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El palacio ducal de Pastrana

Cada día son más los viajeros que van a Pastrana. Porque esta villa nuestra, en la que se guardan recuerdos de los tiempos viejos, de la época gloriosa y mágica del Siglo de Oro, está puesta en medio de la Alcarria con sus puertas abiertas para ser reconocida: con intensidad y ganas. 

En Pastrana son muchas las maravillas que nos salen al paso: desde la gran Plaza de la Hora y su palacio ducal acogiéndola, hasta las estrechas y empinadas callejas del Albaicín. En medio, son palacios y templos, capillas y fuentes las que nos saludan

"El palacio ducal de Pastrana" es un estudio muy completo de García López sobre este edificio y sus propietarios.

 Un motivo de visitar el palacio  

Un esperado libro, que por fin toma cuerpo. El palacio ducal de Pastrana, durante largos años en abandono y progresivo hundimiento, ha vuelto a la vida tras su adquisición por la Universidad de Alcalá. Una cuidada restauración, dirigida por Fernández Alba y Clemente San Román, le ha devuelto su pasado esplendor, con aportaciones contemporáneas, como el gran patio central, ahora cubierto y con columnas metálicas y profusión de cristales. Todavía sin un uso popular ni mayoritario, pero el hecho cierto es que el palacio ducal de Pastrana está ahí, en perfectas condiciones de revista.
Para completar esta actitud de recuperación, se añade ahora la edición de un libro que narra al completo su historia, las vicisitudes de su construcción, de sus reformas, las vidas de sus propietarios, los nombres de sus constructores. Y la descripción una por una de las maravillas que encierra. Un libro que lleva por título “El palacio ducal de Pastrana” y cuyo autor ha sido el eminente historiador alcarreño Aurelio García López (Hontoba, 1967), quien durante años ha investigado en todos los archivos y bibliografías posibles para componer una secuenciada historia del edificio. No falta nada, y añade muchos elementos de la historia urbana de Pastrana, porque al mismo tiempo que la plaza que preside hubo que hacer las puertas de entrada a la misma, las casas que la rodean y formaban el espacio de mercado y todo lo que supuso reordenación urbana de la villa. 

El palacio ducal fue sede de vivienda de los señores temporales de la villa. Desde el siglo XVI en sus comienzos, en que doña Ana de Mendoza, condesa de Mélito, adquirió estos territorios y decidió construir junto a la muralla del lugar un palacio que los vecinos siempre tomaron (y temieron) por castillo, hasta el siglo XVIII en que finalmente lo abandonaron, este palacio fue sede de gentes y acontecimientos: el pueblo pastranero siempre anduvo pendiente de quien entraba y salía por él, de cuantos empleados iba a tomar el duque, de qué se iba a fabricar en su interior, a quién le compararía los ladrillos, o las tejas, y qué paños nuevos pondrían colgando de sus muros. Por sus puertas traseras entró Antonio Pérez, huido de la crueldad filipina, para verse con doña Ana de Mendoza, la princesa viuda de Eboli. Y por su puerta grande entraron los materiales para montar el gran taller de tapices flamencos que en el siglo XVII mandó crear su propietario el tercer duque don Ruy Gómez de Silva y Mendoza, poniendo al maestro Francisco Tons y un buen número de liceros europeos, al frente de la industria. 

Y por allí cruzaría en su día, siendo un chaval, Juan Bautista Maíno, ahora memorablemente asumido por los historiadores del arte como pieza clave del siglo de Oro. O Fernández de Moratín, que no se quiso perder las formas solemnes de la arquitectura palaciega. 

Alonso de Covarrubias arquitecto del palacio 

El autor de este palacio, iniciada su construcción hacia 1542, es Alonso de Covarrubias, que en él ensaya los esquemas más sobrios del Renacimiento castellano, fuera de las platerescas ornamentaciones al uso. 

Desde el momento en que doña Ana de la Cerda compró la villa de Pastrana pensó en construir un palacio ó casa fuerte junto a sus murallas. Las trazas de este palacio fueron encargadas en el mismo año 1541 a Alonso de Covarrubias, el gran arquitecto toledano autor de numerosas e importantes obras regias en el territorio del antiguo reino de Toledo. 

Comenzó Covarrubias a realizar las trazas para el palacio inmediatamente, y en 1544 ya había comenzado su construcción, que en algunos puntos estaba incluso avanzada. En 1546, y con motivo de los pleitos interpuestos a la señora de la villa por el Concejo, se paralizaron dichas obras, estando ya levantada buena parte de la fachada principal. En 1548 se reanudaron nuevamente las obras, una vez finalizado el pleito. En esta nueva y final etapa se completó el edificio, a pesar de quedar sin terminar el patio, y se concluyó la estructura general de la gran plaza delantera, que no sería completada hasta el momento del señorío de don Ruy Gómez de Silva, en 1572. 

La traza completa del palacio de Pastrana fue hecha por Alonso de Covarrubias. Diseñó el palacio entero, tanto en sus dimensiones y estructura externa, como en la interna y hasta en los más pequeños detalles, como las puertas, ventanas, escaleras y techumbres. Es posible que también deseñara el espacio urbano delantero del palacio, concibiendo una gran plaza abierta al frente, escoltada a sus lados por edificios soportalados con tiendas y viviendas, y sendas puertas de acceso, desde el barrio periférico de la Veracruz o Boceguillas, y hacia la calle mayor rumbo a la iglesia colegiata. 

La plasmación concreta del proyecto de Covarrubias fue llevada a cabo por diversos maestros de cantería o de obras, en su mayoría montañeses, algunos de las tierras de Guadalajara, que sucesivamente fueron pasando por Pastrana dejando su huella de buen hacer y rigor constructivo. Así se sabe que en 1544 estaba dirigiendo las obras un tal Martín de Ibarra. En 1548 pasó a dirigir las obras el maestro Nicolás de Adonza, que tenía su residencia habitual en Mondéjar, donde había dirigido en buena parte las obras de la gran iglesia parroquial. Hasta 1552 estuvo Adonza trabajando en el palacio de Pastrana, del que sabemos se encargó de buena parte de la portada. En esa época estuvo también encargado de algún tajo o fragmento del edificio palaciego el maestro de cantería Juan del Pozo, natural de Cogolludo. 

A partir de 1549 se encargaron de codirigir la obra Pedro de Medina y Pedro Gómez del Mazo. El primero de éllos había trabajado previamente en las obras de la muralla de la villa. Estos dos autores se responsabilizaron de la construcción de la torre izquierda de la fachada. También hicieron juntos la puerta que daba paso a la Plaza de la Hora desde la Calle de las Bodeguillas, que resultó bastante más sencilla de lo que poco antes habían trazado Alonso de Covarrubias y Luis de Vega, pues el presupuesto no daba para demasiadas alegrías. Este Pedro de Medina protagonizó durante su estancia en Pastrana numerosos pleitos, a causa de pagos de sueldos, de cobro de sus honorarios de la condesa, etc. 

En 1552 aparece un nuevo maestro de obras a dirigir el palacio que progresivamente va creciendo: se trata del también montañés Juan de Alavarrieta. Además de él actuó en esa época Francisco Aragonés, quien antes había hecho modificaciones a la muralla de la villa. 

Las obras de madera de este palacio fueron realizadas a partir de 1548 por diversos maestros traídos de Madrid por Covarrubias, artesanos de gran prestigio que habían dejado las muestras de su saber hacer en muchas estancias del gran alcázar real madrileño. Se trata en concreto de Justo de Vega y Cristóbal de Nieva, encargados de tallar las múltiples filigranas de los artesonados platerescos de las salas nobles del palacio, así como de Juan Rojo de Madrid, que construyó las puertas y ventanas del edificio. 

El palacio de Pastrana en el contexto del arte castellano 

No hace falta insistir nuevamente en la importancia arquitectónica del palacio ducal de Pastrana. Hemos visto, de una parte, su descripción, y de otra la atribución fidedigna a Alonso de Covarrubias y una amplia serie de prestigiosos maestros de cantería que consiguen una obra maestra. En el contexto del arte castellano, concretamente en el radicado en el antiguo reino de Toledo, donde Covarrubias impone, a lo largo del reinado de Carlos I, un nuevo concepto de arquitectura renacentista, sobria y desornamentada, en la que prima la pureza del espacio como eje de la belleza, y la norma primera de las proporciones sobre cualquier añadido escultórico, el palacio de Pastrana es una de las piezas claves para su comprensión total. 

Puede situarse, cronológicamente, entre el Hospital de Tavera y el gran Alcázar toledano. El primero de ellos se proyecta en 1541 y el segundo a finales de 1542. Ambos están considerados como los más grandiosos y geniales edificios concebidos por el arquitecto de Torrijos. La obra de Pastrana fue quizás un encargo de rutina, una gran casona con aires de castillo solicitada por una señora caprichosa y vehemente, para la que no cabía (por un planteamiento inicial de reducidos costes) introducir ningún alarde de novedad estructural o alegrías ornamentales. Se trataba de una obra menor, pequeña, sencilla, y aunque el autor estaba decidido a ponerla su sello personal, así como el estilo de la época y su sello propio en dimensiones, alzados y detalles, no era cuestión de pararse mucho tiempo en aventurar experimentos. 

Es así que el palacio ducal de Pastrana es más bien un ensayo o entretenimiento de Covarrubias, en pleno periodo creativo de dos de sus más geniales obras: el hospital Tavera y el alcázar de Toledo. De ambos edificios lleva influencia la casona de Pastrana. Su estructura cerrada, con patio central, y sus cuatro torres esquineras, más la portada escoltada de columnas y rematada por frontón heráldico. Si bien lo concibió como una obra muy equilibrada, a base de una planta rectangular, patio central y torres en cada esquina, las dificultades y problemas legales en los años sucesivos llevaron a la obra a ser terminada con tan sólo las dos torres delanteras, pues las posteriores fueron protestadas por los franciscanos y vecinos de la villa. 

El genio de Covarrubias quedó, además, afirmado en esta ocasión alcarreña gracias a la traza de una gran plaza delante del edificio, lo que le hacía ganar en vistosidad y perspectivas. Algo muy propio del arte renacentista en general, pero siempre respetado e impuesto por Covarrubias en sus múltiples obras castellanas. En cualquier caso, un precioso ejemplo y recuerdo de este gran artista que fue Alonso de Covarrubias. 

Apunte 

El libro sobre el palacio 

Este libro, que saludamos con alegría y que, una vez leído al completo, nos ha proporcionado mucha información de la que carecíamos, viene en el momento justo de la prevista apertura al público del monumento, que ahora podrá ser apreciado y conocido en su auténtica dimensión. 

Se trata del volumen nº 74 de la Colección “Tierra de Guadalajara” que promueve la editorial AACHE de nuestra provincia. Tiene 200 páginas y un sinfín de fotografías en color, de planos, de imágenes antiguas, y de detalles poco vistos del edificio. Está ya a la venta, y es posible que en fechas próximas se presente públicamente en el salón de actos del propio palacio. 

Imaginamos que la obra va a ser recibida con entusiasmo en Pastrana, tanto por su población como por sus regidores así como en la Universidad de Alcalá, que con esta obra cuenta ya con un elemento útil de divulgación de este su emblemático palacio alcarreño.

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