Los pueblos abandonados de la Sierra

viernes, 1 junio 2012 2 Por Herrera Casado

Iglesia del despoblado de Santotis, en la Sierra Norte de Guadalajara

Acaba de aparecer, y ha sido  presentado públicamente en Tamajón (en el nuevo Centro Social del Ayuntamiento, el pasado sábado) un libro por muchos esperado: la guía nueva y completa de la Sierra de Guadalajara, con todos sus detalles, anécdotas, lugares donde ir y sendas que recorrer. Su título “La Sierra Norte de Guadalajara, paso a paso”. Sus autores, José Antonio Alonso Ramos, Luis Monje Arenas y quien esto firma. Los tres creemos, después de muchos meses, y aún años, de recorrer de punta a cabo a la serranía de Guadalajara, que nos ha salido un libro interesante. El público será quien dé, en definitiva, su veredicto.

La Sierra Norte de Guadalajara es, como lo era la Alcarria en los primeros años del pasado siglo, “un sitio hermoso al que la gente no quiere ir y ellos se lo pierden”. Ni está lejos ni es difícil de llegar a ella. Todo es ponerse.

En la Sierra hay montañas, bosques, ríos, puentes, pueblos, fiestas y mucho movimiento. Poco por parte de sus habitantes, porque son escasos, y mucho por el de quienes la visitan, que son cada vez más. El estímulo y la promoción del turismo rural en la Sierra de Guadalajara es una de las claves de su desarrollo, en estos momentos. Porque si no es porel turismo, y una vez declarada toda ella como “Parque Natural” apenas le queda otra posibilidad para sobrevivir que mostrarse y ofrecerse como lugar de estancia, de descanso y viajes.

De las muchas cosas quela Sierra Nortede Guadalajara ofrece, de las que he contado ya, de las que iré contando, y de las que ofrece ese libro que el otro día se presentó en Tamajón, quizás una de las más sorprendentes sea la lista de sus pueblos desaparecidos, primero abandonados, luego derruidos, a veces violentamente, y desde luego ahora sumidos en la memora única de quienes los conocieron o en ellos habitaron.

Para animar a viajar por la Sierra, a conocerla mejor, a saborearla en su total dimensión de tristeza ida y sorpresa emergente, pongo aquí la relación de algunos pueblos serranos que fueron y ya no son. O al menos solo queda de ellos la memoria, los escritos y alguna que otra vieja fotografía.

Romerosa

Partiendo desde Aleas, una vez que se ha llegado hasta su fuente en lo alto de la calle principal, tomando el camino que tras pasar una calle estrecha, se abre hacia el campo, por un camino de buen firme en poco más de 2 Kms. Llegamos a avistar las ruinas de este antiguo pueblo serrano, que en 1960 todavía estaba habitado. Hoy solo quedan ruinas, destacando sobre las de las viviendas el templo parroquial. Está situado sobre un promontorio que forman la confluencia del arroyo de Romerosa y el barranco del Tejar. En su confluencia aparece la vieja fuente de la Romerosa, que aún echa agua al arroyo. El viajero disfrutará contemplando las ruinas de su iglesia, que era de una nave y aún muestra la espadaña de doble vano, aunque se desilusionará al comprobar que ni aún en aquella pacífica soledad bucólica los gamberros de este país han dejado de hacer pintadas y destruir cuanto han podido.

Del pueblo de Romerosa quedan unos 30 edificios derruidos y los viales que los comunicaban, todos sobre la cuesta agria en que asentaba el pueblo. Una imagen demasiado llamativa, por lo reciente de su abandono, de la espectacular agonía de una Castilla abandonada y consumida.

Santotís

Subiendo desde Cogolludo y Veguillas hacia la sierra, un camino sale a la izquierda que lleva a Santotís. Hoy abandonado, aunque no vacío (sigue viviendo un vecino en una casa que se negó a que se la expropiaran) y en proceso de lento hundimiento, este hermoso enclave serrano muestra todavía su estampa limpia, en lo alto de unas serrezuelas al norte de Cogolludo, en lo que llaman «la Sierra Gorda», flanqueada por los hondos valles del Sorbe y el Bornova. Puede aún con­templarse, rodeada de riscos grisáceos y pizarrosos, y de verdes prados, algunas construcciones rurales muy características con tejados de pizarra y muros de piedra. Destaca sobre el caserío la iglesia parroquial, con espadaña triangular cubierta también de pizarra, y amenazando ruina.

Este pueblo, que se incluyó en el sesmo de Bornova del Común de Villa y Tierra de Jadraque, era conocido como «la Casa de Santotis» en la relación de lugares que formaban el Condado del Cid, perteneciente desde el siglo XV ala familia Mendoza, y cuya cabeza era la villa y castillo de Jadraque. Para acceder a las casas hay que pedir permiso al vecino, que ha puesto vallados a la entrada.

Robredarcas

Estuvo esta pequeña aldea en un altozano, sobre la ver­tiente sur de sierra Gorda, y fue primeramente de la Tierra de Atienza, para pasar luego a la jurisdicción de Jadraque, en su sesmo de Bornova, siendo el señorío de los Mendoza hasta el siglo XIX.

Su humilde caserío serrano fue desmantelado y demolido por el Estado en los años sesenta del siglo XX. Del ingente montón de ruinas que hoy forman Robredarcas, destaca airosa la espadaña de su iglesia románica, hecha de grandes lajas pizarrosas y piedras rojizas, un verdadero prodigio de arquitectura rural medieval. Merece ascender el difícil camino que lleva hasta ella, por contemplarla.

Despoblado de Jócar

En el actual término de Arbancón queda el recuerdo de lo que fue el pueblo de Jócar. Este lugar serrano fue desmantelado completamente por el Estado hacia 1970, una vez vacío de habitantes, que se habían ido a otros lugares de España, y repoblando el término de pinos. Nada quedó de sus casas ni de su iglesia, de la que se salvó la sencilla puerta, obra semicircular, baquetonada, con lindos capiteles rudamente tallados, y que, formando un ejemplar románico muy curioso, hoy se muestra enel Museo Diocesano de Arte Antiguo de Sigüenza. Perteneció este lugar, desde la reconquista, al alfoz o Tie­rra de Cogolludo, pasando como esta villa por los señoríos de la Orden de Calatrava, los Mendoza y los duques de Medina­celi. Poseía numerosos y valiosos ejemplares de arquitectura popular, pero todo fue lastimosamente perdido.

Santui

En la carretera que va desde El Cardoso a El Bocígano, en su lado izquierdo, existe un viejo caserío al que llaman Santui, escrito con la ye final en documentos antiguos, Santuy. Hubo en este lugar, -y lo sabemos con fundamentos documentales- un monasterio fundado porla Orden Cistercienseen aquellos territorios serranos, apartado de todo, e idóneo para la meditación por su silencio. Su fundación se remontaría al siglo XII y en un principio estuvo dedicado a un Santo llamado San Audicio ó San Audito, del que dice el martirologio que murió martirizado en Buitrago a comienzos del cristianismo. Solo quedan rumores y leyendas sobre el lugar. Se dice que tras ser abandonado por los monjes bernardos, pasó a pertenecer a la Orden de Santiago, regalado por ella a la Basílica de Santa Leocadia de Toledo y finalmente adquirido por el Cardenal Cisneros para uso de los docentes del Colegio de San Ildefonso de la Universidad de Alcalá de Henares. Ocurriría esto último en el año 1510 y su objetivo sería establecer en aquel espacio, al que se llegaba desde Buitrago, un amable lugar en el que pudieran pasar días de vacación los profesores de ese Colegio complutense. La relación del Cardenal Cisneros con Santui motivó que en 1974 se colocase una placa en el lugar, por los estudiantes de la universidad de Salamanca, que dice: «al cardenal ximenez cisneros que pensó pasar los últimos días de su vida en el monasterio universitario de san audito o santui, rodeado de amena soledad”.

En el siglo XVII, el historiador Diego de Colmenares visitó las ruinas del monasterio y vio entre los escombros la tumba del infante D. Sancho de Castilla, que según parece, murió en 1199. Eso dice en su historia de Segovia, pero los datos son muy poco precisos. Cuando en 1780 el gobierno de Carlos III decide vender los bienes de los Colegios universitarios a particulares, el destino de Santui es ese: al parecer allí se instaló una fábrica de cristales, que también desapareció, y enla Guerra Civilsirvió de asiento a las tropas dela República. Despuésfue comprado porla familia Yagüe, que lo tiene hasta hoy, manteniendo un amplio edificio. Pero del viejo monasterio, de la memorable fábrica, nada queda sino este recuerdo. Como confirmación de su evanescente existencia, los datos que se leen en el «Catastro del Marqués de la Ensenada», de 1753, que aún califica al lugar como «Real sitio de Santui». En esa fecha vivía allí el Canónigo D. Manuel Castañeda, de 49 años, al que se califica como «Canónigo enla Real Casade Santui». En todo caso, una curiosidad a la que hoy solo asiste el paisaje y la Naturaleza que todo lo devora.

Umbralejo

En suave depresión que se extiende en la orilla izquierda del hondo cauce del río Sorbe, asienta, vacío ya de sus serranos habitantes, este pequeño lugar que antaño tuvo vida populosa. Vacías sus calles, los edificios muestran singulares estampas de arquitec­tura popular, con los elementos constructivos propios de la zona: piedras, madera de roble, lajas de pizarra. Es todo un muestrario de formas, espacios y usos de tradición serrana.

A la entrada del pueblo hay una gran fuente pública. Enla calle Mayor, el edificio del Concejo, curioso. Al final, la iglesia parroquial, precedida de un escueto prado al que se entra por arco de piedra, semicircular. Está vacía su sencilla arquitectura, pero en el resto del caserío los edificio se ha ido acondicionando para actividades educativas. Hoy lo administra la Consejería de Educación.

Aunque no lo parezca, también tuvo historia: perteneció al señorío de Galve, y en las diversas familias que la poseyeron estuvo hasta el siglo XIX. Hoy es propie­dad de ICONA, del Estado, que lo tiene prestado a la Consejería de Educación para su uso como Aula de la naturaleza para la juventud.

Más ofertas serranas

La Sierra tiene en estos días varios temas alicientes: las jornadas que la Asociación “Serranía de Guadalajara” está organizando para conocer el estado del patrimonio artístico e histórico, alguna excursión a una “Cueva del Oso” que para este viajero está demasiado alta, y el corazón ya no le da para tanto, y algunos otros actos de divulgación y aliento. También la Sierra, por Atienza, se ha visto sorprendida de una impresionante asistencia a la fiesta de siempre, ahora con 850 años de antigüedad: la Caballada. Y un par de libros que ofrecen la posibilidad de saber más, mucho más, de su esencia y sus detalles: la “Guía Templaria de Guadalajara” que ha escrito Angel de Almazán de Gracia, en el que se hacen protagonistas el Santo Alto Rey, la “montaña sagrada” en cuya cima tuvieron asiento los caballeros templarios, y las iglesias de Albendiego (sobre todo) Campisábalos y Villacadima, donde quedaron huellas muy expresivas del esoterismo templario. Y finalmente este libro con el que abría este trabajo y que fue presentado el pasado sábado en Tamajón: “La Sierra Norte de Guadalajara paso a paso” es una contundente y entretenida guía de nuestra sierra, en la que se encuentran mil y un datos para conocerla, patearla y saborearla en cualquier momento.