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La capilla de la Concepción en la catedral de Sigüenza

Techumbre decorada de la capilla de la Concepción en el claustro de la catedral de Sigüenza

Después de largos y difíciles trabajos de restauración, la catedral de Sigüenza recupera uno de sus más singulares espacios, la Capilla de la Concepción, que por estar en el extremo más alejados desde la entrada al claustro por la catedral, es apenas conocida. Solo a quien va paso a paso por el gran edificio, quien indaga en todos sus recovecos, quien no se va hasta haberlos abierto todos, es a quien le sorprenderá esta capillla, este lugar recóndito y caja llena de sorpresas, que trato de explicar, muy brevemente, a continuación.

En el extremo oriental de la panda norte del claustro catedralicio, entre la antigua sala capitular de los canónigos (hablamos de hace siglos) y el aula de moral, se abre tras una espléndida portada la capilla de la concepción, que viene a tener unos7 metrospor cada lado, en una planta cuadrada, y unos 6 de altura en su punto central.

Para los que buscan puro medievalismo, no es este un lugar aconsejado. Este ámbito que intentamos visitar hoy ofrece formas y adornos que son plenamente renacentistas. Lo mejor de todo, quizás, es su portada, que vemos a lo lejos avanzando por el claustro. La portada es de arco escarzano, y se decora con relieves policromados con los símbolos de la letanía y el escudo de don Diego Serrano, que vamos a ver se repite insistentemente por todos los ámbitos dela capilla. Esel de este señor, su fundador, un escudo que muestra cinco conchas de Santiago puestas en cruz. Una especie de nártex se forma entre la portada y la puerta de la capilla, y es desde mínimo espacio que se puede acceder a las tribunas de la capilla a través de dos puertas.

La portada está enmarcada por dos pilastras muy estilizadas divididas en dos cuerpos, sobre las que descansa una cornisa profusamente decorada con motivos platerescos y so­bre ella lucen tres esculturas que son, al centro,la Virgen Maríacon su hijo Jesús, y a sus lados un par de ángeles. La reja de cerramiento se de­cora con sirenas férreas, recortadas, y sin duda salió de los talleres de Juan Francés, el maestro toledano de principios del siglo XVI, o quizás (eso dice Pérez Villamil) del que tenía el maestro Usón en Sigüenza. En el espacio existente entre la reja y la capilla se encuentran las dos puertas de madera que dan acceso a las tribunas. Las Jambas y dinteles de ambas están tallados en piedra caliza, decorados en su parte superior con el escudo del fundador y con una lápida que fe­cha su muerte en 1522.

En el interior nos sorprenden sus dimensiones y sobre todo el abovedamiento, magnífica conjunción de líneas, de decoraciones, de sombras delicadas. La magnífica bóveda se estructura en forma de estrella de ocho puntas que se circunscribe al espacio prácticamente cuadrado dela planta. Ensus claves se desarrolla un programa decorativo que se prolonga en las diagonales, terceletes y ligaduras.

Su clave central ofrece una gran pieza pétrea policromada, con el relieve del jarro con azucenas, en referencia ala Inmaculada Concepción, pero que es también motivo del emblema heráldico o simbólico de la institución canónica seguntina. Las dieciséis claves restantes, de menor tamaño, están adornadas con motivos florales y con el escudo del fundador. Fue este señor don Diego Serrano, abad de Santa Coloma en 1509, que había pedido poco antes al Cabildo el permiso para construirla. Es en esa época cuando viene a concluirse la fábrica de todo el claustro, y ello sin duda facilitó que los mismos maestros que trabajaron en el gran patio catedralicio, también  participasen en la edificación dela capilla. Losdieciséis nervios que irradian desde la clave central se decoran con dragones policromados, utilizando el mismo motivo en los ocho terceletes. Esta decoración se utilizó con profusión enla Edad Media, aprovechando los tramos pétreos de los nervios de las bóvedas para irradiar serpientes, dragones o llamas.

Otra de las curiosidades de esta capilla, y que tras su restauración ha quedado muy visible, aumentando el interés, la curiosidad y aún el misterio de cuantos entran a visitarla, son las pinturas de sus muros. En esencia son paisajes, naturales y urbanos, que en el ámbito religioso insuflan un sentido naturalista muy propio del Renacimiento italiano, de tal modo que esta capilla seguntina nos hace recordar, en principio, la biblioteca Piccolominide Siena, aunque los paisajes que vemos tienen cierto aire “retro”, medieval, que la ponen en una tradiicón más antigua. Similares recursos se encuentran en la Sala Capitu­lar de la catedral de Toledo, obra de Juan de Borgoña, en la que se desarrolla una serie de escenas paisajísticas, enmarcadas por arqui­tecturas fingidas en las que tanto las pilastras ‑decoradas con mo­tivos a candelieri‑ como los capiteles tienen una gran similitud con los de esta capilla. Recuerdan, además, los paisajes de Joan de Burgunya, pintor de Estrasburgo que desarrolló su activi­dad entre Barcelona, Gerona y Valencia, y que introduce en sus pai­sajes algunos elementos simbólicos. En todo caso, y pudiendo tener cualquier intención iconológica que hoy se nos escapa, no hay duda que nos quiere traer a la vista una ciudad grandiosa, en medio del campo, que a muchos les traería la memoria de la Jerusalem celeste que se espera visitar trasla muerte. Pero a partir de la restauración que se ha realizado en estos últimos años, encontramos que los paisajes urbanos de la capilla de la Concepción de Sigüenza son representaciones de ciudades concretas, con normes que aparecen escritos sobre sus caseríos. En concreto leemos FRANKFORDIA y COLONIA, dos ciudades alemanas de tradición católica, y que todavía, en el momento de construir la capilla y poner en ella estas pinturas, no representaban ningún lugar de peligro para la ortodoxia como luego lo fueron tras la irrupción del fraile Lutero en las ideas religiosas europeas.

Las pinturas lo llenan todo: en el paramento norte encontramos decoración, en su mitad inferior, de elementos arquitectónicos renacentistas, y el resto de imágenes urbanas, en algu­nos casos entremezcladas con una abundante vegetación, ofrecen la visión de ciudades costeras, pues se ven puertos, embarcaciones y fauna marina. Aunque repintadas a lo largo de los siglos, la última restauración ha rescatado la versión original de su decoración, y por ella colegimos que fue trazada y desarrollada de forma armónica y en un solo tiempo. Los documentos de archivo dicen que se debieron pintar estos muros hacia 1530, y que el autor de las pinturas habría sido Francisco de Peregrina, artesano del entorno seguntino.

Tuvo durante muchos años un retablo mayor de estilo barroco, recargado aunque no feo. En la restauración se ha desmontado (y finalmente se ha llevado al Museo de la Catedral) apareciendo tras él un primitivo retablo que apoyaba sobre el mismo muro norte, y que es obra renacentista sobre piedra caliza con relieves dorados y con policromía en tonos rojizos. Para aumentar su superficie y permitir el asiento del retablo barroco, sufrió modificaciones en su estructura original, que ha sido recuperada. Y así vemos que está formado por una serie de aplacados de pie­dra caliza y alabastro, que constituyen un espacio rectangular, como si de un marco se tratase, y que en su día pudo contener una pintura o un bajorrelieve. Sobre este marco hay una inscripción en la que se lee «CONCEP­TEVIRGINE» sobre un escudo del fundador. A la izquierda del retablo se encuentra un arcosolio en el que aparece la lápida fundacional de la capilla, y en la que pueden leerse los datos del autor de la fundación y la fecha de la mis­ma, así como el régimen de misas para con ellas memorar a don Diego y llevarle al Cielo.

La capilla tiene además una pequeña sacristía, y un par de tribunas, quizás demasiado grandes para el ámbito en que se encuentran: sobre los muros del sur y del este, y bajo escarzanos, avanzan las tribunas que apoyan sobre cuatro grandes ménsulas que a su vez dejan entre ellas un espacio ocupado por decoración. Son obra en piedra caliza de Tamajón, y se decoran profusamente con el rigor y la alegría del grutesco abigarrado del Renacimiento. Según Mª Carmen Muñoz Párraga, que tan detalladamente documentó al templo, estas piezas son obra de Miguel de Aleas, con la colaboración en sus decoración de pinturas y dorados de Arteaga y Viloldo.

El destino principal de esta capilla, que era el funerario, se manifiesta tras la restauración con la aprición en el pavimento de un entramado de lápidas entre guías de madera. Una de esas lápidas señala el lugar donde fue enterrado el fundador, don Diego Serrano. En ella se ven grutescos, candelieri y el escudo de armas del personaje. La serie de sepulturas va del siglo XVI al XIX, y se supone que en esos lugares fueron enterrados personajes relacionados familiarmente con el clérigo Serrano.

El claustro catedralicio

Yo recomiendo que nadie que vaya a Sigüenza se quede sin visitar su catedral. Y, quien esto haga, una vez dentro, que tampoco deje de visitar su claustro. Es un espacio monumental y admirable, al que se accede, desde la nave del Evangelio, por la puerta de San Valero, de estilo gótico, que va escoltada por los escudos del Cabildo y el Cardenal Carvajal.

Este gran patio, con cuatrom pnadas muy amplias iluminadas de altos ventanas, es obra de estilo gótico, aunque construido en los primeros años del siglo XVI. Fue diseñado por Alonso de Vozmediano, y ejecutado por los maestros canteros Fernando y Pedro de las Quejigas, Juan de la Cureña y Juan de las Pozas. En cada una de sus galerías se abren siete ventanales, ojivales, y tanto éstos como las pequeñas puertas de acceso al patio central, se adornan con rejas platerescas debidas al maestro Usón. Un pozo central de sobrio estilo renaciente centra el umbrío jardín claustral.

En los muros se abren diversas capillas y dependencias, que en orden de izquierda a derecha, a partir de la zona por donde hemos entrado, son: diversas dependencias sin relieve artístico, en las que se alberga el Archivo Capitular; la capilla de la Concepción, la mejor del claustro, y que acabamos de recorrer y admirar con detalle. La siguiente puerta, muy sencilla, da paso ala antigua Sala Capitularde verano, que hoy se ocupa conel MuseoCatedralicio, en el que pueden admirarse algunas piezas de escultura y pintura de gran valor e interés. Destaca una colección de tapices del siglo XVIII, muchos libros manuscritos y ediciones incunables, así como imágenes de Vírgenes románicas y góticas, y una Sagrada Familia del círculo de Salzillo.

Siguiendo el claustro, puede admirarse la capilla de Santiago el Zebedeo o de los Gamboas, con portada plateresca de prolija ornamentación, rematada por escudo del obispo don Fadrique de Portugal, y una reja labrada en 1522 por Martín García. Un siguiente vano sirve de paso a la Claustra, patio que quizás correspondiera al primitivo claustro catedralicio, en el que se aprecian detalles (arcos cegados, modillones, etc.) de estilo románico. Siguiendo por el Claustro, aparece la magnífica portada, también plateresca, de la librería del Cabildo, con reja también de Martín García. Sigue otra portada plateresca más, de densa ornamentación, con reja del mismo artista, y similar estructura que las anteriores, dedicada a San Pedro Mártir. Y ya por la puerta del Jaspe, uno de los complejos protorrenacientes más antiguos de la catedral y de España, se pasa nuevamente a la nave del Evangelio dela Catedral. Dandopor completado este paseo que recomiendo vivamente a mis lectores.

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