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Las Vias Romanas por Guadalajara

A lo largo de las vías romanas, se establecían las “mansiones” una especie de posadas para albergue de soldados y viajeros. Según el Itinerario de Antonino, a su paso por nuestra tierra eran tres las mansiones existentes

La gran Ruta de Mérida a Zaragoza

Del denso entramado de vías mayores y menores que el Imperio Romano estableció sobre la superficie de Hispania, una de las fundamentales fue la llamada Vía Augusta, que ponía en comunicación dos de sus mayores ciudades: Mérida (Emérita Augusta) y Zaragoza (Caesar Augusta). Esa vía atravesaba, como puede comprobar quien hoy mismo haga ese recorrido en coche por cómodas carreteras, a lo largo de cientos de kilómetros, numerosos valles, ríos, llanuras, montañas, desfiladeros… una enorme obra de ingeniería viaria, que necesitó el apoyo de puentes, ciudades, descansaderos, villas, etc, para poderla hacer realidad y utilizable.

Las dos principales regiones en que los romanos dividieron a Hispania fueron Lusitania y Bética (oeste y sur de la península) y Tarraconense (norte y este de la misma). La meseta castellana, en altura, era el paso obligado para comunicar una con otra. Y esta era la vía principal, cuyo trazado se conoce casi a la perfección, porque un manuscrito clave de la Hispania Romana, el Itinerario de Antonino, de la segunda mitad del siglo III, lo describe minuciosamente. La Vía que recorreremos ahora fue trazada y construida en el siglo I de nuestra Era, aunque luego recibió arreglos sucesivos en tiempos de Trajano, Adriano y Decio.

En llegando a las actuales tierras de Madrid, entonces despobladas, con solo habitáculos en los bordes de los ríos que bajan de la Sierra Central, la Vía seguía una vez atravesado el Jarama, el curso del río Henares, y desde Matillas su afluente el Dulce. Las fuentes documentales marcan perfectamente el camino, y en muchos lugares quedan restos evidentes, en forma de caminos empedrados, así como por la aparición de lápidas, miliarios y restos de pequeñas villae a lo largo del trayecto. Concretamente por el valle del Dulce, frente a Villaseca de Henares, pasaba la Vía romana que con minuciosidad describe el autor de una reciente “Historia de Villaseca”, don Antonio Martínez García. Este autor nos dice que la Vía Augusta iniciaba su recorrido por nuestra actual provincia desde el Jarama subiendo por Alcalá de Henares (Complutum) y siguiendo por el río Henares cerca de Meco, por donde cruzaba el río “La Barca” de los Santos de la Humosa, llegando a Guadalajara (Arriaca). Siguiendo el discurso del río Henares, pasaba por Marchamalo llegando a Humanes, desde donde sigue su itinerario continuando el curso del río, pasando por las cercanías de Montarrón antes de desembocar en Espinosa de Henares, donde hubo una importante mansión o villa romana, en la confluencia del río Aliendre con el Henares, la llamada Unciana de los romanos. Se han encontrado fragmentos de empedrado muy firme y antiguo entre Humanes y Espinosa. Seguía la Vía por Carrascosa, donde se localizaron restos romanos entre los ríos Henares y Bornova, en los Castillejos. Continuando por la margen derecha del río Henares, llega hasta cerca del kilometro 104 del ferrocarril donde cruza el río, y por la margen izquierda pasa por las cercanias de Jadraque y Bujalaro, para cortar hacia el antiguo pueblo de Matillas, bajo cuyos dos cerros gemelos pasaba y donde el escritor seguntino del siglo XVIII don Diego González Chantos en su obra “Resumen de Correcciones” nos dice que: “…. No es solo en aquel sitio del término de Mandayona donde se han encontrado restos de la antigüedad romana, sino también no lejos de aquella villa, a la entrada occidental del valle en que existe, esto es, cerca de Matillas….” También las “Relaciones Topográficas” de Felipe II dicen que por Matillas pasaba un camino real muy transitado. En todo caso, y por referencias directas de González Chantos, en el inicio del valle del Dulce se encontraron a finales del siglo XVIII importantes restos arqueológicos, posilemente romanos, de los que no han quedado huellas.

La Vía superaba Mandayona, subía al “Alto de la Cruz” y desde allí discurría siguiendo prácticamente el itinerario de la carretera actual que va a Sigüenza. Y según el referido autor, que conoce bien la zona, en ese final trayecto antes de llegar a la Segontia romana quedan los restos de un pequeño puente, a la altura de la Cabrera construido para salvar una vaguada, que tiene un solo arco de medio punto realizado en piedra, a cuyos lados se dispuso material de relleno hasta enrasar la ladera con la altura del arco, para permitir el paso de la vía sobre esta estructura. Más cerca de Sigüenza, encontramos una alcantarilla o puentecillo, también de un solo arco, que actualmente está en parte cegado. Y finalmente, cerca de las antiguas fábricas de cerámica y cristal de La Pelegrina, existe otra interesante intervención romana, se trata de un corte realizado en la roca para posibilitar el paso del camino en línea recta. Sobrepasada Sigüenza, el camino romano seguía hacia Medinaceli, cruzando por el mismo sitio que la carretera actual el puerto de Horna/Torralba, a más de 1.200 metros de altitud.

A lo largo de las vías romanas, se establecían las “mansiones” una especie de posadas para albergue de soldados y viajeros. Según el Itinerario de Antonino, a su paso por nuestra tierra eran tres las mansiones existentes:

1. Arriaca, cuya ubicación exacta ha sido siempre discutida, pero a la que finalmente Abascal pone asiento entre los pueblos de Usanos, Marchamalo y Fontanar, no habiéndose encontrado restos de ella, aunque pudiera ser lo hallado en el lugar de “El Tesoro” de Marchamalo la sede de esta mansión romana.

2. Caesada que estuvo en las proximidades de Espinosa de Henares y no debió ser muy importante. A esta podría corresponder los restos hallados en un espacio como de media hectárea que hay frente a Espinosa, en la orilla derecha del Henares, junto a la desembocadura del Aliendre. Él la denominó Unciana.

3. Segontia, la actual Sigüenza, que fue un lugar importante y poblado desde tiempos antiguos, sobre el que ahora no voy a extenderme.

La vía oriental

También importante fue el viejo camino, transformado por los romanos en Vía, que unía Laminium (probablemente Alhambra, en Ciudad Real) con Cesaraugusta, y que cruzaría la meseta inferior también de Norte a Sur, enlazando el valle del Ebro con el del Guadalquivir. Lógicamente, un tramo de esta vía atravesaba tierras del sur de Guadalajara, discurriendo por las parameras de Molina, tras cruzar el Tajo posiblemente en la actual Carrascosa de Tajo, donde hubo puente de gran consistencia, el puente de Murel, tan sabiamente estudiado en su “Historia de Carrascosa de Tajo” por don Francisco García Escribano. La vía se uniría a la altura de Calatayud (Bílbilis) con la de  EméritaCesaraugusta.

De esta vía han quedado también algunas huellas en nuestra provincia que podemos reconocer. Hay algunos tramos empedrados y otros de tierra, uno de éstos discurre a media ladera en las cercanías de Zaorejas. Blázquez ha identificado a este pueblo con la Carae de los cronistas latinos, y que sería la única mansión reconocida en esta vía, aunque Abascal la sitúa más al sur, en un paraje conocido como «Los Calderones» donde hay restos de cerámica romana en superficie. En todo caso, cerca de Zaorejas está el interesantísimo acueducto al que allí llaman Puente Romano. Esta obra, realmente monumental, muy poco conocida aún, salva el barranco de Fuentelengua, y era su objetivo conducir el agua de la Barbarija a la población. El canal de conducción iba sobre un gran muro de casi 100 metros de longitud, y 12 metros de altura en su parte mas elevada, macizo excepto en el centro, donde presentaba y hoy aún se puede admirar completo, un gran arco de medio punto de 6,5 metros de luz que permitía el paso de las aguas.

Las vías menores

Pero existieron otras muchas vías, podríamos decir que “menores”. Realmente serían caminos bien constituidos, con firme asentado del frecuente paso de carros, caballerías y caminantes. En su mayoría iban junto a los ríos, y algunas aprovecharon caminos aún más antiguos. Esto de la “Caminería” que es ciencia abierta y puesta en sazón por don Manuel Criado de Val, supone partir del hecho de que todos los caminos que hoy conocemos, o su gran mayoría, ya existían “antes de los romanos”. Lo que se ha ido haciendo con posterioridad, ha sido darles consistencia, pintarlos en los mapas, o simplemente inaugurarlos. Algunos, varias veces.

De las vías romanas “menores” es bien conocida la que unía Segontia con Segóbriga, pasando por Ercávica, estas dos últimas enclavadas en la actual provincia de Cuenca. De esta vía se conservaron dos miliarios, y restos de importantes villae romanas, como la que existe cerca de Gárgoles, y que sin duda, en aquellos tiempos estaban muy cerca del camino referido. Al salir de Sigüenza, coincidía un buen trecho en común con la Cesaraugusta-Emérita, pero pasada La Cabrera se separaba para recorrer de norte a sur la actual provincia de Guadalajara. De esta forma se comunicaban fácilmente las tierras frías de la meseta superior con las más llanas y suaves de la inferior, especialmente en llegando a la Mancha. Su trazado no sigue ninguna ruta natural, ningún valle concreto, y solo va marcando la dirección de Norte a Sur por la Alcarria alta, pero siempre, pensamos, aprovechando antiguas rutas, quizás ínfimas, de los primitivos pobladores celtíberos.

Otros caminos que ya existían y aprovecharon los romanos, eran los que partían de Segontia y la unían con Carae y con Termantia, también para subir a la meseta norte por los pasos de Miedes, (donde se ha conservado fragmento de calzada romana a la altura de Paredes) o de Aguilar de Anguita, donde también se ha puesto de manifiesto una Vía romana con consistencia de empedrado y aún de puente. Es posible que existieran aún otros, más endebles y por eso desaparecidos, que llevaban desde Segontia al angosto valle del río Bornova, donde en el actual término de Hiendelaencina tenían los romanos puestas sus miras mineras: la plata abundante de la zona fue por ellos conocida, aunque no explotada.

Finalmente, otra vía cruzaba por el límite más meridional de la provincia, permitiendo el viaje desde Complutum (Alcalá de Henares) a Cartago Nova (Cartagena). En el tramo que cruzaba tierras en torno al Tajo por Driebes, Mazuecos y Almoguera, había una mansión que algunos han identificado con la Caraca de los cronistas latinos. Está por comprobar.

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One Comment

  1. […] gran Herrera Casado hace un análisis de las calzadas romanas en la […]

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