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Sacando del olvido a don Julio de la Llana

Pasado mañana domingo, en Atienza, en el Salón de Sesiones del Ayuntamiento de esa castellana villa, después de la Misa de Doce, y con la intervención de Manuel Martín Galán, Javier López de la Llana, Alberto Loranca Gonzalo, y del autor, Jesús de la Vega García, va a presentarse una nueva obra que tiene a Atienza por protagonista. Una obra mayúscula, porque alcanza las 980 páginas en total, aunque esta vez van comprimidas y encapsuladas, en formato digital de PDF, sobre la brillante superficie de un Disco Compacto. La obra se titula “Obra literaria de Julio de la Llana Hernández” y en ella se contiene la biografía y la obra completa de este singular escritor castellano.

Discurso vital de La Llana

Una brevísima semblanza de este autor, que ahora se saca del olvido, nos dice que nació, en 1876, en la soriana villa de Barca, cerca de Almazán. Diócesis de Sigüenza, entonces. Su padre eran practicante en Medicina y Cirugía, y siempre anduvieron viviendo por pueblos de esa comarca. Fueron luego a Matamala de Almazán, en 1890, marchando desde allí a estudiar en el Seminario de Sigüenza, e iniciando allí su afición literaria, para la que demostró una gran facilidad, sobre todo en versificación.

Luego pasó Julio de la Llana a ejercer de cura, una vez acabada la carrera y recibidas las sagradas órdenes, en Aguaviva de la Vega, en 1900. Empieza a escribir en periódicos provinciales, cono “El Avisador Numantino”. Allí fundó el Sindicato “Caja Agrícola”, en 1906, casi a la par de lo que hizo don Hilario Yaben en Sigüenza, fundando en la Ciudad Mitrada el “Sindicato Agrario y la Caja Rural”.

En 1910 fue destinado como cura párroco a Miedes de Atienza, de la que hizo cumplida reseña histórica y costumbrista. De allí pasó, en 1915, a Retortillo de Soria. Allí quedó su recuerdo de “buen orador sagrado y excelente poeta”. Fue luego a Campillo de Dueñas, en el Señorío de Molina, en 1922, donde debió enfermar, pues tuvo dispensas en ese tiempo, y se le vió por los balnearios aragoneses en torno al río Mesa.

Finalmente, don Julio de la Llana accedió, en 1927, a las parroquias de Atienza, donde permaneció, en una o en otra, finalmente con el título de Arcipreste, hasta su muerte, en 1959, más de treinta años. Querido de todos, amigos de todos, pasó lo mejor de su vida en esta villa, en la que además lo fue todo, además de cura párroco de la Santísima Trinidad, y arcipreste: fue abad de la Caballada y amistó sinceramente con el Cronista Provincial, Francisco Layna Serrano, a quien facilitó datos, documentos, fotografías, memorias y sabidurías populares para construir su gran “Historia de la Villa de Atienza”.

Fue nombrado, en 1943, “Hermano Mayor”, en función de sus constantes desvelos por cuidar de la cofradía de la Santísima Trinidad y de la tradicional fiesta de la Caballada. Fue aquí corresponsal del diario “El Alcázar” en el que muy a menudo aparecían crónicas y artículos de Julio de la Llana, sobre Atienza. Todo está recogido en el libro de Jesús de la Vega. Con este motivo, el autor construye retazo a retazo una auténtica y detallada historia de Atienza, en los años de la posguerra.

Tuvo también gran amistad con aquel gran médico rural, “el médico de la pajarita”, don Bonifacio Escudero López, quien también tuvo su vena literaria y poética, como se recuerda en este libro. Tuve la suerte de conocer a “don Boni” y tratar mucho con él, contándome historias de su asistencia médica por tierras de Atienza, ayudando a nacer a muchos que aún hoy viven, siempre a lomos de su caballo “Lucero”. Era un buen hombre, y un buen médico, que salvó muchas vidas. Tuvo don Julio, además, íntima amistad con Layna, y con Ochaita, y con todos los de la Casa de Guadalajara, Amigos de los Castillos, y demás grupos culturales que tenían, entonces, a la villa de Atienza como la referencia ideal de sus anhelos provincialistas.

Obra, Familia y Amigos

El autor de este libro inmenso, casi de esta enciclopedia, el atencino Jesús de la Vega García, añade un completo estudio genealógico del protagonista, con referencias biográficas de sus allegados más cercanos (padres, hermanos, etc.)

Presenta luego la “Obra Completa” de este autor castellano. El lector, que deberá pasarse algunas que otras horas ante el ordenador para darle aunque sea un somero vistazo, se encontrará con lo enorme, prolífico, y en muchas cosas insuperable de su bagaje literario: hay en su haber estudios históricos, poesías, artículos periodísticos, obras de teatro… Una novela [corta] “Flora” de 28 páginas, se llegó a publicar en 17 entregas fasciculares en “El Eco Diocesano” de Sigüenza, en 1953. Una curiosa obrita teatral, titulada “La Nobleza de una Dama”, se publicó en 1966 por la editorial Bruno del Amo en Madrid. Sobre ello, algunos libros y folletos, como “Los Santísimos Cristos de Atienza”, el “Homenaje a la Virgen de los Dolores” o el estudio del patrimonio atesorado en la parroquia de San Bartolomé.

De sus actividades periodísticas, nos queda la memoria de las publicaciones periódicas de las que fue creador, director y a veces redactor único: sus títulos lo dicen todo: de carácter muy local fueron “El Matamalense”, (Matamala de Almazán), “El Amigo de los Niños” (Miedes de Atienza), “Eco del Sagrado Corazón” (Atienza), la “Hoja Parroquial de Campillo de Dueñas” en el pueblo del mismo nombre, etc. Fue además corresponsal habitual en distintas publicaciones sorianas y alcarreñas (El Avisador Numantino, Nueva Alcarria, El Alcázar, en su edición Guadalajara) y colaborador en otras muchas (Ideal Numantino, Renovación, Eco de la Alcarria, Tierra Soriana, El Henares, El Amigo del Pueblo, Flores y Abejas, etc.). Colaboró además en el periódico católico “El Amigo del Pueblo”, de Alcalá de Henares, en la publicación madrileña “El Buen Consejo” y fue propuesto para dirigir en su nacimiento “El Henares seguntino”, rehusándolo “por no ser competente para ello”, según dijo.

Como sacerdote, como verdadero enamorado de su profesión, y profesional recio en ella, fue escrupuloso en la “defensa obligada y santa” de la religión católica, lanzándose a la labor, día tras día, de difundir los valores preconizados por ella. Acérrimo defensor del clero y del magisterio rural, tuvo tiempo para divulgar los aspectos culturales y el patrimonio religioso de las poblaciones que tuvieron la suerte de acogerle entre sus miembros. Pero, -y esto es quizás lo más importante de La Llana-, dedicó su tiempo a expresar de forma ágil y certera, con su bien cortada pluma, los sentimientos que pululaban por su alma vacilante, las nebulosas que se cernían en su atormentada mente.

El regalo que nos ofrece es impagable. A los necesarios artículos divulgativos periodísticos se unían los ensayos sobre temas socio-profesionales (creación en Aguaviva de la Vega de un Sindicato Caja Agrícola, 1908), los acertados comentarios sobre temas políticos de la época (Cuba y Marruecos), sus valientes opiniones sobre temas político-sociales (“Semana Trágica de Barcelona”, 1909), los referentes a la educación (“Escuelas laicas”, 1910) o el perfecto dominio del cuento (Me lo contó el río Gallo), la novela costumbrista (Flora) o histórica (El ramito de alelíes o ¡Viva la Caballada! y La Nobleza de una Dama), sobrepasando los aspectos meramente religiosos propios de una profesión fuertemente encasillada en su cometido religioso-moral (imposible pasar por alto el artículo “Impiedad y religión”, 1910).

Quizás, como su amigo y compañero en el sacerdocio Bartolomé Llabrés, “pudo y debió, por sus méritos ministeriales y de intelecto, desempeñar cargos de más elevada altura social”, quedándonos la razonable duda de si “modestamente los rehusó cuando le fueron ofrecidos”. Estando llamado a cotas más altas se conformó con ejercer el sacerdocio con plena dedicación, humildad y generosidad (recordemos su importante labor en “Acción Católica Femenina” de Atienza), teniendo a bien dejarnos una suma densa de escritos y poesías que seguro van a pasar a formar parte del acervo cultural de aquellos lugares huérfanos de memoria en los que nunca sabremos si fue reconocido o desconocido… hasta hoy.

Pero su debilidad, donde más cómodo se sentía y donde menos le costaba expresarse, versaba sobre las composiciones poéticas: poesía utilizada para expresar cualquier pensamiento que le viniera, en cualquier momento, en cualquier lugar (recordemos aquella en la que detalla la hora de la composición del epigrama “¿Cuántos son los dones?”, Matamala de Almazán, 1896, 4 y 1/2 de la tarde). En este sentido, cabe decir que si bien el poema perfecto no existe, no hay duda que aquel poeta  especialmente místico, daría con él en más de una ocasión. Su modestia nos privó de conocerlo.

Una obra singular

La obra que comentamos, y que se va a presentar pasado mañana domingo, a mediodía, en el Salón de Sesiones del Ayuntamiento de Atienza, es singular por muchas razones. La primera de todas es por la cantidad de información que se aporta en su tamaño único: en páginas de formato folio, el total del libro suma 980 páginas. Muchas de ellas ocupadas por ilustraciones, todas a color, en las que se muestran aspectos de la vida del protagonista, don Julio de la Llana, sus familiares, los pueblos donde vivió y actuó como sacerdote, numerosos elementos del patrimonio de Atienza, etc.

El segundo elemento de interés es precisamente el hecho de desentrañar, con minuciosidad y rigor histórico la evolución vital y la producción literaria de este escritor castellano, hasta ahora apenas conocido.

La tercera faceta que cabe destacar es el hecho de que el libro, editado por la editorial alcarreña AACHE, se presenta en formato digital, realizado con las más modernas técnicas, de tal modo que su texto e imágenes van en un solo archivo de formato PDF grabado sobre un CD, y este a su vez recogido en un estuche plástico con portada y contraportada. Ese formato permite leerlo en un ordenador, un iPad o un e-book, y además supone la ventaja de marcar frases que interesan al lector, buscar palabras, pueblos, titulos, etc.

La obra se debe al escritor atencino, cofrade de La Caballada, y con varios premios literarios en su haber, don Jesús de la Vega García (Atienza, 1961), Profesor de EGB y actualmente funcionario de carrera en la Administración Regional, tiene en su haber obras de importancia como “La Cofradía de la Santísima Trinidad y la Caballada de Atienza” con el que ganó en 2001 el Premio “Provincia de Guadalajara” de Investigación Histórica, más otros libros como “Los toros en Atienza”, “Recopilación histórico-literaria de las principales novenas de Atienza” así como su participación en el reciente libro sobre “La Caballada” en su 850 aniversario con fotografías de Santiago Bernal y texto de Tomás Gismera.

Su labor callada y perseverante ha culminado en esta impresionante biografía, exhaustiva, total, en la que aparecen noticias inéditas sobre Atienza, además de poner en actualidad el nombre y la obra de un castellano ilustre, don Julio de la Llana Hernández.

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