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Un asturiano en Villaescusa de Palositos

En los últimos años se ha dado notoriedad a un pequeño despoblado de nuestra provincia (uno más del medio millar existente) por las repercusiones mediáticas que ha tenido el corte arbitrario de sus caminos de acceso por parte del nuevo propietario de ese antiguo pueblo convertido en finca particular. Me estoy refiriendo a Villaescusa de Palositos, hoy en término de Peralveche, pero antaño con vida y contingencia propia. Tanta, que ahora cada año en el mes de abril, y en una marcha que sus protagonistas han llamado “de las flores”, se adelantan por los vedados camino y arriban al alto de sus derruidas casas y postrer cementerio, a recordar tiempos pasados. Algo que siempre fue bastante inofensivo, pero que ahora ha supuesto tener que vérselas con la Guardia Civil. Cosas de estos tiempos tan metidos en leyes

Debo a la gentileza de Ramón Fernández Fernández, un asturiano de Azuqueca que me los dio hace más de diez años, un fajo de documentos y algunos dibujos que, por considerarlos de absoluto interés para mis lectores hoy voy a comentar. Ramón Fernández, en sus escritos y datos, me decía entonces que añoraba el mar y los ecos del palacete de Labra, en Cangas de Onís, donde naciera un remoto antepasado suyo, don Sebastián de Soto y Cortés Posada. Curioso personaje que era, a su vez, descendiente directo de Jovellanos, por parte de la hermana de este, doña Juana Jacinta Jovellanos, que casó en 1766 con don Sebastián de Posada y Soto. Este don Sebastián era hermano de don Ramón de Posada y Soto, alto funcionario real en la corte borbónica del siglo XVIII: nacido en 1746, pocos días antes que Goya, fue amigo de Jovellanos y del pintor sordo. Goya le retrató incluso, existiendo hoy todavía ese retrato (que no ha figurado en ninguna exposición antológica del aragonés) de 1,97 x 0,96 m., ovalado, en el Young Museum del Golden Gate de San Francisco. Fue oidor de las audiencias de Lima, de Guatemala, y finalmente estuvo en México como Fiscal de la Real Hacienda.

Pero vamos a nuestro personaje. De Sebastián de Soto y Cortés Posada habla la «Gran Enciclopedia Asturiana» y dice que fue «bibliófilo y anticuario. Nació en Labra (Cangas de Onís) en 1835. Se graduó de Bachiller en Filosofía, en la Universidad de Oviedo, en julio de 1849. En esta misma Univer­sidad cursó los estudios de Filosofía y Leyes a la vez. Se graduó en Leyes en Valladolid. Vuelto a su tierra asturiana, se puso al frente de sus propiedades de Labra y Posada. Incrementó la notable biblioteca heredada de su padre. Cultivó los estudios históricos y la Arqueología. Hizo explo­raciones para adquirir objetos prehistóri­cos que coleccionaba. Fue diputado pro­vincial y miembro de la Academia de la Historia. Colaboró con la Comisión Pro­vincial de Monumentos. Falleció en Labra en el mes de mayo de 1915». Como bibliografía nos remiten a la obra de Constantino Suárez, «Escritores y artistas as­turianos», Oviedo 1959. Yo he conseguido algunos datos más en el trabajo de Ramón Rodríguez Alvarez y José Luis Pérez de Castro publicado por el Real Instituto de Estudios Asturianos en 2002, y en la necrológica que escribió don Fermín Canella y Secades en el periódico “El Orden” de Cangas de Onís cuando nuestro personaje murió el 17 de mayo de 1915.

Siguiendo una evidente tradición familiar, don Sebastián Soto viajó algunos veranos hasta Trillo, en la orilla del Tajo, a «tomar las aguas», cuando todavía aquel romántico paisaje servía para pasar el verano y curar artrosis. Y aquí radica la interesante noticia que del personaje asturiano viene a cuento en esta página. Don Sebastián fue hombre meticuloso, y un gran pintor. Describía cuanto hacía en un ancho cuaderno al que tituló «Diario…» y hoy una parte del mismo lo custodia doña María Teresa Pendás. Otra parte se quedó en la casona de Labra, y a saber donde andará. Pero de lo que doña María Teresa guarda, su primo Ramón Fernández nos dejó algunas páginas que no tienen desperdicio. Es la primera de ellas una anécdota que le ocurrió a Don Sebastián, y que le califica como un auténtico hidalgo español de los que hoy no es que escaseen. Es que, sencillamente, no existen.

Para entretener la tarde, decidió darse desde Trillo un paseo hasta Villaescusa de Palositos. Alguna vez relaté en estas páginas mi aventura para llegar hasta allí. En los años finales del siglo XIX no es que fuera más fácil el viaje, pero al fin y al cabo se iba en mula, y los caminos para estas estaban reconocibles. En Villaescusa, además, quedaban gentes. Tan buenas como las que protagonizan este relato. Copio directamente, y a la letra, del «Diario de don Sebastián Soto: «En una casa de este pueblo donde vivía la familia de un labrador vi uno de los más hermosos platos antiguos españoles de reflejos metálicos que en mi vida encontré: pequeño, perfectamente conservado, con bellísimos ramajes entrelazados, formados de ramos de oro sobre fondo azul. No recuerdo haber encontrado en museos ni colecciones particulares cosa aparecida. Desgraciadamente, la ausencia del dueño impidió el contrato que yo, con grandísima insistencia, propuse, y la mujer del ausente y el hijo, con una dignidad y un aplomo que parecían de algún Grande de España se negaron a la venta por ausencia de su marido y padre respectivo, pero me querían entregar el plato en préstamo, para que sacase los dibujos que quisiere y sin garantía, depósito ni nada, solo bajo mi palabra de devolución (no me habían visto en su vida, no sabían mi nombre ni nada) bastaba mi palabra de devolución, y sostuvieron su oferta después de enterarles que mi patria y residencia estaba a muchísimas leguas de distancia y que no pensaba volver en vida a Villa-escusa de Palos-Hitos. Por supuesto no acepté tan gallardo rasgo de honradez y generosidad por las consecuencias y disgusto grandísimo que me exponía a tener si el dichoso plato se rompía…»

Toda una anécdota que retrata al milímetro la gallardía de don Sebastián (un veraneante asturiano en la Alcarria) y la grandeza de ánimo de unos alcarreños generosos. Emocionante de verdad.

Pero don Sebastián no se fue con las manos vacías de Villaescusa de Palositos. Visitó la iglesia, una preciosa pieza de la arquitectura románica, casi totalmente desconocida hasta hace poco, y en ella encontró, grabadas sobre la puerta de entrada, unas antiguas letras, que para el anticuario fueron ininteligibles, pero que hoy, tras leer sus recuerdos trillanos, nos han servido para alcanzar la evidencia de que es esta, la de Villaescusa, posiblemente la primera iglesia románica de la provincia de Guadalajara que está firmada. Junto a estas líneas aparece el apunte de don Sebastián, para el que encontramos, al menos, una lectura posible: «Gilem: fe/cit: hic-e/c: si cs» que podría interpretarse como «Guillermo hizo esta iglesia». En una fotografía de la piedra que también hizo nuestro amigo Ramón Fernández se ve hoy todavía con total claridad este escrito. Y, por supuesto, en los centenares de fotografías digitales que a partir de las “marchas de las flores” se han hecho, ya se ve con claridad la frase tallada y yo mismo me he hecho eco de ella en estas páginas.

Don Sebastián encontró empotrada en la pared interior del templo otra piedra tallada, esta sin duda una lauda sepulcral de época romana, que podría ser resto de un enterramiento de los primeros siglos de la era cristiana, en el que un hijo dedica a su padre este recuerdo.

El resto del cuaderno de memorias y diarios de su estancia en Trillo está repleto de dibujos relativos a Trillo, a sus personajes de finales del siglo XIX, a tipos curiosos, a dibujos de árboles, de plazas, de la iglesia, de calles… un tesoro gráfico que pensamos publicar más adelante en revista científica donde estas evidencias de un tiempo ido sean valoradas como merecen.

En cualquier caso, un maravilloso encuentro este que hoy hemos tenido con un viajero romántico que aún se desplazaba de su brumosa Asturias a esta luminosa y seca Alcarria, en la que al verano, entre el frescor de la arboleda junto al Tajo, y las arideces cerealistas de la meseta de Villaescusa, un paraíso debe parecer, y nosotros sin saberlo…

Apunte

Memoria gráfica de Villaescusa de Palositos

Un libro que apareció editado hace más o menos un año, nos ha venido a devolver la imagen gráfica de Villaescusa. Realizado con el entusiasmo que la Asociación de Amigos de Villaescusa de Palositos le pone a todo lo que hace, este libro de 128 páginas está completamente lleno de mensajes gráficos de lo que fue aquel lugar que hoy no es nada, solamente un barrio abandonado de Peralveche, una finca particular en la que no está permitida la entrada. Está dividido en varios capítulos, que agrupan las imágenes de los diversos temas: así vemos la primera parte dedicada al “lugar” con fotografías antiguas, algunas de ellas aéreas, en las que aún se reconocen todas las casas y estructuras de la antigua villa. La segunda parte va dedicada a la “iglesia” con imágenes antiguas y modernas, expresivas del deterioro imparable de ese templo románico al que debería de manifestarse devoción por parte de quienes han de cuidar de ese patrimonio. Y siguen los capítulos dedicados a la Escuela, las Gentes, la Mili y el Día a Día. Un ejercicio de saludable evocación, que complementa hoy a través de esta Asociación aquellos entusiasmos de don Sebastián de la Sota. Una evidencia de que Villaescusa tuvo siempre un interés hondo porque en su interior latía la vida auténtica.

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