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Villaescusa de Palositos, reivindicada

Ábside de la iglesia románica de Villaescusa de Palositos, tal como estaba en 1993

Mañana sábado 28 de abril, va a tener lugar en nuestra altura alcarreña un original acto reivindicativo del que, por razones entrañables y por su objetiva importancia, me hago eco y animo a mis lectores a participar en él. La II Marcha de las Flores llaman, que será pacífica y descubridora, partiendo desde la localidad de Salmerón, subiendo los cerros que bordean la Hoya del Infantado, en dirección a Escamilla y luego, campo a través, hasta Villaescusa de Palositos, uno de los muchos pueblos de Guadalajara que quedaron abandonados en la década de los sesenta, y que cuenta en lo alto con una iglesia, que está clasificada, o al menos considerada por cuantos entienden de arte y patrimonio, como un ejemplar especialmente relevante de la arquitectura románica de nuestra provincia.

 Una marcha por la Ruta de la Lana

 La marcha está organizada por la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Cuenca, y la Asociación de Amigos de Villaescusa de Palositos, que quieren con este acto reivindicar dos cosas: una es la revitalización de la “Ruta de la Lana”, que era el camino que seguían, desde la Edad Media, los peregrinos del Levante español hacia Santiago de Compostela. Y otra, llamar la atención de la opinión pública hacia la situación en que se encuentra Villaescusa de Palositos, un enclave que fue villa en épocas antiguas, que tiene una iglesia románica espléndida, y que está en una situación de abandono progresivo, que no augura para ella nada positivo, por lo que se quiere pedir, de este modo, que las autoridades implicadas en su cuidado y protección se tomen en serio este problema.

El punto de encuentro e inicio de la marcha a pie será en la Casa de Arriba de la Finca de Briones, o Casa de San Román, entre las 12 y las 12:30 de la mañana de este sábado.

La petición de estas Asociaciones es que se permita el libre paso por los caminos públicos de este pueblo, incluso el paso de peregrinos, viajeros y excursionistas por las calles del lugar, y la admiración, de cerca, del templo, así como pedir que se restituya la fuente pública en condiciones de potabilidad como estaba hasta hace muy pocos años, para que todos puedan sentir que ese “camino” antiguo, esa ruta de peregrinación, que tiene una consistencia de muchos siglos, y que tenía su paso, es cierto, por Villaescusa de Palositos, se siga manteniendo viva.

Hay una dirección en Internet que informa detalladamente de todo esto, y mucho más, y que recomiendo visitar: www.villaescusadepalositos.com, añadiendo el llamado a participar en ese camino que mañana sábado se abrirá de nuevo para que pasen caminantes y peregrinos, en un simbólico “andar de paz” y de memorias en torno a lo que siempre fue la tierra de nuestros ancestros.

Está previsto, incluso, que los que sean descendientes del pueblo, depositen unas flores en las tumbas, -o donde se supone que estuvieron-, de sus antepasados. Una forma de aunar la memoria y la realidad, la fuerza de la sangre viva con el reposado silencio de los muertos, que como se sabe siempre andan disfrazados de árboles, fuentes y pájaros, y están muy cerca de nosotros.

 La Ruta de la Lana

 No hace mucho tiempo que en un libro firmado por Herminio Pareja Pérez y Vicente Malabia Martínez, titulado “La Ruta de la Lana” se ha expuesto la historia rescatada de este “camino de Santiago” que desde el Levante español cruzaba la península ibérica hasta llegar a Santiago, a la Tumba del Apóstol.  Era este un camino antiguo, por el que discurrió, entre otros, el Cid Campeador en su destierro desde Burgos hacia Valencia: lo recorrió al revés. O el que figura en el “Repertorio de Alonso de Meneses” en el siglo XVI, por el que transitaban las recuas que llevaban la lana de la Alcarria y los paños de Cuenca hacia las ferias de Medina del Campo y el Consulado de Burgos. Por ese camino pasó Felipe III cuando desde sus bodas en Valencia vino a visitar el Monasterio peñalvero de La Salceda. Y por ese camino pasaron los grupos de artistas que iban de pueblo en pueblo tallando santos, piedras y escenas para las portadas de las iglesias románicas, y que ya en su día analicé en mis estudios respectivos de las portadas románicas de Cifuentes y Santa María del Rey de Atienza, tan similares en todo, que sin duda están talladas por el mismo equipo de artistas, apareciendo en ambas las imágenes de peregrinos, gentes que hacían este “viaje de la lana” hacia Compostela.

El Camino está descrito, y con gran precisión, en un documento que redactaron, en la primavera de 1624, Francisco Patiño, su mujer María de Francis y su primo Sebastián de la Huerta, que desde Monteagudo de las Salinas (hoy provincia de Cuenca) peregrinaron a Santiago.  Llegaron a Burgos, donde se unieron al clásico “camino francés” que desde allí ya era único.

Por nuestra región pasaba esta Ruta Jacobea “de la Lana” por mil sitios. Desde Cuenca, por Torralba, Priego y Valdeolivas entraba a la Alcarria por Salmerón, Trillo, Cifuentes, cruzando el río Dulce/Henares por Mandayona y subiendo por Atienza y Miedes a la vieja Castilla. En ese trazado, el camino atravesaba Villaescusa de Palositos, y no solo su término, sino el pueblo por mitad. De ahí esta reivindicación que mañana se hará, de un camino, un paso, una fuente, una iglesia románica…. una memoria, en definitiva, que quizás porque no está teñida de tinte político alguno pasará más desapercibida que si la hicieran cuatro energúmenos rompecosas de los que abundan por el Norte de España.

 La iglesia románica, en peligro

 Este es un buen momento para volver a refrescar la memoria, y la imagen de su progresivo deterioro, de este templo románico que forma parte destacada del grupo de iglesias medievales de nuestra tierra. Con un valor arquitectónico propio, y con un valor ambiental, que comparte con el lugar en que se alza.

En lo alto de la loma donde reposa la osamenta ya desvencijada de Villaescusa de Palositos (el pueblo se abandonó del todo allá por los años sesenta del pasado siglo), se alza esta iglesia de arquitectura netamente románica, con una estructura que mantiene en toda su pureza las líneas iniciales con que fue construída. Tiene en el muro de poniente un gran parche, generado en tiempos en que allí debió abrirse un boquete. Y a lo largo del eje central del ábside se está abriendo peligrosamente una gran hienda. Hasta hace pocos años se conservó digna, pulcra y perfecta, como recién hecha. En los últimos 7 años, ha sufrido una serie de actuaciones que, si en teoría podían justificarse como intentos de evitar su ruina, lo que en realidad han hecho ha sido llevarla a una situación caótica y peligrosa. Ha perdido la cubierta, se han puesto testigos adheridos a los muros, se ha desmontado el palomar de la espadaña, y se han cubierto de rasillas las columnas de la puerta.

La orientación del templo es clásica: hacia oriente el ábside, hacia poniente el campanario. La planta es rectangular, alargada de este a oeste. La puerta de ingreso, única, está en el centro del muro sur. Sobre el extremo poniente de ese muro se alza la espadaña (que los de Villaescusa llamaban “campanario”) de tres vanos. Los muros de poniente y del norte están lisos, cerrados herméticamente, sin el más mínimo adorno. El extremo de levante ofrece el airoso y elegante ábside de planta semicircular perfecta, con cuatro semicolumnas adosadas, apoyadas en basamentas polimolduradas, y en los tres espacios que dejan libres se abren sendas ventanas, aspilleradas. La central es algo más amplia y tiene una cenefa ancha y moldurada linealmente que cubre el arco semicircular superior y aún se alarga algo a los lados. Las laterales están hoy cegadas.

La puerta de ingreso es simple pero muy hermosa. Se inserta en un cuerpo que sobresale ligeramente del muro del templo. Se forma de un vano semicircular, abocinado en profundidad, con un arco externo decorado con bolas lisas, y luego otros dos arcos de arista viva que a través de una imposta moldurada apoyan en pilares adosados.

El interior es de una sola nave con tres tramos, algo más corto el occidental, y un presbiterio elevado y más estrecho que la nave. Rematando todo, un ábside de planta semicircular, cubierto de bóveda de cuarto de esfera, de piedra. La longitud de la nave es de 13 metros y su anchura de 9, adoptando el plano de este templo una forma en todo tradicional y del más puro y riguroso estilo románico rural. Su época de construcción, sin embargo, es muy tardía, posiblemente del siglo XIII en sus finales.

En las piedras del ábside se ven tallados múltiples signos lapidarios o «marcas de cantería» propias de los diversos canteros que las hicieron. Y el año pasado, gracias a una fotografía realizada por José Antonio García, se pudo conocer el nombre del autor, un remoto “maestro de obras” o rural arquitecto que dejó tallada esta frase en una piedra del muro norte: GILEM FECIT HAC ECCLESIAM.

El porvenir de este templo no está nada claro, porque el desmontaje de la cubierta, que se anunció como preámbulo de una restauración, no ha servido sino para acelerar su ruina. Desde la instancia encargada de su utilización (la Diócesis que administra los templos de la provincia) ha surgido la idea de trasladarla a otro enclave de Guadalajara. A un pueblo cercano a la capital, a alguna urbanización de nuevo cuño, etc. Porque se arguye que un templo es para usarlo y para que cumpla su cometido de ser lugar de reunión de fieles, administración de sacramentos y casa de oración. Pero también es verdad que la historia, y la fuerza de la memoria colectiva, tiene también una voz, y es la que pide que ese templo románico de Villaescusa permanezca en el mismo lugar en que fue alzado siglos ha. En ese razonamiento tienen la voz más clara, las razones más contundentes, quienes nacieron en Villaescusa o de allí proceden. Mientras ellos tengan voz, seguirán pidiendo esto que es lo más lógico: respeto, arreglo y mantenimiento de un ser que, aunque de piedra, está vivo.

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