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De Caballada por Atienza

El próximo domingo, 31 de mayo toca este año que coincidan la fiesta regional de Castilla-La Mancha con la ancestral celebración de La Caballada de Atienza.

Estas líneas quieren ser recuerdo de lo que fue y todavía es con viveza y color, esta fiesta, al tiempo que pretenden animar a mis lectores a viajar a Atienza, para pasear en ella entre las callejas empinadas y olorosas, mientras se contempla el ir y venir de los “caballeros cofrades” de la Hermandad de la Santísima Trinidad, que vestidos a la usanza antigua y castellana, sobre sus caballerías renovadas, pero con su rito fiel a la historia, circularán por ella y aún bajarán a la ermita de la Estrella, a orar, cantar y bailar jotas, comer cordero y rosquillas, vivir en la estela de sus mayores.

Cada año por primavera surgen en las tierras altas de Guadalajara algunas fiestas sonoras, famosas y muy visitadas. Quizás las tres que nadie debiera perderse son la Loa del Barranco de la Hoz, las danzas de la Octava del Corpus en Valverde de los Arroyos, y la Caballada de Atienza. La primera y la tercera suelen coincidir, por lo que conviene organizarse, a efectos de viaje, para ver las dos en el mismo día, o, mucho mejor, ir un año a una y otro año a otra.

De la Caballada de Atienza me hago eco ahora porque precisamente el domingo próximo será su día magno. Es una fiesta que tiene muchas jornadas de ritual: en San Isidro, en el Domingo de la Santísima Trinidad, y en otros días, pero es el domingo de Pentecostés, y el sábado de antes, cuando se escenifica con todo su color y boato el rito ancestral y multisecular.

Han sido ya miles de personas las que han ido a Atienza a disfrutar de esta grandiosa celebración, que ensalza el castellanismo, porque rememora una gesta histórica en la que el rey Alfonso VIII estuvo a punto de perder su trono (aún siendo niño le correspondía) y a Castilla casi le cuesta su identidad como nación, al haber sido en ese momento absorbida por el reino de León. Todo ello se evitó gracias a la intervención de los recueros de Atienza. Y ese hecho (salvar al rey castellano del acoso de su tío leonés) es lo que se rememora. Los hombres que ya entonces, en el siglo XII, formaban la Cofradía de la Santísima Trinidad y San Julián, dedicados a la arriería y el transporte de mercancías por todo el reino, decidieron conmemorar aquel hecho con la institución de esta fiesta, que inmediatamente fue sancionada con privilegios y apoyos por parte de la cancillería real, y en siglos posteriores sería apoyada por otros monarcas.

La historia

La tradición más característica de Atienza es la Fiesta de la Caballada, una de las más antiguas y curiosas de España. Se trata de la fiesta anual de una cofradía, la de arrieros o recue­ros de Atienza, puesta bajo la advocación de San Julián y la Santísima Trinidad. Tiene sus orígenes en los antiguos gre­mios medievales formados para la defensa de los intereses de un oficio o actividad, como era en este caso la de los arrieros o transportistas de mercancías en mulas, de las que había cre­cido número en esta villa, cruce de caminos entre las dos Cas­tillas y Aragón. Estos arrieros atencinos protagonizaron un bello gesto de lealtad al monarca castellano, el aún niño Alfonso VIII, que tenían en Atienza custodiado ante las ame­nazas de su tío el rey Fernando de León de acaparar el reino de Castilla. Y estos hombres de Atienza, decidieron, una mañana de primavera del año 1163, sacar de la villa a su rey, escondido en una comitiva de arrieros, para llevarle a Segovia y allá ponerle a salvo. Este acto fue base del gran aprecio que Alfonso VIII tuvo siempre por Atienza, favoreciendo al pue­blo con mercedes y exenciones. Y este acto de valentía y fide­lidad fue la base de una celebración anual que los hombres de Atienza han mantenido incólume durante más de ocho siglos: la Caballada. Con unas ordenanzas, escritas en pergamino en aquella época, y un ritual perenne que cada año, el domingo de la Pascua de Pentecostés, se repite.

La fiesta

La fiesta de la Caballada comienza realmente el sábado. Los cofrades se reúnen y comen juntos “las siete tortillas”. Con diversos materiales (jamón, escabeche, etc.) hechas por sus mujeres, el acto consiste en una reunión preparatoria del siguiente día, que es el importante, y vienen a recordar las siete jornadas que emplearon los arrieros en trasladar desde Atienza a Segovia al rey niño Alfonso.

El domingo aparecen, de cada casa, los cofrades de la Santísima Trinidad vestidos de fiesta, arrastrando sobre sus hombros las solemnes capas castellanas, a pesar del calor que ya suele hacer en estos días. Pero ya se sabe lo que dice el refrán: “Hasta el cuarenta de mayo, no te quites el sayo”.

Una vez todos los cofrades vestidos con el traje castellano, oscuro, de pana, con grandes capas negras, sombreros de ala ancha, y montados en enjae­zados caballos o mulas, van a la casa del cura o abad de la cofradía, a recogerle a su morada, el cual monta también a caba­llo. Luego pasa lista el «fiel de fechos» poniendo multas a quien haya incurrido en alguna pena durante el año anterior. Se subasta luego la bandera o el guión de la cofradía, dando el grito de «¡Buen mozo la lleva!» cuando se adjudica. Luego se pone en marcha la comitiva, precedida de un gaitero y un tamborilero, más el abanderado. Pasan las calles del pueblo, y bajan hasta la ermita de la Estrella, a unos dos kilómetros del pueblo. Allí se saca en procesión a la Virgen, se subastan las andas y un árbol de rosquillas, se baila la jota serrana a la puerta de la ermita, y se come: los cofrades, en privado, en un apartado de la ermita, y el pueblo sobre los prados que la rodean. A la tarde, se regresa al pueblo, se toma un vaso de vino en la plaza del Trigo, todos aún caballeros de sus mon­turas, y luego se trasladan a la vega de poniente del castillo, donde se celebran carreras animadas, a caballo, de los cofra­des, por parejas. Es una fiesta muy vistosa y tradicional, a la que cada año acuden centenares de curiosos, turistas y estu­diosos del costumbrismo castellano.

Apunte bibliográfico

Recientemente se ha presentado un libro que ofrece entera y verdadera a la Caballada. El 16 de mayo en el contexto de la Feria del Libro de Guadalajara, y el 19 del mismo mes en la Casa de Guadalajara en Madrid, se ha puesto de largo esta obra que recomendamos: el título es La Caballada de Atienza, el autor don Tomás Gismera Velasco, y la edición ha corrido a cargo de la editorial alcarreña AACHE que la ha incluido como nº 72 en su Colección “Tierra de Guadalajara”. Tiene 88 páginas y una gran cantidad de imágenes a color y en blanco y negro.

Tras un prólogo de Luis Carandell,  y una introducción de José Antonio Ochaita (textos rescatados de la bibliografía de ambos autores) Gismera desgrana su información en 9 capítulos cuyos títulos son estos: El acto heroico, Los orígenes de la Cofradía, Alfonso VIII y la villa de Atienza, Los Privilegios y las Ordenanzas, Usos y costumbres, La fiesta en la actualidad y Así cuentan que ocurrió.

El Museo de la Trinidad

La iglesia de la Santísima Trinidad es el templo donde tuvo su nacimiento y su sede la Cofradía de la Caballada. En los últimos años se ha transformado en un espectacular Museo, en el que se recogen muchas obras de arte que siempre estuvieron en esa iglesia, y otras procedentes de otros templos de Atienza. Todo un conjunto de bellezas artísticas que conviene, en esta jornada festiva, visitar y admirar.

En la Sacristía del templo se han colocado elementos múltiples relativos a la Cofradía de La Caballada. Ello hace que sea este un Museo monográfica de esta Cofradía castellana, ofreciéndose los estandartes, los manuscritos en pergamino de las primitivas constituciones, muchos documentos claves de la historia de la cofradía, muchas fotografías y muchas curiosidades. Tanto a los atencinos, que viven en lo más hondo esta costumbre centenaria, como a los visitantes, les llenará de asombro este Museo de La Caballada.

Vemos en sus paredes los estatutos originales, privilegios concedidos por los Reyes de Castilla, emblemas en bronce, capas, sombreros, y muchas fotografías, la mayoría realizadas por Santiago Bernal, de los momentos claves de esta fiesta castellanista. Destaca la bandera de la cofradía, de comienzos del siglo XIX.

Por el resto del templo, el viajero puede admirar cosas tan interesantes comolas que se han reunido en la capilla del bautismo donde se admira, además de la pila románica, un Calvario en el que destaca el Cristo de los Cuatro Clavos, impresionante talla del siglo XIV, de la que llama poderosamente la atención la cabeza solemne de Cristo.

La pieza mejor del conjunto museístico es el Cristo del Perdón, de Luis Salvador Carmona, quien en un gesto muy utilizado por este artista castellano, nos presenta a Cristo doliente y en plena Pasión, poniendo su rodilla dolorida y ensangrentada sobre la bola del mundo, en la que aparecen pintados Adán y Eva, como orígenes del pecado en la naturaleza del hombre, y que Cristo viene a perdonar y redimir. Procede del Hospital de Santa Ana, y luego pasó a la parroquia de San Juan, recuperándose con mejor vistosidad y visibilidad en este espacio.

Se pueden admirar también un par de estatuillas góticas, en alabastro, proce­dentes del convento de San Francisco; un busto de Ecce Homo, de gran naturalismo; destacan en el coro un gran catafalco con la Danza de la Muerte, así como cantorales, relicarios y cruces, carracas de Semana Santa, moldes de sagradas formas, etc. En su conjunto, este Museo e iglesia ofrecen al visitante un espectacular conjunto de piezas de arte religioso enmarcadas en su ámbito natural: una iglesia magnífica que sigue siendo lugar de culto, y sede de la Cofradía de La Caballada.

Otros datos sobre esta iglesia-museo:

Situación: Iglesia de la Santísima Trinidad. Al final de la Calle Cervantes. Atienza.
Telef. 949 399 286
Horarios de apertura, sábados, domingos y festivos, de 11:30 a 14 y de 16 a 19 h.
Precio de la entrada: 3 Euros, con los que se ven el resto de los museos de Atienza.

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