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Viaje a las Cabanillas del Campo

He tenido la oportunidad de vivir unos días inmerso en la vida de un pueblo cercano: Cabanillas del Campo está tan a dos pasos de Guadalajara, que apenas se sale del barrio de La Estación, y se pasan unas cuantas huertas y viveros, se llega al Canal y desde este sse sube al pueblo.

Y en el pueblo se encuentra uno que todo es actividad y renovación, que la villa antigua, cargada de historia y sensaciones rurales, se está convirtiendo en el eje vital, en el “casco antiguo” de una urbe pletórica y extensísima. La superficie de Cabanillas es amplia y se lanza por cerros y quebradillas. A pesar de estar en la Campiña, junto al Henares, donde todo es llanura y visiones sin límite, ya no es posible abarcar completa a Cabanillas de un vistazo. De grande que es.

Pero la historia de Cabanillas es larga y supone que hoy tiene poso de siglos. Lo cual es garantía de autenticidad y raíces. Su nombre es de claro abolengo castellano. Se refiere a unas pequeñas cabañas de pastores, de las que surgiría más adelante el pueblo, y de ellas dice la tradición que fueron propiedad de los judíos de Guadalajara, y que a ellas venían “a celebrar su fiestas”. A partir del siglo XVII utiliza ya el actual apellido, y ello en clara consonancia con su pertenencia, hasta entonces, al alfoz o Común de Guadalajara, estando enclavada en el centro de sus Sesma del Campo. Lo que desde la Edad Media fuera un bombre contundente, “el Campo”, ha venido a ser hoy un poetizado apelativo que todos usan, “la Campiña”.

En el siglo IX se menciona ya este pueblo, cuando una vieja crónica árabe habla de la incursión de las huestes del conde castellano don Rodrigo en el valle del Jarama (hacia el año 845) diciendo que avanzó por los campos hasta el Henares “por Cabanillas”. En el fuero que Alfonso VII concedió a Guadalajara, en 1133, también se incluye a Cabanillas en la sesma del Campo del común guadalajareño. Pero con seguridad el primer documento en que aparece Cabanillas mencionado es en 1432, cuando el rey Juan II concedió en señorío a su cortesano y canciller don Iñigo López de Mendoza, un grupo de aldeas pertenencientes al alfoz arriacense. Ya por entonces, este lugar existía y tenía entidad geográfica y concejil. La posesión en señorío de la aldea de Cabanillas, la entregó el rey Juan primeramente a su hermana, la infanta Catalina, pero muy pronto, y “por causas justas” la desposeyó de ella y se la entregó al futuro marqués de Santillana.

Lugar progresivamente preferido de agricultores y ganaderos, alcanzó a tener más de 1.000 habitantes a finales del siglo XVI. Es muy importante destacar que, frente al resto de los pueblos de la Campiña, y d ela mayoría de las villas castellanas de antiguos siglos, Cabanillas no perteneció nunca a señorío, no tuvo otro “señor” que el Rey. Es más, cuando en 1628 decidió el Rey Felipe IV poner en venta todos los pueblos del reino, para recaudar fondos con que hacer frente a tanta guerra absurda como tenía entre manos el Conde Duque de Olivares, Cabanillas decidió “comprarse a sí misma”, adquiriendo ese título de Villa que la dotaba de capacidad para administrarse justicia a sí misma: el alcade y juez a un tiempo decidía y sentenciaba los problemas vecinales.

Los monumentos de Cabanillas

El más singular sin duda es la iglesia parroquial, dedicada a la Cátedra de San Pedro. Fue construido su edificio a finales del siglo XVI, y llevó mucho tiempo verla acabada como hoy la vemos. Se usó el sillar labrado para las zonas de mayor sustento, y la cal y el ladrillo con los cantos rodados en las zonas de menos prestancia. Su planta es de cruz latina, con tres naves separadas por arcos de medio punto. La cabecera se forma por un presbiterio pequeño, ligeramente elevado sobre la nave. Rematando el crucero, una cúpula de tipo semiesférico. La puerta de ingreso, en el muro de poniente, es de estilo renacentista, y presenta arco semicircular y un par de medallones en las enjutas, con toscas representaciones talladas de San Pedro y San Pablo. La torre, en el ángulo noroeste del templo, es un bellísimo ejemplar de la arquitectura campiñera, construida con los mismos materiales, pero elegantemente distribuidos, alternando la piedra caliza y el ladrillo en fajas. En su interior, bajo la torre, está la pila bautismal. Al parecer se quiere ahora añadir un atrio porticado rodeando los muros sur y occidental, aunque no existe constancia de que esto se hiciera así originalmente. En todo caso, si esto se lleva a efecto, y con el consiguiente visto bueno de la Comisión Provincial de Patrimonio, el atrio debería contar con los elementos propios de los siglos XVI y XVII en que fue construido el edificio, especialmente capiteles, arcos y enjutas del estilo campiñero ya cuajado en otros edificios antiguos como las iglesias de Azuqueca, Alovera y Villanueva de la Torre.

El arquitecto que dio las trazas para levantar este tempo fue nada menos que Nicolás de Vergara, maestro mayor de las obras del arzobispado de Toledo, encargándose desde el primer momento de dirigir técnicamente las obras el arquitecto Hernando del Pozo, auxiliado por Pedro de los Ríos. Este arquitecto dirigía por entonces las obras de la catedral de Sigüenza. Aunque en principio se estimó que la construcción duraría 6 años, en realidad se alargó mucho más, pero ya a comienzos del siglo XVII estaba terminada. Durante años y años más, se siguieron haciendo reformas y reconstrucciones, siendo la última en 1676 que la dejó tal como hoy la vemos.

En las afueras del pueblo destaca la ermita de la Virgen de la Soledad, bien conservada, a la que el pueblo entero cuida y hace objeto de muy especial devoción. Junto a ella se encuentra el cementerio.

Y poco más presenta Cabanillas en cuanto a patrimonio monumental. Cabe destacar algunos edificios del pueblo antiguo, hoy bien remozados, que ofrecen su silueta de casonas viejas hechas con la combinación campiñera del ladrillo y el canto rodado. La plaza de la iglesia ofrece varios ejemplos, y el viejo Ayuntamiento.

Hoy da una imagen nueva, que ya ha creado perfil consistente, la “Plaza del Pueblo” en la que se alza, a levante, el gran edificio del Ayuntamiento, modelo de funcionalismo y belleza sincrética. Delante, pero dejando visual amplia, el kiosco de la música, y a trechos distribuidas algunas fuentes de hierro con formas surgerentes. Un detalle muy hermoso y agradable es el conjunto escultórico que, salido de las manos y la inspiraicón de la escultora Pilar Foronda, hace un colorista homenaje a las mujeres de Cabanillas, con el símbolo de la Paz en lo más alto.

Lugares históricos del término

En el actual término de Cabanillas hubo en tiempos antiguos otros dos lugares, uno de ellos con categoría de simple lugar, que fue Benalaque. Otro, con categoría que llegó a ser de villa con jurisdicción propia, Valbueno. Está Benalaque situado a la orilla de otro arroyo que se ahonda al llegar al Henares, justo al final del actual polígono industrial. Poblado desde la Edad Media, o quizás antes por su nombre de clara raigambre árabe, en los años finales del siglo XV era propiedad de uno de los hijos pequeños del marqués de Santillana, don Pedro Hurtado de Mendoza. Este señor, junto con su esposa doña Juana de Valencia, fundó aquí un convento de la Orden de Santo Domingo, que se erigió pobremente, pero en el que se pusieron, en el presbiterio de su iglesia, los enterramientos de ambos próceres, muy dignamente tallados en estilo plateresco, con sus efigies orantes arrodilladas. El aislamiento del convento hizo que los dominicos decidieran trasladarse a la capital del Común, y así a mediados del siglo XVI adquirieron espacio y comenzaron a levantar nuevo convento dominico dedicado a la Santa Cruz extramuros de la ciudad de Guadalajara, frente a la puerta del Mercado, junto al gran espacio donde se celebraba este todos los sábados. Los franciscanos de Guadalajara, que llevaban ya tres siglos gozando de los favores limosneros de los arriacenses, les movieron todo tipo de pleitos, pero ellos levantaron el convento, construyeron una gran iglesia (es la parroquia actual de San Ginés, que preside la plaza de Santo Domingo en memoria de estos frailes) y en su presbiterio elevado pusieron los enterramientos de los fundadores, que fueron dinalmente destruido en 1936, aunque hoy aún se alnzan a ver sus muñones. Con los siglos, Benalaque desapareció como pueblo, pero en ese mismo lugar, hace unos cuantos años, la Orden de Predicadores puso convento y una imprenta, en ese mismo lugar (la OPE), reviviendo antigua tradición.

Otro lugar, que llegó a ser villa, y hoy es finca particular, es Valbueno. Ya en el siglo XVI declaraban sus habitantes que eran aldea de Guadalajara,y totalizaban 75 vecinos, de los cuales 10 eran labradores propietarios y el resto labraban las tierras de una granja propiedad de los frailes del monasterio jerónimo de Lupiana, y tierras de algunos terratenientes de Guadalajara. Su parroquia estaba dedicada a Nuestra Señora de la Fuente. Y fue como Cabanillas, parejo en categoría, aldea del Común de Guadalajara, hasta que en 1628 los monjes de San Bartolomé de Lupiana compraron el señorío jurisdiccional al rey, siendo en 1726 cuando lo adquirió en señorío, por compra a los jerónimos, don Tomás de Yriberri y Goyeneche, caballero de Santiago, y Tesorero del rey, siendo este don Felipe V quien le concediera en 1732 el título para él creado de Marqués de Valbueno. A mediados del siglo XVIII, el señor tenía palacio en la villa aunque residía en Madrid, cobraba un impuesto anual de 12 gallinas y la población fue disminuyendo, hasta tener en 1750 solo 30 vecinos. Madoz y Miñano aún le citan, siempre disminuyendo de población, llegando a ser Ayuntamiento independiente hasta que en sesión de 23 de marzo de 1873 sus vecinos votaron por mayoría su incorporaicón a la villa de Cabanillas. Siguió Valbueno en propiedad particular, habiendo sido el Sr. Borrás el que en sus cercanías instalara a mediados del siglo XX un campo de aviación. Hoy está perfectamente restaurado por sus nuevos propietarios, los Corsini, y constituye una preciosa finca de recreo y agricultura.

Apunte

Un libro muy recomendable

En los días de la pasada Feria del Libro de Cabanillas, que ha puesto en marcha su Ayuntamiento, con apuesta personal por la cultura de su alcalde Jesús Miguel Pérez y su concejal de Cultura Luis Miguel Fuentes Calleja, ha sido presentado en el Salón de plenos de su moderna Casa Consistorial el libro titulado “La Campiña del Henares”, que abarca en sus 160 páginas profusamente ilustradas las historias y descripciones de cuanto hay que ver y admirar en los 10 pueblos que conforman el núcleo de esta “Campiña” que va de Humanes a Azuqueca llevando al antiguo Canal del Henares a su costado cantando. Es un libro que ha sacado la editorial AACHE, como número 66 de su Colección “Tierra de Guadalajara” y ofrece novedades importantes con planos inéditos del siglo XVIII, hermosas fotografías actuales, referencias a la fauna, al Canal, a las fiestas locales, y sobre todo un análisis de la historia y el patrimonio artístico de estos diez pueblos: Azuqueca, Alovera, Quer, Villanueva de la Torre, Cabanillas del Campo, Marchamalo, Fontanar, Yunquera, Mohernando y Humanes.

One Comment

  1. Ainhoa Ayuso dice:

    El nombre de Cabanillas del Campo viene porque hace muchos años había unas cabañas pequeñas donde se refugiaban los pastores.
    El monumento más importante es la iglesia De San Pedro.

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