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mayo, 2005:

Rollos y Picotas de nuestra tierra

 

Al llegar a muchos de los pueblos y villas de nuestra provincia y región, sorprende al viajero primerizo la existencia en sus plazas, o en sus alrededores, de unos curiosos monumentos que se alzan, enhiestos y provocativos, tallados en piedra, levantados sobre gradas, rodeados de arboledas o de coches aparcados si presiden una plaza, con un capitel en lo alto que ofrece talladas cabezas de leones, de monstruos o de humanos seres gritando. Son los elementos que prueban la capacidad que tuvo aquel lugar, aquel pueblo o villa, de administrarse justicia a sí mismos, entre sus propios vecinos. Unos aún le llaman rollo a ese monumento erigido. Otros le llaman picota.

Significados y símbolos

Aunque todos tenían la misma función, que era la conmemorativa, la señalizadora, la de decir el título de villa que le correspondía al pueblo que lo tenía, aún queda un sentido ambivalente para este tipo de monumentos. Y es el de su significado último. No se pondrán nunca de acuerdo los tratadistas, los historiadores, aquellos que solo saben lo que leen. La gente dejó vagar su imaginación más lejos: y pensaron que eran lugares donde los poderosos castigaban a los pobres, y una vez muertos, los colgaban por el cuello, dejándoles sacar la lengua hasta la barbilla, y que con el aire del atardecer se dedicaran, en frase clásica y estremecedora, a bendecir con los pies a la multitud.

Una cosa está clara: los rollos de piedra se colocaban, tras encargar su boceto y talla a algún escultor de más o menos prosapia, el mismo día que el delegado regio traía el documento de concesión de villazgo. O, sin no había dado tiempo a acabarlo, unos meses después. Pero al cumplir lo que la cancillería real ordenaba, y que era dar la vuelta al término, todos los vecinos juntos, leyendo las lindes, sus nombres antiguos, y poniendo las manos sobre los lugares donde se vendería el pan, la carne y los jabones; y diciendo quien sería a partir de ese día el alguacil, y los regidores, y el juez de paz, y el escribano, en ese día se decía donde se ponía el rollo, y lo que significaba: que este pueblo, que ahora es villa, tiene calidad de autogobierno en lo judicial, y que cualquier rencilla o acusación mutua entre dos vecinos, sea otro de ellos, el juez, quien diga lo que ha de hacerse.

Las leyes generales del reino imponían a veces la pena de muerte. Esta quedaba para los asesinos, los atracadores furibundos, los parricidas, los violadores, los que prendían fuego a las cosechas y a los bosques: a los insociables, en suma, a los que suponían un peligro serio para la vida merecidamente tranquila de quienes se dedicaban solo a trabajar, y a amar. Y esas penas de muerte, se ejecutaban de forma variada. No voy a entrar en detalles macabros. Pero por mencionar los más frecuentes, decir que el garrote vil se usaba con cierta frecuencia: era realmente un descoyuntamiento de las vértebras cervicales, provocado violentamente aplicando una especie de torniquete triple apoyado en los laterales del cuello y en el cogote. Al apretar la manivela, se forzaba la salida de su sitio de las vértebras superiores, con lo cual comprimían y lesionaban la médula espinal, justo a la altura del bulbo, y se producía una parada respiratoria que llevaba al reo a la muerte en pocos segundos. Otro de los métodos de ejecución sumaria era el ahorcamiento, que se hacía como todos saben anudando en torno al cuello una fuerte soga, colgarla de un sostén muy firme, y retirar el apoyo (una banqueta, una caja) en que estaba el reo. Al colgar violentamente solo del cuello, la laringe y la tráquea se estrechaban y fracturaban, produciéndose una brusca falta de entrada de aire a los pulmones, y una asfixia aguda que llevaba a la muerte en algunos minutos.

Después de la ejecución, al delincuente se le llevaba, ya cadáver, a colgar de “la picota”, que nunca era ese monumento tallado en piedra gris, tan elegante, que se alzaba en la plaza. Sino que solía ser un grueso palo con ganchos en su extremo superior, o una columna de piedra basta, mal tallada, o un pilar de ladrillos, puesto en alguna eminencia del terreno, visible desde todo el pueblo. Allí colgado, el bamboleo del cadáver movido por el viento estremecía a todos, y encogía el alma. Todos tomaban nota, y se decían: yo nunca me veré así. Dicen que unas horas después, al despuntar el día, venían las aves carroñeras y se encargaban de deshacerle y comerle. No existen referencias documentales de que tal ocurriera nunca. La propia iglesia se encargaba de recoger el cadáver y darle sepultura. Todos, hasta los criminales, son hijos de Dios. Pero estos son símbolos, recuerdos, anécdotas: el mito que subyace en la memoria perdida. Dos cosas hubo, el rollo y la picota. Lo que hoy encontramos en nuestros pueblos es el primero de ellos, un símbolo de orgullo y preeminencia. Algo de lo que en buena lógica se podía y se puede aún presumir.

Los mejores rollos de Guadalajara

En la provincia de Guadalajara existen más de 40 monumentos de este tipo. Y están creciendo, por una razón muy de nuestros días: porque se están restaurando, o incluso recuperando totalmente después de haberse perdido, algunos de ellos. Así ha ocurrido recientemente con los de Albalate, Hontoba o Trillo. Así va a ocurrir con el de Horche. Así ocurrió en la propia capital, que hace unos años se levantó un rollo (idealizado) en un parque de la Avenida del Ejército.

Pero los que subsisten desde mediados del siglo XVI, la mayoría, tienen todos una pinta estupenda, han sido restaurados, y salen en los libros, en las fotos, y en los reportajes. Las fiestas siguen haciéndose en su torno, y todos están orgullosos de ellos: los naturales del pueblo, y los turistas que, cada vez más, ex profeso, vienen a verlos.

Así decir los nombres de Fuentenovilla, el más hermoso de toda la provincia, sin duda. Y los de El Pozo de Guadalajara, Valdeavellano, Lupiana, Moratilla de los Meleros, Peñalver, Budia, Durón, Cifuentes, Alaminos, Palazuelos… Con su remate de rostros, de leones, de carneros… mirando a cada uno de los puntos cardinales, señalando los vientos, el amanecer, el ocaso, hablando ese idioma del símbolo tallado, el mensaje eterno que todos entienden, porque de padres a hijos se explica el significado, el remoto inicio, la segura cadena de los días.

Los mejores rollos de Castilla-La Mancha

A cientos los hubo, por las tierras de nuestra región. Se ponían en las plazas, en los cruces de caminos. Con escudos de señores, con carátulas leoninas. Regida por el mismo sistema político, la corona castellana, en Ocaña y en Montesclaros, en Cabezarados y en San Román de los Montes, en Cardiel y en Maqueda, en Carriches y en Cuerva….tanta memoria suelta, tanta piedra que habla, y todo el tiempo de una vida para verlos, para anotarlos, para hacer una foto de ellos, o varias, porque todos lucen sus gradas, sus columna estriada, su remate, con cabezas de animales o humanas, con cruces, hierros, y escudos. Un conjunto, este de los rollos de Castilla-La Mancha, que debería estar tipificado y puesto en “rutas”, apoyado desde la administración como elemento capital de identidad y turismo. Lo mismo da, los caminos de los políticos son inescrutables. Los de los ciudadanos, que salen cada fin de semana a ver el mundo, suelen ir por otros derroteros completamente distintos.

Apunte

El rollo de Ocaña

En la población toledana (aunque todavía, comarcalmente, alcarreña) de Ocaña, se encuentra el rollo que fue más llamativo y grandioso de la región. Puesto en la entrada de la villa, saludando a los viajeros, y diciendo sus motivos, las reformas urbanas le han llevado hoy a una recoleta plaza frente al Teatro local de Lope de Vega, y allí entre las cales de casas y patios, sobre la columna tallada de su haz se eleva el linternón columnado de su remate, formado de pilastrillas, perlas talladas, una cruz de hierro y un solemne silencio rumoroso. A Ocaña se debe ir por muchas cosas, por su plaza mayor inaudita, por el Museo vivo de Santo Domingo, y por ese rollo singular, el mejor sin duda de la Región.

Apunte

Un libro entretenido sobre rollos y picotas

Ha escrito un libro el hombre que más sabe sobre rollos y picotas en España. José María Ferrer González nos ha entregado, recientemente, una obra monumental (casi 400 páginas y cientos de fotografías y mapas) que titula “El poder y sus símbolos” y que ofrece el catálogo completo de los rollos y picotas que existen, o han existido, en Castilla. La Mancha. Más de un centenar aparecen fotografiados desde todos los ángulos, y estudiado el cómo y el por qué de haberlos erigido, con la historia de sus señores, de sus villanos, de sus días contados en construcciones y ruinas. Un libro que merece conocer quien busque historias y siluetas antiguas.

Valverde de los Arroyos, siempre verde

 

A pesar de todas las sequías, Valverde no cede un milímetro a su proverbial densidad de verdes: los robles despuntan en todas sus yemas; el brezo como una alfombra cubre las cuestas, y en todos los barrancos suena el agua y baja la vida como siempre, sin parar. Es el eterno milagro de la naturaleza bajo la montaña. El Ocejón, negro de pizarras, vigila y santigua a los viajeros, mientras su ánimo crece al comprobar cómo ha mejorado, en estos últimos años, su aspecto y acondicionamiento para el turismo.

Naturaleza que estalla

 Parece estallar la Naturaleza en la Sierra del Ocejón. Con la llegada de la primavera, este año tan retrasada, y tan seca, hay mucho entornos que están mustios. Pero Valverde de los Arroyos es la excepción. La nieve que aún sigue derritiéndose, se descuelga, aunque escasa, por las Chorreras de Despeñalagua. El viaje hoy, hasta Tamajón, es fácil, y desde esta “puerta de la Serranía”, por su correspondiente camino que pasa antes por Almiruete y Palancares, se llega en poco más de media hora a Valverde.

Es inaudito que, tras tantos esfuerzos y dinero bien empleado en disponer por fin de un acceso como debe ser, para los coches, por una carretera amplia y cuidada, se haya quedado sin hacer un tramo de exactamente cinco kilómetros, en torno a Palancares.

Los de este pueblo, que hoy es barrio de Tamajón, dicen que están castigados por la Administración regional, porque hace años se opusieron a la repoblación del término con especies arbóreas que no eran las autóctonas. El roble sigue viviendo por aquellos lares, en bosquedales y manchas, pero la pinada poco a poco va ganando terreno, y mudando la esencia original de aquella sierra. En la iglesia de Palancares, aún se lee el cartelón que pusieron hace años. Por lo que sea: la carretera en ese espacio de cinco kilómetros está infernal, con agujeros realmente peligrosos, que fuerzan a ir a poco más de diez por hora. El resto muy bien. Aunque solo sea en atención a tanto turista como hoy se expande a aquellos extremos de la Región castellano-manchega ¿no podría hacerse un esfuerzo, y acabar de asfaltarla y componerla?

Valverde modélico

Hoy Valverde de los Arroyos es un lugar modélico de nuestra provincia. Yo lo visité por primera vez en una memorable excursión que duró un día entero, con un viejo Land Rover, que tuvo que vadear varios arroyos que bajaban impetuosos de la montaña. Casas espléndidas, pero atraso total. Los danzantes, enamorados de su tierra y sus tradiciones, parecían seres salidos de una leyenda, de un tratado etnológico.

Hoy, gracias a los fondos europeos gestionados por la Diputación, se han arreglado todos los pavimentos, facilitado los accesos y la circulación, que en todo caso está prohibida en el interior de la villa, excepto para residentes. Ejemplo a imitar por otros lugares serranos. La plaza está más bonita que nunca, con sus grandes construcciones de pizarra y gneis, oscuras arquitectura monumentales con tejados a dos aguas para soportar el peso de la nieve en invierno, y grandes muros rocosos que guardan el calor de las lumbres en tiempos fríos, y dejan vivir a gusto en los calurosos. Todo lo nuevo que se ha construido, y es mucho, se ha hecho conforme a las normas más tradicionales y auténticas de la arquitectura popular de la Sierra Negra.

Así es modélico, entre otros espacios, el Mesón que llaman “Los Cantos”, situado justo tras la iglesia. Dicen que la cocina es muy buena, pero lo que sí puedo testificar es que su construcción es perfecta, pues se han usado grandes vigas enteras de robles, se han respetado las cubiertas vistas, los muros recios, los vanos pequeños, en fin: una muestra elegante y auténtica de la tradición más solemne.

La fiesta de la Octava

 Una de las mayores atracciones de Valverde, lástima que se ejecuten una sola vez al año, son las Danzas de la Octava del Corpus, que es la Fiesta Mayor de Valverde. El pontífice Paulo V, ya en 1606, concedió bula a la Cofradía del Santísimo Sacramento para que sus Danzantes pudieran bailar cubiertos delante del Altísimo: los vistosos colores de las cintas que cuelgan en la espalda sobre la albura de las camisas, y el delantal bordado, más el gorro de espejos y flores, hacen de estos cofrades-danzantes unos personajes de ensueño, míticos casi, increíblemente atractivos. De las danzas que practican, es La Cruz, la que interpretan en las eras del pueblo, ante la presencia señorial del negro Ocejón. Además bailan las danzas de palos, castañuelas y cintas, conformando con ello ese repertorio que ha servido para declarar a la Feista de la Octava de Valverde como de Interés Turístico Regional. Este año se celebrarán el domingo 5 de junio, y es por ello que los lectores que aún no las hayan visto, se vayan preparando para llegar, porque entre el viaje, el aparcar, y los calores, hay que ir precavido. Tanto en las eras, como en la plaza mayor y en el Portalejo podrán verse las danzas de estos eternos danzantes valverdeños.

Además, como es tradición, se sigue representando un Auto Sacramental, a cargo de los jóvenes del pueblo, en ese “Portalejo” que es como un nido de alegrías y recuerdos, en el muro meridional de la iglesia común.
Se colma la fiesta de la Octava con las rondas, que van de casa a casa, y dedican canciones y piropos a las mozas solteras. Romances acompañados de laúdes y guitarras ponen sonido al solemne paisaje, y el bullicio de naturales y visitantes impregna el día mágico de Valverde, que después de la fiesta volverá a su rutina. Una rutina que cada día es más entretenida, porque cada vez hay más gente que viene a ver este lugar que apenas sale en los mapas, porque está en el borde de todos.

Detalle

Las Hondonadas

Un grupo de tres casas rurales, adosadas, dando vistas, en sus fachadas, a la era de Valverde, y en sus espaldas, y a través de unas terrazas, a la inmensa solemnidad del pico Ocejón, son denominadas “Las Hondonadas” y ofrecen todo lo que un establecimiento de este tipo puede anotar en su ideario: silencio y naturaleza, arboledas y arroyos, un auténtico “jardín botánico” que los propietarios han ido montando, con todas las especies arbóreas de la montaña mediterránea, cada una con su correspondiente placa informativa. Hay, ya cuajada y prometedora, un haya.

Los edificios, individualmente organizados como vivienda, en dos plantas, tienen salón, cocina, aseo y arriba habitaciones, con la terraza posterior que dispone hasta de barbacoa. Aparcamiento vigilado y toda la Sierra del Ocejón a un paso. Se pueden ver todos sus detalles en la página web que mantienen actualizada: www.lashondonadas.com.

Además de ella, otras casas rurales como el Cambareto, en la plaza, El Nido de Valverde, en las inmediaciones, Las Piquerinas, y un nuevo complejo a punto de inaugurarse, completan la oferta de este tipo en Valverde, que se alza así como uno de los puntales del turismo rural serrano en Guadalajara.

Otro detalle

La arquitectura negra

Muchos viajeros que llegan a Valverde lo hacen por admirar su “arquitectura negra”. Consiste esta en la construcción de sus edificios todos con grandes piedras de la zona, que son normalmente de gneis dorado, y la cubrición de los mismos con amplias lajas de pizarra, que es el mineral que se saca de fragmentar, de forma natural, las rocas de esta sierra de Ayllón. Grandes vetas de pizarra afloran por ambas vertientes del pico Ocejón, y especialmente en su parte norte. Pero en la meridional, en el valle del río Sorbe, también son muy abundantes, de tal modo que se explotan canteras para llevar y exportar pizarra a otros lugares en los que, ya de forma artificial se usan.

Aquí en Valverde los edificios más emblemáticos, como son la iglesia parroquial, el Ayuntamiento, el mesón y las escuelas, los caserones de la plaza, etc, están hechos de oscura piedra, con muros muy gruesos, y los tejados enormes, con alerones pronunciados, son de pura pizarra. Con ello completan esa admiración que hacia el entorno, el paisaje y la estructura empinada del pueblo tienen quienes lo visitan: la leyenda dice que estos pueblos de en torno al Ocejón, los hizo Dios de noche, y por eso los llaman “los pueblos del dios de noche”. Un dicho que, en todo caso, salpica de misterio tanta belleza.

Lectores y libros alegran el Jardinillo de Guadalajara

 

Ha vuelto a florecer la primavera del libro en nuestra ciudad. Suele ser como la de las acacias, breve y olorosa. Este año va a ser más larga, porque va a durar más días. Así tendrá más olor, dejará más recuerdos. Desde el pasado día 19, hasta el próximo martes 31, el libro tiene su variedad de color y sabores puestos en El Jardinillo de Guadalajara. Una tradición que se rompió sin darnos cuenta, y que de nuevo el Ayuntamiento he recobrado.

El libro, la pieza imprescindible por donde pasa la cultura, por la que los ojos se extasían y el tacto se hace mayúsculo. Me siento orgulloso de pertenecer a ese mundo del libro, de fabricar algunos, de promover su uso y su disfrute. Y no pararé, mientras viva, de alentar a todos a que lean, a que tengan libros, a que los miren y los palpen, a que los hagan sus amigos.

La tradición de la Feria del Libro en Guadalajara es todavía mínima. Es más antigua la del ganado (y ya no lo hay) o la de los toros corriendo por la “Carrera”, que ahora lo es de astados y antes, muchos siglos hace, lo fue de caballos y caballeros. Pero nunca es tarde para recuperar una dicha. Y esta es la hora del libro. En el Jardinillo se concentran estos días los libreros (los más animosos solamente), los escritores, algún editor que otro, y al fin los lectores (que en el nuevo idioma de la administración serán “usuarios de libros”) a mirar y oler, a palpar y leer, a charlar con gentes que conocen, o les suenan, o simplemente a encontrarse.

En esta propuesta hecha desde diversos ángulos (Ayuntamiento, Asociación de Libreros Cervantes, Patronato Municipal de Cultura) se nos ofrece a todos su mensaje: y es que leer no es malo, que los libros no son enemigos, que el saber no ocupa lugar y que sólo adentrándonos en los caminos del conocimiento podremos llegar a ser (o a intentarlo) sabios, bondadosos y perfectos.

Guadalajara, puerta del libro

Aunque en Guadalajara se imprimieron libros desde poco después que Gutenberg ideara sus sistema, la constancia fidedigna, y concreta (tanto que aparece una imagen de su portada junto a estas líneas) de haber sido impreso un libro en nuestra ciudad es de 1564, cuando el propio duque del Infantado, el cuarto de la lista, don Iñigo López de Mendoza, mandó venir de Alcalá a dos famosos impresores, técnicos reputados en sus días como perfectos conocedores de los tórculos, para que en las salas bajas de su palacio montaran el sistema necesario de prensas, tipos y papelería con que poder dar vida a su creación literaria, la única hoy por hoy conocida: el “Memorial de Cosas Notables”, un polimorfo sucederse de anécdotas clásicas, paralelas vidas y decires de sabios antiguos. Pedro de Robles y Francisco de Cormellas dedicaron su esfuerzo y su paciencia a dar vida a este que podemos decir es el primer libro impreso en nuestra ciudad, allá por las mediadas calendas del siglo XVI. )Y el último? Ni me atrevo a escribir su título, porque estoy seguro que cuando estas líneas aparezcan en *Nueva Alcarria+ ya habrá otro más nuevo entre las manos de los lectores alcarreños. A tal velocidad se escribe hoy, se publica y se comenta lo que sale, que no pasa una semana sin que contemos los lectores alcarreños con alguna publicación novedosa que trate de Guadalajara, que esté firmada por algún autor alcarreño, se haya hecho una presentación en la Sala Tragaluz o en la Biblioteca de Investigadores de Diputación…

Basta pararse un momento, y echar las cuentas de lo que se publica en Guadalajara, comparando número de libros aquí surgidos con población total de la provincia, para darse cuenta que estamos a la cabeza de todas las demarcaciones españolas. Con tiradas reducidas, no mucho menores que en otras partes, pero con abundancia de temas, con variedad alentadora de propuestas: surgen los libros de historia (porque Guadalajara la tiene tanta, tan interesante y densa); de arte, recogiendo siluetas de su patrimonio abundante; de poesía, en efusión generosa de sus poetas y poetisas, que tan bien se afanan en entregarnos sus ideas y sus palabras bien medidas; de teatro incluso, con la recogida de textos de autores antiguos y de ganadores modernos en los concursos municipales. Cualquier alcarreño que se lo proponga tiene decenas de ofertas en las que encontrar la huella de su tierra, de sus antecesores, o de sus contemporáneos amigos, en libros de variado pelaje y vestimenta. Todo es proponerse encontrarlos, y recibir el favor de su compañía.

Escritores de raza alcarreña

Esta hazaña, digna de figurar en los anales de nuestra historia íntima (de nuestra “intrahistoria” como diría Unamuno) no ha sido un rayo que haya caído del cielo, ni surgido como del encanto de un hechicero. Ese milagro se ha hecho gracias a la tenacidad de muchos: de sus escritores (que los hay, y muy buenos). De los editores (menos son, pero con más moral que el Alcoyano). Y de los libreros, que en esta ocasión han demostrado que están dispuestos a poner en la calle su mercancía para que los alcarreños no se queden sin esta tradicional Fiesta del Libro, la que ofrece todo: caro, barato, nuevo y viejo, recortable de papel y quijote universal. Una mezcla que ha resultado ser muy beneficiosa, estimulante y, sobre todo, completa para quien es realmente el objetivo final de editores y libreros: el lector auténtico.

Esta primavera, y en esta Feria del Libro que se está celebrando, ha habido novedades interesantes salidas de la mano de algunos alcarreños. Con profusión de medios ha sido dada a conocer la primera obra poética de Pablo Llorente. Su libro, “Rápida caravana” ha sido elogiosamente comentado por todos, pues en sus páginas queda fraguada la poesía intelectual y vivida, la que nace del viaje, del sufrimiento y la admiración por el mundo en torno. Una portada bellamente minimalista y unas ilustraciones de la joven alcarreña Sandra Gobet completan este libro hermoso, aún caliente y latiente.

Libros de historia nos han llegado, como el que firma un veterano, Juan Manuel Abascal Colmenero, que nos ha ofrecido su “Historia de Tomellosa”, o el jovencísimo investigador Juan Carlos Berlinches Balbacid, que con su obra “La rendición de la memoria” nos ha puesto, de sopetón, sobre la mesa, aquel escalofrío que nadie quería decir de los 200 juicios sumarísimos del franquismo sobre los represaliados de Guadalajara. Aún el ya fallecido jadraqueño Luis Enrique Esteban Barahona nos ha vuelto a la memoria con su “Historia de Guadalajara en el primer tercio del siglo XX”, obra póstuma y memorable, ahora al alcance de todos, y aún el grupo Paraninfo, formado por los jóvenes Juan Laborda, Alfonso Herrera y Cristina Botías nos han alegrado los ojos y los antiguos saberes cono esa alegre “Guadalajara, ciudad abierta” que entre AACHE y el Patronato Municipal de Cultura han lanzado para que nuestra ciudad sea mejor conocida.

Oferta de sol y gentes

La Feria del Libro de Guadalajara, la primavera de los libros, ha nacido y aún vive en el Jardinillo. Larga pero renovada cada día, estará abierta hasta el próximo martes día 31. Han firmado ejemplares algunos autores (García de Paz, con su conocida obra “Patrimonio Desaparecido de Guadalajara” y Berlinches Balbacid con sus cuentas de juicios y condenas) y los más pequeños se han divertido en el Taller de Pintura que la editorial “El Mundo de Papel” ha montado cada tarde entre las acacias del Jardinillo. Los escritores que aún están por crecer se han atrevido a concursar en la propuesta de UROSA en su primer certamen de Microrrelatos, y la obligada visita a los quijotes de AEDO ha hecho aún más universal y cercana la presencia del caballero manchego. Me consta que hace unos días se las vió y se las deseó para ofrecer quijotes en diversos idiomas a una numerosa excursión de visitantes extranjeros que andaban mirando Guadalajara y se quedaron asombrados de la oferta bibliográfica que estaba nacida y cantando en el centro de la ciudad.

Un entorno de cultura y arte

La Feria del Libro de Guadalajara, a la que el Concejal de Cultura Jorge Badel ha querido dar el “número cero” de su nueva serie, que va a cuajar con seriedad y permanencia, asienta en el mejor espacio que tiene la ciudad para el reposado andar y mirar: en la plaza del Jardinillo, allí donde un edificio modernista (el del Banco de España) charla cada día con el templo barroco de los jesuitas (San Nicolás) y el palacio renacentista de los Condes de Coruña.

En ese ambiente de cordialidad y cultura se mezcla el arte de los viejos libros con la propuesta insolente de las nuevas publicaciones. Todos cuantos han ido (y han sido ya miles de personas las que se han agolpado ante los mostradores) han sido unánimes al calificar esta Feria como un sonado éxito. Escritores que han firmado ejemplares de sus obras, niños que se han pasado tardes dibujando ante el stand de “El Mundo de Papel”, amantes de las viejas postales, los álbumes de cromos, o las novelas de “primera edición”, sin olvidar a cuantos buscan libros y más libros sobre su tierra, sobre Guadalajara, han visto cuajar el sol en los altos muros de palacios y templos, mientras la acacia florida del rincón, escoltada del afilado grito de Sobrino y el sintridentino pose de Neptuno, han puesto el contrapunto de esta fuga de libros y primaveras. Todo un acierto del Ayuntamiento, al que desde aquí felicitamos.

Barbatona, tres aniversarios

 

El domingo día 8 de mayo se celebrará, un año más, la Marcha a Barbatona desde Sigüenza. A las 8:15 de la mañana se celebrará en la capilla del Seminario de la ciudad Mitrada una misa que retransmitirá en directo para toda España Radio 1 de RNE, y a continuación, en el monumento a la Inmaculada, comenzará la Marcha Diocesana a Barbatona, la de primavera, que este año cumple su 40 aniversario.

A pie y en canciones, miles de personas dirigirán sus pasos, por carretera o a través del pinar, hasta la ermita de la Virgen de la Salud, en la altura de Barbatona, donde se celebrará nueva misa, procesión, subastas y meriendas entre amigos y familias.

Tres aniversarios

Este año de 2005 tiene Barbatona un aire inconfundible de aniversario, de conmemoración, de efemérides. Porque de una parte esta Marcha alcanzará su 40 edición, yendo siempre a más, en fieles y en devoción. Tiene un sentido mariológico y popular, demostrando que el cristianismo está vivo, pujante en el corazón y en el sentir cotidiano de muchos. Y que el seguimiento de las enseñanzas de Cristo se fundamenta también en el amor sencillo y entrañable a la mujer que le dio vida en la Tierra: a María que fue además Virgen, tal como el dogma de la Inmaculada Concepción proclamó hace ahora 150 años.

Otro de los aniversarios es el medio siglo de la coronación Canónica de la imagen de Nuestra Señora de la Salud. En el mes de septiembre de 1955, concretamente el día 8 dedicado a la Natividad de la Virgen, se procedió por parte del Nuncio del Vaticano en España, monseñor Hildebrando Antoniutti, portador de especiales indulgencias del Pontífice Pío XII, a la coronación canónica de la Virgen y su Hijo. Se pusieron entonces sobre sus cabezas sendas coronas de oro, engastadas de pedrería, adquiridas por suscripción popular. Al acto asistieron las primeras autoridades civiles y militares de la provincia en ese momento, y todo el pueblo de Sigüenza y de muchas otras villas y aldeas de los contornos, incluidos pueblos de Soria y Zaragoza, pertenecientes entonces a la Diócesis seguntina. Se editó con ese motivo un amplio folleto, que hoy constituye una preciada rareza bibliográfica, en el que se pusieron imágenes de la jornada, escritos en recuerdo de la aparición de la Virgen, una impresionante poesía de José Antonio Ochaita, y diversas  exhortaciones suscritas por el Obispo, Abad de la Cofradía, cofrades destacados, etc.

Al acto de la Coronación Canónica de la Virgen de Barbatona asistió el referido Nuncio Antoniutti, el Obispo de nuestra diócesis don Pablo Gúrpide Beope, diversos obispos de diócesis fronteras, el entonces ministro del Ejército, Hijo Adoptivo de Sigüenza, el Teniente General Muñoz de Grandes, quien actuó de padrino de la ceremonia, junto a la esposa del entonces Gobernador Civil, el también general don Miguel Moscardó Guzmán. En la procesión y actos acompañaron a la imagen de la Virgen de la Salud muchas otras advocaciones marianas de la diócesis, entre ellas  la Virgen de los Quintanares, la del Robusto, la de Mirabueno, la Mayor de Medinaceli, la Dolorosa de Atienza, la de la Santa Cruz de Conquenzuela… y miles de personas entusiasmadas. Hizo sol y mucho calor.

Y el tercer aniversario es más largo, pero no menos emotivo, y por lo tanto nunca olvidado: en 1755 se trasladó la imagen de la Virgen desde su primitiva sede, la capilla de aspecto románico que aún luce en la parte alta de la lastra barbatonense, al nuevo templo que se había comenzado a edificar desde que se constituyó la Cofradía en 1734. Eran tantos los cofrades, tanta la devoción, tantos los romeros que acudían agradecidos a manifestar su amor a la virgen sanadora, que hubo que levantar un edificio más capaz, y fue en 1755 que se trasladó la imagen a esta sede. Que, no obstante, y como era lógico, hubo de ser ampliada en años y siglos siguientes.

Los exvotos, manifestación de Fe

Para el simple curioso, Barbatona tiene muchos otros valores aparte del eminentemente religioso y cristiano: tiene el valor de la curiosidad etnográfica en sus exvotos. Desde hace siglos, las gentes sencillas (y las adineradas y sabias también, todo el mundo) confiaba a la Virgen de Barbatona sus peticiones de salud y mejoría. Al parecer, durante siglos, fueron numerosos los milagros efectuados por la Virgen, en su entorno de la ermita y a distancia. Comprobados muchos de ellos, dieron lugar a la plasmación en forma de cuadros pintados sobre tablas, en los que se hacía referencia escrita a la persona sujeto del milagro, su oficio, el tipo de enfermedad y la rapidez y totalidad de su curación. Los más pobres, decidían dejar en los muros del templo una nota, o un exvoto en forma de órgano (el afectado, el sanado) de cera, o el elemento que habían llevado anejo a la enfermedad durante años. Así se llenaron los muros de Barbatona de muletas, de pies de cera, de capas y uniformes, de fotografías, de escritos, de velos….. poner un exvoto pintado por un artista, representando a la persona sanada, a su familia, a los eclesiásticos colaboradores y a los médicos asombrados, era caro, y no todo el mundo lo podí hacer. Pero se pusieron muchísimos.

Hace cincuenta años, cuando la coronación canónica de la Virgen, eran miles los exvotos que colgaban de los muros, y cientos los cuadros con escenas milagrosas y milagros cumplidos que los adornaban. En reformas posteriores, se fueron retirando unas y otras piezas, hasta quedar hoy reducidas a mínimas representaciones, y a un abultado conjunto de lápidas que no dejan de ser emotivas, pero bastante más aburridas que los antiguos exvotos.

Fue hace unos 30 años que la profesora de la Universidad de Alcalá doña Eulalia Castellote Herreros, inició el estudio de ese conjunto de exvotos, como manifestación polimorfa de la religiosidad popular, fotografiando todos los cuadros que entonces existían, casi medio centenar. Y con ese estudio y esas fotografías ha concluido un impresionante libro que ahora se nos ofrece cuajado de belleza y sabiduría. Porque constituye un catálogo completo de los milagros pintados, y porque aúna en ellos (la mayoría desaparecidos) el rito del milagro, de la súplica, del agradecimiento.

En el estudio de la profesora Castellote se muestran las imágenes, a todo color, de los exvotos que se conservaban hace cincuenta años, y de cada uno de ellos el estudio iconográfico y estilístico. Se da cuenta de las formas en que la Virgen aparece en ellos, los enfermos/as, de qué padecen, qué piden, cómo lo agradecen, y quienes están junto a ellos: esposos/as, hijos, curas y médicos, estos últimos siempre vestidos de chaqué y chistera. Un mundo vivo y palpitante que se nos viene a los ojos en estas páginas sorprendentes.

La autora identifica a un total de cinco artistas populares, sin nombre propio, pero con estilos muy definidos, que deberían haber pasado (hoy lo hubieran hecho sin duda) a los anales de la historia artística provincial. Solo uno de ellos, un tal “Soriano” que pintó en 1814 el techo del camarín de la Virgen, con la escena de un milagro que esta obró en el asedio de la ciudad de Sigüenza por los franceses, es el que deja su nombre para la posteridad.

Es este tema de los exvotos pictóricos algo que nos llega demasiado tarde en su apreciación y estudio. Hubo muchos otros de estos elementos en santuarios marianos como los de la Virgen de la Hoz en Molina, la de la Granja en Yunquera, o la del Peral de la Dulzura en Budia. Casi nada queda de ellos en los lugares de origen: sí en los comercios de antigüedades y en las casas de los coleccionistas, que se los fueron llevando poco a poco. Pero nunca es tarde si la dicha llega, y ahora, en este luminoso día de Marcha a Barbatona, de triple aniversario, de alegría compartida por miles de devotos, llega esta memoria de exvotos y colores, este estudio que nos devuelve en gran modo la devoción y la emoción por estas pequeñas cosas de nuestra historia compartida.

Un catálogo de exvotos

Con motivo de estos aniversarios que ahora se celebran, aparece un libro que es la suma de cuanto se sabe sobre Barbatona: de la aparición de la Virgen, de su Cofradía, devotos y exvotos. Sobre todo de estos. La etnóloga Eulalia Castellote Herrero, profesora de la Universidad de Alcalá, publica estos días a través de AACHE su obra “Exvotos pictóricos del Santuario de Nuestra Señora de la Salud de Barbatona”. A lo largo de 144 páginas, todas ellas impresas a color, ofrece un catálogo completo de los exvotos que entre los siglos XVII y XIX se ofrecieron en prueba de milagros a la Virgen seguntina. Descripción de cada uno, análisis de sus personajes, autor, leyenda, colores y formas. Muchos de esos exvotos han desaparecido ya, de tal modo que menos de la mitad de los casi cincuenta exvotos que estudia existen hoy en el Santuario. Un libro extraordinario, serio y hermoso a un tiempo, que nos recupera una imagen simpática y popular de la Virgen y sus milagros relacionados con la salud de sus fieles.