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junio, 2002:

Guadalajara, cruce de caminos

Una vez cada dos años, se me vienen a la cabeza estas palabras: Guadalajara, caminos, caminería, encuentros… porque una vez cada dos años, desde hace una docena de ellos, se están celebrando sin interrupción los Congresos Internacionales de Caminería Hispánica, cuyo director, el profesor don Manuel Criado de Val, ha sido y sigue siendo el alma promotora de esta idea que es humanística en su arranque y bastante complicada y técnica en su desarrollo. En un principio, y gracias al apoyo de la Diputación Provincial de Guadalajara, nuestra provincia fue sede de estos Congresos. Pero con los años la idea ha tomado unos vuelos realmente internacionales, muy amplios, y los congresos se han ido extendiendo por Europa y el mundo. Uno se celebró en Michoacán (México), otro en Valencia, y el de este año se ha desarrollado entre l’Aquila (Italia) y Madrid, donde hoy mismo se clausura.

El desarrollo del VI Congreso Internacional de Caminería Hispánica (primero del milenio) comenzó el día 16 en un pequeño pueblecito de los Abruzzos italianos, en Santo Stefano di Sassania, donde se realizó el hermanamiento con Hita. Ya dí cuenta de este hecho en su momento. Luego, en la hermosa ciudad medieval de l’Aquila, plenamente universitaria, se desarrolló la parte italiana del Congreso, en el que ha sido figura destacada el profesor Giuseppe de Gennaro, profesor de literatura, y don Manuel Criado de Val, que una vez más ha visto cómo se estrenaba, en aquel marco incomparable del “Castillo Español”, una obra suya, las “Danzas del Amor Impervio”, con su texto, la música de Cristóbal Halffter y las dirección coreográfica de Aurora Zerdán dirigiendo al Ballet Clásico de Madrid. Afortunadamente, esa sesión se repetirá entre nosotros el próximo sábado 6 de julio, en la noche de Hita, en el colofón de su Festival Medieval.

Guadalajara en el cruce de los caminos europeos

Aunque los temas que se tocan en estos congresos internacionales son muy diversos, y el espectro geográfico tratado es tan amplio como el mundo hispánico en general, Guadalajara siempre aparece como protagonista en algunas comunicaciones o estudios. En esta ocasión es nuestro compañero de página, José Serrano Belinchón, quien ha participado en la sesiones exponiendo su trabajo sobre ciudades romanas en la provincia de Cuenca. Pero en años anteriores él mismo escribió sobre “Los Caminos en la Sierra de la Arquitectura Negra”, Pedro Lahorascala sobre “Los Caminos de Sopetrán”, López de los Mozos sobre “Cruces de Caminos en Maranchón”, Estrella Busto Ogden sobre “La Ruta del Tajo en El Río que nos lleva”, Carol Wasserman con su “Estudio de los Viajes a la Alcarria de Camilo José Cela”, Manuel Criado de Val con su análisis del valle del Henares en el Itinerario caminero de Hernando Colón, Aurelio García López con los elementos camineros en torno al mercado de Pastrana, y yo mismo con algunos estudios sobre “El estado Itinerante de don Juan Manuel” o “Los caminos del románico en Guadalajara”.

Muchos otros trabajos sobre Guadalajara se han presentado a este congreso, de la mano de autores de nuestra tierra o foráneos. Memorable sin duda fue el que en el tomo tercero del Segundo Congreso presentó el profesor Montero Padilla bajo el título “Guadalajara como clave geográfica de la literatura”, y otros hablaron del Arcipreste de Hita, del marqués de Santillana, de Camilo José Cela, del Quijote, de Cristóbal Colón, del Camino de Santiago…. un total de 509 trabajos hasta ahora ofrendados a esta rama del saber, y que, por cierto, acaban de aparecer reunidos en un CD-Rom que fue presentado el pasado miércoles, en el salón de actos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, de Madrid, al tiempo de la presentación de las Actas del Quinto Congreso que se celebró hace dos años en Valencia. En ese CD-Rom se ofrecen, comprimidos como solo la técnica digital consigue hacerlo, todos los artículos y ponencias, y superan los 500 que ocuparon 11 tomos de papel impreso, de estos cinco Congresos anteriores. Una parcela del saber humanístico hispano, que ha sido entendido quizás mejor en otros ámbitos que en el nuestro.

Concretamente al sexto Congreso que hoy se clausura en Madrid, han asistido varios centenares de investigadores de todo el mundo: desde Rusia a Tahití, desde Italia a Argentina. Los temas claves han continuado siendo el examen de las calzadas romanas y medievales, los puentes, la comunicación marítima y fluvial en el mundo, la cartografía y las vías de conducción del ganado y los ejércitos (la Mesta, los Caminos Reales…) las rutas marítimas entre España y América, entre Acapulco y Manila, etc. Se ha ido añadiendo poco a poco todo lo relacionado con el aspecto turístico de los caminos, paradores, medio ambiente, y finalmente este año ha tenido un protagonismo especial “la caminería romana”, proponiendo al Consejo de Europa que sea declarado Patrimonio de la Humanidad el conjunto viario romano hasta ahora conocido, y el que quede por conocer, en un contexto de unidad y recuperación de una memoria histórica que habla por sí mismo de la unión europea a la que ahora se trata de dar realidad.

Hita en el centro de los caminos

No es exagerado decir que la Alcarria, que el Henares, que Hita sobre todo, han sido durante siglos los ejes de la Caminería en España. Así se ha reconocido en este y en anteriores Congresos. De ahí ese empeño que el profesor Manuel Criado de Val ha tenido siempre por centrar en nuestra provincia esta dinámica cultural que se expande luego a gran parte del mundo hispánico y europeo. Por Hita pasaron las legiones romanas, los árabes en su expansión norteña, las razzias del Cid y Alvar Fáñez, el núcleo de poder de los Mendoza, la esencia de la cultura escrita castellana, y tantas y tantas cosas que han ido dando consistencia a nuestro ser histórico, a esta España que hoy nos acoge y a la que poco a poco, entre unas y otras maniobras de despiste, parecen empeñados algunos en hacer desaparecer.

Podría seguir hablando de caminos, de aquellos que siguieron los celtas en su entrada mesetaria, hace miles de años, o los que ha ido creando (a la par que rompiendo otros más débiles) el trazado del tren de Alta Velocidad Española, que ha vuelto a erigir en Guadalajara un monumento a la Caminería Hispánica. Pero esta vez con el dolor de partirla en dos, al menos para los caminantes. En cualquier caso, es esta una expresión de cómo los caminos son la respiración de la historia, y sus trazados, sus apariciones, sus olvidos, son la esencia de un latido, de un empuje, o de un mal sueño.

En estas líneas he querido solamente dar noticia de este importante acontecimiento cultural que se ha desarrollado, a lo largo de dos semanas, entre Italia y España: el sexto Congreso de Caminería Hispánica, y cómo un hombre que lleva a Guadalajara siempre en su corazón (Criado del Val, el profesor) ha vuelto a ser su esencial motor, por lo que no me resisto a enviarle mi aplauso, mi enhorabuena, y mi admiración rendida: porque el trabajo hay que reconocerlo siempre allá donde esté, aunque el trabajador en este caso no tenga ningún sindicato detrás que le apoye.

Un libro torero

La semana pasada, concretamente el sábado día 15, la Casa de Guadalajara en Madrid celebraba su 69 aniversario. Y lo hacía entre nosotros, a caballo entre la Plaza de Toros, el Santuario de la Virgen de la Antigua, y el Ayuntamiento. En el primero de esos lugares tuvo lugar el descubrimiento de una placa conmemorativa de tal evento. En el segundo, la habitual misa y ofrenda a la patrona. En el tercero, la presentación de un libro que me ha llegado ya a las manos, y que me ha parecido tan interesante, tan lleno de noticias, tan movido y entretenido, que no me resisto a comentarle aquí, porque lo merece sobradamente.

Libro y autor

Escrito por Juan Luis Francos, “Los Toros en Guadalajara” se convierte ya, nada más aparecer, en un clásico de nuestra literatura. Porque aborda con conocimiento profundo, elegante decir, y abundancia de imágenes, algo que es tan querido por muchos de nuestros paisanos como la “Fiesta Nacional”, el regocijo del ruedo en torno a la lucha y el engaño del toro y el torero. El sol, los gritos, la sangre que reluce, el bufido dramático de la media tonelada que se acerca mientras el joven de rojo y gualda se mantiene impertérrito con el capote en la mano. La eterna diatriba entre los que aplauden la fiesta y los que la consideran un atraso vergonzoso de cara a Europa.

Aquí en Guadalajara nadie se ha planteado ese dilema. Aquí la mayoría va a los toros contento y feliz, a ver buenas faneas, grandes figuras, presencia de los morlacos bien formados, bravos, nobles. Al que no le gusta, no va, y en paz. Pero es un porcentaje muy alto el de aficionados. Y esos van a tener con esta obra que acaba de sacar editada la Casa de Guadalajara un buen elemento para pasar buenos ratos, re-aficionarse a la lectura, y evidenciar que también en las páginas de un libro puede caber mucho sabor, mucho ruido, muy buenas faenas.

Juan Luis Francos no necesita presentación. Es un escritor ya enraizado en la Alcarria, con numerosos títulos en su haber, y los honorarios empleos de “Cronista de la villa de Orche” y Académico correspondiente de la Real de Historia. Títulos ambos que avalan su medido juicio en las cosas del escribir, del investigar, del contar. Ha hecho realidad, hace poco, una biografía de Saleri II que ha cosechado tanto éxito, casi, como el que en su día cosechara el diestro de Romanones en los ruedos. Y ahora se ha apresurado a acabar (ha ido con los días contados para que saliera este libro, aunque nada o muy poco le falta) este compendio de todo cuanto atañe a la fiesta de los toros en Guadalajara. Y bajo ese título, y en un libro de 356 páginas nos lo presenta, aliñado de sabrosas anécdotas, de testimonios directos, de fotografías de plazas, de diestros, de ganado. En fin, un pequeño Cossío de nuestra provincia, una delicia.

Plazas, toreros, ganaderías

El libro de “Los Toros en Guadalajara” de Juan Luis Francos, se estructura en torno a tres grandes capítulos, como tres faenas seguidas: primero son las plazas de toros de los pueblos; segundo los toreros, y los rejoneadores. Tercero, las ganaderías, y sus propietarios. En ese trío de temas aparecen cosas tan interesantes como la noticia de la plaza más “natural” y ecológica del mundo, la de Chequilla, formada por rocas naturales y ruedo de hierba siempre húmeda. O la de el coso de las Cruces, la plaza de toros de la capital, de casi dos siglos de evolución, y con tanta historia a las espaldas: de construcciones, arreglos, decoraciones; y de figuras, cogidas, carteles y alternativas. Aún más, por orden alfabético aparecen las plazas de 46 pueblos, entre las que están la tan veterana de Barbatona, y la superreciente de Aranzueque, que en estos días se ha terminado, a la par del libro que recoge una foto de ya mismo. Menciona y explica orígenes y estructura de los cosos de Brihuega, de Maranchón, de Pastrana…. todos ellos con modos muy peculiares de construir las plazas, pero siempre manteniendo ese amoroso grano central de españolismo, de sangre torera, de tarde veraniega cargada de gritos. Algunas fotografías son muy antiguas. Otras curiosas y espectaculares, como la de la plaza de Guadalajara completamente nevada. Y en cualquier caso, este capítulo sirve de referencia fidedigna, de catálogo total de las plazas de toros guadalajareñas.

Luego vienen los toreros, el alma de la fiesta. Los protagonistas. Aquí el acopio de información de curiosidades, de sorpresas, llega al máximo. Aquí aparecen biografías, recuerdos, historias contadas por los propios protagonistas, a los que ha ido buscando el autor, Juan Luis Francos, y a la mayoría de los vivos los ha encontrado, reflejando en sus páginas la evocación de los muertos.

De alguno de ellos, como de Manolete, el autor nos da la anécdota de su relación con la Alcarria, pues bien es sabido que su gran amor, su novia la actriz Lupe Sino era natural de Sayatón, y en realidad se llamaba Antonia Bronchalo Lopesino. Una fotografía de la actriz y el torero juntos nos los recuerda en este libro, junto al dramático relato de su muerte… Y aparecen los antiguos, Mazzantini, el gobernador torero, la saga de los Saleri, la peripecia de algunos clásicos que aún lo cuentan, como Aurelio Calatayud, Morenito de Guadalajara, el Alcarreño, y tantos otros. De todos pone fotografía, recuerda tardes gloriosas, nos anota donde empezaron, cuando acabaron, etc. Y entre esas fotografías, entre esas arrebatadas biografías, no nos resistimos a resaltar la de Juan Garcés, que puso en su vida y en su obra todo el pundonor de un torero de raza. La fotografía que se da en el libro de Juan Garcés (es seudónimo, claro, que esconde a un profesional hoy dedicado a otros menesteres) es de verdadera antología.

Sigue luego Francos con la reseña de los rejoneadores y rejoneadoras. Ha habido de todo: desde el famoso Manuel Vidrié a María José Pérez. También en el capítulo de los toreros surge una mujer, la histórica Paquita Martín Belmonte, de Gárgoles, que marcó una época… y acaba el libro con las ganaderías actuales, los ganaderos que se esmeran en preparar ganado de pura raza, los checanos que han ido por el mundo dando fama a la alta serranía molinesa solo por sus toros perfectos…

Es, en fin, una obra cálida y densa. Un libro este de Juan Luis Francos que le consagra como escritor, como historiador, como periodista. Que le pone en la primera línea de quienes se dedican a escudriñar el pasado guadalajareño, y lo hace en esta perspectiva tan poco usada hasta ahora, la de mirar la fiesta nacional en nuestros lares, con la alegría del aficionado (a los toros) y con la maestría del profesional (de las letras). Todo un jugoso hallazgo que aplaudimos, como se aplaude a una magnífica faena. Mientras da la vuelta al ruedo, entre ovaciones, caerán los claveles, seguro, las botas de vino, hasta la salida a hombros, quizás, algún día…

El Turismo en la EXPO Guadalajara

Del trío de actividades que la IV Expo Guadalajara ofrece (Comercio, Industria y Turismo) es quizás esta última la que menos se ha cuidado con vistas a la posibilidad de que la ciudad se desarrolle de cara al nuevo siglo que comienza. No es que esté abandonada, que no: porque el actual Ayuntamiento sobre todo, con un concejal como es Jesús Orea que está en todo, y no descansa un solo día, se ha volcado en mejoras a este respecto. Lo que ocurre es que luego no es secundado en otros aspectos que desde la vertiente privada, o de la Administración Regional, debiera ser apoyado.

Guadalajara ciudad tiene un aceptable porvenir turístico. Sobre todo, en la vertiente del turismo de Reuniones, Congresos, Convenciones, pues su distancia mínima a Madrid, su AVE en perspectiva, su autopista de peaje,  y ser cabeza septentrional del Corredor del Henares, la hacen obligadamente motor de un turismo de este tipo. Además es la puerta natural, desde Madrid, de una provincia plena de atractivos y posibilidades.

Guadalajara ciudad es la vieja Arriaca de romanos, la Wad-al-Hayara de árabes, la Guadalfajara renacentista de los Mendoza, el lugar donde se centran, a lo largo de veinte siglos, anécdotas, batallas, proclamaciones y glorias. De ello ha resultado una historia que puede contarse, sin aburrirse nadie, durante horas, Y un patrimonio que, si bien esquilmado a lo largo de los últimos siglos, ha llegado con todavía algunas piezas de gran valor, entre las que destacan el palacio del Infantado, una joya auténtica de la arquitectura medieval , la capilla de Luis de Lucena, espléndido ejemplar de arquitectura mudéjar con pinturas renacentistas, y  la iglesia de Santiago, otro espectacular muestrario del modo mudéjar de construir, que en la Edad Media fue mayoritario y tuvo preciosos elementos, ya desaparecidos de la realidad y aún de la memoria.

Porque este es el otro aspecto que debe cuidarse de cara a un Turismo que quiere crecer: estimular la memoria de cuanto hubo, compararlo con lo que hay, poner en valor lo que se ve, dar explicaciones, en suma. El Ayuntamiento tiene a su servicio ( y free lance, como aquel que dice) un par de guías de Turismo, que enseñan la ciudad y sus curiosidades a grupos que previamente lo han concertado con el Municipio. La Junta y Ayuntamiento tienen instalada su Oficina de Turismo (por fin, tras tantos años, tantos decenios, de pedirlo) en la Plaza de los Caídos, frente al palacio del Infantado. Y entre lo bien dotada que está, y la simpatía y profesionalidad de quienes la atienden, es uno de los auténticos motores del Turismo en Guadalajara. Falta quizás una cosa, y e sla promoción de nuestra capital, y aún de nuestra provincia, fuera de nuestras fronteras.

Porque está muy bien la presencia en Ferias, pero estas duran un fin de semana al año. La presencia de Guadalajara como destino turístico debe ser estimulada todo el año, y no sería baladí la creación de un puesto de trabajo en el Municipio, en la Diputación, en la Junta, que supusiera la obligación de promocionar, día a día, nuestra ciudad y nuestra provincia en espacios de decisión turística, en otras regiones, en otros países incluso. Son ideas.

El Turismo en la Feria

Esta EXPO Guadalajara que ya tenemos en las manos, ante los ojos, nos ofrece algunas de las capacidades turísticas de nuestra tierra. La hemos visitado y aparecen las ofertas de los hoteleros, que sirven para alojar a los visitantes. Hay una oferta realmente digna y amplia de plazas hoteleras. Más de un millar, con algunas instalaciones cono el AC Hotel, el TRYP y el España, que además del PAX y otros menores posibilitan un alojamiento digno y sobre todo, dan pie a esas “Reuniones, Congresos, Convenciones….” que podrán tener ocupados estos lugares todos los días de la Semana. Los pueblos de nuestra Baja Alcarria, y otras asociaciones de hosteleros y Casas Rurales han puesto su voz en esta Feria. Es la vertiente del alojamiento, del mantel y la cama, sin los cuales no se puede ir a ninguna parte.

Otra vertiente del turismo que se ofrece es la de Diputación y Ayuntamientos. Ellos, desde una perspectiva institucional, tratan de dar a conocer las riquezas que a los ojos y los sentidos ofrece nuestra tierra. Planos, guías, callejeros, postales, y algún souvenir que otro para captar memorias, despertar voluntades. Decir, en definitiva, que Guadalajara, que Sigüenza, que Molina y Cifuentes existen. Que hay muchas cosas que ver en ellas, y que están pidiendo a gritos un viaje, una visita detallada, un vuelo de fin de semana, cámara fotográfica incluida.

Desde ningún organismo se ha promocionado el tercer pilar, fundamental este, de la promoción turística: el libro y la lectura. Las guías de turismo, los libros monográficos sobre monumentos, pueblos, fiestas, naturaleza, son pieza fundamental para cuantos planean un viaje, una ronda turística por un país, por una provincia, por una zona cualquiera. En la Feria este sector está representado por la iniciativa privada, y más concretamente, y en solitario, por la Editorial AACHE que ofrece, desde hace ya una docena de años, libros y más libros donde se muestran todas las posibilidades del turismo, del viaje, del saber a qué se va, qué nos espera, como podemos priorizar visitas y estancias. En el haber de AACHE, que también es un clásico de estas Ferias del Comercio, la Industria y el Turismo, hay ya casi doscientos títulos de libros que tratan sobre pueblos, sobre tierras, sobre paisajes y personajes. Un sector que no podemos perdernos de mirar.

Tierra sin fin, cuajada de sorpresas

La tierra de Guadalajara  tiene una singlar e inacabable oferta de temas para el Turismo. En esta página, que trata de plantear muy someramente las posibilidades en este aspecto, y de contar lo que en realidad aparece en la EXPO sobre estos temas, solo caben dos pinceladas para contar las maravillas de la provincia. Por muchos considerada, desde tiempos clásicos, como tierra aburrida, de largas rectas en la carretera general que va de Madrid a Zaragoza, ya van enterándose muchos que a ambos lados de esa carretera surgen las maravillas. A la izquierda, el estrecho valle del Badiel, el más alcarreño de todos los valles, el más sereno y atractivo. A la derecha, el del Tajuña, largo y poblado, con variedad de ambientes, con castillos, cascadas y hasta Centrales Nucleares. Pero allí está, cuajado de sorpresas. Más allá aún, el Alto Tajo, por oriente. O la Sierra Negra, por occidente… Y así podríamos seguir sin parar.

En punto a los monumentos y entornos ambientales, desde Sigüenza,  la Mitrada Ciudad que tiene castillo (además Parador, y de los buenos) catedral y templos románicos, hasta Beleña, con su mensario medieval, o los edificios de la arquitectura negra en la serranía del Ocejón, que han puesto sobre el tapete la fuerza de su belleza y hoy por hoy son de los lugares más visitados de la provincia.

Se distribuyen por nuestra tierra pueblos “con encanto” como Pelegrina, o Palazuelos, entornos que a lo paisajístico unen la historia y el contenido monumental que traen en herencia desde el Medievo. Hay grandes espacios históricos, como Molina de Aragón, con su castillo, sus templos, sus puentes, sus barrios judíos, sus palacios renacentistas….. y el sabor de sus tradiciones, de sus cánticos, de sus leyendas. Hay pueblos que tienen en su centro puesto el edificio capital de una historia, no repetida: en Cogolludo, el palacio de los duques de Medinaceli. En Torija, el castillo de los templarios. En Brihuega, la Fábrica de Paños y sus jardines versallescos. En Atienza, las plazas castellanas y los templos románicos, hoy convertidos en museos. En Tendilla, la calle soportalada más espectacular y hermosa. En Pastrana, el palacio con la memoria de la princesa de Éboli, y los tapices góticos sin par en España. En Mondéjar, y aunque en ruinas semiabandonadas, el primer templo renacentista del país, el convento de San Antonio… y así hasta cien, como se suele decir. Así hasta no parar de contar, días y días, años y años. Un espacio, este de Guadalajara, que lo tiene todo para ofrecer y prosperar. Ahora es cuestión de que quienes tienen la fuerza del dinero de los presupuestos, la empleen bien en promociones y ayudas para que esto salga adelante. Porque gentes dispuestas a poner la vida en ello, ya las hay, lo están demostrando. Y visitantes, turistas, elementos clave para dar vida a esta “Guadalajara turística” que pintamos aquí, los hay a miles. Puede haberlos a millones. No hay que insistir más en ello.

Esta cuarta Feria del Comercio, la Industria y el Turismo de Guadalajara vuelve a ofrecer esa imagen, en sus respectivas parcelas, de una tierra dinámica y con ganas de ponerse al día en el nuevo siglo. En este milenio recién estrenado en el que para la tierra alcarreña, campiñera, molinesa y serrana no hay medias luces: hay luz de escenario, diáfana y clara, y música fuerte, y caminos abiertos. No hay más que ir por ellos.

Hita se internacionaliza

La villa alcarreña de Hita es, desde hace mucho tiempo, conocida internacionalmente. Es de esos lugares que no necesitan promoción, ni presentación, ni empujones, porque tienen “vendida” su imagen de antemano. Son muchas las visitas que cada semana tiene, para pasear simplemente por sus calles, para disfrutar del aire de su plaza abierta, o para evocar los versos de Juan Ruiz, el arcipreste irónico que dejó prendida de los tejados y las esquinas su poesía galante y explosiva.

Ahora Hita va a ser más reconocida universalmente. Con motivo de la celebración en Italia, en la ciudad universitaria de l’Aquila, capital de los Abruzzos, del sexto Congreso Internacional de Caminería Hispánica, se va materializar el hermanamiento entre la villa alcarreña (cuestuda y cargada de historia) con otra de características similares en Italia. El domingo 16 concretamente, y con la asistencia de la alcaldesa doña Amparo Ayuso, de otros concejales y de algunas personalidades de relieve cultural de nuestra tierra, se va a realizar el Hermanamiento de Hita con la villa italiana de Santo Stefano di Sessanio, un pueblo que actualmente cuenta con doscientos habitantes, y se halla enclavado en el corazón de los Abruzzos, a 1.250 metros de altitud sobre el nivel del mar. Desde lo alto de su plaza se admiran paisajes fantásticos de valles y montañas, pues está enclavado en el seno del Parque Nacional del Gran Sasso. Destacan entre su caserío, que se forma de estrechas callejas en cuesta y muchos edificios en piedra, algunos de ellos del Quatroccento, la torre cilíndrica de la villa, la iglesia parroquial de Santo Stefano (del siglo XV) y el santuario de la Madonna delle Grazie. En uno de los antiguos edificios se ven talladas en piedra las armas de los Médici, señores que fueron una temporada larga de esta villa.

Datos sobre Santo Stefano

Aquí van algunos datos sobre la villa de Santo Stefano di Sessanio con la que el domingo próximo quedará hermanada Hita. Su origen es romano, y el mismo nombre deriva de una característica de entonces: se encontraba este lugar montañoso a seis millas romanas de la antigua Peltinum, un importante lugar de cruce de caminos que conducía desde Roma al Adriático. De las seis millas tomó el nombre de “Sextantia” y de ahí el apelativo actual que sigue al título del pueblo, honorando al protomártir San Esteban.

Su altura sobre el entorno, con vistas muy amplias hacia los valles del Tirino y Pescara, hizo que fuera lugar de control de caminos, y se puso enseguida, ya en época romana, mejorada en la medieval, una torre de observación que luego vino a ser la torre comunal. En la Edad Media se estableció en las cercanías un monasterio benedictino, sobre la llanura del Campo Imperatore, hoy cubierto de frondosos cultivos frutales. Y ello hizo que subiera enormemente la población de la zona y que la villa se fortificara y creciera en importancia.

En 1415 fue dado en feudo a Antonio Tedeschini Piccolomini, conde del Celano. Aunque en ocasiones perteneció a la baronía de Carapelle, los Piccolomini fueron señores del lugar durante 150 años, y en 1579 pasó finalmente a la posesión de los Medici, que como los Mendoza en Castilla, controlaban en señorío gran cantidad de burgos, pueblos pequeños y grandes ciudades, entre ellas Florencia y la Toscana entera. Los Medici protegieron la villa, construyeron nuevo recinto fortificado, mejoraron sistemas defensivos, y pusieron su escudo sobre la puerta de entrada a la plaza “medicea”. Aumentó el interés comercial por la famosa “lana negra” (la llamada carfagna) de las ovejas de la comarca, que comenzó a exportarse, aumentando el fenómeno de las transhumancia, que hacía que en verano subieran a los altos pastos de la zona miles, millones de cabezas de ganado, y ello hizo crecer a Santo Stefano di Sessanio de forma considerable.

Tras dos siglos de pertenencia a los Medici, el pueblo pasó a pertenecer al reino de las Dos Sicilias, quedando como patrimonio privado del rey de Nápoles. Y ya en 1810, tras la guerra que supuso la unión política de Italia, se transformó administrativamente en Ayuntamiento. El fin de la trashumancia selló la decadencia del pueblo. Durante el siglo XX (tenía 1.500 habitantes al comienzo del mismo) muchas gentes han emigrado, a las grandes ciudades y sobre todo a otros paises europeos, ademas de Estados Unidos y Canadá. Durante la segunda guerra mundial, el pueblo fue ocupado por las tropas del Reich alemán, que instalaron en la “Casa del Capitano” su cuarter general. La emigración ha podido con el desarrollo, y hoy Santo Stefano es un pueblo pequeño y ocupado por dos centenares de personas mayores. Se le ha dado últimamente mucho auge a la lenteja como producto típico de la zona, y se está tratando de estimular por todos los medios el turismo de interior, la creación de casas y hoteles rurales, el senderismo, el disfrute de la Naturaleza pues se encuentra en paisajes muy atractivos, en el seno de un Parque Nacional de gran belleza como es el del Gran Sasso.

En este ámbito, que comulga en muchos aspectos con los pueblos de la Alcarria, con Hita misma, que fue de grandes señores, lugar de importancia romana, medieval y renacentista, que vivió en sus carnes la Guerra civil española, y que hoy trata de sobrevivir gracias a su gancho turístico, está Santo Stefano di Sessanio, un nuevo espacio europeo que va a añadirse a la lista de ciudades con las que nuestra tierra está hermana. Ya se sabe que Guadalajara lo está (como era de lógica pensar) con la Guadalajara de Jalisco. Y aunque falta todavía hacerlo con la Guadalajara del Cauca en Colombia, también lo está con otra ciudades europeas (Livorno, Roanne, Nuneaton, etc.) a las que unía en su momento la afinidad política de sus mandatarios. No otra cosa. Sigüenza está hermanada con Sainte Livrade sur Lot, en Francia, y poco más, que ahora recuerde. Este aspecto del hermanamiento de villas y ciudades europeas, en confluencia de historias, de siluetas e intereses, es algo que deberá promocionarse más, pues es la forma de llegar a sentir de verdad esa Unión Europea que ahora se nota en el uso del Euro, y en que los políticos de unos y otros paises viajan de acá para allá enfundados en la bandera azul con estrellitas de la Unión. Debemos seguir trabajando en ese hermanamiento de pueblos, en esa identidad de culturas, y en esa voluntad de unión. Como forma, además, de luchar contra esas tendencias primitivas y retrógradas de los nacionalismos y las independencias de pequeños territorios, que quieren llevarnos a la época de las cavernas de la Edad del Hierro.

Hita ha dado ese paso, y se lleva por ello nuestro aplauso. Desde el domingo estará hermanada con Santo Stefano di Sessanio, y así la Alcarria y los Abruzzos tendrán de común una bandera, y en su historia se enlazarán las de ambos lugares. ¿El Arcipreste – Dante – el marqués de Santillana – Petrarca?  Así se hace la Europa de la cultura y de los pueblos. No con mítines y con banderas.

La leyenda del Torreón del Alamín

En el entorno de nuestra ciudad existen numerosas leyendas que siempre corrieron de boca en boca, con la certeza de que alguna vez ocurrieron, pero con la duda siempre prendida en los labios de quien lo cuenta y en los oídos de quien lo escucha. Espacios que existieron y son humo. Personajes que se quedaron prendidos de una lápida, y que nunca tuvieron relevancia. Fiestas que conmemoran algo que nunca pasó…. juegos y dichos, refranes y cuentos. Las leyendas se alimentan por el paso del tiempo, el poco quehacer de la gente, la afición a la fábula y la ensoñación.

Uno de los escritores que mejor han desarrollado esa capacidad de narrar, de explicar, de sacar a la luz los viejos anecdotarios de una ciudad, de una provincia, es Felipe María Olivier López-Merlo, un escritor que, como veterano que es, ya ha dado muchas pruebas de conocer a fondo lo real y lo irreal de nuestro entorno. Y ha puesto en numerosos libros la savia que rumorosa se desliza entre las hiendas de murallas y torreones, por las estrechas callejas de la ciudad, frente a los abiertos espacios de su valle.

Leyendas de Guadalajara

Entre las leyendas de Guadalajara que mejor pueden recitarse, está la del Torreón del Alamín, que dice que fue un caballero moro sumido en una densa historia de amores imposibles, quien lo construyó y protegió. O la Carrera [de San Francisco] por donde corrieron y compitieron los caballeros medievales arriacense, vestidos de punta a cabo de fabulosas cotas de malla y montados sobre espléndidos jacos. O la del palacio de la Cotilla, que a pesar de tener hoy ese destino un tanto administrativo y cultural de enseñanza de las artes, fue antiguamente sede de los Figueroa y Torres, y aún antes (eso explica Olivier a quien le escucha) lugar donde sucedieron hechos que justifican su nombre. Todavía otra leyenda más, la de los Mandambriles, surgida en la que fue ermita de la Virgen de la Soledad, en pleno centro de la ciudad, y luego trasladada como en romería hasta la Huerta de la Limpia y barranco de los Mandambriles, un lugar a cinco minutos andando del centro de Guadalajara, pero que ojalá guarde durante mucho tiempo su aislamiento y lejanía. En esos barranquillos que limitan a Guadalajara (al otro lado de la autovía de Aragón) por el oriente, ocurrieron cosas que bien merecen ser contadas.

Todas las cuenta Olivier en un recientísimo libro suyo, aun caliente en mis manos, y que me he leído de un tirón, porque es corto, y es fácil. Y sobre todo porque es apasionante: Historias y Leyendas de Guadalajara. En él aparecen las referidas más arriba, pero contadas al estilo clásico, al “érase una vez…. un caballero moro”, empezando (las referidas a la ciudad) con la del torreón del Alamín, que ahora analizaré más en detalle.

De la provincia, Olivier se trae en el bolsillo de sus viajes algunas espléndidas. Hay muchas más, sí, pero estas son poco conocidas, y sirven para viajar por el terruño con reservas de fabulación y curiosidad. Olivier nos refiere lo que en tierras del Alto Rey, Robledo, Hiendelaencina y aledaños cuentan del Prado de la Lanzada y su fuente, en rememoración del paso del Cid y de sus hijas por aquellos lugares. Hermosa como pocas la historia de Mari García, la moza de dos cabezas de Atanzón, que él mismo descubrió en un capitel románico de ese pueblo, hoy ya desaparecido. Entre lo que cuentan en el pueblo, y lo que él fábula, monta una preciosa leyenda que hermosea esta obra. Y al final “El Teberón”, una increíble, y erudita historia al mismo tiempo, de juegos infantiles y viajes a Italia. En definitiva, un sustancioso bloque (se le hace corto al lector entusiasta de estos temas) de leyendas y de historias entrañables de nuestra tierra.

El Torreón del Alamín

En la parte alta de Guadalajara se encuentra el Parque de la Fuente de la Niña. Lugar de correrías y aventuras en la infancia de muchos de los que hoy peinamos canas. Pero espacio donde todavía hoy muchos niños y niñas descubren el campo, la naturaleza y el sonido del agua cerca de sus casas. Bien cuidado, abierto y limpio, es hoy un lugar a donde merece la pena acercarse a dar un paseo en estas tardes de primavera. Ahí es donde la tradición sitúa una terrible historia, que Felipe María Olivier describe con todo detalle en su pequeño libro.

Dice que tomó aquel sitio y fuente el nombre “de la Niña” en recuerdo de haberse ahogado en su pilón una criatura a la que le llevó hasta su profundidad el ansia de querer mirarse en el brillo de su superficie, sin saber quizás que aquello tenía un hondo camino. Era el 16 de agosto de un año lejano, cuando aún se celebraban en la cercana ermita de San Roque las romerías, procesiones y subastas entre sus devotos. Y es cierto, yo aún de pequeño asistí a aquellas celebraciones, que terminaban con todo el mundo que acudía merendando por los alrededores. Varias familias residentes en el arrabal del agua subieron allí, y tras las ceremonias religiosas se extendieron a tomarse sus tortillas y a beber el vino de bota, entre la ermita y la arboleda del Puente Verde. Se pusieron luego a jugar a la gallina ciega, y dejaron a los críos que pulularan entre los jardines y bosques del entorno. La fuente, que llevaba poco tiempo hecha, y era hermosa y singular, atraía con su sonido y brillos a los pequeños. Se hizo de noche, y apareció la luna. Se alzó luego, sonriente y loca, como es ella siempre. Era agosto, hacía buena noche y la reunión se alargó…. una niña, en un momento, se acercó al estanque, y miró cómo en sus aguas se reflejaba el satélite pálido, pero brillante. Pensó que era un globo, o una pelota, de material viscoso y suculento. Quiso cogerla, y cayó al agua. Se ahogó. Y la familia sólo se enteró cuando fue a recogerse. La búsqueda ansiosa de todos por encontrar a la niña perdida, terminó con el sobresalto de verla flotando, con los brazos extendidos, boca abajo, en el agua del estanquillo.

El dolor de su madre, de su padre, de sus hermanos, de sus vecinos, fue inenarrable. Duró tanto, que aún quien se acerca la fuente se acuerda de ello. La madre, dice la leyenda que cuenta Olivier, subía hasta el parque las noches de luna llena, por ver si en el agua seguí su hija y el milagro de la noche mágica se producía, devolviéndosela. Con muchos otros elementos adorna el escritor alcarreño esta hermosa, y triste a la vez, leyenda ciudadana. Pero es un ejemplo de cómo en esquinas, en fachas y en arboledas de nuestra Guadalajara existen todavía prendidos cuentos y leyendas que sólo se saben los viejos del lugar, pero que a todos nos gustaría conocer, por seguir manteniendo en vilo las imaginaciones de los pequeños.

En definitiva, una hermosa y sencilla obra de ese escritor incansable que es Olivier López-Merlo. Un gozo sin fronteras que nos desvela, al leerlo, unos límites nuevos para la ciudad que crece, cada día.