y corte de trajes ajenos. Se resguardaban de la lluvia en días de nublo, y se recalentaban al sol del invierno. Se abría un espacio chico y amable al pueblo, bajo los soportales. Aún recordar en Brihuega la calle que baja al Coso, y en Cifuentes los que circundan la plaza, sin olvidar los de Cogolludo, frente al renovado palacio y aún los de Tamajón, donde se hacía el mercado.

Guadalajara ciudad

La ciudad de Guadalajara, la capital del Henares, que hoy comienza su fiesta anual, tuvo también su buena parte de soportales. No llegaron nunca a ser tan largos y espléndidos como los que ofrece su hermana grande del valle, la Alcalá de Cervantes, pero sí sabemos que al menos la parte baja de la Calle Mayor, la que ahora se denomina de Miguel Fluiters, estuvo adornada de ellos hasta principios del siglo XX. Era, lógicamente, una calle muy estrecha, con pequeñas plazas que daban entrada a casonas y a la iglesia de San Andrés, desembocando en la de Santiago, hoy lonja del palacio del Infantado. Todo cayó para ensanchar esa calle que quería ser la mayor de un burgo en crecimiento.

No cayeron, sin embargo, los soportales de la Plaza Mayor, que han llegado a nuestros días, a pesar de malas fortunas y abandonos, casi íntegros. La Plaza Mayor de Guadalajara, hoy eje de la Fiesta en honor de su patrona la Virgen de la Antigua, y me imagino que tan llena de gente que ni se va a poder fijar nadie en su estructura, tuvo en sus inicios una ermita en su interior, dedicada a Santo Domingo, que ya en el siglo XV a finales se derribó, para darle más amplitud al principal espacio ciudadano. Dicen que fue el Cardenal Mendoza quien promovió esa reforma arquitectónica, así como la de dotar de soportales a los cuatro costados de la Plaza. Esta, que hoy está cruzada de un extremo a otro, por uno de sus costados, por la cuestuda Calle Mayor, tiene además otras dos salidas. La cuesta del Reloj y el callejón de Arco, que se llama así por haberlo tenido de cubrición hasta hace 100 años. Antiguamente, a la plaza entraban otros callejones estrechos, que fueron cerrados con la edificación de casas. (más…)