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Casas fuertes de Molina

 

En el Señorío de Molina, que es tierra de sorpresas siempre, de hallazgos todavía, porque a poca gente le da por ir a pasear sus trochas y mirar sus pueblos, se pueden encontrar un tipo de edificaciones de origen medieval, que han dado en llamarse “casas fuertes”. Ello porque no alcanzan la consideración de castillos, al no estar en posiciones demasiado elevadas o estratégicas, y porque sirvieron en siglos pasados tanto para la defensa del territorio como más habitualmente para la residencia de sus propietarios acompañados de una buena cantidad de servidumbre y colaboradores.

Hay varios ejemplos de este tipo de construcciones, en el Señorío de Molina, que hoy vamos a repasar para que sirvan de invitación a viajar por esa tierra gozosa y maravillosa: en Setiles vemos la casona de los Malo en el centro del pueblo; en Tierzo, en las afueras, en lo que todos llaman la Vega de Arias, está la casa con más prestancia de todas ellas; en Castilnuevo el castillete de los Mendoza, y en Traid y Chera dos desconocidas casas fuertes de espectacular presencia.

La Casa fuerte de los Malo en Setiles

En Setiles destacan, y llaman poderosamente la atención del visitante, varios palacios y casas fuertes. De ellas es muy singular la “casa fuerte” de los Malo de Marcilla, fundada en el siglo XV por don Garci Gil Malo. En su origen fue bastión murado, defensivo, formado por dos torres paralelas, muy fuertes y con escasos vanos aspillerados, rematadas en almenas, y un cuerpo central, en que se abría el portón de acceso al patio central, desde el cual, y por sendos arcos apuntados se accedía a las torres de vivienda y hospedaje. En el siglo XVIII se cambió la estructura, desmochando una torre, y añadiendo nueva portada con molduras varias y escudo de la familia. El interior aún muestra el patio con restos del antiguo pozo, y las entradas laterales a las torres. Existen las ruinas de otros dos caserones pertenecientes a la familia Malo, y es destacable el que todavía muestra su gran portón adovelado, con el escudo por cimera y clave.

La Casa fuerte de la Vega de Arias

En término de Tierzo se encuentra el caserío de la Vega de Arias, que preside unas amplias praderas y pastizales a orillas del río Bullones, en un paisaje casi idílico y siempre verde. Dice la tradición que por aquí atravesó el Cid en su camino de Burgos a Valencia. Lo cierto es que este enclave perteneció, desde la repoblación del Señorío molinés, a diversas casas de la nobleza del territorio, entre ellas a los mayorazgos de Salinas y luego a los de Castejón de Andrade. Desde el siglo XVIII pertenece a los Arauz de Robles. Destaca en Arias su edificio central, obra del siglo XIII, de planta rectangular con fachada en la que luce portón apuntado, adovelado, y con gastado escudo de piedra, varios ventanales estrechos y simétricos, y una serie de salones internos distribuidos en dos pisos, a los que se accede desde un portal con pozo. Ante el edificio se abre un ancho *patio de armas+ cerrado por alto murallón almenado al que se entra por apuntado arco de sillería que se protege por elegante matacán. Es un conjunto interesantísimo de arquitectura civil medieval, y está calificado como Monumento histórico‑artístico.

La Casa Fuerte de la Bujeda

En término de Traid, pero más cerca de Otilla, esta casa fuerte de La Bujeda está en lo alto de un cerrete, aislada en medio de un amplio valle. Se constituye por un edificio de fuerte masa pétrea, de recinto poligonal, todo él de sillarejo, con un ingreso a través de arco gótico apuntado y adovelado, apareciendo en uno de sus ángulos la basamenta de una torre, que aún estando desmochada tiene el doble de altura que los otros edificios.

En el interior se encuentra un patio, en el que hay varias dependencias, una de ellas con un arco gótico de buenas dovelas. Para Jiménez Esteban, especialista reconocido en castillos, es una obra de los siglos XIV-XV. Hoy en día está en situación de inminente ruina.

Según nos informa José A. Tolosa, que la ha estudiado con detenimiento, esta casa fuerte se encuentra en término de Traid, aunque el mejor acceso lo tiene desde Otilla, tomando el desvío que desde la carretera que se dirige hacia Prados Redondos lleva a esta localidad, y una vez sobrepasado el cementerio se debe seguir por el camino que se inicia a la derecha, el cual contornea toda la vega por su margen derecha durante aproximadamente dos kilómetros, hasta llegar a un cruce con otro camino, en el cual hay un gran charco de agua o en su defecto la superficie cubierta de barro. Tomando el camino de enfrente que se interna en el bosquecillo después de cruzar un pequeño barranco seco se llega tras otro kilómetro a un amplio terreno abierto dominado por un cerro, en el cual se levanta la casa fortificada. El espectáculo es hermoso, porque aparece en lo alto de un cerrete la medieval casona, todavía con cierto aire de desafío.

La casa fuerte está construida a base de sillarejo y mampostería, aunque los vanos y aspilleras tienen cercos de buen sillar tallado finamente. Su planta es poligonal, y todo su contorno aparece cerrado con un muro uniforme, que en su origen estuvo almenado, y que se sobreeleva en la puerta de acceso y en el edificio principal. Su único acceso es la puerta de entrada, mostrando en ese punto el muro más elevado, tanto en su contorno como en su parte superior, viéndose a su derecha un lateral del edificio principal. Esta puerta se forma de un arco apuntado, estando recercada de grandes dovelas de piedra sillar clara. A su alrededor, tanto en la parte alta como en la baja en los laterales se observan pequeños vanos cuadrados, que tendrían funciones defensivas. A media altura de los muros laterales a la puerta se abren dos pequeños agujeros, típicos en las puertas de casas fortificadas que servían para defender la puerta y acosar desde ellos a los atacantes que pretendiesen acercarse a la misma.

 En el interior de este edificio puede observarse el enorme grosor de los muros que rodean la zona de entrada, y la existencia de una torre que ya desmochada señala la importancia del enclave. Es muy posible que esta fuera su estructura primitiva: casa fuerte construida en alto, dominando un valle, con alta muralla cercando un patio interior, y con puerta única adovelada, que permitía la entrada a ese patio, desde el que se accedería al edificio principal, vivienda señorial, con pequeñas ventanas y saeteras, y desde él a la torre, de vigía y refugio, almenada en su terraza elevada, como lo estaría el resto de la muralla del recinto.

La Casa fuerte de los Mendoza en Castilnuevo

Este lugar de Castilnuevo aparece mencionado en antiguas crónicas aragonesas, que afirman fue ocupado por el real de batalla de Alfonso I de Aragón en su definitiva presencia conquistadora del territorio molinés. Quizás desde aquí, una legua río arriba de Molina, cercó o acechó a la ciudad del Gallo. De este modo afirmaba el interés estratégico que luego, siglos después, fue confirmado por los señores molineses, cuidando al máximo este enclave. En el Fuero que concede don Manrique de Lara en 1154 también se menciona Castilnuevo como señalado enclave fuerte de su recién creado dominio. En el testamento de la quinta señora, doña Blanca de Molina, aparece también citado el lugar, y protegido. De tal modo que siempre se retuvo, como la capital del Señorío y el castillo de Zafra, en poder de los Lara y luego de los Reyes de Castilla.

En 1363, el rey Pedro I el Cruel, atento a ganar voluntades de los nobles de su reino, en la difícil lucha establecida con su hermanastro Enrique donó el lugar y fortaleza de Castilnuevo a don Iñigo López de Orozco, poderoso magnate dueño de grandes dominios en lo que hoy es provincia de Guadalajara. De este modo, fortificaba con su poderío la frontera con Aragón, tan cercana y tan batida en esa época. A la muerte de Orozco, Castilnuevo pasó en herencia a sus cuatro hijas Teresa, Mencía, María y Juana. Don Pedro González de Mendoza, casado en segundas nupcias con Teresa López, la mayor de ellas, compró a sus cuñadas las partes que le habían correspondido, y así quedó en poder único del Mendoza primero que asentó y se hizo fuerte por Alcarrias y Serranías de Guadalajara. Don Pedro lo dejó en herencia a sus hijos doña Mencía (casada con don Gastón de la Cerda, conde de Medinaceli) y don Iñigo Hurtado, dejando incluso una parte de los derechos en el mayorazgo, que ostenta don Diego Hurtado de Mendoza, almirante de Castilla. Ambos tres declinaron sus derechos en su hermana Elvira, en 1380, a quien se lo dieron en dote por matrimonio. Tras varios pleitos, en que ésta quiso vendérselo o cederlo a don Juan Ruiz de Molina o de los Quemadales, el *caballero viejo+, y sus hermanas impedirlo, vino al fin a manos de don Iñigo Hurtado de Mendoza, el creador de la rama de *los Mendoza de Molina.+ Heredó Castilnuevo su hijo Diego Hurtado de Mendoza, junto a la alcaidía del alcázar molinés. Este fue primer conde de Priego, por merced de Enrique IV en 1465. Este caballero sostuvo largas y enconadas luchas con el caballero viejo Juan Ruiz y sus hijos, por cuestiones de señorío sobre El Pobo, con pleito casi secular que, en ocasiones, se resolvió en lucha armada, teniendo por intérpretes al castillo de Embid y a la casa fuerte de Castilnuevo. Este enclave, sin embargo, permaneció en poder de los condes de Priego hasta el siglo XIX.

Es de reseñar también que este lugar figura, con toda probabilidad, en una de nuestras más señaladas piezas literarias cual es el Quijote de Cervantes. En la aventura de la *ínsula+, el castillo de los duques y las diversas peripecias que en él ocurren, pueden identificarse aquí, en Castilnuevo, lugar que el autor conoció personalmente, así como a sus señores, y consideró que podía servirle de base a su graciosa y significativa peripecia.

Hoy el viajero puede admirar la recia estampa de esta espléndida casa fuerte molinesa, enclavada en un altozano sobre el valle, y que en su principio tuvo una barbacana o recinto exterior, hoy prácticamente desaparecida. Algo de ella aún se aprecia frente a su fachada, en el muro norte: son arcos dobles, y la puerta se halla flanqueada por sobresaliente torreón seguido de un lienzo que corre hasta la recia y cuadrada torre mayor. Su aspecto es imponente, y, aunque luego fue utilizada como casa de recreo, en su origen fue, más que castillo, casa fuerte del estilo de las otras que en este trabajo vemos: casona enorme, en alto, con una sola entrada, muros cercando un patio, almenados, y gran torre fuerte rodeada de edificios de vivienda.

La Casa fuerte del marqués de Coloma en Chera

A la orilla frondosa y fresca del río Gallo, que por estos parajes atraviesa hermosas gargantas recónditas y prestas para la admiración paisajística, cerca de la villa de Prados Redondos, encontramos el lugar de Chera, minúsculo aunque todavía poblado. Tiene una sencilla iglesia presidiendo la plaza, dedicada a N0. Sra. de la Soledad. Y en las afueras del lugar, en el barrio que está al otro lado del río, destacan las ruinas impresionantes de la casa  fuerte del marqués de Santa Coloma, de aspecto guerrero, militar, mostrando en su muro sur, de sillar bien tallado, un portón de arco apuntado rematado en escudo liso. En su parte posterior se ve el gran patio de armas, con restos de un enorme arco semicircular, de amplia arquivolta. En la esquina oriental de la casa se aprecia que estuvo la torre defensiva principal. Es posible que, como todas las que hemos visto anteriormente, esta casa fuerte de Chera tuviera sus muros libres rematados de almenas.

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One Comment

  1. Annibal Gonzalez de Riancho dice:

    Me parece una pagina muy interesante y me gustaria poder intercambiar informacion sobre casas fuertes en Cantabria de las que poseo algunos datos

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